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Burbuja de realidad
La vida vista dentro de una burbuja que flota en el asfalto.
Sindicación
 
Estampas matutinas.
El despertador suena.

Incrédulo, y aún dormido, lo miro intentando descubrir la causa de tan madrugador toque de diana, dispuesto a pasar de él una vez apagado; pero, de repente, me doy cuenta... "¡Me cagon to! ¡Llego tarde al médico!"

Ponte el abrigo, corre, no pierdas tiempo...
Mierda, no me he puesto un jersey, joder. Quítate el abrigo y ponte el jersey... y de nuevo a ponerte el abrigo, claro. Calcetines mal metidos y las zapatillas con los cordones apenas sin atar, ¡date maña!; aún tienes que pillar el autobús.


Sales a la calle y... zas! Una bofetada de gélido aire azota tu cara. "Jooooooder". Le echas coraje y en un alarde de equilibrio digno de un atleta ruso, de esos que ves por la tele patinando sobre hielo, consigues llegar a una marquesina que, convertida en una especie de refugio de la siberia madrileña de sur, alberga a un grupo de personas totalmente encogidas por el frio. Instintivamente, al llegar, intercambias una serie de miradas con tus compañeros de penurias, por eso de confraternizar, y como ya has cogido con ellos la suficiente confianza, comienzas una charla para pasar el rato mientras esperas ese bus que nunca llega.

- Pues parece que ya ha llegado la ola de frío - digo. (qué haríamos sin el recurrente tema del tiempo en estos casos).

- Pues sí - contesta uno (cojonoudo, pienso, pronóstico de precipitaciones monosilábicas).

- En mis tiempos, recuerdo,.... (por qué siempre tiene que haber un abuelo cebolleta?... sonríe, eso es, que no parezca que pasas de él; y afirma con un movimiento energico de cabeza, tu sabes hacerlo).

- ¡Me cago en la puta EMT!, dice un abuelete indignado.

Se acabó el diálogo. Ante lo violento de esta frase nos volvemos a mirar todos, esta vez con un significado totalmente diferente, y nos percatamos de que el bus se encuantra ya próximo.


Tengo la sana cosumbre de buscar en un callejero los lugares a los que he de ir, pero siempre me ocurre lo mismo: soy un torpe con los mapas, y tras un par de intentos frustrados, los acabo cerrando con un sonoro resoplido de impaciencia lanzándome de manera inconsciente a andar... así que pasa lo que pasa... me pierdo.
Avenida de Portugal 155, Centro de Especialidades. Bien, sencillo, es llegar a dicha avenida y buscar el número, no creo que tarde más de 10 minutos en localizarlo...
Lo primero que me encuentro es una obra de dimensiones faraónicas cuya existencia no recordaba... gracias Alberto Rha Gallardón, tú siempre facilitando las cosas al madrileñito de a pie. Y lo segundo, es el portal numero 13!!! ¿Por qué siempre pasa?¿Por qué siempre llegamos al extremo de la calle más alejado?
No te quejes! Piensa que al menos has acertado de acera, que si llegas a tener que cruzar las barricadas naranjas, las fogatas matutinas, suelos abiertos y cacas de perro... hubiera sido peor.
¡Corre, corre, que no llegas! ¡Más deprisa!

- Disculpe, ¿voy bien por aquí para llegar al centro de salud?, pregunto a una señora que sale del portal, mientras trato de recuperar algo de aliento.

- ¿Al centro de qué?. Andrés, ¿Hay un centro de salud en esta calle?

- No se preoucupe, señora, muchas gracias...( por conocer tan bien la calle en la que vive, ¡¡¡cooooorre!!! ¡¡¡que no lleeeeegas!!!



Medio ahogado me siento en la sala de espera de la consulta. Tras recuperar un poco la respiracion y la compostura (uno es algo vanidoso y no puede presentarse ante un Doctor mal arreglado) trato de relacionarme con la gente, esperando tener más exito que en la parada de bus pero, de repente, sale alguien de la consulta y la chica que tengo al lado se pone de pie. Acto seguido, casi coreográfico, una anciana sentada enfrente de mi se levanta también mientras que un chico joven la imita; y yo qué voy a hacer... pues me pongo en pie también, ea, todos de pie... ¿y ahora que? Pues ahora toca ir pasando en orden de llegada, segun nos explica la enfermera.

- ¿En orden de qué?- pregunta la anciana.

- De llegada - le responde el joven, de pinta un poco macarra - como en el mercado, señora, para que se entienda, como en el mercado.



Tras la consulta, de repente, me encuentro en una sala atestada de gente para pedir cita para la siguiente parada de la romería que es tratar de curarse algo. Número 117, mmmm,

- Disculpe, ¿por qué número va?

- Por el 50. (mierda!)

Así que, me siento a esperar mientras observo como los fucionarios atienden a la gente con una frialdad causa de haber tenido que repetir la frase "D.N.I. y tarjeta sanitaria, por favor" mil doscientas veces a lo largo de cada día de su vida ( fines de semana excluidos).
Tras sus bunques solo nos muestran los ojos y parte del cabello, nos analizan, nos observan... nos intimidan para que no nos pasemos de listos cuando lleguemos al mostrador...
De repente se me viene a la cabeza una cantinela de la época de nuestros padres... "fumaaaaando espeeero....". Mierda, dejé de fumar... tranquilo, en breve saldrás a la calle y podrás respirar todo el humo que seas capaz.