Antecedentes de la cita.
Se conocieron en un chat. Ella vivía en un pueblo perdido de Portugal. Él, en una ciudad de la Castilla profunda. Aquella amistad imprevisible fue transformándose en amor a base de teclado, teléfono y de muchos quilómetros.
Él se acostumbró a llamarla a diario. De lunes a viernes. Desde su coche. Antes del amanecer y poco antes de ponerse el sol. Para huir del frío. El de su invierno polar y el de su casa.
Los dos recorrían juntos, por la mañana, el trayecto entre Palencia y Valladolid. Él, helado; ella, calentita bajo el edredón. Cuando él entraba a trabajar, ella se dormía de nuevo. Y soñaba con poder abrazarle algún día.
Los dos recorrían juntos, por la tarde, el trayecto entre Valladolid y Palencia. Él, riéndose de su "asento" ("Sevillanaaaaa", la llamaba); ella, bromeando con sssussss finísssssimassss essssesss líquidasssss. Cuando ella colgaba, él entraba en su casa. Y soñaba con poder huir algún día.
Los dos querían dejar atrás una vida de soledad (con o sin compañía) y se devanaron los sesos para proyectar un plan de fuga en el que nadie saliera herido. Pero no pudo ser. Hubo una deserción y varias víctimas.
Aunque sólo por el primer encuentro, habría valido la pena.
Él tuvo que ir a Barcelona por trabajo y cambió el vuelo de vuelta a Valladolid por un Barcelona-Sevilla, vía Madrid. Luego alquiló un coche y cruzó la frontera portuguesa, de madrugada, rumbo a lo desconocido. Ella lo vio rodear las murallas y subir en dirección al castillo, donde lo esperaba en una pequeña casa, asomada al Guadiana.
Él era muy alto. Ella se tuvo que poner de puntillas para fundir sus labios con la boca que se le ofrecía. Fue sólo el comienzo de una larga noche, en que cada cual se dedicó a completar el puzzle del otro, con piezas nuevas como su olor, su sabor, su forma de mirar o de amar. Cuando él volvió a su vida, el pacto redactado a distancia, ya estaba sellado.
La separación matrimonial se produjo meses después, pero de la peor de las formas. Su mujer encontró la carta donde ella le decía adiós. Y que nunca, nunca, había querido ser su amante; de hecho, se había planteado cortar cuando él comenzó a acomodarse a la situación, sin resolverla, y ella, a sentirse sucia.
Ella había llegado a ir a Valladolid para verle y hablarlo, pero se le hizo de noche esperándolo en su punto de encuentro. No apareció. Y no hubo disculpa. Ninguna llamada. Un “perdona, no estoy preparado” o “lo siento, me falta el valor”. Se lo tragó la tierra. Y ella se hundió.
En su carta, la que leyó la esposa, se arrepentía de haber dejado ir tan lejos la cosa, pero él la había convencido de que deseaba estar libre para recomenzar a su lado. De hecho, él le había hablado de sus planes de separación desde el primer momento; mucho antes de que se volvieran cómplices. Ella le recordaba en esas líneas lo que siempre le decía: que si la relación con su mujer era tan mala, que se dejase de palabras y actuase; por el bien de todos.
El descubrimiento de la cruda verdad sobre la infidelidad de su marido, hirió innecesariamente a la mujer que ya no amaba, cuando los dos podrían haber resuelto el desamor mutuo civilizadamente. Y entonces, el orgullo femenino herido se hizo violencia, avaricia, odio. Él fue privado hasta de ver a la hija que tenían en común.
Por suerte, cuando ella y él se reencontraron en la red, aquel hombre ya no le dolía. La había enamorado hasta los huesos, la había llevado a ir contra sus principios, por amor, para luego desaparecer y dejarla a merced de la soledad. Pero ya estaba recuperada y decidió perdonar y quedarse con lo bueno. Llegaron a charlar como viejos amigos.
Él nunca tuvo ni idea del trauma emocional que a ella le había producido su abandono; ni de sus consecuencias físicas. Pero cuando tocó fondo, ya sólo tuvo la opción de venirse arriba. Y lo había conseguido. De la mano de otro hombre, el que estuvo ahí cuando el dolor de su corazón anidó en cada uno de los músculos de su cuerpo y dejó de valerse por sí misma.
En agradecimiento, cuando se recuperó, le concedió a ese hombre una cita. O se la concedió a sí misma. Porque lo que sucedió ese día por las calles de Sevilla y en la habitación de hotel que compartieron, fue el mejor tratamiento inventado para dejar de llorar por quien no te merece, mandar a tomar por culo tu depresión y sentirte de nuevo mujer.
Él se acostumbró a llamarla a diario. De lunes a viernes. Desde su coche. Antes del amanecer y poco antes de ponerse el sol. Para huir del frío. El de su invierno polar y el de su casa.
Los dos recorrían juntos, por la mañana, el trayecto entre Palencia y Valladolid. Él, helado; ella, calentita bajo el edredón. Cuando él entraba a trabajar, ella se dormía de nuevo. Y soñaba con poder abrazarle algún día.
Los dos recorrían juntos, por la tarde, el trayecto entre Valladolid y Palencia. Él, riéndose de su "asento" ("Sevillanaaaaa", la llamaba); ella, bromeando con sssussss finísssssimassss essssesss líquidasssss. Cuando ella colgaba, él entraba en su casa. Y soñaba con poder huir algún día.
Los dos querían dejar atrás una vida de soledad (con o sin compañía) y se devanaron los sesos para proyectar un plan de fuga en el que nadie saliera herido. Pero no pudo ser. Hubo una deserción y varias víctimas.
Aunque sólo por el primer encuentro, habría valido la pena.
Él tuvo que ir a Barcelona por trabajo y cambió el vuelo de vuelta a Valladolid por un Barcelona-Sevilla, vía Madrid. Luego alquiló un coche y cruzó la frontera portuguesa, de madrugada, rumbo a lo desconocido. Ella lo vio rodear las murallas y subir en dirección al castillo, donde lo esperaba en una pequeña casa, asomada al Guadiana.
Él era muy alto. Ella se tuvo que poner de puntillas para fundir sus labios con la boca que se le ofrecía. Fue sólo el comienzo de una larga noche, en que cada cual se dedicó a completar el puzzle del otro, con piezas nuevas como su olor, su sabor, su forma de mirar o de amar. Cuando él volvió a su vida, el pacto redactado a distancia, ya estaba sellado.
La separación matrimonial se produjo meses después, pero de la peor de las formas. Su mujer encontró la carta donde ella le decía adiós. Y que nunca, nunca, había querido ser su amante; de hecho, se había planteado cortar cuando él comenzó a acomodarse a la situación, sin resolverla, y ella, a sentirse sucia.
Ella había llegado a ir a Valladolid para verle y hablarlo, pero se le hizo de noche esperándolo en su punto de encuentro. No apareció. Y no hubo disculpa. Ninguna llamada. Un “perdona, no estoy preparado” o “lo siento, me falta el valor”. Se lo tragó la tierra. Y ella se hundió.
En su carta, la que leyó la esposa, se arrepentía de haber dejado ir tan lejos la cosa, pero él la había convencido de que deseaba estar libre para recomenzar a su lado. De hecho, él le había hablado de sus planes de separación desde el primer momento; mucho antes de que se volvieran cómplices. Ella le recordaba en esas líneas lo que siempre le decía: que si la relación con su mujer era tan mala, que se dejase de palabras y actuase; por el bien de todos.
El descubrimiento de la cruda verdad sobre la infidelidad de su marido, hirió innecesariamente a la mujer que ya no amaba, cuando los dos podrían haber resuelto el desamor mutuo civilizadamente. Y entonces, el orgullo femenino herido se hizo violencia, avaricia, odio. Él fue privado hasta de ver a la hija que tenían en común.
Por suerte, cuando ella y él se reencontraron en la red, aquel hombre ya no le dolía. La había enamorado hasta los huesos, la había llevado a ir contra sus principios, por amor, para luego desaparecer y dejarla a merced de la soledad. Pero ya estaba recuperada y decidió perdonar y quedarse con lo bueno. Llegaron a charlar como viejos amigos.
Él nunca tuvo ni idea del trauma emocional que a ella le había producido su abandono; ni de sus consecuencias físicas. Pero cuando tocó fondo, ya sólo tuvo la opción de venirse arriba. Y lo había conseguido. De la mano de otro hombre, el que estuvo ahí cuando el dolor de su corazón anidó en cada uno de los músculos de su cuerpo y dejó de valerse por sí misma.
En agradecimiento, cuando se recuperó, le concedió a ese hombre una cita. O se la concedió a sí misma. Porque lo que sucedió ese día por las calles de Sevilla y en la habitación de hotel que compartieron, fue el mejor tratamiento inventado para dejar de llorar por quien no te merece, mandar a tomar por culo tu depresión y sentirte de nuevo mujer.
Comentario:
Rous... créeme. Este mes hemos actualizado los sentimientos (y lo otro...).
Él ha vuelto a aparecer en el momento perfecto, ayudándome de nuevo sin proponérselo. Hemos hablado de todo. Ya hay un antes y un después.
Pero ahora nos toca volver a nuestras vidas o nos obsesionamos con el tema. Y tal como la primera vez, la separación no es algo doloroso, porque es nuestro estado natural y elegido. Y porque sabemos que el adiós nunca será definitivo. Además, deja, deja... que a mí me gusta así, es como tener un novio eterno.
En cuanto al trabajo... ya me ha salido. Ayer tuve la reunión y en septiembre comenzamos. Gracias por el apoyo! Y ánimo con la recta final de tus oposiciones. A por ellos, que son pocos y cobardes!! jajajaja...
Besotes
Él ha vuelto a aparecer en el momento perfecto, ayudándome de nuevo sin proponérselo. Hemos hablado de todo. Ya hay un antes y un después.
Pero ahora nos toca volver a nuestras vidas o nos obsesionamos con el tema. Y tal como la primera vez, la separación no es algo doloroso, porque es nuestro estado natural y elegido. Y porque sabemos que el adiós nunca será definitivo. Además, deja, deja... que a mí me gusta así, es como tener un novio eterno.
En cuanto al trabajo... ya me ha salido. Ayer tuve la reunión y en septiembre comenzamos. Gracias por el apoyo! Y ánimo con la recta final de tus oposiciones. A por ellos, que son pocos y cobardes!! jajajaja...
Besotes
Comentario:
Ojallllllllaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!! que te salga ese trabajo que te viene que "ni al pelo"...Dios lo quiera!!!!
En cuanto a lo de tu "hombre de la cita"...sigo pensando que os teneis que volver a ver..no para tener un encuentro erótico-festivo sino para actualizar los sentimientos, en el pleno sentido de la palabra...Y no idealizar...Considero que puede ser un antes y un después muy positivo, no sólo para los dos..sino tb en cuanto a cómo definir o redefinir vuestras paralelas relaciones, (ya se sabe idelización más sentimiento y más distancia es una formula muy peligrosa).
Un besito muy fuerte, Rous.
En cuanto a lo de tu "hombre de la cita"...sigo pensando que os teneis que volver a ver..no para tener un encuentro erótico-festivo sino para actualizar los sentimientos, en el pleno sentido de la palabra...Y no idealizar...Considero que puede ser un antes y un después muy positivo, no sólo para los dos..sino tb en cuanto a cómo definir o redefinir vuestras paralelas relaciones, (ya se sabe idelización más sentimiento y más distancia es una formula muy peligrosa).
Un besito muy fuerte, Rous.





