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Desenterrando Huesos
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Este es el tercer volumen de mi diario. El primero, lo enterré. El segundo, lo arrojé al mar. Quién sabe lo que haré con éste cuando otra de las mujeres que hay en mí, decida que ha llegado su momento de salir a la luz.
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Aquí, los blogs de mis amigos. No están todos los que lo son, pero lo son todos los que están.
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Cartas desde mi camarote: IV
Hace unos años compré un libro aparentemente inocente. Un libro pequeñito donde no había crímenes por resolver. Ni príncipes, ni brujas; ni sapos, ni bellas durmientes. Un libro poético, sin una sola rima. Un libro inteligente y divertido, cuyo principal protagonista (oh, sorpresa!) era yo misma.

Yo y cualquier persona que tuviera la suerte de tropezarse con él. Porque es un libro que no se puede regalar. Ha de llegar a tus manos "por casualidad". Tú no lo escoges, él te escoge a ti. El destino lo coloca en tus manos cuando te puede ser útil, no antes. No es un libro de autoayuda. Es un libro de Magia.

He comprobado que, aunque lo tengas delante de las narices, sólo te fijarás en él si estás preparado para entenderlo. De nada sirve adelantarse: si lo haces, podrás devorarlo hasta la última página de una sola sentada, pero no habrás aprendido ni a sacar un conejo de un sombrero. Y ya ni hablamos de trucos más elaborados, como, por ejemplo, el de conseguir que todos tus deseos se hagan realidad. Es probable que el orgullo y los prejuicios arraigados en tu corazón te impidan reconocerlo, pero el fracaso se deberá a que aún es pronto para ti. Preferirás pensar que el autor es un estafador y quien te lo recomendó, un iluso.

Así que tendréis que perdonarme, no es que no quiera, es que no puedo deciros el título. Ni siquiera sé como acaba. Pasarán años antes de que llegue al final. Cada capítulo exige cambios en ti que llevan su tiempo. Antes de que se produzcan, es una estupidez seguir; de hecho, esos cambios te exigen volver en repetidas ocasiones sobre lo leído. No hacerlo y continuar leyendo sería como ir a un examen sin haber estudiado, pero sabiendo ya las respuestas. Sacarás la mejor nota, pero no habrás aprendido nada.

Lo confieso, no soy una buena alumna. He aprendido los principios fundamentales de la teoría, pero me cuesta llevarlos a la práctica. Afortunadamente, la Magia empieza a formar parte de tu vida en cuanto abres la primera página del libro. De hecho, pronto tendré que escribir una nueva "lista de cinco deseos, que quiero que se cumplan", porque aquellas cosas con las que, hace unos años, sólo soñaba, se han ido materializando tal y como las imaginé:
- un hombre que me enamorase y que quisiera formar conmigo una familia
- un primer hijo varón, saludable, inteligente y lleno de vida
- una casita con jardín (algún día contaré la increíble historia de cómo encontramos esta casa)
- la buena salud de mis padres (mi madre ha sobrevivido al cáncer y mi padre se ha salvado de quedar inválido; y por ahí andan, hechos unos chiquillos).
- alejarme del sitio donde trabajaba y era tan infeliz (hoy estoy a 300 km; pronto, tal vez a miles)

Nuestra mente es poderosa. Creer firmemente que algo es posible (algo bueno o algo malo), nos "condena" a que ese algo se haga realidad.

Todos somos magos; nuestros deseos son como órdenes de arriba para el guionista que escribe los próximos capítulos de nuestra vida. El guionista que somos nosotros mismos.

 
Cartas desde mi camarote: III
Anoche me acosté a las cuatro de la madrugada. A las nueve, mi hijo dio uno de sus saltos acrobáticos y se escapó de la cuna. Destino inmediato: mi cama. Resultado: me despierto de forma traumática, a base de empujones, manotazos en la cara y gritos de MAMÁÁÁÁ, MAMÁÁÁÁ... Ammm.. Ammmm (o sea, Levántate ya, esclava, que tengo hambre)

Me muero de sueño. Gran error el de dejar la puerta abierta! Mi marido, el encargado de cuidar del niño por la mañana, cuando trasnocho, ni se ha enterado; sigue durmiendo placidamente. Lo despierto preguntándole qué está esperando para levantarse y me responde "no, si yo ya había oído al niño, ya... ". Pero que se ocupe la madre, no? Me vuelvo a mi cuarto comiéndome por dentro y mandando al carajo mi armonía reikiana: hoy me irrito, me preocupo, no soy agradecida, ni amable, ni estoy para meditaciones. Lo que quiero es dormir!!

Cierro la puerta de mi dormitorio en un vano intento de descansar aunque sólo sean cinco minutillos más. Los chillidos del niño aporreándola y gritando desgarradoramente mi nombre no se hacen esperar. Paulo intenta calmarlo inútilmente. El vecindario pronto llegará a la conclusión de que, bajo nuestra civilizada apariencia, se esconde la maldad personalizada: unos padres psicópatas que obtienen un placer morboso en maltratar sin motivo a su encantador angelito rubio. No me extrañaría que un día llamasen al 112.

Valeeeeeeeeeee, me rindoooooo! Me levanto. Me arrastro hasta la cocina con los ojos aún medio cerrados. Le preparo los cereales a mi hijo. Los mismitos que poco después decoran el suelo y los muebles del salón. Este crío tiene un don. Es único a la hora hacerme saber, de forma creativa, que hoy le apetece comer otra cosa. Qué suerte, no?

Le preparo el zumo de naranja que me pide. Le da un buchito, lo deja, se va a ver los dibujos animados, me caliento la leche para hacerme un café (hoy, soluble, puaj), vuelve, bebe un poco más, pongo pan en la tostadora, antes de que esté listo, me da la mano y me lleva al salón, me pide un vídeo, se lo pongo, ve dos segundos y se pone a gritar porque no era ese el que quería, le pongo otro, sonríe un instante, pero no, se da cuenta de que tampoco es ese, nuevos gritos, le digo que paso, se me agarra a la pierna, le apago la tele haciendo caso omiso de sus intentos de chantaje emocional, sale corriendo, coge el mando y pone el canal de los dibujos animados de nuevo, me mira como diciendo "qué te crees, que te necesito?", se carcajea en mi cara, decido no pensar en ello y volver a mi café y mis tostadas, ya heladas, otra vez microondas y otra vez tostadora, y ya le oigo venir de nuevo... Y sus pasitos apresurados por el pasillo no presagian nada bueno.

Ufff, falsa alarma. Parece venir en son de paz. Quiere acabarse el zumo. Suerte que le doy antes una ojeada al vaso, porque... arrrrjjjj... uma mosca a favor de la eutanasia ha elegido el zumo de mi hijo para abandonar este mundo cruel. A eso lo llamo yo una muerte dulce (y vitaminada). Por suerte, él ya está entretenido con otra cosa y no protesta. De hecho, lo que quiere son mis tostadas. Y el café y el azucarero, si le dejo. JODERRRRRR....

Para colmo, el aromita agradable del pan recalentado comienza a ser contaminado por otro perfume mucho menos embriagador. Miro inquisitorialmente al peque, que confiesa su pecado: Mamá, tata... Sí, caca, caca... pero te he dicho miles de veces que eso me lo tienes que decir anteeeeessssss, no despuésssss....

Así que nada... cuando me iba ya a untar la mantequilla en el pan, tengo que darle prioridad a la retirada de una materia similar en untuosidad, aunque no en colorido, olor y textura, del culito de mi niño. Bueno, en realidad, todo sea dicho, he llegado a la conclusión de que existen tantas combinaciones posibles de tales cualidades que nunca sabes exactamente lo que te vas a encontrar cuando te atreves a abrir un pañal. En fin, nada que una madre experta no resuelva en unos minutos: toallita retiratropezones (alias "lo gordo"), toallita de refuerzo para asegurarse de que no queda nada-nada, cremita, pañal limpio, ropita pa la calle, lavado de dientes, colonia, sandalias y listo.

Aprovecho los minutillos libres que me deja un video musical, que le encanta a mi niño, para preparar su almuerzo y su merienda. Así, mi desayuno convencional frustrado, hoy se remata con unas cucharadas de bacalao con arroz y verduras. Una supermami tiene que sacar nutrientes de donde sea!

Escena final: Tenemos que comunicarle a nuestro hijo, con toda la sensibilidad y el tacto posibles, que hoy quien le va a llevar a la guardería no es su mamá, sino su papá. Porque mira, cariño, mamá tiene que lavar, tender y planchar esa montaña de ropa, recoger la mierda que has extendido por el salón, llevar tus pañales cagados a los contenedores de basura antes que de el olor impregne toda la casa, enterrar a la pobre mosca y bla, bla, bla... Su reacción, más que solidaria y comprensiva, podría describirse de forma cinematográfica. Me explico: tipo la niña del exorcista. En medio de la supermegarabieta, mi marido recibió una patada tal que el niño casi se queda de hijo único pa toa la vida. Menuda fiera.

Podría seguir mi relato, pero creo llegado el momento de hacer una pregunta clave:

QUIÉN COÑO ME ROBÓ AYER LAS GAFAAAAAAASSSSSS????


(el comentario de maggie me parece sospechoso, pero no descarto a nadie)


 
Cartas desde mi camarote: II

Hoy me he levantado temprano porque me apetecía.
Me he regalado una ducha maravillosa, sin prisas.
Me he vestido con ropa de verano y me he calzado unas sandalias.
En el corazón, el beso y las risas que mi marido me ha regalado por teléfono.

He aspirado el aroma a bebé de mi niño, segundos antes de que se despertara
y se arrojara a mis brazos con ojitos dormilones y el chupe en la boca.
Sin soltar a su muñeco preferido: Lucho, el "Pelo".

Hemos desayunado entre mimos, canciones y risas.
He tenido tiempo hasta de prepararme un café de verdad (y no del soluble).


Hoy hemos dejado aparcado el coche.
Hemos disfrutado de un paseo matinal por la sombra fresca,
fijándonos en los pájaros, las mariposas, los camiones y los números de las puertas.

Lo he dejado jugando, feliz de estar con otros niños y al cuidado de su otra mamá.

De vuelta a casa, tocaba regar el jardín, que me ha deparado nuevas sorpresas.
La jacaranda que cuidamos desde hace tres años, por fin se ha decidido a florecer.

Pronto se abrirán también las flores de los agapantos que trajimos de Madeira,
como recuerdo de nuestra segunda luna de miel.
Y el nuevo molino de viento de Alejandro gira y gira al son de una ligera brisa.

Hace calor, hace sol. Me encanta.

Hoy estoy rodeada de pequeñas cosas que me hacen sonreír.


Es como si cuanto me rodea fuera el resultado de una gran confabulación.
Su objetivo secreto: hacerme feliz.

Y todo por haber hecho un poco de limpieza en mi alma
y por haberme puesto las gafas de ver bonito.
 
Cartas desde mi camarote: I
Me gusta viajar por la vida ligera de equipaje. Por eso, antes de iniciar una nueva aventura, he hecho un fardo con mis viejas historias y las he arrojado al mar.

A partir de ahora, mi rumbo lo marcan los 5 principios del Reiki:

Sólo por hoy no te enojes.
Sólo por hoy no te preocupes.
Sólo por hoy sé agradecido y humilde.
Sólo por hoy trabaja duro (práctica meditativa).
Sólo por hoy sé bondadoso con los demás.


Ya os contaré a dónde me llevan.

Os quiere: