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Desenterrando Huesos
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Este es el tercer volumen de mi diario. El primero, lo enterré. El segundo, lo arrojé al mar. Quién sabe lo que haré con éste cuando otra de las mujeres que hay en mí, decida que ha llegado su momento de salir a la luz.
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Sindicación
 
La duda, de nuevo.
Lo previsible ha sucedido. Después de aquel sueño donde me veía con una niña en brazos el próximo verano, después de un mes muy movidito sexualmente (estímulo a distancia y consumación in situ), llega el fin de mi ciclo y una idea martillea mi cabeza: estaré?, no estaré?

Mi regla es lo suficientemente informal como para aparecer cuando le da la real gana. Por eso, no suelo tener claro si es demasiado pronto o no, para hacerme el test de embarazo.

Pero ayer tenía el vientre hinchado, las tetas enormes y mirando pa'l Norte, un sueño horrible y una acidez de estómago que sólo recuerdo haber tenido cuando estaba embarazada de Alex.

Me dije una y mil veces que podían ser todos síntomas del síndrome premenstrual. Cuando no tomo la píldora, mis hormonas toman el control, tanto en los días fértiles (en que el cuerpo me pide guerra a diario y varias veces), como en los que anteceden al período (en que me hincho como un globo, paso de sexo y estoy de un sensible que doy asco).

A lo que voy: que le dije a mi marido que igual era una buena idea acercarse a una farmacia... por si las moscas. Nerviosito salió pa'llá. Ni quería mirar el resultado. Como yo le dije, "mira, si sale negativo, por lo menos hoy dormimos; si sale positivo, pues mejor que lo sepas antes de aceptar tu nuevo puesto de trabajo". Porque si él se piensa que me voy a ir con un bombo de seis meses pa' la India... ja---ja---ja...

No prolongo más la intriga: salió negativo.



Pero la regla tampoco aparece, ni sé cuando aparecerá. Y con mi hijo, tuve dos resultados negativos antes de poder confirmar el embarazo, que yo presentía.

Me mata esto. Y no porque tenga urgencia en embarazarme, sino porque tenemos demasiadas cosas en el aire en nuestra vida como para añadirle una incertidumbre más. Y más, como esa, que tanto nos puede condicionar los planes a corto y medio plazo. Desembarcar en un país desconocido, con una lengua extraña, sin familia y embarazadísima, no me parece un plan ideal.

Pero, por otra parte, algo nos impulsa a no usar protección en los días clave. No me preguntéis por qué.

Dicho todo esto, aclaro que, como suele suceder en estas situaciones, mi marido acabó tristón. "Pero no me decías que ahora no nos venía bien?" "Claro, pero ya puestos, tanta emoción, para nada... Jo, ya me hacía ilusión y todo... Si va a venir, que venga ya...".

Se ve a leguas que lo está deseando. Pero no lo reconoce. Yo presiento que viene una niña. Él presiente que si es una niña, sufrirá mucho con ella. Como con su hermana, como con su madre....

Sabe que su hija tendrá acceso directo a su parte más sensible. Y eso le asusta. Ella le mirará a los ojos y él no sabrá decirle "no" a nada. Ya no será nunca más ese tipo duro que, a veces, insiste en aparentar ser. Pensará en ella hasta en el trabajo (su prioridad nº 1 hasta la fecha) y la verá crecer con miedo. Deseando parar el tiempo para ser durante mucho tiempo su papá, su héroe, para retrasar en lo posible el momento en que venga un melenas poco serio y se lleve a su niña de su lado. Ayyy.. qué tontín. Cuánto le quiero!

Seguiremos informando.

 
Antecedentes de la cita.
Se conocieron en un chat. Ella vivía en un pueblo perdido de Portugal. Él, en una ciudad de la Castilla profunda. Aquella amistad imprevisible fue transformándose en amor a base de teclado, teléfono y de muchos quilómetros.

Él se acostumbró a llamarla a diario. De lunes a viernes. Desde su coche. Antes del amanecer y poco antes de ponerse el sol. Para huir del frío. El de su invierno polar y el de su casa.

Los dos recorrían juntos, por la mañana, el trayecto entre Palencia y Valladolid. Él, helado; ella, calentita bajo el edredón. Cuando él entraba a trabajar, ella se dormía de nuevo. Y soñaba con poder abrazarle algún día.
Los dos recorrían juntos, por la tarde, el trayecto entre Valladolid y Palencia. Él, riéndose de su "asento" ("Sevillanaaaaa", la llamaba); ella, bromeando con sssussss finísssssimassss essssesss líquidasssss. Cuando ella colgaba, él entraba en su casa. Y soñaba con poder huir algún día.

Los dos querían dejar atrás una vida de soledad (con o sin compañía) y se devanaron los sesos para proyectar un plan de fuga en el que nadie saliera herido. Pero no pudo ser. Hubo una deserción y varias víctimas.

Aunque sólo por el primer encuentro, habría valido la pena.

Él tuvo que ir a Barcelona por trabajo y cambió el vuelo de vuelta a Valladolid por un Barcelona-Sevilla, vía Madrid. Luego alquiló un coche y cruzó la frontera portuguesa, de madrugada, rumbo a lo desconocido. Ella lo vio rodear las murallas y subir en dirección al castillo, donde lo esperaba en una pequeña casa, asomada al Guadiana.

Él era muy alto. Ella se tuvo que poner de puntillas para fundir sus labios con la boca que se le ofrecía. Fue sólo el comienzo de una larga noche, en que cada cual se dedicó a completar el puzzle del otro, con piezas nuevas como su olor, su sabor, su forma de mirar o de amar. Cuando él volvió a su vida, el pacto redactado a distancia, ya estaba sellado.

La separación matrimonial se produjo meses después, pero de la peor de las formas. Su mujer encontró la carta donde ella le decía adiós. Y que nunca, nunca, había querido ser su amante; de hecho, se había planteado cortar cuando él comenzó a acomodarse a la situación, sin resolverla, y ella, a sentirse sucia.

Ella había llegado a ir a Valladolid para verle y hablarlo, pero se le hizo de noche esperándolo en su punto de encuentro. No apareció. Y no hubo disculpa. Ninguna llamada. Un “perdona, no estoy preparado” o “lo siento, me falta el valor”. Se lo tragó la tierra. Y ella se hundió.

En su carta, la que leyó la esposa, se arrepentía de haber dejado ir tan lejos la cosa, pero él la había convencido de que deseaba estar libre para recomenzar a su lado. De hecho, él le había hablado de sus planes de separación desde el primer momento; mucho antes de que se volvieran cómplices. Ella le recordaba en esas líneas lo que siempre le decía: que si la relación con su mujer era tan mala, que se dejase de palabras y actuase; por el bien de todos.

El descubrimiento de la cruda verdad sobre la infidelidad de su marido, hirió innecesariamente a la mujer que ya no amaba, cuando los dos podrían haber resuelto el desamor mutuo civilizadamente. Y entonces, el orgullo femenino herido se hizo violencia, avaricia, odio. Él fue privado hasta de ver a la hija que tenían en común.

Por suerte, cuando ella y él se reencontraron en la red, aquel hombre ya no le dolía. La había enamorado hasta los huesos, la había llevado a ir contra sus principios, por amor, para luego desaparecer y dejarla a merced de la soledad. Pero ya estaba recuperada y decidió perdonar y quedarse con lo bueno. Llegaron a charlar como viejos amigos.

Él nunca tuvo ni idea del trauma emocional que a ella le había producido su abandono; ni de sus consecuencias físicas. Pero cuando tocó fondo, ya sólo tuvo la opción de venirse arriba. Y lo había conseguido. De la mano de otro hombre, el que estuvo ahí cuando el dolor de su corazón anidó en cada uno de los músculos de su cuerpo y dejó de valerse por sí misma.

En agradecimiento, cuando se recuperó, le concedió a ese hombre una cita. O se la concedió a sí misma. Porque lo que sucedió ese día por las calles de Sevilla y en la habitación de hotel que compartieron, fue el mejor tratamiento inventado para dejar de llorar por quien no te merece, mandar a tomar por culo tu depresión y sentirte de nuevo mujer.


 
Bendito Serrat
"Hoy puede ser un gran día", me lo planteo así:
aprovecharlo o que pase de largo, depende en parte de mí (...)
Como la rutina me aplasta, le he dicho que ya basta de mediocridad,
hoy puede ser un gran día: me han dado una oportunidad!!!


Tengo una reunión de trabajo. Para un nuevo proyecto, a la medida de mis deseos. Reciclaje profesional total y compatibilidad con la maternidad. Vivaaa!

Ha surgido de repente. Y es perfecto! Es como si alguien poderoso me hubiera leído la mente y hubiera pensado Vamos a echarle una manita a esta chica tan "maja" (bueno, yo hubiera dicho "simpática" "mona" o "buena gente", pero ejjjjj queeeeee hablo mucho con maggie... )

En fin, que como dice una famosa canción portuguesa:
Hoje é o primeiro dia do resto da minha vida.

Y que Dios reparta suerte!
(y que a mí me toque un cachito güeno)
 
La cita
Se citaron. Era inevitable.

Ella se bajó del autobús y lo buscó entre la multitud que se concentraba en la plaza. Marcó su número y él le confirmó que estaba allí, esperándola.
Entonces lo vio, a lo lejos. Él guardó su móvil y comenzó a caminar hacia ella.

Lo conocía bien por dentro. Conocía la historia de su vida. Su forma de pensar. Su seguridad. Su pasión por las mujeres.
Lo conocía bien por fuera. Su pelo. Su boca. Su pecho. Su sensual cuerpo moreno.
Pero nada comparable a la calidad del directo.

Dos cosas la dejaron marcada para toda la vida: su risa, iluminándolo todo, y, más aún, su forma de mirar.
El hambre con que se asomó a su escote, hechas las presentaciones, le dejó las bragas empapadas. Nadie, ni antes, ni después, le dio tanto placer sin tocarle un pelo.

Cuando él, por fin, posó sus manos sobre su cuerpo, ella se dejó llevar. Hasta el hotel de cinco estrellas donde él se alojaba.
Allí dejó su pudor sobre una silla, se desnudó de prejuicios y se entregó, sin miedo, a sus expertos dedos metomentodo, su lengua coleccionista de sabores y su sexo inconformista.

Cuando cayeron, aún jadeantes, sobre las sábanas húmedas, él buscó su boca y la besó con pasión. Agradecido, cansado, contento. Feliz.

Y los dos se echaron a reír por haberlo conseguido.
Hacer realidad la fantasía que construyeron durante meses.
Una maravillosa locura a dos bandas, que los uniría para siempre.


 
Duermes
Duermes.
Me meto contigo en la cama.
Intento encajarme en tu cuerpo.
Mi cara apoyada en tu hombro.
Mi sexo pegado a tu sexo.

Sólo quiero dormir, dormir a tu lado.
Pero tengo insomnio y me aburre contar ovejas.

Me entretengo dándote besitos suaves en el cuello
Me entretengo lamiendo el lóbulo de tu oreja
Me entretengo chupando, despacito, uno de tus pezones
Me entretengo despeinando con la punta de mis dedos el cordoncito de vello que pasa por tu ombligo.
Me entretengo colocando tu mano inerte sobre una de mis tetas, que reacciona al contacto.
Me entretengo apretando mi púbis contra el tuyo y....
"- Vaya, tú despierto a estas horas? Qué bieeeeeeeeeennnnnnn"

 
Plenitud en una mañana de verano
Hoy, cuando mi marido ha salido del dormitorio para darme el beso de buenos días, me ha invadido una irrefrenable oleada de sentimientos. De repente, le miré embargada de amor, como si acabara de descubrir el aroma apetitoso de su piel, la belleza de sus ojos dormilones, de su pelo azabache, de sus primeras canas; la sensualidad de su boca carnosa.

Me abracé a él, temblando de emoción, como una novia virgen en su noche de bodas. Él colocó sus manos alrededor de mi cuerpo como hace mucho que no lo hacía y nos dimos un beso lento, intenso y húmedo. Su ronroneo de placer me confirmó que los buenos tiempos habían vuelto. Y sentí un estallido de amor.

Cómo puede alguien creer que no le quiero con toda el alma? Que haría algo que le hiciera daño?

Porque sí, es verdad que anoche, de madrugada, escribí una sincera, intensa y apasionada carta de amor. Dirigida a otro. Pero es que mi corazón es un músculo que aumenta su capacidad de amar, cuanto más ama. Es como si mi alma gemela en la distancia despertase sentidos que la convivencia matrimonial anula. Y esa nueva mirada mía, lo que ese hombre me provoca, yo lo vierto en todo lo que me rodea y mi mundo cambia. Se hace más alegre, más bonito, en tecnicolor y con sonido en alta "fidelidad". Mi vida alcanza su plenitud.

Me siento profundamente amada por dos hombres a cuyos brazos me llevó la vida en momentos diferentes. Por uno, me salté a la torera mis prejuicios respecto a lo que era o no ser infiel, accediendo a un sólo encuentro, una excepción de la regla, algo sin consecuencias en su relación de pareja, que nos unió para siempre. Por el otro, dejé mi casa, mi trabajo, mi vida sin él; y me estoy dejando la piel para encontrar la fórmula secreta que nos permita sobrevivir a todo, siguiendo enamorados.

Son dos hombres que no pelean por mí, porque no necesitan competir por mi amor. Porque cuanto más quiero a uno, más quiero al otro. Porque lo que comparto con cada uno, es personal, pero transferible.

Porque sólo hay una cosa que a los dos les importa de su supesto "rival": saber si me hace feliz.

 
Sinceramente infiel
Le conocí a través de la red hace siete años. No le presté demasiada atención. Era de Barcelona; yo vivía en Portugal. Él estaba casado; yo, soltera. Y loca por otro, que acabaría abandonándome.

El destino hizo que me llamara por teléfono minutos después de que me hundiera. Me salvó la vida. Cogió mi corazón entre sus manos y lo obligó a seguir latiendo. Con sus palabras dulces, reparó fracturas, llenó vacíos, lamió heridas. Hasta logró el milagro de hacerme reír cuando yo lo único que quería era morirme.

Cuando me recuperé, tenerlo delante, tocarle, besarle, se volvió una obsesión. Tanto como la de no perderlo nunca, después de habernos amado como locos en la única cita que nos permitimos tener, en Sevilla, por el bien de su vida y la mía

La semana pasada, gracias a la banda ancha, volví a ver sus ojos, su boca increíble, su pecho moreno, su cuerpo desnudo en plena madurez. Y resurgió intacta todita la pasión de antaño. Todo el amor, la ternura, la risa. Y una complicidad natural, incomprensible y maravillosa.

Nunca será mío, ni lo pretendo. He tenido siempre claro que en esta vida no me toca. Pero lo que me despierta ese hombre, el amigo protector, dulce y divertido, el amante experto con el que toda mujer sueña, sigue siendo tan fuerte y es correspondido hasta tal punto
que tuve que avisar a mi marido.

Le aseguré que voy a intentar evitarlo por todos los medios, pero que si me cruzo con ese hombre de nuevo, en vivo y en directo, es probable que haga uso de un derecho que ambos defendemos: el de poder hacer cosas al margen de la pareja, siempre que no atenten contra ella.

Ese hombre no es enemigo, ni competencia para mi marido. Ese hombre no viene a robarle nada. Ese hombre ya estaba en mis venas cuando dije "sí, quiero".

Ese hombre es el dueño de esa parte de mí que nunca le entregaría a nadie más.

 
Y los sueños, sueños son?
Tengo un sueño que se repite desde hace algunos meses. Cambian los detalles, pero el argumento principal no varía. No me había dado cuenta hasta que revisé el cuaderno donde suelo anotar todo lo que recuerdo al despertar:

Estoy en una casa de vacaciones, localizada en un sitio alto, desde donde se ve un gran río o el mar. Una serie de señales bastante sutiles me alertan de que va a pasar algo grave y de que debo mantener a mi familia y a mis amigos conmigo, no dejarles bajar al pueblo. Al poco tiempo, veo a lo lejos una gran ola que acabará cubriendo todas las viviendas en los niveles inferiores. Morirá mucha gente, pero no siento eso como mi responsabilidad. Mi misión es llevar a los míos a un lugar seguro, porque aunque el agua no llegue a mi casa, sé que sólo estaremos a salvo si nos dirigirnos hacia un sitio más alto.

Decidí contar ese sueño en un grupo de discusión al que pertenezco, donde se tratan temas convencionalmente etiquetados como "New Age". Se me ocurrió, de repente, que se podría tratar de una especie de metáfora relacionada con la necesidad urgente de elevar nuestra vibración (ser mejores personas, hacer meditación, amar incondicionalmente, practicar la no-violencia, etc.). Lo que no me esperaba era que varias personas me dijeran que habían tenido ese mismo sueño y que podía no tener nada de metafórico.

Estamos en un mundo globalizado en términos de información. Hay quien aún tiene pesadillas en las que aparecen las personas que se lanzaron al vacío desde las Torres Gemelas. A muchos también nos impactaron las imágenes del tsunami en Indonesia y se nos quedó grabada la principal regla para sobrevivir: huir a las montañas, a sitios elevados. Nuestro subconsciente podría estar tan sólo recreando esa situación, colocándola en primera persona.

Por otra parte, quién no ha oído decir que el calentamiento global del planeta y la alteración del magnetismo terrestre pueden desencadenar ajustes de las placas tectónicas que, unidos a grandes masas de hielo derritiéndose, modificarían dramáticamente el perfil actual de los continentes? Un simple documental sobre esos fenómenos, ya constatados en eras geológicas anteriores, puede avivar nuestros miedos y generar, en contrapartida, sueños tranquilizadores, como el mío, donde nosotros y nuestros seres queridos salimos indemnes de esas posibles catástrofes.

Lo más curioso es que las personas con capacidades de videncia, que me dijeron que habían soñado lo mismo, hablaban de otros fenómenos asociados, que colocaban en un futuro relativamente cercano (2012). Quede claro que no se referían a todo ello con el manido y negativo término de "fin del mundo", sino que más bien presentían grandes cambios y un prometedor reinicio.

Eso me hizo recordar lo que me vaticinó hace cinco años un simple padre de familia; una persona normalísima si no fuera por las secuelas de una serie de experiencias dignas de una temporada completa de Expediente X. Por aquel entonces, desde una postura racional y agnóstica, decidí darle el beneficio de la duda, porque me parecía brutalmente sincero y sin afán de convencerme de nada; pero era consciente de que muchos lo hubieran calificado a la primera como alguien incapaz de distinguir entre imaginación y realidad. Algunas de sus "locas" predicciones ya se han cumplido. Recuerdo perfectamente que presintió la matanza del 11 de Septiembre.

"Casualmente", hace unos días me reencontré con esa persona después de mucho tiempo. Gracias a mi evolución personal, hoy comparto bastantes aspectos de su visión del pasado, el presente y el futuro de la humanidad. Y él también interpretó mi sueño como una premonición.

No sé, sigo con muchas dudas, porque sólo hace tres años que empecé a soñar cosas fuera de lo normal y me siento como una torpe aprendiz a la hora de interpretarlas. Mi primera versión no suele ser la final. Si fuera una premonición, sería de algo que me va a suceder o de algo que le va a suceder a otros? En breve o dentro de unos años? Se trataría de una catástrofe natural aislada o formaría parte de una serie de acontecimientos encadenados, asociados a una profunda transformación del mundo que conocemos, tal como defienden personas en las que confío?

Por si las moscas, ya me he puesto manos a la obra en la única tarea que está en mi mano. Seguir adelante sin miedo alguno, intentando ser mejor persona cada día.

El futuro? No está escrito. Lo construimos todos cada día. O, dicho de otro modo, existen muchos futuros potenciales. La mejor técnica para llegar hasta donde soñamos es estar atentos a nuestras emociones y a nuestra intuición. La mejor brújula, el corazón.

Visualizando el futuro que yo deseo, me acerco a él. Y en el que yo verdaderamente sueño, no hay catástrofes, dolor, ni muerte. Pese a ello, si veo venir una gran ola, no perderé un segundo alegrándome al comprobar que yo tenía razón, que aquello iba a suceder. Tan sólo usaré el sentido común, agarraré a los míos y echaremos a correr. Pa'rriba.

Actualización: He rehecho el post para expresar mejor lo que quise contar en su momento. Aprovecho para comentar que sentí un escalofrío cuando leí lo que había sucedido en Java, el nuevo tsunami. Para compensar, ayer tuve un sueño muy diferente: me vi feliz, con una niña de pocos meses en los brazos. Tenía ropa de verano. Pronto sabremos si se trata de una premonición (relativa al verano del 2007) o si es sólo la recreación mental de algo muy deseado. A echar cuentas..
 
Desde Argentina, con Amor.
En Internet hay muchos mares por los que navegar. De forma no premeditada, he acabado volviendo a mis orígenes. El viento ha arrastrado mi alma, de nuevo, al otro lado del Atlántico.

En Argentina encontré hace años a Gabriel, un amor a distancia que cambiaría mi vida para siempre.
De Argentina vino Carlos, amigo y hermano, que hizo maravillosos mis días en Alemania a base de mate, guitarra, palabras y cariño.
Argentina era Luisa, que antes de perderse en el "lado oscuro", me reveló mi capacidad de atenuar el dolor de los que sufren, a través del Reiki.

El acento argentino remueve las fibras más recónditas de mi corazón sin que yo sepa el motivo. Sueño con Buenos Aires sin nunca haber estado allí. Es como si esa ciudad me trajera recuerdos de un pasado remoto, como si allí hubiera tenido experiencias tan intensas que no respetan las barreras del tiempo.

En Buenos Aires eché anclas hace semanas. Y he estado tan ocupada, que apenas he tenido tiempo, desde entonces, para dar señales de vida.

Pero estoy bien. Estudiando mucho. Estudiándome. Haciendo un curso intensivo para ser mejor persona. Aprendiendo a sacar lo mejor de mí y a ponerlo al servicio de los demás. Como hace Alba, mi profesora y amiga. Como hacen todos los que, con nosotras, están tejiendo una maravillosa red de Luz que envuelve amorosa y sutilmente todo el Planeta.

Empiezo a comprender por qué estoy aquí y qué debo hacer. Y la verdad, es mucho más fácil ser feliz cuando tienes claro tu destino.

Así que ya véis. No me importa salir del armario y declarar públicamente mi espiritualidad creciente. No me preocupa lo que piensen los demás. Yo no puedo hacer el camino por ellos. Tampoco ellos por mí.

Lo que no quita que algún día nos podamos encontrar en un cruce y decidamos seguir por la misma senda. Me pondré muy contenta si eso sucede. Porque, para qué negarlo, yo creo que este camino, el de la no-violencia, el del compartir, el no materialista, el del Dios-Amor que está en todos nosotros, que somos nosotros, es el camino correcto.

Pero nunca me veréis intentando convencer a nadie de ello. Sólo exponiendo libremente mis ideas y compartiendo mis éxitos y mis fracasos a la hora de encontrar la armonía, el equilibrio energético, la paz interior.

Nunca me veréis afirmar que mi opción es la única, ni la mejor. Considero el proselitismo agresivo e innecesario.

Mi única aspiración es aprender a amar incondicionalmente. No siempre es fácil. Esa es mi lucha interna, mi desafío personal. El de la comprensión y el perdón.

Y si por intentar hacer el bien me convierto en un ejemplo a seguir para alguien, pues mejor que mejor. Así llegué yo aquí, siguiendo los pasos de personas cuya belleza interior me deslumbró. Me puse a hacerles preguntas y sus respuestas transformaron mi mundo.