Mi superjefa
Ayer tuve dos horas de español. Como siempre, cuando llegué a la academia, mi jefa intentó seducirme con sus piropos: "Sabes que voy a crear un club de fans dedicado a ti? Tus alumnos están como locos contigo y no paran de hacerte publicidad. Ya tienes X nuevos. Imagina si vinieras los sábados..." Paso de trabajar todos los fines de semana; se lo dije desde el principio.
Esta vez me puse algo nerviosa, preguntándome cuál sería su reacción cuando le confesara que va a tener que renunciar durante algunos meses a su más lucrativa adquisición de los últimos tiempos. Por suerte, no sé qué pasa en mi vida, pero últimamente todo parece responder a un plan prefijado en el que cada novedad encaja perfectamente en el proyecto inicial.
Antes de salir de casa, había visitado la página del Instituto Cervantes y me di cuenta de que los exámenes para conseguir el título del nivel inicial (para el que preparo a mis alumnos) son en mayo. “Maravilloso!” pensé. Puedo organizar las clases de manera que estén listos a finales de abril y luego, tomarme el merecido descanso que me gusta reservar para mis dos últimos meses de embarazada, rodeada de los mimos de mi familia. Porque parir, paro en Sevilla... y eso exige no ir para allá muy barrigona, o corro el riesgo de ponerme al lío en el viaje, en plena frontera o en tierra de nadie.
En verano no podría dar ninguna clase, pero allá por octubre, estaría lista para darle unas clases extra a los que quisieran presentarse a la convocatoria de noviembre.
Medio asustada, sin saber lo que me esperaba, le dije a mi jefa: "Eduarda, tenemos hablar, hoy sin falta, del programa de las clases". Ella debió de captar en mi tono solemne que algo serio pasaba y reservó para mí una sala y una hora de su precioso tiempo (tiene varias empresas y no para). Así que cuando acabé mis clases, respiré hondo y me dispuse a soltarle la bomba de mi embarazo.
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida... Me felicitó sinceramente y me dijo que le encantaba mi sentido práctico, mi forma de encontrar soluciones siempre que surgía un problema. Me confesó que suele encontrar pocos profesores con tanta vocación, tan motivadores, tan decididos y tan dispuestos a probar cosas nuevas. Hablamos de lucrativos cursos intensivos para empresarios cuando mi barriga aún no fuera un problema, de clases virtuales por videoconferencia, de cursos de cultura española con películas, tapas y bebé en su cestita incluido... Me dijo que a personas como yo, las agarra y no las suelta y que estaba segura de que todo iría estupendamente (para mí y para su negocio, claro).
Me sorprendió que me viera como una persona tan segura de sus capacidades. Le confesé que hasta hace un par de meses estaba hundida en la miseria y que las clases habían sido para mí la mejor de las terapias. Lo que los estudiantes notaban de "especial" en mí no era más que lo bien que me lo pasaba durante las clases; de ahí las bromas, las risas, la empatía que surgían de forma natural. Necesitaba sentirme útil, apreciada, saber que podía ayudar a los demás. Y las clases me permitían exponer y reafirmar mi forma de ver las cosas, diferente a la de los portugueses. En realidad, trabajaría en ello incluso aunque no me pagaran, en plan voluntariado (esto no se lo dije a mi jefa, claro, jajajaja... que no soy tonta!).
La conversación derivó hacia los desastrosos efectos psicológicos del mobing ejercido por un grupo compañeros al unísono. Eso dio pie a nuevas confidencias y me di cuenta de que tenía delante a la jefa ideal, capaz de ser amiga y de activar la mejor versión de mí misma como profesional, fomentando mi autoconfianza, dándome libertad total y alentando mi creatividad.
Hoy jueves voy a acercarme al Instituto Cervantes de Lisboa. Llevo en la cartera un cheque en blanco para comprar todos los libros y el material audiovisual que necesite. Además, desde hoy, tengo vía libre para ir a las clases de idiomas que quiera y prepararme gratis para los respectivos títulos oficiales. Tal vez me apunte al alemán, para refrescar conocimientos.
Desde ayer, siento que voy por la vida con una fuerza extra, la que da el que alguien te recuerde aquello de “nena, tú vales mucho”, sobre todo si es alguien exigente, que no se lo va diciendo a todo el mundo y que desconoce tu pasado. No se trata de vanidad. Se trata de heridas profundas que, de repente, comienzan a curarse.
Así que, ya véis, me llueven los motivos para estarle agradecida a la vida. Si puedo hacer algo por alguno de vosotros, no os cortéis, plisss, que tengo la necesidad imperiosa de sentirme merecedora de tanta cosa buena que me está pasando. Me pongo nerviosa cuando el saldo se pone tan positivo. Me siento, incluso, un poquito culpable. O mucho, no sé. Siempre pienso en los demás, quisiera que a todos les pasaran estas cosas. El mundo está tan mal repartío...
Esta vez me puse algo nerviosa, preguntándome cuál sería su reacción cuando le confesara que va a tener que renunciar durante algunos meses a su más lucrativa adquisición de los últimos tiempos. Por suerte, no sé qué pasa en mi vida, pero últimamente todo parece responder a un plan prefijado en el que cada novedad encaja perfectamente en el proyecto inicial.
Antes de salir de casa, había visitado la página del Instituto Cervantes y me di cuenta de que los exámenes para conseguir el título del nivel inicial (para el que preparo a mis alumnos) son en mayo. “Maravilloso!” pensé. Puedo organizar las clases de manera que estén listos a finales de abril y luego, tomarme el merecido descanso que me gusta reservar para mis dos últimos meses de embarazada, rodeada de los mimos de mi familia. Porque parir, paro en Sevilla... y eso exige no ir para allá muy barrigona, o corro el riesgo de ponerme al lío en el viaje, en plena frontera o en tierra de nadie.
En verano no podría dar ninguna clase, pero allá por octubre, estaría lista para darle unas clases extra a los que quisieran presentarse a la convocatoria de noviembre.
Medio asustada, sin saber lo que me esperaba, le dije a mi jefa: "Eduarda, tenemos hablar, hoy sin falta, del programa de las clases". Ella debió de captar en mi tono solemne que algo serio pasaba y reservó para mí una sala y una hora de su precioso tiempo (tiene varias empresas y no para). Así que cuando acabé mis clases, respiré hondo y me dispuse a soltarle la bomba de mi embarazo.
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida... Me felicitó sinceramente y me dijo que le encantaba mi sentido práctico, mi forma de encontrar soluciones siempre que surgía un problema. Me confesó que suele encontrar pocos profesores con tanta vocación, tan motivadores, tan decididos y tan dispuestos a probar cosas nuevas. Hablamos de lucrativos cursos intensivos para empresarios cuando mi barriga aún no fuera un problema, de clases virtuales por videoconferencia, de cursos de cultura española con películas, tapas y bebé en su cestita incluido... Me dijo que a personas como yo, las agarra y no las suelta y que estaba segura de que todo iría estupendamente (para mí y para su negocio, claro).
Me sorprendió que me viera como una persona tan segura de sus capacidades. Le confesé que hasta hace un par de meses estaba hundida en la miseria y que las clases habían sido para mí la mejor de las terapias. Lo que los estudiantes notaban de "especial" en mí no era más que lo bien que me lo pasaba durante las clases; de ahí las bromas, las risas, la empatía que surgían de forma natural. Necesitaba sentirme útil, apreciada, saber que podía ayudar a los demás. Y las clases me permitían exponer y reafirmar mi forma de ver las cosas, diferente a la de los portugueses. En realidad, trabajaría en ello incluso aunque no me pagaran, en plan voluntariado (esto no se lo dije a mi jefa, claro, jajajaja... que no soy tonta!).
La conversación derivó hacia los desastrosos efectos psicológicos del mobing ejercido por un grupo compañeros al unísono. Eso dio pie a nuevas confidencias y me di cuenta de que tenía delante a la jefa ideal, capaz de ser amiga y de activar la mejor versión de mí misma como profesional, fomentando mi autoconfianza, dándome libertad total y alentando mi creatividad.
Hoy jueves voy a acercarme al Instituto Cervantes de Lisboa. Llevo en la cartera un cheque en blanco para comprar todos los libros y el material audiovisual que necesite. Además, desde hoy, tengo vía libre para ir a las clases de idiomas que quiera y prepararme gratis para los respectivos títulos oficiales. Tal vez me apunte al alemán, para refrescar conocimientos.
Desde ayer, siento que voy por la vida con una fuerza extra, la que da el que alguien te recuerde aquello de “nena, tú vales mucho”, sobre todo si es alguien exigente, que no se lo va diciendo a todo el mundo y que desconoce tu pasado. No se trata de vanidad. Se trata de heridas profundas que, de repente, comienzan a curarse.
Así que, ya véis, me llueven los motivos para estarle agradecida a la vida. Si puedo hacer algo por alguno de vosotros, no os cortéis, plisss, que tengo la necesidad imperiosa de sentirme merecedora de tanta cosa buena que me está pasando. Me pongo nerviosa cuando el saldo se pone tan positivo. Me siento, incluso, un poquito culpable. O mucho, no sé. Siempre pienso en los demás, quisiera que a todos les pasaran estas cosas. El mundo está tan mal repartío...
Comentario:
chica sexy ¿qué mas puedo decirte? pues eso que vayas preparando un desayuno continental que hoy me he levantado con hambre ¿no decías que pidiéramos? ale, venga apúntate que lo estás deseando,
besos,
besos,
Comentario:
Nena, mostrar lo que podés conseguir es una gran ayuda para los que te leen, te conocen, te miran.
Lo dicho por todos los demás comentarios: Vos lo valés.
Besazos
(PD: No es que tengas más de lo que merecés, eso es justo. Los demás tienen que currárselo para tener lo que merecen, que no todos lo tienen)
Lo dicho por todos los demás comentarios: Vos lo valés.
Besazos
(PD: No es que tengas más de lo que merecés, eso es justo. Los demás tienen que currárselo para tener lo que merecen, que no todos lo tienen)
Comentario:
Pues una enhorabuena muy sincera por todo, el trabajo, el niño, y todo lo demás.
Besos, profe.
Besos, profe.
Comentario:
Me alegro muchísimo de todas estas cosas buenas que te están pasando. Espero que todo siga igual o mejor.
En mi primer embarazo me vine desde China de ocho meses jaja, me estaba acordando según te leía.
un besazo.
En mi primer embarazo me vine desde China de ocho meses jaja, me estaba acordando según te leía.
un besazo.
Comentario:
Tú vales mucho nena!!!
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Te juro, Mor, que mientras describía a mi jefa, me acordaba sin parar de ti... y del que te ha tocado en suerte. Todavía no le ha tocado la primitiva y se ha tomado una vacaciones indefinidas? Aún no le han llamado de un hotel de la cochinchina diciéndole que lo necesitan urgentemente? No le ha dado una crisis vocacional y ha decidido dedicarse a sus labores y quedarse en casa, que es donde se está bien? Mucho está tardando. No pierdas la esperanza. Y tú, pa'lante, que la suerte te está rondando.
Comentario:
De culpable nada, guapa, te mereces eso y más. y no es que los demás nos merezcamos estar en mala racha (sutil manera de referirme a mi, jaja), no, pero... la vida tiene altibajo, ya lo sabes, asi que respira hondo y sigue pisando fuerte, "porque tú lo vales"
1beso
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