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Desenterrando Huesos
Acerca de
Este es el tercer volumen de mi diario. El primero, lo enterré. El segundo, lo arrojé al mar. Quién sabe lo que haré con éste cuando otra de las mujeres que hay en mí, decida que ha llegado su momento de salir a la luz.
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Aquí, los blogs de mis amigos. No están todos los que lo son, pero lo son todos los que están.
Sindicación
 
Está hecho
Me he mudado al barrio de Kotinussa y Mari. Os espero por allí.
 
Año nuevo, blog nuevo
Yo soy de esas personas que tienen que cambiar los muebles de sitio cada vez que cambian de estado de ánimo. Pero el 2007 viene cargado de tantas novedades para mí que no me me satisface la simple idea de alterar, de nuevo, el aspecto de mi casa virtual.

Mi proceso de liberación del pasado, bastante doloroso, está en su fase final. Necesito dejar atrás, de una vez, esa etapa de mi vida. Por eso, he decidido mudarme. Porque el cuerpo me pide hacer borrón y cuenta nueva y así será más fácil.

Me apetece recomenzar mi diario (no diario) en un ambiente diferente. Escribir con la libertad que te da mirar a tu alrededor y ver tan sólo paredes en blanco que poder decorar con palabras fresquitas, sueños renovados y emociones recién salidas del horno. Quisiera construir, poquito a poco, un espacio más acorde con el estado de mi alma.

Acabo de llegar de España y aún no he deshecho las maletas. Mientras me pongo al día en las cosas del trabajo, iré buscando casa. Cuando la encuentre, dejaré una notita en la puerta, con mi nueva dirección blogosférica.

Hasta entonces, buen comienzo de año para todos.

Besos y abrazos.
 
Alejandro y el "Patatal"
Ayer estuvimos en Lisboa. En principio, para ver el espectacular alumbrado navideño del Chiado y la Baixa. Aunque, claro, faltando sólo una semana para la llegada de Papá Noel (aquí llamado “Pai Natal”), era casi inevitable acabar en algún centro comercial, comprando regalos para la familia.

Ya nos íbamos, cuando Alex se quedó boquiabierto al ver delante de sus ojos a ese personaje mágico del que todos le hablaban últimamente. “¡Mamá, mamá, el Patatal!". Su cara era un poema. Tiraba fuerte de mi mano e insistía, por si no le había entendido: “Mamá, mamá, jo-jo-jó...” (se ve que en la guardería le habían aleccionado sobre el tema).

Una es de Melchor, Gaspar y Baltasar de toda la vida. A pesar de llevar once años viviendo en Portugal, me he resistido todo lo que he podido a asumir como propias, tradiciones que me son ajenas. El que Santa Claus vaya de rojo y blanco por imposición de la Coca-Cola y lo mucho que se ha explotado comercialmente su figura, no han sido factores que hicieran especialmente simpático, a mis ojos, a ese vejete rechoncho y con barbas.

Sin embargo, este año he decidido dejarme de integrismos hispánicos y contribuir a que mi niño comparta (también) las costumbres y fantasías de sus compañeros de clase y de toda su familia paterna. En ese pack están irremediablemente incluidos el árbol de Navidad, la cena de Nochebuena con bacalao y verduras cocidas (¡puaj!), los postres caseros para dar y regalar, los villancicos locales y el Papá Noel, con renos y todo. Teniendo una hermosa chimenea en casa, era difícil seguir oponiéndose a ello.


Eso no quiere decir que vaya a renunciar a poner el Belén, ni a enriquecer el imaginario infantil de Alex con el disfrute extra de la Noche de Reyes, que aquí nadie celebra. Mientras nos lo podamos permitir, alargaremos las vacaciones una semana más para escaparnos a Sevilla. Veremos la cabalgata el día 5, esa noche nos acostaremos temprano (o eso le diremos a Alex) y a la mañana siguiente, llenaremos la casa de mis padres de sorpresas y restos de cintas y papel de regalo. En medio del caos, nos sentaremos todos a la mesa para desayunar un maravilloso chocolate caliente, acompañado de su roscón. Y nos partiremos de risa repartiendo las raciones de forma que le vuelva a caer, otra vez, a mi madre el regalito oculto entre la nata.

El caso es que, el mismo niño que ayer se resistió a aceptar el globo que le ofreció amablemente una cría vestida de duende y que no duda en gritarle “Tú, malo” a todo el que se le cruza y le pilla de mal humor, nos hizo saber, con su corto vocabulario, que quería ver al Papá Noel de cerca. Yo me temí lo peor, pero decidí acompañarle por si se mosqueaba o se asustaba al llegar su turno.

Entonces, los boquiabiertos fuimos nosotros. Dejó que el “Patatal” (muy bien caracterizado, todo hay que decirlo) lo cogiera en brazos y lo sentara en sus rodillas. Respondió a sus preguntas en un perfecto portugués: su nombre, su edad, si se había portado bien... En general, se queda callado cuando le preguntan algo o responde algo incomprensible. Pero ahí estaba mi niño, hablando con su nuevo héroe como si de su abuelo se tratase; fascinado, pero a la vez con el aire tranquilo de quien hiciera aquello todos los días. Cuando volvió a mis brazos seguía con la mirada alucinada del que acaba de tener un encuentro en la tercera fase. Sin soltar la chocolatina ni el muñeco que Papá Noel le había regalado, como adelanto de lo que vendrá dentro de pocos días.

Una cosa hemos ganado. Con toda esta historia de la Navidad, mi hijo ha comprendido que si sigue haciendo de las suyas, no habrá juguetes ni ná, de . Así que, al menos durante una o, incluso, dos semanas (otra ventaja de lo de creer en los Reyes), lo vamos a tener controladito. De hecho, en cuanto hace una trastada y se acuerda de lo del Papá Noel, viene en seguida a pedirme disculpas, asegurándome muy convencido: “ahora voy a portarme bien, mamá, de verdad”. Y lo hace... aunque sólo sea un ratito. Es un bicho.

 
Mi nuevo ángel de la guarda
Hasta ayer no me di cuenta de que ella era, definitivamente, mi ángel de la guarda en el nuevo ciclo que inicié el pasado mes de septiembre. Sin la ayuda de personas como Dolores, habría sido incapaz de superar muchas de las dificultades a las que me he tenido que enfrentar a lo largo de mi vida. Mis encuentros con ellas han sido “casuales”, al comienzo de aventuras de lo más variado y, sin motivo aparente, han empezado a cuidarme, a resolverme problemas, a ponerme en contacto con quienes necesitaba y a ofrecerme oportunidades únicas. Me consuela saber que, de nuevo, hay alguien que se preocupa por mí.

No creo que tenga mucho que ver, pero Dolores es la única española que conozco en muchos quilómetros a la redonda. Trabaja en mi ciudad como jefa de estudios de preescolar y de las tres escuelas de primaria. Fue a quien expuse mi problema para pagar la mensualidad de mi hijo en el Jardín de Infancia y quien me llevó de la mano a la dirección para hacer mi loca propuesta de pagar en especie, dando clases. Aceptaron. Me asignaron las actividades extraescolares de las tres clases de cuarto y mis niños me hicieron salir de mi agujero, recuperar mi autoestima, reírme mucho y sentirme querida. Así dejé atrás la depresión.

Además, Dolores se acordó de mí cuando su hijo se vio incapaz de dar las clases de español que le habían propuesto en una academia de idiomas. Me puso en contacto con la directora, Eduarda, que se convirtó en mi otra jefa. Ya hablé de ella. Tan bien como ella va hablando por ahí de mí. Esas clases se dan en un ambiente laboral maravilloso, informal, divertido, que me ha permitido desarrollar otra parte de mí que estaba como dormida.

Dolores también me llamó cuando supo que había un ayuntamiento desesperado por encontrar un traductor de español. Gané un dinerillo extra y descubrí otra forma interesante de ganarme la vida.

Ayer, ella se mostró muy agradecida conmigo por que hubiera conseguido preparar con los alumnos una actuación para la fiesta de Navidad, en un tiempo record (24 horas). Yo aproveché la ocasión para comentarle mi deseo de que mi relación con la escuela dejase de ser una acción de caridad. Quisiera seguir el año que viene, tras acabar la baja por maternidad, pero ya, contratada. Tengo grabadas sus palabras en mi mente: “Vamos a hacer una propuesta a la dirección. Todos están muy contentos con tu trabajo. Verás como lo conseguimos”. Comprendí que así sería. Respiré hondo, emocionada, y les di las gracias, a ella y “al de arriba”, por enviármela.

 
Tan sólo unas palabras

Comentario:
No os parece horrible vuestra voz cuando la oís grabada? (Qué gallitos... Y vocaliza, mujé, vocaliza...)
 
Mi nueva visión del mundo
Un globo, dos globos, tres globos...


Dios pío, ya casi no me veo los pies!!!


 
Colorín, colorado... el Pinocho está acabado.

Pinocho, Pinochet. Carlos Mejía Godoy

Pinochet no llegó a ser juzgado, pero la ha palmado a los noventa y un años de manera muy diferente a la que soñaba. La muerte le ha sobrevenido treinta y tres años después del golpe de estado que lo instaló de manera ilegítima y brutal en el poder. Procesado en distintas causas judiciales por violaciones de los derechos humanos, que fue retrasando a base de simularse senil y enfermo. Repudiado por la conciencia democrática de la humanidad como uno de los símbolos universales de la cobardía y la traición. Incluso en Chile había perdido apoyos desde que se descubrió que, además de ser el máximo responsable de crueles y masivas violaciones de los derechos humanos, había saqueado los fondos públicos en proporciones multimillonarias (aunque tiene co-ho-nes que tanta gente le volviera la espalda únicamente al confirmarse que había metido la mano en la caja).

Me da un especial gozo saber que si ese cabrón hubiera podido contemplar su propio funeral le habría parecido humillante, al no haber recibido todos esos honores de los que se consideraba merecedor. La guinda del pastel es que a su nieto le haya costado el cargo confesar abiertamente las barbaridades que se sabe de sobra que todo su entorno comparte, aunque de forma más discreta. Ajo y agua.

La dictadura que encabezó Pinochet fue uno de los capítulos más oscuros y tenebrosos de la historia latinoamericana del siglo XX. Porque destruyó un esperanzador proceso de cambio social en democracia, porque refundó el país a partir de los dogmas neoliberales y porque de manera cruel masacró a miles de personas e institucionalizó la tortura.

Hubo unos 3.000 desaparecidos y 28.456 víctimas de tormentos y vejaciones, entre ellos 87 niños. Los testimonios de los que lograron sobrevivir a los cientos de campos de concentración auspiciados por el ex-dictador son tan escalofriantes como el propio régimen.

Ironías del destino:

1) Pinochet, el general asesino y traidor falleció en el Día Internacional de los Derechos Humanos.

Ricardo. El Mundo. 13/12/2006

2) Hoy descansa en una "urna".

Gallego & Rey. El Mundo. 13/12/2006


Dos comentarios:

1) Garzón, mi héroe. ¡Quiero un hijo tuyo! (bueno, antes tengo que "desembarazarme" de éste, en el buen sentido de la palabra...)

2) Pinocho, púdrete en el infierno (o lo que es lo mismo: espero que disfrutes de tu próxima reencarnación; menuda te espera...)
 
Una de ecos

Alex - Primer Trimestre


Su herman@ - Primer Trimestre



De momento, mi segundo bichito parece más tímido, no?

Estoy deseando ver la próxima foto

Alex - Segundo Trimestre


 
Pasito a paso
A veces, la vida se vuelve un continuum homogéneo, sin cambios en el horizonte. Si te sientes cómoda en tu piel y con lo que haces, puede ser algo tranquilizador. Si odias tu situación, es como una larga condena que cumples a duras penas, arrastrando los pies y soñando con tiempos mejores.

A veces, todo se acelera y no hay un día en que no te sucedan cosas. Te ves inmersa en un torbellino de cambios, que pueden volver del revés tu vida hasta el momento. Para mejor o para peor. Depende, todo depende... Sea como sea, se trata de tiempos de aprendizaje intenso y eso, siempre es positivo.

Mi vida actual, sin embargo, sigue otro modelo: se encuentra parcelada, articulada por fechas-tope que marcan lo que viene después. De nada vale hacer planos a largo plazo o intentar adelantarse a los acontecimientos. Es una repetida cuenta atrás y una espera esperanzada. Algo similar a lo que le sucede a Rous con los exámenes de la oposición. O a Autómata34, con las diferentes fases del proceso de adopción.

Una de esas fechas-clave es mañana. A las diez, hora portuguesa, podré ver por primera vez al ser que llevo dentro. Sabré si tiene todas las partecitas en su sitio y, sobretodo, si es "viable". Una palabra de la que depende que tú, tu marido, tu familia y tus amigos estallen de felicidad o se sumen en una profunda tristeza.

Si todo está bien, y quiero creer que así será, podré oír el latido de su corazón. Nada como ese sonido para asimilar, por fin, que hay una personita creciendo en tu vientre. Ese sí que es todo un "antes y un después". De nada sirven el cansancio, el dolor del pecho, la falta de menstruación, el aumento de la barriga. Antes de ver a ese mini-bebé, a rayas, en blanco y negro y nadando en tu útero, es como si lo sentido hasta el momento no fuera sino un malestar pasajero.

De repente, comienzas a sentirte responsable de su bienestar, le prometes que te vas a cuidar más y asumes, de ese modo, el papel protector que caracteriza a un buen progenitor. Por primera vez, te atreves a no frenar el amor que ese niño ya te había comenzado a despertar. Es imposible seguir conteniendo las emociones, para evitar sufrir si algo va mal. Sabes que con el fin del primer trimestre, lo peor ha pasado. Por qué tendrían que ir las cosas mal?

Entonces comenzará, no obstante, otra difícil cuenta atrás, la que permitirá comprobar que no presenta problemas genéticos imposibles de ver en un monitor. Una fase cargada de nervios, de miedos, de pruebas médicas complicadas, pero también de fé en que todo irá bien. La palabra "aborto" surge como un posible (y terrible) efecto secundario de la amniocentesis o como una "solución" (también terrible) en caso de detectar una enfermedad grave. Intentas seguir el protocolo que te indica el médico, sin pensar por un minuto en esas opciones.

Tras pasar ese gran obstáculo, la carrera se vuelve mucho más tranquila, dulce y emocionante, por lo menos hasta el sprint final, en que la ansiedad y el cansancio se alían con todo tipo de temores. Entonces, lo único que deseas es que acabe todo de una vez. No te importa el dolor, no te importa si te abren o si te tienes que pasar un montón de horas gritando. Lo único que te obsesiona es llegar al momento en que puedas ver, oler, acariciar, besar a tu hijo, comprobar que está sano y descansar un poco antes de iniciar otra gran batalla.

Una que puede durar muuuuuchos años. Que se lo digan a mi madre, que aún tiene a un hijo cuarentón en casa...
 
Ginecólogo contratado!
A lo largo de mi vida no he sido precisamente una asidua de los controles ginecológicos. Un gilipollas engreído de mis últimos tiempos en Sevilla me llevó a limitar mis visitas a lo estrictamente necesario. De hecho, tardé seis meses en decidirme a ir a la consulta post-parto.

Cuando mi médico de familia me recomendó que eligiera a un buen especialista para seguir este segundo embarazo, considerado de riesgo por haber superado los 35 años, lo primero que hice fue buscar como loca una ginecóloga. Pero por esta zona hay pocas. Ahora comprendo por qué una de la que me hablaron, en Santarém, tenía una lista de espera tan grande, que te arriesgabas a ponerte de parto en la primera consulta.

Una cosa que me pone de los nervios en muchos médicos portugueses es que se creen superiores al resto de la gente. Mi doctora (Ljljana) es un ángel humilde y cariñoso venido de la Europa del Este. Ojalá la hubiera conocido antes.

Nunca me olvidaré de la agradable sorpresa que fue, en el 2003, entrar un consultorio de Lisboa a hacerme la primera ecografía, y reconocer en la especialista que me abrió la puerta un acento algo raro; español, sin duda. Inmediatamente dejamos el portugués, claro. Me encantó su familiaridad, desprovista de estúpidas formalidades. Aquí se le habla de usted a tó Dios. Me encantó oírla decir: "aquí tienes a tu niño... escuchas su corazón?". Ni que decir tiene, que me dio su teléfono sin que yo se lo pidiera, por si surgía algún problema. Gratis, a diferencia de lo que por aqui se estila...

El caso es que ayer tuve mi primera visita-prueba con el ginecólogo que me había recomendado mi doctora. Estoy contenta. Viene dos veces al mes a la ciudad donde vivo. Suficiente para que me controle el embarazo sin tener que desplazarme hasta Lisboa. Además, trabaja en un hospital público, donde ya me han dado cita para preparar la amniocentesis (nada como tener enchufe). Y el día 30 él mismo me hará la ecografía de las doce semanas, en otro centro privado (suerte que tenemos un seguro que cubre esos gastos!).

Cuando recuerdo lo que me costó conseguir citas la otra vez, a pesar de ser todo de pago... Por no hablar de la inseguridad que me daba pasarme el día sola en una ciudad a la que acababa de trasladarme, tan lejos de la familia, los amigos, sin conocer a nadie. Y si me ponía de parto de repente? El hospital más próximo estaba a media hora, pero Paulo tardaría otra media hora en llegar a casa y recogerme.

Ahora tengo una cartera con el móvil de mi médico y un pasaporte que me abrirá muchas puertas (Buenos días, soy una paciente del Dr...) Todo va a salir bien.

Otro día me explayaré sobre la gracia que me ha hecho encontrar a un ginecólogo que, a diferencia de otros con los que me había topado y a pesar de estar más que acostumbrado, seguro, a la anatomía femenina, casi temblaba, nervioso, cuando me abrí de piernas. Por no mencionar el momento en que me subí el sujetador y le mostré las dos mejores y esplendorosas pruebas de mi embarazo.

Curiosamente, tampoco es portugués.
 
Última hora: lo bueno de tener un blog...
... es que acabas registrando, sin querer, datos que luego se revelan como muy importantes. Como la probable fecha del desliz que lo explica todo (último párrafo, antes del maullido).

Chicas, cuidadín con los arrebatos erótico-festivos de vuestra pareja en plena madrugada; que te pillan desprevenida, te dejas querer y luego, pasa lo que pasa...
 
Ya os había comentado que estuve en Hamburgo?
Cinco y media de la mañana. Esto es la leche. Me he llevado todo el día durmiéndome de pie y ahora, que podría estar descansando a pierna suelta, tengo los ojos más abiertos que un buho.

Como me mata dar vueltas en la cama sin tener sueño, he decidido salir del cuarto de puntillas y venirme a mi rinconcito privado, para verme el último episodio pirateado de una de mis series favoritas y poner al día el correo. Además, que con el lío del embarazo, aún no os he contado nada de mi escapada a Hamburgo (Predictor aparte). El tema da para mucho, así que ahí van unas primeras pinceladas.

Una de las cosas más emocionantes que tenía el viaje era la oportunidad de vivir con Álex su bautizo en lo de viajar en avión. Como suele suceder con los niños, tras la novedad inicial, parecía como si, cual hijo de Julio Iglesias, un aeropuerto fuera para él, algo tan normal como una parada de autobús.

En tres de los cuatro aviones que pillamos, entre la ida y la vuelta, le regalaron un "kit infantil" que siempre incluía un cuaderno con muñequitos y unos lápices de colores. Pena que mi niño aún no tenga fuerza en las manos para usarlos; acaba de empezar con las ceras y la pintura de dedos. Habría que sugerirle a las compañías aéreas que crearan un "kit para bebés", creo yo. Pero bueno, algunas bolsitas traían una pequeña marioneta o un peluche con los que lo pudimos tener entretenido un buen rato.



Lo primero que sentimos al llegar a Hamburgo fue frío. Un frío intenso y húmedo que te calaba hasta los huesos. Naturalmente, íbamos preparados para eso. Y para toda la lluvia del mundo, pensábamos nosotros. Por suerte, sólo la sufrimos el día de la boda y la verdad es que llegamos a la fiesta empapados.

Nuestro alojamiento respondía plenamente al calificativo de "hotelito con encanto". Estaba en pleno centro y justo en la frontera entre el ajetreo cotidiano de la estación central y la vida canalla. De todos modos, tuve la sensación de que ambos mundos podían convivir perfectamente. Además, la policía se hacía notar por allí y te daba seguridad.



Aún estábamos deshaciendo las maletas, cuando llamaron a la puerta los novios. Carlos y yo nos fundimos en un abrazo. Después de tanto tiempo, tuvimos que hacer las presentaciones: "Aquí, mis michelines", "Aquí, mis canas". Pasados unos segundos, fue como si nunca nos hubiéramos despedido; como si hubiéramos vivido juntos las profundas transformaciones, internas y externas, que, a lo largo de once años, habían hecho de nosotros quienes hoy somos.

En seguida nos enamoramos de Victoria, su ya mujer (gracias a una rocambolesca historia, que ya contaré, que les había obligado a realizar una boda exprés en Dinamarca, previa al día D). Paulo y Carlos se saludaron como cuñados y Alex adoptó a mis amigos como unos nuevos tíos, de los que no se despegó en toda la noche.



Siempre me ha gustado conocer las ciudades de noche. Aún recuerdo la impresión que me causó la Lisboa nocturna (luces y sombras) contemplada desde un taxi (el momento tuvo una emoción-extra gracias al conductor, que parecía un extra especializado en persecuciones a toda velocidad por calles como las de San Francisco). Veinte años después, sigo quedándome boquiabierta ante la grandiosidad de la Praza do Comercio iluminada.

Hamburgo es una ciudad atravesada por cientos de canales. Muchos de ellos desembocan en un gran lago, que me pareció deslumbrante.



Fue el paisaje de fondo de nuestra cena, en el último piso de un centro comercial, imitador (con mayor éxito que el Corte Inglés) del Harrods londinense. Llegamos hasta allí atravesando calles comerciales llenas de vida, con un ambiente alegre y contagioso, casi navideño.



Paseando de la mano de Paulo, viendo a Alex feliz, en brazos de Carlos, y respondiendo con risas a los mimos de Vicky, confirmé mis sospechas de que, tras un lógico período de adaptación, mi familia y yo hubiéramos podido ser muy felices en Alemania. Sin renunciar nunca a "lo nuestro"...




 
Esto va muy rápidoooooo


Espero que los resultados de la analítica nos aclaren, esta tarde, si estoy de uno o dos meses. En cualquier caso, parece claro que ese bebé ha empezado a ponerse cómodo.

Tonto no es, en lugar de buscarse un cuartito normal para crecer, se ha instalado en toda una suite presidencial. Entre mis caderas, tendrá espacio para moverse a gusto incluso después de los siete meses.

Que se lo pregunte a su hermano, que daba vueltas y vueltas en mi vientre mientras yo, ya muy barrigona, nadaba en la piscina.
 
Mi superjefa
Ayer tuve dos horas de español. Como siempre, cuando llegué a la academia, mi jefa intentó seducirme con sus piropos: "Sabes que voy a crear un club de fans dedicado a ti? Tus alumnos están como locos contigo y no paran de hacerte publicidad. Ya tienes X nuevos. Imagina si vinieras los sábados..." Paso de trabajar todos los fines de semana; se lo dije desde el principio.

Esta vez me puse algo nerviosa, preguntándome cuál sería su reacción cuando le confesara que va a tener que renunciar durante algunos meses a su más lucrativa adquisición de los últimos tiempos. Por suerte, no sé qué pasa en mi vida, pero últimamente todo parece responder a un plan prefijado en el que cada novedad encaja perfectamente en el proyecto inicial.

Antes de salir de casa, había visitado la página del Instituto Cervantes y me di cuenta de que los exámenes para conseguir el título del nivel inicial (para el que preparo a mis alumnos) son en mayo. “Maravilloso!” pensé. Puedo organizar las clases de manera que estén listos a finales de abril y luego, tomarme el merecido descanso que me gusta reservar para mis dos últimos meses de embarazada, rodeada de los mimos de mi familia. Porque parir, paro en Sevilla... y eso exige no ir para allá muy barrigona, o corro el riesgo de ponerme al lío en el viaje, en plena frontera o en tierra de nadie.

En verano no podría dar ninguna clase, pero allá por octubre, estaría lista para darle unas clases extra a los que quisieran presentarse a la convocatoria de noviembre.

Medio asustada, sin saber lo que me esperaba, le dije a mi jefa: "Eduarda, tenemos hablar, hoy sin falta, del programa de las clases". Ella debió de captar en mi tono solemne que algo serio pasaba y reservó para mí una sala y una hora de su precioso tiempo (tiene varias empresas y no para). Así que cuando acabé mis clases, respiré hondo y me dispuse a soltarle la bomba de mi embarazo.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida... Me felicitó sinceramente y me dijo que le encantaba mi sentido práctico, mi forma de encontrar soluciones siempre que surgía un problema. Me confesó que suele encontrar pocos profesores con tanta vocación, tan motivadores, tan decididos y tan dispuestos a probar cosas nuevas. Hablamos de lucrativos cursos intensivos para empresarios cuando mi barriga aún no fuera un problema, de clases virtuales por videoconferencia, de cursos de cultura española con películas, tapas y bebé en su cestita incluido... Me dijo que a personas como yo, las agarra y no las suelta y que estaba segura de que todo iría estupendamente (para mí y para su negocio, claro).

Me sorprendió que me viera como una persona tan segura de sus capacidades. Le confesé que hasta hace un par de meses estaba hundida en la miseria y que las clases habían sido para mí la mejor de las terapias. Lo que los estudiantes notaban de "especial" en mí no era más que lo bien que me lo pasaba durante las clases; de ahí las bromas, las risas, la empatía que surgían de forma natural. Necesitaba sentirme útil, apreciada, saber que podía ayudar a los demás. Y las clases me permitían exponer y reafirmar mi forma de ver las cosas, diferente a la de los portugueses. En realidad, trabajaría en ello incluso aunque no me pagaran, en plan voluntariado (esto no se lo dije a mi jefa, claro, jajajaja... que no soy tonta!).

La conversación derivó hacia los desastrosos efectos psicológicos del mobing ejercido por un grupo compañeros al unísono. Eso dio pie a nuevas confidencias y me di cuenta de que tenía delante a la jefa ideal, capaz de ser amiga y de activar la mejor versión de mí misma como profesional, fomentando mi autoconfianza, dándome libertad total y alentando mi creatividad.

Hoy jueves voy a acercarme al Instituto Cervantes de Lisboa. Llevo en la cartera un cheque en blanco para comprar todos los libros y el material audiovisual que necesite. Además, desde hoy, tengo vía libre para ir a las clases de idiomas que quiera y prepararme gratis para los respectivos títulos oficiales. Tal vez me apunte al alemán, para refrescar conocimientos.

Desde ayer, siento que voy por la vida con una fuerza extra, la que da el que alguien te recuerde aquello de “nena, tú vales mucho”, sobre todo si es alguien exigente, que no se lo va diciendo a todo el mundo y que desconoce tu pasado. No se trata de vanidad. Se trata de heridas profundas que, de repente, comienzan a curarse.

Así que, ya véis, me llueven los motivos para estarle agradecida a la vida. Si puedo hacer algo por alguno de vosotros, no os cortéis, plisss, que tengo la necesidad imperiosa de sentirme merecedora de tanta cosa buena que me está pasando. Me pongo nerviosa cuando el saldo se pone tan positivo. Me siento, incluso, un poquito culpable. O mucho, no sé. Siempre pienso en los demás, quisiera que a todos les pasaran estas cosas. El mundo está tan mal repartío...

 
Mujer precavida, vale por dos.
Se puede decir que ese es uno de los lemas de mi vida. Son famosas mis maletas cargadas de respuestas para los "y si...": Y si llueve? (paragüitas plegable, aunque haga un sol radiante) Y si me pongo mala? (remedios para la fiebre, el dolor de garganta, el estreñimiento, la colitis...) Y si, de repente... (lo que se os ocurra: polvete inesperado, inspiración escritora, cambio radical de temperatura... ). Una vez que salgo de viaje, me gusta poder improvisar sobre la marcha, pero eso exige un gran esfuerzo de imaginación previo. Si no, es imposible cambiar un paseo urbano de museo en museo por una escapada loca a la playa más cercana. Eso, si no quieres pagar a precio de oro tus deseos repentinos, claro.

Una obsesión así hace de la preparación de las maletas un ejercicio de ingeniería para conseguir la optimización del espacio disponible. Porque no es fácil ir mucho más allá de lo indispensable, sin que el equipaje se vuelva una pesada carga, otra de mis prioridades.

Y todo esto a cuento de qué? A cuento del tema de la semana, del mes, del año: mi embarazo.

Quiero dejar públicamente claro que, al confesar abiertamente que estoy embarazada, sólo estoy diciendo que en el Predictor apareció un puntito que me ilusiona, pero al que aún no estoy vinculada afectivamente. Y digo esto, en prevención del drama colectivo que podría ser que mi embarazo se viera frustrado por algo. Estoy preparada para todo. Saberme fértil es mi fuerza. Si no soy madre ahora, de nuevo, lo seré más tarde. Estoy convencida. O adoptaré. Con un hijo sólo no me quedo, eso está claro.

Según mi experiencia previa, el gran salto emocional se produce al ver a tu niño en la ecografía y, sobre todo, cuando empiezas a sentirlo. Falta tiempo para eso y, de momento, es sólo un proyecto, una posibilidad. El embrión puede estar mal colocado o venir con problemas. Y dentro del primer trimestre, entra dentro de lo normal el aborto espontáneo, que, si no conocieras tu estado, considerarías tan sólo una menstruación algo abundante.

Hay una razón profunda para esta visión del embarazo. Como ya he declarado en más de una ocasión, creo que la muerte no es el fin de nada, creo en la reencarnación. Hace meses que sé que había alguien rondándome. Alguien que nos había escogido como padres a Paulo y a mí. No sólo me refiero al sueño premonitorio que tuve. Tengo una amiga bastante más sensible para estos temas que yo, que lo sintió mucho antes, repetidamente.

Aunque el embarazo ha sido, digamos, un "accidente", el momento es perfecto. Hace tan sólo tres meses, hubiera sido una locura. Yo estaba parada, deprimida, atada a mi pasado, con un pie aquí y otro en el extranjero, sin tener claro, en absoluto, nuestro futuro. A mi pareja la iban a poner de patitas en la calle y las deudas se nos acumulaban. Hoy me siento muy bien, trabajo en algo que me gusta y que es compatible con el embarazo y la nueva maternidad, mi marido tiene un empleo estupendo esperándole para cuando cierre su fábrica e iniciaremos el 2007 con la red que supone tener en el banco algo más que números rojos, gracias a la indemnización que recibirá por más de una década de trabajo para la empresa. Además, tenemos un seguro que cubrirá el 80% de los gastos médicos de un embarazo considerado de riesgo, por mi edad y por otras cositas de las que algún día hablaré. Nos podemos permitir estar en las mejores manos.

Pero si, a pesar de todo, la cosa se complica (han sucedido cosas que podrían provocarlo) y el niño no viene bien, estoy convencida de que será por una buena razón. Y yo me esforzaré en aprender lo que la vida me ha querido enseñar. Sea como sea, si ese ser me ha elegido, de un modo u otro estará conmigo. Encarnado en otro bebé, más adelante, o acompañándome desde el otro lado.

Una característica del primer trimestre es que te entra una paranoia tremenda y empiezas a pensar en todo lo que podría salir mal, en todo lo que deberías haber hecho antes de quedarte embarazada: perder peso, comer bien, tratar algunos problemas de salud para los que ahora no te puedes medicar, evitar el alcóhol y ciertos alimentos... Esta parrafada no responde a esa leve angustia casi inevitable. Mi madre perdió a su primera hija en el parto y fue un palo del que, más de 40 años después, no se ha recuperado del todo (aunque yo pueda ser esa niña, que tan sólo se retrasó un poco, para enseñarles a mis padres a amar sin límite a sus hijos). Y tengo una amiga que perdió a un hijo pequeño y vive aún, trece años después, pegada a su tumba.

Yo también me derrumbaría en situaciones así. Pero soy una cáncer típica que protege su delicado interior y mi corazón está aún envuelto por un caparazón duro que hace imposible que ya vea a ese bichito lindo alojado en mi vientre, como un bebé real, de carne y hueso. Siento, naturalmente, la responsabilidad de cuidarme, la mejor forma de mostrar mi agradecimiento por el privilegio de la fertilidad.

Intuyo que he sido elegida por todo lo que he aprendido en los últimos años, por saber como ayudar a ese ser a llegar tan lejos como quiera, ahora y siempre. Ese niño y yo tenemos un pacto de mutua ayuda que viene de lejos, desde antes de yo misma nacer. Desde que vi el puntito rosa comprendí que había llegado la hora de ponerse manos a la obra. Y en ello estoy. Preparándolo todo para comprobar si podemos comenzar ya.

Ayer estuve con uno de mis ángeles de la guarda: la Doctora Ljljana, mi médico de cabecera. Hoy me he hecho unos análisis. La semana que viene tendré los resultados y veré a mi obstetra. Entonces sabré si esto sigue adelante y qué problemas se pueden presentar.

Hasta entonces, los sueños tienen vía libre. Sobre todo, desde que he comprobado que es verdad lo que dicen: que los sueños se hacen realidad.

PD: Alguien que me preste un sujetador de la talla 110? Aunque igual no lo necesito. Parece que ya se sujetan solas. Y apuntando pa'rriba!!! (Como decía la canción "Volver a los diecisiete... después de vivir un siglo...")