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Burbuja de realidad
La vida vista dentro de una burbuja que flota en el asfalto.
Sindicación
 
Ida de olla I
Siento en mi boca dos lenguas castizas,
brazos y piernas que se multiplican.
La luz se desvanece con urgencia,
entra el maligno, abrele la puerta.

 
Un ovillo de lana
La mujer que se encontraba detrás del mostrador no era la que tres o cuatro años atrás me enseñó a tejer bufandas y jeseyses. No, definitivamente no era ella. No recordaba en su rostro tantas arrugas, ni que su pelo fuese tan cano; y su sonrisa, no, su sonrisa no estaba tan apagada.

- Hola, buenas tardes, ¿qué desea? - me pregunta.

No me ha reconocido al igual que yo a ella tampoco. Pero, por un segundo, tan solo un instante, un brillo surge de su mirada y me invita a responder con la verdad y a no mentir con alguna respuesta absurda, evitando descubrirme.

- Simplemente saludarte, han pasado muchos años.

El tiempo se detiene, la tienda desaparece y tan solo quedan sus ojos posados sobre los míos; pero sus ojos de verdad, los que yo conociera en aquel entonces.

- Yo a ti te conozco – me dice – me suena muchísimo tu cara.
- Hace tres años me enseñaste a hacer punto. ¿Me recuerdas?
- ¡Es cierto! ¡Eres tu! - exclama con una notable alegría al reconocerme -. Siempre hablo de ti a mis clientas, pero tu cara se me había olvidado. Muchos días hablo de aquel chico que tan bien aprendió, de aquel a quien tan bien se le daba el punto. ¿Qué tal tus estudios?

Nos embarcamos en una conversación que resume nuestras vidas en diez minutos. Da lo mismo, nunca supimos mucho más el uno del otro; conocernos más supondría romper la magia y ella dejaría de ser la tendera de mis historias, y el chico que yo era por entonces se borraría junto con un pasado en común transformado en presente.

- He de marcharme – le digo.
- ¡Qué alegría verte de nuevo! - exclama – Una pregunta ¿Cómo te llamabas?

Hasta ahora le ha dado lo mismo quién era. Al igual que ella para mi, he sido un pequeño viaje al pasado que ha concluido en el mismo instante en el que ella ha pronunciado esta pregunta.

- Roberto, me llamo Roberto.
- Qué bonito nombre – dice para sí -. Que sepas que aquí tienes a tu amiga Elisa para lo que quieras.. Cuídate mucho.
- Lo mismo. Nos veremos...

... cuando se me haya olvidado tu nombre y a ti el mío, pienso para mis adentros. Salgo de la tienda y reprimo mis ganas de mirar ese escaparate que tantas veces he recordado mientras me alejo, hay cosas que hago y no sé porque. Llego tarde, kike me espera.
 
Tarde de paseo
Una tarde curiosa la de ayer, la verdad. Agobiado por haber estado metido en casa todo el día, sin pensármelo dos veces acepté la invitación a un paseo por la Casa de Campo que me hizo mi compañera de piso. Un sol primaveral que calentaba como el acogedor fuego de una chimenea y miles de elementos invisibles que hicieron que nada más salir deseara volver: puta alergia. Por lo demás... viejos verdes que con sus boinas parecían silvestres setas que, ocultas, espiaban los jóvenes tallos que las prostitutas representaban en toda esta naturaleza urbana; ¡¡ y animales!! muchos animales ya que las verjas del Zoo permitían ver a los delfines saltar, a los tigres morirse del aburrimiento o a los elefantes bramar por un África perdida, o muchas veces desconocida.
Yo me monto en el metro, le dije, creo que he visto bastante. Yo vuelvo andando, contestó ella. Y nuestros caminos se separaron.

Entristecido en cierta manera, la única forma que encontré de animarme un poco fue la de comprar a mi tendera habitual un kilito de manzanas de las que buena cuenta di camino a casa. Empachado ya por completo, era la hora de volver a trabajar un poco. Tras una hora de crisis creativa ( eufemismo de: me cagon la puta, no me sale nada, vaya mierda, no me va a dar tiempo a terminarlo, etc., etc. ) conseguí centrarme y terminar un diseño para el foro de Kike . Esta tarde lo colgaremos... esperemos que guste.
 
Terminas de ponerte el pijama...
.... y de manera rutinaria te sientas en el borde de la cama para, acto seguido, dejarte caer. Inconscientemente, una profunda respiración y un bostezo... cierras los ojos y sin saber porque tienes la sensación de que algo es diferente. Rápidamente un rostro te viene a la mente con la misma claridad con la que respiras el aroma que dejó en tu almohada tan solo dos noches atrás, y comienza la proyección de escenas de una película que ya has vivido, de una noche que te encantó.

Me temo que esta tarde desaparecerás definitivamente de mi cama, toca hacer colada... Más no me preocupo, aún siendo los placeres de los sentidos efímeros (y a veces inconclusos) siempre perdura la marca de una persona que te aportó más de lo que supiste expresar. Me alegro de haberte conocido.

 
Para ti...
Hablar por telefono con una pared, tratar de derribar un muro que no tienes en frente, y sin martillo.
Tus miedos y tristezas te cortan la respiración hasta que rompes en un amargo llanto que, amplificado, te es devuelto por el aparato... tecnología moderna que te cobra su ayuda.
Gritos, más gritos. Reproches alternados por sollozos y disculpas ¿Disculpas? Qué curioso término... cómo pedir disculpas si la propia culpa, separada de su amiga "dis", es la causante...
Estoy cansado, tirado y dolorido en cierta manera; pero liberado por haber sacado de mi ciertas cosas, una melancólica canción de mis vecinos se cuela por mi ventana.
Y a ti, muro mío.... creo que hoy te he derribado alguna piedra. Aunque éstas al caer me hayan golpeado y a ti te haya dolido perder un pedazo de tí... creo que algo hemos avanzado. Es hora de cambiar las cosas.