RETRATOS DEL CONCURSO
8 retratos publicados hasta ahora:
1- Alai; de Cabaret
2- Hombre lento; de Kaftrado
3- Sin título; de María
4- El chino Hilario; de Ce Pequeño
5- La persona que me roba el sueño; de Mardolo
6- Sin título; de Felipe Londoño
7- Retrato 1; de Hawhite
8- Recuerdos en color sepia; de Narima
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Cabaret
Partículas de luz
Alai
Alai es mi otro cuerpo, mi otro lugar de residencia.
Un habitáculo entre mis ojos que construye lo más incorrecto. Lo vulgar entre mis piernas, lo obsceno. El erótico movimiento de una historia sensual en la piel de un amantis sensitivo.
Imagino estirada, tirante, lejana hacia el eco de un gemido pausado y eterno.
Represión de dedos en la boca. Espesa humedad de la pelvis y labios inflamados de mar.
Soy una figura cambiante, cual luna esférica colgante: sonrisa torcida, ausencia, plenitud. La parte más callada del silencio de un orgasmo contenido.
Yo a solas con luz de neón, volcada en las pupilas de un actor, comprimida y pequeña. Alai a solas sobre mi pecho. Abrazadas y continuas. Suspendidas en un aire de besos, escombros, hielo y sangre blanca por liberar.
Alai en la senda de mi nuca, a su nuca. De mi vello a su vello. Alai universo de torcidos satélites sin destino. De resquicios y tristezas tendientes a infinito.
Número entero en mi cintura. Área convexa de sexo. Alai que me posee, me irrita, me conlvusa y aturde. Mi amada, mi dueña. Carnívora que me destroza y recrea.
Alai y su sueño, siempre el espectro de vicio del que nunca podré prescindir.
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KAFTRADO
Siete de seven
HOMBRE LENTO
El hombre lento cada mañana se despierta al oir el camión de la basura. El
hombre lento no usa reloj. Al hombre lento no le gusta el despertador.
Abre los ojos y lentamente se levanta de la cama. El hombre lento es un ser
cuidadoso, y antes de vestirse, y de ducharse observa atentamente el tiempo
que hace. Si llueve, si hace calor, si hace frío, si la niebla cubre la
ciudad. Ningún detalle se le escapa al hombre lento para elegir su
indumentaria. Al hombre lento le gustan los días de sol.
El hombre lento viste traje gris. El hombre lento siempre lleva consigo una
paraguas negro. El hombre lento es precabido. No le gustaría mojarse por una
inesperada lluvia. El hombre lento lleva un pañuelo en la solapa. El hombre
lento SIEMPRE sonríe. El hombre lento saluda amable a los vecinos. Porque el
hombre lento ES AMABLE con todo el mundo.
El hombre lento bebe café en taza grande (sin cafeina, por supuesto). El
hombre lento no fuma, pero siempre lleva en el bolsillo derecho de la
americana un mechero y un paquete de tabaco. Nunca sabe cuando alguien le va
a pedir un cigarro o fuego.
Siempre atento, el hombre lento cede el paso a viejecit@s, embarazadas,
minusválid@s, mujeres, niñ@s... El hombre lento cada mañana baja a comprar
el pan (sin sal). Puntual, el hombre lento, a pesar de ser lento, llega
siempre a la hora. Al hombre lento PUEDES preguntarle la hora, siempre con
exactitud y cortesía te responderá.
El hombre lento gusta de leer el periódico. El hombre lento se sienta en los
parques a leer el periódico. El hombre lento lee las páginas necrológicas
del periódico sentado en los parques. El hombre lento se sorprende cuando ve
a la gente correr, gritar, hablar por teléfono mientras anda... El hombre
lento cree fielmente que no se debe hacer otra cosa mientras se anda. Para
el hombre lento andar es un placer. El hombre lento nunca utiliza un taxi.
El hombre lento nunca utiliza coche. El hombre lento nunca utiliza el tren.
El hombre lento no tiene coche. El hombre lento no tiene moto. El hombre
lento no tiene bicicleta. El hombre lento no tiene monopatin. El hombre
lento tiene cómodos zapatos que limpia cuidadosamente cada día antes de
salir de casa. El hombre lento disfruta volviendo a su casa después de leer
las páginas necrológicas del periódico sentado en los parques.
El hombre lento no sabe de GPS, WAP, WI-FI, BLUETOOTH, IR, IP, EMAIL... El
hombre lento usa cabina telefónica. El hombre lento escribe cartas cada día
a su madre.
El hombre lento gusta de oler la fruta de las fruterías, las flores de las
floristerias, los perfumes de las perfumerías. El hombre lento siempre tiene
un billete que dar a quien lo necesita. Aunque al hombre lento le da igual
si lo necesita o no. El hombre lento se siente feliz pensando que hace feliz
a la gente. El hombre lento (cree que) hace feliz a la gente.
El hombre lento es tranquilo, relajado, confiado, educado, cortés, cordial.
Algunos comentan que una vez vieron correr al hombre lento, pero no se sabe
a ciencia cierta a qué fue debido. Otros dicen que es solamente un rumor,
que el hombre lento no sabe correr. Otros creen que el hombre lento en
realidad es tan rápido que tiene que controlar su velocidad...
Pero todo eso al hombre lento le deja indiferente.En realidad, el hombre
lento es un hombre lento. No tiene prisa por llegar a ningún lado.
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María
Esa lentitud al andar en contraste con la agudeza del pensar que propicia el adelanto de todo lo que tu quieres y ansías..
En un marco perfecto,oval,con los surcos de los años dibujando una sonrisa seria y serena en unos labios que solo han besado lo querido,finos,delgados pero que cuando se entreabren dejan traspasar el resplandor blanco del más puro blanco en las palabras tenues,susurrantes y ferreas.Palabras que danzan al compás de una mirada tierna,experimentada,a veces dolorosa,a veces chispeante,a veces deseosa y deseante en un campo nítido,lleno del sol en el ocaso de Castilla,dónde los dorados y ocres se funden en el más maravilloso de los tonos inventados....En medio esa naricilla recta,perfecta,flanqueada por unos pómulos casi inapreciables que alzan a unas sienes plateadas para poder acariciar después un pelo suave,negro y acariciador.
Se asienta en un cuerpo fuerte,cuidado,cuyos brazos torneados saben abrazar y las manos finas de dedos ágiles y pensantes,dedos que sienten,presienten y hacen sentir , manos de padre,marido y hombre...manos de ser humano que flanquean un torso amplio y acogedor,un torso dónde te quedarías toda la vida si lo que te encadena son sus brazos.El ecuador de su cuerpo,ligero,escurridizo hacia unas piernas perfectas que en movimiento declara: ...esa lentitud al andar en contraste con la agudeza del pensar que propicia el adelanto de toda una vida.
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CE PEQUEÑO
elpeorblog
EL CHINO HILARIO
Habita en un oscuro callejón, sumergido e inerme...
Su cuerpo yace tendido horas y horas, sólo se levanta para conseguir el sustento diario: un desperdicio recogido en la calle, cualquier sobra de comida que alguien le regale.
Vive cerca de la vieja estación del tren, a pocos metros de las “chabelas”, cortesanas milenarias con sonrisas compradas que lo conocen bien sin conocerlo.
Su origen es dudoso, una mezcla informe corre por sus venas: sangre india, sangre del oriente, es el “Chino Hilario” para los del barrio, un lumpen para todos los demás.
Una cosa lo caracteriza, además de la mugre, la espalda encorvada y que siempre anda descalzo, ese murmullo de palabras intermitente que sale de su boca, las cuales, si uno escucha con atención, no significan nada. Repetición obstinada de frases sin sentido.
Los años corren sobre su cuerpo dejando la huella imborrable de la desolación, marcando arrugas en la corteza rugosa llena de costras formadas por el tiempo. Una edad sin números, una edad hecha con extractos regados en las esquinas de las calles Primero de Mayo, Isabel la Católica, Bolívar, Avenida del Trabajo, Lindavista, donde ha dejado huella con sus pies costrosos morbosamente desnudos.
Nada lo perturba, el “Chino Hilario” permanece, parece una más de las estatuas de héroes ilustres y nobles, con sus cacas de palomas sobre el hombro y la calle como un pedestal.
Si una persona intenta acercarse a él y le pregunta algo, su murmullo inteligible cesa, los ojos se agrandan simulando un asombro que no existe, una mueca de farsa cruza el rostro ajado, luego, el parloteo vuelve constante.
Al verlo dormitando el único pensamiento es que así debe ser la muerte mientras descansa, pero al verle a los ojos sólo encuentras algo parecido al purgatorio reflejado en las láminas de Doré. La rutina puede ser para el “Chino Hilario” una forma de flagelarse, y es posible reconocer el miedo en ese cuerpo marchito, un miedo a la nada.
Han pasado varios días en que nadie lo ha visto, para mí el viejo vagabundo es un ser extraviado, una catarsis que nunca acaba, es la representación de la tragedia sin gozo, de la pérdida sin realización y me he acostumbrado a verlo.
Voy a buscarlo, me han dicho que ha muerto presa de un delirio verbal pero no lo creo, salgo fuera de su “territorio” preguntando por él, sólo yo parezco conocer al “Chino Hilario”, es como una sombra que al salir de sus límites no deja nada.
Alguien me dice que lo vio por el Estadio, pasando la colonia Moderna, cerca de las vías del tren, apenas alcanzo a ver cuando sube a un vagón, lo noto distinto, cuando escuchó el pitido de la máquina anunciando el movimiento del tren, el “Chino Hilario” me mira, sus ojos brillan y entonces sin que yo lo esperé él me sonríe, luego se sienta y con la mano me dice adiós, antes de que pueda contestarle el gesto bajo la mirada y compruebo que ya está calzado, extrañamente trae unos tenis viejos pero brillantes.
No puedo evitar sonreír, le deseó la mejor de las suertes.
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MARDOLO
LA PERSONA QUE ME ROBA EL SUEÑO
Viéndole de cerca, nadie podría decir realmente la edad que tiene. Conserva una mirada juguetona e infantil que su hijo a heredado y que resulta muy tierna y cercana.
Si tuviera que describirle comparándolo con alguien conocido, os diría que tiene un rostro similar al del actor Hugh Grant, aunque sus ojos no son azules, ni falta que le hace, son pardos y con unas pestañas largas que más quisiéramos muchas mujeres poder tener.
Está muy fuerte, y sin embargo, resulta totalmente agradable perderse entre sus brazos, porque en ellos me siento como abrazada por un enorme oso de peluche suave y blandito con un corazón tan grande, que no le cabe en el pecho.
Tiene unas manos preciosas, pequeñas, para ser las de un hombre, pero con unas uñas perfectas, que envidio porque sólo necesita cortarlas y le salen fuertes y hermosas.
Y me siento afortunada de tenerlo en exclusiva, porque me hace sentir importante. Porque tiene una voz preciosa digna del mejor locutor de radio. Porque me hace reír.
Porque sabe cabrearme como nadie con su racionalidad contra mi fantasía. Porque es el mejor amigo, y el mejor amante, aunque él lo dude.
No le avergüenza llorar cuando ve una película que le toca la fibra o cuando algo le duele en el alma. Sabe escuchar y tiene una labia a la que sucumbe hasta la cajera más borde del supermercado.
Me gusta cuando duerme, libre de cualquier peso de conciencia, porque es como un niño gigante y su sonrisa le ilumina la cara.
Me gusta porque sabe escaquearse como nadie sin hacerte sentir su esclava.
Porque con el paso de los años es más yo, yo más él y porque... me tiene enamorada.
Él es mi marido, la persona que busqué tantas veces, y que apareció en mi vida, cuando yo menos lo esperaba.
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Felipe Londoño
www.abaco.bitacoras.com

Con su barco de papel, el joven pirata soñaba con mares ignotos para librar mil aventuras y atesorar saqueos. Quería llamarse Sir Francis Drake. El curso del tiempo se encargaría de destruir el barco, borrar las quimeras y recordarle su verdadero nombre, Diego.
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Hawhite
Todowhite
RETRATO 1
Se inventaba a sí misma adornándose de aventuras imposibles. Quería dar color a una existencia gris, a una vida anodina, a un futuro que no era y un pasado que quisiera olvidar. Aires de grandeza marchita la rodeaba, sueño de gran señora que nunca pudo ser. Ajada la piel, herida el alma. Amanecía a la vida tras noches de insomnio eterno. Pasó del dominio paternal al dominio de un marido que la menospreciaba. Parió tres hijos que pronto emprendieron el vuelo. La soledad iba horadando su maltrecho cuerpo y los cirujanos taladraron su organismo hasta deformarlo como una pintura abstracta. A pesar de todo ella quería ser feliz, aparentaba ser feliz vestida de colores estridentes, envuelta en músicas chillonas, adornada de maquillajes de adolescentes que no cubrían su dolor. Calzaba una sonrisa falsa y se echaba el mundo por montera. Esclava de una casa, que no ama, mendigaba el jornal para alimentar a los suyos. El marido omnipotente le arrojaba unas monedas con las que ir tirando cada día. Pero ella quería ser, no la sombra del brazo de un marido, no la mácula de la figura de un padre, no el humo del cigarro que se apaga entre los dedos de una madre que se disuelve en los tiempos, ella quería ser y sólo parecía el espectro de lo que no fue. Entonces decide crearse un mundo donde ser, donde vivir y convivir, un mundo de letras encadenadas, poesías que se dibujan en unos dedos que nunca cogieron un lápiz, sale a la calle y conoce amigas que no la conocen a ella e imagina, fantasea sobre una vida que no ha sido suya pero que pudo serla, y las amigas la escuchan, prestan oídos a palabras que saben falsas pero no importa. Ella les habla de riquezas que no disfruta, de grandes mansiones, de terrenos que duermen yermos, se va convirtiendo en esa gran señora que nunca será, y que nunca será porque ella misma es el límite de sus sueños. Inventa pasados de tarot anunciados, de adivinos de calamidades porque ella sólo quiere saber lo que de doloroso le traerá la vida, como si no tuviera suficiente con vivirla. El adivino predice jardines de desdichas, flores de deseo que se marchitan a su paso, ceguera... Sí, se estaba quedando ciega, ciega de realidad, espejos translúcidos que no devolvían su imagen, su voz salía desde una caverna que ya ni reconocía como propia, pero comenzaba a ser feliz. Su mundo se diluía con la realidad y ahora sentía que sus sueños saltaban a este lado del espejo y aquí, por lo menos, tenía con quien hablar. Cada mañana se lavaba la cara de días de pasado y la embadurnaba de sueños quiméricos de hoy, y salía a tomar café con las amigas que escuchaban historias que se contradecían, algunas se cansaban de vanidades etéreas pero otras seguían atentas las pinceladas de color con que cada nuevo día dibujaba su vida.
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Narima
INTERIORES
Recuerdos en color sepia
Cuando era niña estaba segura de que mi familia había venido en un barco; que mis abuelos y ocho de sus nueve hijos abandonaron, con cuatro trastos, una casita con el suelo de tierra, un lugar inhóspito donde la gente tenía miedo, trabajaba de sol a sol y pasaba hambre. Bueno, algunos no…los que ganaron la guerra, los chivatos, y los obispos no pasaban hambre .Lo del éxodo en barco probablemente lo soñé, porque Castilla (entonces la vieja) no tiene mar, y el trayecto hasta una comarca cercana lo hicieron en un destartalado tren de vapor y andando. El resto lo sé por mi abuelo y los recuerdos de la infancia que robaron a mi madre, la mayor de los nueve hijos del Sr. Arturo.
Mi abuelo era un idealista, tanto es así, que cuando mi madre nació en abril del 36, se presentó en el registro con intención de inscribirla con el nombre de Libertad. No pudo ser… así que desde entonces a mi madre se la conoce con el subversivo nombre de Maria.
Mi primer recuerdo de Arturo es el de un hombre de gesto adusto y complexión fuerte llegando de la huerta que tenía arrendada, cargado con hortalizas y fruta. El gesto era de cansancio pero en cuanto nos veía se le iluminaba el rostro y todas aquellas arrugas se desplazaban hacia las orejas mientras se quitaba la gorra .No nos besaba hasta que no se había aseado en el pilón de granito de la cocina. Desde el quicio de la puerta, yo contemplaba atenta el ritual. La abuela sacaba agua caliente del depósito de la cocina de carbón y lo vertía en una palangana de porcelana blanca que tenía algún que otro desconchón oxidado. Inclinado sobre el pilón mojaba el pelo, se restregaba la cara y el cuello con jabón de lagarto mientras los palmoteos y los restregones se mezclaban con el sonido metálico que producía el agua cada vez que hundía las manos para aclararse. Con el pelo chorreando, apenas se distinguían las canas amarillentas diseminadas en la cabellera abundante que siempre llevaba algo larga para la moda de la época y cuidadosamente peinada hacia atrás, sin raya. Los brazos aún mostraban cierta firmeza bajo una piel blanca hasta la altura del bíceps y castigada por el sol hasta las manos. Tenía unas enormes manos, trabajadas y encallecidas pero concienzudamente limpias, uñas cortas y ligeramente arqueadas hacia las yemas… Medio a ciegas, tanteaba hasta encontrar una toalla que colgaba de una punta en el marco de la ventana.
Una vez presentable, se acercaba para besarnos y de su espalda asomaban las manos con una bolsa de gusanitos o cacahuetes .El arsenal estaba en un armario de la cocina, alguna vez, iba con mi abuelo a reponer en el quiosco al lado del cine y además de chucherías, volvía con un par de novelas de Corín Tellado o de Marcial Lafuente Estefanía que en lugar de comprarse, se intercambiaban.
Si de algo estaba orgulloso Arturo era de haber sacado adelante a sus nueve hijos y de los 34 nietos y dos biznietos que llegó a conocer. Yo siempre le escuchaba embobada cuando me regalaba historias detrás de las gafas con un cristal opaco, cuando me planteaba acertijos y problemas de gallinas, conejos y patas…y esbozaba una sonrisa tirando a pícara que le salía como una mueca intentando mantener la dentadura postiza en su sitio, cuando me preguntaba qué quería ser de mayor ,cuando me hablaba de la guerra que no quiso hacer, de las posibilidades que no podíamos desperdiciar las mujeres (ahora que podíamos), de lo bonito que es tener las manos limpias a la par que la conciencia… del progreso y de que se podía morir tranquilo porque dejaba este mundo mejor que se lo encontró.
Es curioso como la memoria rescata imágenes en apariencia caprichosamente, pero que de alguna forma, parecen intuidas para que llegado el momento, uno encuentre esa pieza que falta en el puzzle.
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1- Alai; de Cabaret
2- Hombre lento; de Kaftrado
3- Sin título; de María
4- El chino Hilario; de Ce Pequeño
5- La persona que me roba el sueño; de Mardolo
6- Sin título; de Felipe Londoño
7- Retrato 1; de Hawhite
8- Recuerdos en color sepia; de Narima
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Cabaret
Partículas de luz
Alai
Alai es mi otro cuerpo, mi otro lugar de residencia.
Un habitáculo entre mis ojos que construye lo más incorrecto. Lo vulgar entre mis piernas, lo obsceno. El erótico movimiento de una historia sensual en la piel de un amantis sensitivo.
Imagino estirada, tirante, lejana hacia el eco de un gemido pausado y eterno.
Represión de dedos en la boca. Espesa humedad de la pelvis y labios inflamados de mar.
Soy una figura cambiante, cual luna esférica colgante: sonrisa torcida, ausencia, plenitud. La parte más callada del silencio de un orgasmo contenido.
Yo a solas con luz de neón, volcada en las pupilas de un actor, comprimida y pequeña. Alai a solas sobre mi pecho. Abrazadas y continuas. Suspendidas en un aire de besos, escombros, hielo y sangre blanca por liberar.
Alai en la senda de mi nuca, a su nuca. De mi vello a su vello. Alai universo de torcidos satélites sin destino. De resquicios y tristezas tendientes a infinito.
Número entero en mi cintura. Área convexa de sexo. Alai que me posee, me irrita, me conlvusa y aturde. Mi amada, mi dueña. Carnívora que me destroza y recrea.
Alai y su sueño, siempre el espectro de vicio del que nunca podré prescindir.
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KAFTRADO
Siete de seven
HOMBRE LENTO
El hombre lento cada mañana se despierta al oir el camión de la basura. El
hombre lento no usa reloj. Al hombre lento no le gusta el despertador.
Abre los ojos y lentamente se levanta de la cama. El hombre lento es un ser
cuidadoso, y antes de vestirse, y de ducharse observa atentamente el tiempo
que hace. Si llueve, si hace calor, si hace frío, si la niebla cubre la
ciudad. Ningún detalle se le escapa al hombre lento para elegir su
indumentaria. Al hombre lento le gustan los días de sol.
El hombre lento viste traje gris. El hombre lento siempre lleva consigo una
paraguas negro. El hombre lento es precabido. No le gustaría mojarse por una
inesperada lluvia. El hombre lento lleva un pañuelo en la solapa. El hombre
lento SIEMPRE sonríe. El hombre lento saluda amable a los vecinos. Porque el
hombre lento ES AMABLE con todo el mundo.
El hombre lento bebe café en taza grande (sin cafeina, por supuesto). El
hombre lento no fuma, pero siempre lleva en el bolsillo derecho de la
americana un mechero y un paquete de tabaco. Nunca sabe cuando alguien le va
a pedir un cigarro o fuego.
Siempre atento, el hombre lento cede el paso a viejecit@s, embarazadas,
minusválid@s, mujeres, niñ@s... El hombre lento cada mañana baja a comprar
el pan (sin sal). Puntual, el hombre lento, a pesar de ser lento, llega
siempre a la hora. Al hombre lento PUEDES preguntarle la hora, siempre con
exactitud y cortesía te responderá.
El hombre lento gusta de leer el periódico. El hombre lento se sienta en los
parques a leer el periódico. El hombre lento lee las páginas necrológicas
del periódico sentado en los parques. El hombre lento se sorprende cuando ve
a la gente correr, gritar, hablar por teléfono mientras anda... El hombre
lento cree fielmente que no se debe hacer otra cosa mientras se anda. Para
el hombre lento andar es un placer. El hombre lento nunca utiliza un taxi.
El hombre lento nunca utiliza coche. El hombre lento nunca utiliza el tren.
El hombre lento no tiene coche. El hombre lento no tiene moto. El hombre
lento no tiene bicicleta. El hombre lento no tiene monopatin. El hombre
lento tiene cómodos zapatos que limpia cuidadosamente cada día antes de
salir de casa. El hombre lento disfruta volviendo a su casa después de leer
las páginas necrológicas del periódico sentado en los parques.
El hombre lento no sabe de GPS, WAP, WI-FI, BLUETOOTH, IR, IP, EMAIL... El
hombre lento usa cabina telefónica. El hombre lento escribe cartas cada día
a su madre.
El hombre lento gusta de oler la fruta de las fruterías, las flores de las
floristerias, los perfumes de las perfumerías. El hombre lento siempre tiene
un billete que dar a quien lo necesita. Aunque al hombre lento le da igual
si lo necesita o no. El hombre lento se siente feliz pensando que hace feliz
a la gente. El hombre lento (cree que) hace feliz a la gente.
El hombre lento es tranquilo, relajado, confiado, educado, cortés, cordial.
Algunos comentan que una vez vieron correr al hombre lento, pero no se sabe
a ciencia cierta a qué fue debido. Otros dicen que es solamente un rumor,
que el hombre lento no sabe correr. Otros creen que el hombre lento en
realidad es tan rápido que tiene que controlar su velocidad...
Pero todo eso al hombre lento le deja indiferente.En realidad, el hombre
lento es un hombre lento. No tiene prisa por llegar a ningún lado.
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María
Esa lentitud al andar en contraste con la agudeza del pensar que propicia el adelanto de todo lo que tu quieres y ansías..
En un marco perfecto,oval,con los surcos de los años dibujando una sonrisa seria y serena en unos labios que solo han besado lo querido,finos,delgados pero que cuando se entreabren dejan traspasar el resplandor blanco del más puro blanco en las palabras tenues,susurrantes y ferreas.Palabras que danzan al compás de una mirada tierna,experimentada,a veces dolorosa,a veces chispeante,a veces deseosa y deseante en un campo nítido,lleno del sol en el ocaso de Castilla,dónde los dorados y ocres se funden en el más maravilloso de los tonos inventados....En medio esa naricilla recta,perfecta,flanqueada por unos pómulos casi inapreciables que alzan a unas sienes plateadas para poder acariciar después un pelo suave,negro y acariciador.
Se asienta en un cuerpo fuerte,cuidado,cuyos brazos torneados saben abrazar y las manos finas de dedos ágiles y pensantes,dedos que sienten,presienten y hacen sentir , manos de padre,marido y hombre...manos de ser humano que flanquean un torso amplio y acogedor,un torso dónde te quedarías toda la vida si lo que te encadena son sus brazos.El ecuador de su cuerpo,ligero,escurridizo hacia unas piernas perfectas que en movimiento declara: ...esa lentitud al andar en contraste con la agudeza del pensar que propicia el adelanto de toda una vida.
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CE PEQUEÑO
elpeorblog
EL CHINO HILARIO
Habita en un oscuro callejón, sumergido e inerme...
Su cuerpo yace tendido horas y horas, sólo se levanta para conseguir el sustento diario: un desperdicio recogido en la calle, cualquier sobra de comida que alguien le regale.
Vive cerca de la vieja estación del tren, a pocos metros de las “chabelas”, cortesanas milenarias con sonrisas compradas que lo conocen bien sin conocerlo.
Su origen es dudoso, una mezcla informe corre por sus venas: sangre india, sangre del oriente, es el “Chino Hilario” para los del barrio, un lumpen para todos los demás.
Una cosa lo caracteriza, además de la mugre, la espalda encorvada y que siempre anda descalzo, ese murmullo de palabras intermitente que sale de su boca, las cuales, si uno escucha con atención, no significan nada. Repetición obstinada de frases sin sentido.
Los años corren sobre su cuerpo dejando la huella imborrable de la desolación, marcando arrugas en la corteza rugosa llena de costras formadas por el tiempo. Una edad sin números, una edad hecha con extractos regados en las esquinas de las calles Primero de Mayo, Isabel la Católica, Bolívar, Avenida del Trabajo, Lindavista, donde ha dejado huella con sus pies costrosos morbosamente desnudos.
Nada lo perturba, el “Chino Hilario” permanece, parece una más de las estatuas de héroes ilustres y nobles, con sus cacas de palomas sobre el hombro y la calle como un pedestal.
Si una persona intenta acercarse a él y le pregunta algo, su murmullo inteligible cesa, los ojos se agrandan simulando un asombro que no existe, una mueca de farsa cruza el rostro ajado, luego, el parloteo vuelve constante.
Al verlo dormitando el único pensamiento es que así debe ser la muerte mientras descansa, pero al verle a los ojos sólo encuentras algo parecido al purgatorio reflejado en las láminas de Doré. La rutina puede ser para el “Chino Hilario” una forma de flagelarse, y es posible reconocer el miedo en ese cuerpo marchito, un miedo a la nada.
Han pasado varios días en que nadie lo ha visto, para mí el viejo vagabundo es un ser extraviado, una catarsis que nunca acaba, es la representación de la tragedia sin gozo, de la pérdida sin realización y me he acostumbrado a verlo.
Voy a buscarlo, me han dicho que ha muerto presa de un delirio verbal pero no lo creo, salgo fuera de su “territorio” preguntando por él, sólo yo parezco conocer al “Chino Hilario”, es como una sombra que al salir de sus límites no deja nada.
Alguien me dice que lo vio por el Estadio, pasando la colonia Moderna, cerca de las vías del tren, apenas alcanzo a ver cuando sube a un vagón, lo noto distinto, cuando escuchó el pitido de la máquina anunciando el movimiento del tren, el “Chino Hilario” me mira, sus ojos brillan y entonces sin que yo lo esperé él me sonríe, luego se sienta y con la mano me dice adiós, antes de que pueda contestarle el gesto bajo la mirada y compruebo que ya está calzado, extrañamente trae unos tenis viejos pero brillantes.
No puedo evitar sonreír, le deseó la mejor de las suertes.
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MARDOLO
LA PERSONA QUE ME ROBA EL SUEÑO
Viéndole de cerca, nadie podría decir realmente la edad que tiene. Conserva una mirada juguetona e infantil que su hijo a heredado y que resulta muy tierna y cercana.
Si tuviera que describirle comparándolo con alguien conocido, os diría que tiene un rostro similar al del actor Hugh Grant, aunque sus ojos no son azules, ni falta que le hace, son pardos y con unas pestañas largas que más quisiéramos muchas mujeres poder tener.
Está muy fuerte, y sin embargo, resulta totalmente agradable perderse entre sus brazos, porque en ellos me siento como abrazada por un enorme oso de peluche suave y blandito con un corazón tan grande, que no le cabe en el pecho.
Tiene unas manos preciosas, pequeñas, para ser las de un hombre, pero con unas uñas perfectas, que envidio porque sólo necesita cortarlas y le salen fuertes y hermosas.
Y me siento afortunada de tenerlo en exclusiva, porque me hace sentir importante. Porque tiene una voz preciosa digna del mejor locutor de radio. Porque me hace reír.
Porque sabe cabrearme como nadie con su racionalidad contra mi fantasía. Porque es el mejor amigo, y el mejor amante, aunque él lo dude.
No le avergüenza llorar cuando ve una película que le toca la fibra o cuando algo le duele en el alma. Sabe escuchar y tiene una labia a la que sucumbe hasta la cajera más borde del supermercado.
Me gusta cuando duerme, libre de cualquier peso de conciencia, porque es como un niño gigante y su sonrisa le ilumina la cara.
Me gusta porque sabe escaquearse como nadie sin hacerte sentir su esclava.
Porque con el paso de los años es más yo, yo más él y porque... me tiene enamorada.
Él es mi marido, la persona que busqué tantas veces, y que apareció en mi vida, cuando yo menos lo esperaba.
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Felipe Londoño
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Con su barco de papel, el joven pirata soñaba con mares ignotos para librar mil aventuras y atesorar saqueos. Quería llamarse Sir Francis Drake. El curso del tiempo se encargaría de destruir el barco, borrar las quimeras y recordarle su verdadero nombre, Diego.
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Hawhite
Todowhite
RETRATO 1
Se inventaba a sí misma adornándose de aventuras imposibles. Quería dar color a una existencia gris, a una vida anodina, a un futuro que no era y un pasado que quisiera olvidar. Aires de grandeza marchita la rodeaba, sueño de gran señora que nunca pudo ser. Ajada la piel, herida el alma. Amanecía a la vida tras noches de insomnio eterno. Pasó del dominio paternal al dominio de un marido que la menospreciaba. Parió tres hijos que pronto emprendieron el vuelo. La soledad iba horadando su maltrecho cuerpo y los cirujanos taladraron su organismo hasta deformarlo como una pintura abstracta. A pesar de todo ella quería ser feliz, aparentaba ser feliz vestida de colores estridentes, envuelta en músicas chillonas, adornada de maquillajes de adolescentes que no cubrían su dolor. Calzaba una sonrisa falsa y se echaba el mundo por montera. Esclava de una casa, que no ama, mendigaba el jornal para alimentar a los suyos. El marido omnipotente le arrojaba unas monedas con las que ir tirando cada día. Pero ella quería ser, no la sombra del brazo de un marido, no la mácula de la figura de un padre, no el humo del cigarro que se apaga entre los dedos de una madre que se disuelve en los tiempos, ella quería ser y sólo parecía el espectro de lo que no fue. Entonces decide crearse un mundo donde ser, donde vivir y convivir, un mundo de letras encadenadas, poesías que se dibujan en unos dedos que nunca cogieron un lápiz, sale a la calle y conoce amigas que no la conocen a ella e imagina, fantasea sobre una vida que no ha sido suya pero que pudo serla, y las amigas la escuchan, prestan oídos a palabras que saben falsas pero no importa. Ella les habla de riquezas que no disfruta, de grandes mansiones, de terrenos que duermen yermos, se va convirtiendo en esa gran señora que nunca será, y que nunca será porque ella misma es el límite de sus sueños. Inventa pasados de tarot anunciados, de adivinos de calamidades porque ella sólo quiere saber lo que de doloroso le traerá la vida, como si no tuviera suficiente con vivirla. El adivino predice jardines de desdichas, flores de deseo que se marchitan a su paso, ceguera... Sí, se estaba quedando ciega, ciega de realidad, espejos translúcidos que no devolvían su imagen, su voz salía desde una caverna que ya ni reconocía como propia, pero comenzaba a ser feliz. Su mundo se diluía con la realidad y ahora sentía que sus sueños saltaban a este lado del espejo y aquí, por lo menos, tenía con quien hablar. Cada mañana se lavaba la cara de días de pasado y la embadurnaba de sueños quiméricos de hoy, y salía a tomar café con las amigas que escuchaban historias que se contradecían, algunas se cansaban de vanidades etéreas pero otras seguían atentas las pinceladas de color con que cada nuevo día dibujaba su vida.
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Narima
INTERIORES
Recuerdos en color sepia
Cuando era niña estaba segura de que mi familia había venido en un barco; que mis abuelos y ocho de sus nueve hijos abandonaron, con cuatro trastos, una casita con el suelo de tierra, un lugar inhóspito donde la gente tenía miedo, trabajaba de sol a sol y pasaba hambre. Bueno, algunos no…los que ganaron la guerra, los chivatos, y los obispos no pasaban hambre .Lo del éxodo en barco probablemente lo soñé, porque Castilla (entonces la vieja) no tiene mar, y el trayecto hasta una comarca cercana lo hicieron en un destartalado tren de vapor y andando. El resto lo sé por mi abuelo y los recuerdos de la infancia que robaron a mi madre, la mayor de los nueve hijos del Sr. Arturo.
Mi abuelo era un idealista, tanto es así, que cuando mi madre nació en abril del 36, se presentó en el registro con intención de inscribirla con el nombre de Libertad. No pudo ser… así que desde entonces a mi madre se la conoce con el subversivo nombre de Maria.
Mi primer recuerdo de Arturo es el de un hombre de gesto adusto y complexión fuerte llegando de la huerta que tenía arrendada, cargado con hortalizas y fruta. El gesto era de cansancio pero en cuanto nos veía se le iluminaba el rostro y todas aquellas arrugas se desplazaban hacia las orejas mientras se quitaba la gorra .No nos besaba hasta que no se había aseado en el pilón de granito de la cocina. Desde el quicio de la puerta, yo contemplaba atenta el ritual. La abuela sacaba agua caliente del depósito de la cocina de carbón y lo vertía en una palangana de porcelana blanca que tenía algún que otro desconchón oxidado. Inclinado sobre el pilón mojaba el pelo, se restregaba la cara y el cuello con jabón de lagarto mientras los palmoteos y los restregones se mezclaban con el sonido metálico que producía el agua cada vez que hundía las manos para aclararse. Con el pelo chorreando, apenas se distinguían las canas amarillentas diseminadas en la cabellera abundante que siempre llevaba algo larga para la moda de la época y cuidadosamente peinada hacia atrás, sin raya. Los brazos aún mostraban cierta firmeza bajo una piel blanca hasta la altura del bíceps y castigada por el sol hasta las manos. Tenía unas enormes manos, trabajadas y encallecidas pero concienzudamente limpias, uñas cortas y ligeramente arqueadas hacia las yemas… Medio a ciegas, tanteaba hasta encontrar una toalla que colgaba de una punta en el marco de la ventana.
Una vez presentable, se acercaba para besarnos y de su espalda asomaban las manos con una bolsa de gusanitos o cacahuetes .El arsenal estaba en un armario de la cocina, alguna vez, iba con mi abuelo a reponer en el quiosco al lado del cine y además de chucherías, volvía con un par de novelas de Corín Tellado o de Marcial Lafuente Estefanía que en lugar de comprarse, se intercambiaban.
Si de algo estaba orgulloso Arturo era de haber sacado adelante a sus nueve hijos y de los 34 nietos y dos biznietos que llegó a conocer. Yo siempre le escuchaba embobada cuando me regalaba historias detrás de las gafas con un cristal opaco, cuando me planteaba acertijos y problemas de gallinas, conejos y patas…y esbozaba una sonrisa tirando a pícara que le salía como una mueca intentando mantener la dentadura postiza en su sitio, cuando me preguntaba qué quería ser de mayor ,cuando me hablaba de la guerra que no quiso hacer, de las posibilidades que no podíamos desperdiciar las mujeres (ahora que podíamos), de lo bonito que es tener las manos limpias a la par que la conciencia… del progreso y de que se podía morir tranquilo porque dejaba este mundo mejor que se lo encontró.
Es curioso como la memoria rescata imágenes en apariencia caprichosamente, pero que de alguna forma, parecen intuidas para que llegado el momento, uno encuentre esa pieza que falta en el puzzle.
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lloro
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lloro
Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja.
Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica.
Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo.