Ciencia-ficción
El cine se había convertido en el mundo de la fantasía del siglo XX. Un divertimento donde evadirnos de la gris realidad que dos grandes guerras nos dejaron, que una gran cantidad de tiranías forjaron (y aún perduran) a base de crímenes en masa, que las lacras racistas y xenófobas, mezcladas con las tensiones por la diferencia de ídolos, tiñen de hediondas fosas.
Pero cualquier tarde de invierno, uno podía dejar en el vestíbulo las heridas de su ilusión por un mundo mejor y, tras un momento de oscuridad, a modo de la cinematográfica Stargate, se adentraba en un sueño en tecnicolor y pantalla gigante.
Allí saltaba King Kong, mientras Superman salvaba al mundo. ¿De quién?. Quizás de Alien, que contraatacaba tras la invasión que Luke Skywalker hacía de su galaxia. Mientras, aquí abajo Hamlet moría sin saber si Tom Sawyer saldría vivo de su penúltima aventura. Y el fantasma de la ópera no podía ver desde el orificio de su sótano los bailes que 7 hermanos brindaban a sus 7 novias, porque los Hermanos Marx lo tapaban. Charlot hubiera necesitado de la General de Búster Keaton para ir a buscar su quimera. Frankenstein y Drácula hubieran huido despavoridos de aquel pequeño pueblo que Hitchcock infestó de pájaros. Nemo luchaba contra un enorme pulpo en un mar donde reinaba Moby Dick. Y bajo la nave Discovery, en donde el ordenador Hal 9000 hace la vida imposible a su tripulación, una musical lluvia inunda las aceras por las que un enamorado Gene Kelly chapotea con sus zapatos de claqué.
...Eso era el cine. Cuando Julio Verne, R. L. Stevenson, Oscar Wilde, Shakespeare, Mary Shelley o los más cercanos, Walt Disney, Hitchcock o Woody Allen eran los guionistas.
Hoy he vuelto al cine, al actual, al que ya no necesita guionistas sino arreglistas de los libros de historia. Y he completado una cruenta trilogía.
Hace unas semanas me acerqué a ver “Banderas de nuestros padres”, una terrible visión sobre las vidas que cuesta una foto propagandística en un peñasco inútil perdido en el Pacífico. Después me hundí en la butaca viendo cómo aún hoy se consiguen esos diamantes que lucen en la alfombra roja de los Oscars, en la película “Diamantes de sangre”. Y hoy he rematado mi estado de ánimo con un relato entorno a la concepción del poder que un despiadado Idi Amin Dada dibujó en Uganda con la sangre de 300.000 personas.
No me quejo de que se hagan películas como éstas, todo lo contrario. Parece que no somos conscientes del mundo en que vivimos hasta que no nos lo muestran nuestros ídolos de la pantalla. Pero me gustaría que volviéramos a necesitar de aquellos fabulosos guionistas y que se acabasen de una vez los terribles relatos que aquellos a quienes damos nuestros votos no escriben en un papel sino que diseñan en un campo de batalla.

Quiero convertir de nuevo un trocito de mi vida en ciencia-ficción y no al contrario, porque cada vez veo más cerca el día en que la historia de Charlton Heston en “El planeta de los simios” aparezca en la videoteca en la balda destinada a las biografías.
No dejemos que nuestros simios sigan desangrando este planeta.
Pero cualquier tarde de invierno, uno podía dejar en el vestíbulo las heridas de su ilusión por un mundo mejor y, tras un momento de oscuridad, a modo de la cinematográfica Stargate, se adentraba en un sueño en tecnicolor y pantalla gigante.
Allí saltaba King Kong, mientras Superman salvaba al mundo. ¿De quién?. Quizás de Alien, que contraatacaba tras la invasión que Luke Skywalker hacía de su galaxia. Mientras, aquí abajo Hamlet moría sin saber si Tom Sawyer saldría vivo de su penúltima aventura. Y el fantasma de la ópera no podía ver desde el orificio de su sótano los bailes que 7 hermanos brindaban a sus 7 novias, porque los Hermanos Marx lo tapaban. Charlot hubiera necesitado de la General de Búster Keaton para ir a buscar su quimera. Frankenstein y Drácula hubieran huido despavoridos de aquel pequeño pueblo que Hitchcock infestó de pájaros. Nemo luchaba contra un enorme pulpo en un mar donde reinaba Moby Dick. Y bajo la nave Discovery, en donde el ordenador Hal 9000 hace la vida imposible a su tripulación, una musical lluvia inunda las aceras por las que un enamorado Gene Kelly chapotea con sus zapatos de claqué....Eso era el cine. Cuando Julio Verne, R. L. Stevenson, Oscar Wilde, Shakespeare, Mary Shelley o los más cercanos, Walt Disney, Hitchcock o Woody Allen eran los guionistas.
Hoy he vuelto al cine, al actual, al que ya no necesita guionistas sino arreglistas de los libros de historia. Y he completado una cruenta trilogía.
Hace unas semanas me acerqué a ver “Banderas de nuestros padres”, una terrible visión sobre las vidas que cuesta una foto propagandística en un peñasco inútil perdido en el Pacífico. Después me hundí en la butaca viendo cómo aún hoy se consiguen esos diamantes que lucen en la alfombra roja de los Oscars, en la película “Diamantes de sangre”. Y hoy he rematado mi estado de ánimo con un relato entorno a la concepción del poder que un despiadado Idi Amin Dada dibujó en Uganda con la sangre de 300.000 personas.No me quejo de que se hagan películas como éstas, todo lo contrario. Parece que no somos conscientes del mundo en que vivimos hasta que no nos lo muestran nuestros ídolos de la pantalla. Pero me gustaría que volviéramos a necesitar de aquellos fabulosos guionistas y que se acabasen de una vez los terribles relatos que aquellos a quienes damos nuestros votos no escriben en un papel sino que diseñan en un campo de batalla.

Quiero convertir de nuevo un trocito de mi vida en ciencia-ficción y no al contrario, porque cada vez veo más cerca el día en que la historia de Charlton Heston en “El planeta de los simios” aparezca en la videoteca en la balda destinada a las biografías.
No dejemos que nuestros simios sigan desangrando este planeta. Comentario:
A mi si me gustan ese tipo de películas. Es como una clase de historia pero sin libros, sin profesor plasta y si con imágenes. Solo piensa en toda la gente que no le guste leer, o no le gusta la historia, para ellos ir al cine es una forma de aprender.
Ya sabes que lo que no sale por una pantalla, es como si no existiera.
Ya sabes que lo que no sale por una pantalla, es como si no existiera.
Comentario:
¿Y digo yo..porque hoy no ponemos una foto de De Juana Chaos incrustando sus colmillos en la estatua de la libertad? ¿Ciencia-ficción?...No amigos,es la misma realidad.
Un brazo con mucho cariño siendo planamente consciente del dolor de todos.
Un brazo con mucho cariño siendo planamente consciente del dolor de todos.
Comentario:
Ya sabes el tópico: la realidad supera a la ficción. Y desgraciadamente es así, sobre todo cuando hablamos de guerra, crueldad, tiranía, abusos...
Este mundo va "de culo y cuesta abajo" y ese "asqueroso vampiro" que aparece en tu artículo tiene mucho que ver con el problema, demasiado, pero también tenemos que reconocer que todos nosotros, "la gente de la calle", con nuestra pasividad estamos permitiendo todas esas aberraciones que el cine tan bien nos muestra y se encarga de removernos la conciencia.
Hay que seguir disfrutando del cine todo lo que se pueda, aunque a veces como bien dices, te termina de rematar el estado de ánimo.
Yo la última que he ido a ver ha sido "el laberinto del fauno" por la cosa de hacer patria, ya sabes, y me ha gustado.
Besos.
Este mundo va "de culo y cuesta abajo" y ese "asqueroso vampiro" que aparece en tu artículo tiene mucho que ver con el problema, demasiado, pero también tenemos que reconocer que todos nosotros, "la gente de la calle", con nuestra pasividad estamos permitiendo todas esas aberraciones que el cine tan bien nos muestra y se encarga de removernos la conciencia.
Hay que seguir disfrutando del cine todo lo que se pueda, aunque a veces como bien dices, te termina de rematar el estado de ánimo.
Yo la última que he ido a ver ha sido "el laberinto del fauno" por la cosa de hacer patria, ya sabes, y me ha gustado.
Besos.
Comentario:
Lo que dices y lo bien que lo dices, coñes :D
Tengo cada vez más la sensación de vivir en ciencia ficción que comentas, y la certeza de que mi olfato no me falla.
Y me gusta la ciencia ficción con arrebato, pero no para vivirla.
Me apunto a lo de los simios, trataré de bloquearles la salida¡ antes de que sean más :D
Tengo cada vez más la sensación de vivir en ciencia ficción que comentas, y la certeza de que mi olfato no me falla.
Y me gusta la ciencia ficción con arrebato, pero no para vivirla.
Me apunto a lo de los simios, trataré de bloquearles la salida¡ antes de que sean más :D
Comentario:
Hola tocayo:
ya sé que no está bien, pero desde hace tiempo solo voy al cine para entretenerme y por lo tanto evito dramas de la vida real, pues ya los tenemos sin necesidad de ir al cine.
Tampoco a películas de denuncia, porque no sirven de nada.
Voy solo a divertirme y por tanto solo veo comedias, películas de acción y cosas que no te hagan sufrir más de lo que nos hace sufrir la lectura de cualquier periodico.
Un abrazo
José
PD: Me encanta la ciencia ficción de la que he leído mucho.
ya sé que no está bien, pero desde hace tiempo solo voy al cine para entretenerme y por lo tanto evito dramas de la vida real, pues ya los tenemos sin necesidad de ir al cine.
Tampoco a películas de denuncia, porque no sirven de nada.
Voy solo a divertirme y por tanto solo veo comedias, películas de acción y cosas que no te hagan sufrir más de lo que nos hace sufrir la lectura de cualquier periodico.
Un abrazo
José
PD: Me encanta la ciencia ficción de la que he leído mucho.
Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja.
Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica.
Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo.