Olá, meu amor. És tu?
Como ya comenté alguna vez, suelo enviar el enlace permanente de mis posts a las personas aludidas, por si tienen algo que añadir, corregir o matizar. Derecho de réplica, vamos. De vez en cuando, el aludido es mi marido y yo le envío puntualmente el link al e-mail del trabajo. Sólo que rara vez visita mi blog. O si lo hace, no me dice nada. Y comentar, aún menos. Aunque sé que ayer estuvo tentado de hacerlo.
Yo creo que el problema está en que me enrollo mucho: unas parrafadas demasiado grandes para su gusto. Y encima, en una lengua que no es la suya. Por no hablar de la memoria colectiva que une a la gente de la misma cultura. Si no se comparte, cuesta entender la gracia o el sentido profundo de muchos de los textos.
Pero ayer, algo le llamó la atención y le hizo leerme con interés. El cebo fue la foto que ilustraba el primer post del mes: el del juguetito que me trajo de Alemania.
Yo sé que él es fan de un blog portugués bastante explícito en términos sexuales, llamado "O meu ponto G" (obsérvese el cuidado que estoy teniendo ahora al escoger las palabras); así que mi finura al hablar de la diversión-extra introducida por el gadget germánico en nuestros encuentros (debería haber elegido otro verbo), no le tendría que haber resultado nada escandalosa.
Aún así, me soltó algo como:
- Eeeehh, que tu blog se ha vuelto muy, muuuy atrevido. Ese post... uffff...
Y entonces yo pensé lo fácil que sería decirle que no, aclararle que ese día me pasé un poco, pero que, en el fondo, no dije nada obsceno. Sólo puse un link, y que el que quisiera saber más, que lo leyera. Que, en general, hablo de otro tipo de cosas... más serias (juajuajua).
De repente, por mi mente pasaron como un flash las muchas confesiones íntimas vertidas en el blog y me pregunté la sensación que le podrían producir, leídas todas del tirón y fuera de contexto. Estaba segura de que él lo haría si yo le daba motivos para activar su detector masculino de sexo on-line. Intenté no hacerlo.
También estuve tentada, lo confieso, de hacer una discreta limpieza, por aquí y por allá, que me ayudara a mantener a mi marido desinteresado por esas cosas banales y aburridas que hago y publico en la red.
Pero soy como soy. Una suicida, pensarán algunos. El caso es que no me ha ido tan mal yendo con la verdad por delante. Quiero que me quieran como soy; que quien esté a mi lado vea como virtudes lo que otros tacharían de defectos. Me niego a dejar de ser yo misma por prejuicios que no tengo o para satisfacer gustos ajenos. Ni siquiera de mi marido. Ya me preocupo yo de no pasar determinadas fronteras. Tengo mucho cuidado. Que nadie lo dude.
Ojalá esos posts dieran lugar a una larga conversación con intercambio de intimidades y secretos; como la que tuvimos el día de nuestro aniversario. No se me ocurre una forma más apasionante de profundizar en una relación de pareja.
Así que, a lo hecho, pecho. Que tetas, no faltan..
Yo creo que el problema está en que me enrollo mucho: unas parrafadas demasiado grandes para su gusto. Y encima, en una lengua que no es la suya. Por no hablar de la memoria colectiva que une a la gente de la misma cultura. Si no se comparte, cuesta entender la gracia o el sentido profundo de muchos de los textos.
Pero ayer, algo le llamó la atención y le hizo leerme con interés. El cebo fue la foto que ilustraba el primer post del mes: el del juguetito que me trajo de Alemania.
Yo sé que él es fan de un blog portugués bastante explícito en términos sexuales, llamado "O meu ponto G" (obsérvese el cuidado que estoy teniendo ahora al escoger las palabras); así que mi finura al hablar de la diversión-extra introducida por el gadget germánico en nuestros encuentros (debería haber elegido otro verbo), no le tendría que haber resultado nada escandalosa.
Aún así, me soltó algo como:
- Eeeehh, que tu blog se ha vuelto muy, muuuy atrevido. Ese post... uffff...
Y entonces yo pensé lo fácil que sería decirle que no, aclararle que ese día me pasé un poco, pero que, en el fondo, no dije nada obsceno. Sólo puse un link, y que el que quisiera saber más, que lo leyera. Que, en general, hablo de otro tipo de cosas... más serias (juajuajua).
De repente, por mi mente pasaron como un flash las muchas confesiones íntimas vertidas en el blog y me pregunté la sensación que le podrían producir, leídas todas del tirón y fuera de contexto. Estaba segura de que él lo haría si yo le daba motivos para activar su detector masculino de sexo on-line. Intenté no hacerlo.
También estuve tentada, lo confieso, de hacer una discreta limpieza, por aquí y por allá, que me ayudara a mantener a mi marido desinteresado por esas cosas banales y aburridas que hago y publico en la red.
Pero soy como soy. Una suicida, pensarán algunos. El caso es que no me ha ido tan mal yendo con la verdad por delante. Quiero que me quieran como soy; que quien esté a mi lado vea como virtudes lo que otros tacharían de defectos. Me niego a dejar de ser yo misma por prejuicios que no tengo o para satisfacer gustos ajenos. Ni siquiera de mi marido. Ya me preocupo yo de no pasar determinadas fronteras. Tengo mucho cuidado. Que nadie lo dude.
Ojalá esos posts dieran lugar a una larga conversación con intercambio de intimidades y secretos; como la que tuvimos el día de nuestro aniversario. No se me ocurre una forma más apasionante de profundizar en una relación de pareja.
Así que, a lo hecho, pecho. Que tetas, no faltan..
Comentario:
Es complejo eso de escribir lo que uno quiera y que lo lea alguien cercano que lo lleve a equívocos. Dónde está el punto adecuado entre sentirse libre y tener confianza? UN besote.
Comentario:
Me lo he perdido, vaya eso me pasa por andar distraída.
Un besazo guapa
Un besazo guapa
Comentario:
Queridos todos.
He decidido borrar los comentarios que generó este post porque se estaba creando un mal rollito que no me gustaba nada.
La red es libre, que cada cual visite los blogs con los que más se identifique; pero este blog es mío y haré todo lo que sea necesario para que continúe siendo lo que es: el pisito virtual donde recibo a mis amigos e intercambiamos confidencias. Y punto.
Gracias a los incondicionales. Os quiero.
He decidido borrar los comentarios que generó este post porque se estaba creando un mal rollito que no me gustaba nada.
La red es libre, que cada cual visite los blogs con los que más se identifique; pero este blog es mío y haré todo lo que sea necesario para que continúe siendo lo que es: el pisito virtual donde recibo a mis amigos e intercambiamos confidencias. Y punto.
Gracias a los incondicionales. Os quiero.





