La razón de la magia.
Él, como tantos otros ilusionistas, algunas veces soñaba con que la magia pudiese existir. Pero conocer los entresijos de cada truco le hacía perder esa ilusión que alimenta la inocencia. La magia no existía para él sino para su público, infantil –y de enormes ojos abiertos- en la mayoría de sus actuaciones. La mayor parte de sus ingresos le llegaban por cumpleaños, comuniones y celebraciones de ese tipo. También trabajaba en algunas discotecas de pueblos pequeños en donde sufría burlas y bromas de mal gusto de un público más pendiente de beber que de su actuación.
Aquella tarde tenía una fiesta de cumpleaños en el comedor privado de un restaurante. Cerca de veinte niños esperaban ver su magia mientras sus padres, más alejados, permanecían en animada y ruidosa tertulia ajenos al espectáculo. Pero aquello no le desanimaba, es más, prefería poco público pero de los que aún sueñan con la magia, como él.
Y sucedió que en uno de los trucos clásicos la magia, la auténtica magia, cobró vida. Se disponía a hacer aparecer de su chistera al viejo conejo –que era su único compañero de piso- y cuando su mano palpó aquello que había dentro su expresión sonriente cambió súbitamente por otra de sorpresa que no era parte del guión. Allí donde esperaba encontrar una suave piel notó el tacto de unas plumas y de su chistera surgió una paloma blanca.
La paloma desplegó sus alas y dio un corto vuelo sobre las cabezas de los niños para regresar después al puño de su ... creador? Éste no podía ocultar su asombro y miraba incrédulo.
Pero el show debía continuar y la depositó en aquella chistera, que puso bajo la mesa, oculta por unas telas negras. Quiso terminar pronto y aceleró su despedida dedicándose a modelar figuras de animales con largos globos de colores vivos que fue regalando a su joven público. Recogió su mesa y se fue entre unos tímidos aplausos que no tuvo tiempo de agradecer.Empujó aquella mesa preparada con ruedas hasta el aparcamiento del restaurante para guardar todo su equipo en su furgoneta y regresar a casa. Pero lo primero que hizo fue buscar la chistera y ... allí estaba de nuevo el conejo, su viejo amigo de siempre. De la paloma no había ni rastro. Colocó ordenadamente cada elemento de su atrezzo comprobando con minuciosa atención si entre alguno de ellos aparecía la paloma. Pero no fue así.
Aquella noche no pudo dormir. Buscaba cualquier explicación racional a lo sucedido y no lo encontraba. Sólo la magia lo podría explicar pero él, mejor que nadie, sabía que la magia no es más que una ilusión en las mentes de las personas sencillas.
Pasó una semana en la que trató de borrar de su recuerdo aquel incidente, aunque no lo conseguía. Y llegó la siguiente actuación. Todo transcurría normal hasta que llegó al mismo truco de la chistera y el conejo. Esta vez no sonreía mirando al público sino que sus ojos se clavaron en el interior de la chistera. ...Y allí estaba de nuevo la paloma.
Aquel hecho se repitió igual en todas sus actuaciones durante unas semanas y lo tenía totalmente desconcertado. ¿habría conseguido crear magia? Tanto tiempo soñando con ella y ahora no sabía como reaccionar al conseguirla.
Sabía que no era así. O necesitaba saberlo. Sin embargo la paloma no faltaba nunca y él disfrutaba más incluso que su público ya que tocaba la magia con sus dedos en, el que se convirtió para él, su número estelar. Se sentía mago; era mago por unos instantes.
Pero la semana en soledad es larga y pasaba demasiado tiempo buscando una explicación razonable a esta locura. Sus dudas mataban la magia.
La práctica del ilusionismo durante tantos años le había acostumbrado a tener todo bajo el control de sus sentidos y, de repente, algo se escapaba a ese control. No podía creer en la magia. Eso es algo que pertenece al mundo de los sueños, una vana ilusión, una quimera. Y tomó una drástica decisión: abandonar sus actuaciones, quizás hasta entender cuál era el truco –porque tenía que haberlo- de aquella sorprendente paloma.
Llegó su primer sábado sin actuación y fue a dar un paseo por la ciudad. Compró un diario y se sentó en un banco del parque a ojearlo. A su alrededor, decenas de palomas buscaban el alimento de otras manos y sus ojos se fueron hacia ellas. Instintivamente quiso reconocer de entre todas a aquella que se aparecía en sus actuaciones. Pero era absurdo; todas se parecían demasiado. Además, aquella paloma sólo existía en su chistera.
En su casa, ya al atardecer se había concentrado demasiado calor. Abrió una ventana y se quedó contemplando la calle desde lo alto. Se sentía con los pies demasiado lejos del suelo de los demás. “Los de ahí abajo no entendería cuál es la locura que me preocupa” – pensaba. Giró sobre sí mismo y se quedó pensativo apoyado en el marco, de espaldas al exterior.
Sólo unos segundos después escuchó un leve ruido tras él. En el alféizar, apenas a unos centímetros de una de sus manos, se había posado una paloma. Esta vez no tuvo que hacer ningún esfuerzo para reconocerla: sin duda era ella. La magia le perseguía, la magia sí creía en él.
Aquella paloma podría ser una de tantas, no era diferente en su aspecto a las demás, sin embargo sólo con ella surgía la magia. Esto le hizo pensar: quizás no haya seres mágicos sino que la magia surge de la unión de varios ingredientes, macerados en el espacio y el tiempo, como en aquellos conjuros de los hechiceros medievales. Y los ingredientes pueden ser, además de extraños y exóticos elementos, dos seres vivos, nada diferentes del resto, pero cuya coincidencia en el momento haga saltar la chispa que haga reaccionar la fórmula perfecta.Cada tarde la paloma visitaba la ventana del mago. Éste la miraba desconcertado, no sabía cómo tratarla, qué hacer con ella. No distinguía si era un ser real o una fantasía tras tantos años como ilusionista. En su intento de hacer algo por ella empezó a darla de comer, como si ella lo visitara para sobrevivir. Y además le ofrecía de la misma comida con que alimentaba a su conejo.
Ella no lo rechazaba, aunque no fuera lo que buscaba ni la comida que a ella le iba bien. Y sabía que aquella comida para conejos acabaría por intoxicarla. Pero volvía cada día con la esperanza de que él se decidiera a alimentar el encantamiento que nacía cuando, ataviado con su viejo frac, se decidía a ser un mago de verdad.
Lo irracional no cabía en su vida. Aquello que se escapaba a su control no entraba a formar parte de una existencia medida y ordenada. Y así fue como decidió cerrar la ventana y no dar más comida de conejos a la paloma. La miraba desde dentro, eso sí, con la eterna duda de saber qué y para qué había aparecido ese misterioso ser en su vida.
Y llegó el invierno. A menudo el hielo cubría todo el alféizar. Sin embargo, la fiel amiga lo visitaba cada día. Ella nunca perdió la fe. Sabía que sólo él era el ingrediente que la hacía un ser mágico. El viento soplaba fuerte y gélido aquella tarde. La paloma, cada vez con peor aspecto, se tambaleaba sobre el hielo con sus plumas empapadas. Él la miraba pegado al cristal pero su orgullo racional le impedía ayudarla.
En un golpe más de viento ella patinó. Él vio que se iba a caer y entonces sí abrió rápido la ventana. Miró hacia abajo esperando que remontase el vuelo. Pero no fue así; cayó girando sobre sí misma. Al llegar al suelo, su impacto tuvo un extraño sonido de cristal.
Bajó apresuradamente las escaleras. En el suelo yacía inerte la paloma. Un ramo de flores de papel, de aquellos que aparecen en una varita, cubría parte de su cuerpo. Dos niños se peleaban por recoger algo del suelo mientras su madre los llamaba impaciente. Eran decenas de pequeños cristales con forma de gota de agua, lágrimas quizá del mundo de la fantasía.
Levantó la vista hasta su ventana y ya apenas se sorprendió al ver cómo de ella colgaba una interminable cuerda hecha con pañuelos de colores anudados. Esta vez, ya demasiado tarde, creyó en el encantamiento de aquel ser de aspecto corriente. La recogió cuidadosamente entre sus manos y al levantarla encontró bajo su cuerpo el último de sus trucos. Un naipe partido en dos mitades. Era el as de corazones.Volvió a dejar el cuerpo de la paloma en el suelo y recogió los dos trozos de aquella carta. Instintivamente los unió y ... el as de corazones se transformó en el dos de corazones. Pero la carta no se podía volver a unir.
Miró a la paloma y comprendió que la magia había terminado allí. Y guardó en su billetera aquellos dos corazones separados para siempre ... por la razón.
Comentario:
Bueno... supongo que es definitivo.
¡Pero volveré! XDD
¡Pero volveré! XDD
Comentario:
No imaginas cómo echo de menos tus letras. Ojalá pronto pueda verlas de nuevo.
Comentario:
toc, toc, ¿Se puede? Aquí estoy de nuevo, la magia continua, ya lo veoooooo.
Susie
Susie
Comentario:
Hola José,
sólo quería saludarte y que supieras que estoy desconectada de los blogs pero de vez en cuando aprovecho para visitaros.
Un beso, espero que todo vaya bien
sólo quería saludarte y que supieras que estoy desconectada de los blogs pero de vez en cuando aprovecho para visitaros.
Un beso, espero que todo vaya bien
Comentario:
ME ENCANTAN TUS RELATOS.
ME ENCANTAN TUS MORALEJAS.
ME ENCANTA TU MANERA DE EXPRESAR
ME ENCANTAN TUS MORALEJAS.
ME ENCANTA TU MANERA DE EXPRESAR
Comentario:
Aúpa Jose!!!
Aún tengo tu página entre mis favoritos, y de vez en cuándo me paso a ver si has escrito algo.
Felicidades por éste relato.
No sé si decantarme por tu vena literaria ó por tu vena periodística. Las dos son muy buenas.
Agur,
es un placer leerte
Aún tengo tu página entre mis favoritos, y de vez en cuándo me paso a ver si has escrito algo.
Felicidades por éste relato.
No sé si decantarme por tu vena literaria ó por tu vena periodística. Las dos son muy buenas.
Agur,
es un placer leerte
Comentario:
El mago es quién no supo estar a la altura de la paloma y corresponder su amor y fidelidad. No sabía que él sin ella no era nada, no era mago, volvió a ser un ser vulgar. Os regalo estos versos tan bonitos, de parte de la paloma:
"Al perderte yo a ti, tu y yo hemos perdido. Yo porque tú eras lo que más amaba, tú porque yo era la que más te amaba. Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo, porque yo podré amar a otros como te amaba a ti, pero a tí nunca te amarán como te amaba yo".
Pero creo que ella tiene suficiente nivel como para "perdonar" al mago y ponerse en su piel de "persona corriente". Sólo cuando pierdes al ser amado, te das cuenta de lo que lo has querido, cuando lo tienes suplicas por no tenerlo, y cuando lo pierdes suplicas por recuperarlo. Nadie sabe a quién ama realmente.
Gracias por hacerme pensar hoy. Besos.
"Al perderte yo a ti, tu y yo hemos perdido. Yo porque tú eras lo que más amaba, tú porque yo era la que más te amaba. Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo, porque yo podré amar a otros como te amaba a ti, pero a tí nunca te amarán como te amaba yo".
Pero creo que ella tiene suficiente nivel como para "perdonar" al mago y ponerse en su piel de "persona corriente". Sólo cuando pierdes al ser amado, te das cuenta de lo que lo has querido, cuando lo tienes suplicas por no tenerlo, y cuando lo pierdes suplicas por recuperarlo. Nadie sabe a quién ama realmente.
Gracias por hacerme pensar hoy. Besos.
Comentario:
El mago no supo apreciar a la paloma, pensó que había muchas palomas y no se dió cuenta de que "no todas las palomas del mundo son iguales". La suya necesitaba su cariño y sus cuidados y él no supo dárselos. El mago es quién más pierde... ¡Perdió la magia!
"Como yo te he querido... deséngañaté, ¡así... no te querrán!"
Besos.
"Como yo te he querido... deséngañaté, ¡así... no te querrán!"
Besos.
Comentario:
Hola tocayo:
ya estoy de vuelta y al visitarte de nuevo me encuentro este fantástico relato, precioso y muy bien escrito.
felicitaciones y sero que escribas más. Supongo que vistes que yo había hecho un par, pero últimamente mi ingenio parece que se ha atrofiado.
Bueno lo dicho, felicitaciones y espero, con ansias, el próximo.
Un abrazo
José
ya estoy de vuelta y al visitarte de nuevo me encuentro este fantástico relato, precioso y muy bien escrito.
felicitaciones y sero que escribas más. Supongo que vistes que yo había hecho un par, pero últimamente mi ingenio parece que se ha atrofiado.
Bueno lo dicho, felicitaciones y espero, con ansias, el próximo.
Un abrazo
José
Comentario:
Estoy de acuerdo con Marta....si la razón se impone sobre las emociones, entonces no hay camino, como decía serrat. Nunca es triste la verdad lo que no tiene es remedio.
Bikos mil
Bikos mil
Comentario:
Muy bonita la historia, pero muy triste el final.
La razón separa tantos corazones... pero también es cierto que si dos corazones se separan por la razón, realmente es posible que no estuvieran hechos para estar unidos, porque si fuera así, ni la razón podría separarlos.
Besos
La razón separa tantos corazones... pero también es cierto que si dos corazones se separan por la razón, realmente es posible que no estuvieran hechos para estar unidos, porque si fuera así, ni la razón podría separarlos.
Besos
Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja.
Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica.
Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo.