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Blogs Ya.com: Diario de un desequilibrado

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Diario de un desequilibrado
Decir que estoy desequilibrado es sólo un intento de desacreditarme...
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Decir que estoy desequilibrado es sólo un intento de desacreditarme...
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NO ME DES LA ESPALDA (ALEGATO A FAVOR DE UNA AMISTAD EXTRA-CIBERNÉTICA)
Soy consciente de la importancia de las nuevas tecnologías para los seres humanos. Si antes el envío de misivas lograba que dos personas encontrasen el amor vía correos, ahora es el envío de emails lo que logra tal hazaña.
Antes los trovadores iban de plaza en plaza cantando sus cantares de gesta en los que un héroe (que nunca era John Smith) conquistaba nuevas tierras y levantaba pasiones allá por dónde pisaba; mientras que ahora los trovadores del siglo XXI, entre cigarro y cigarro, escriben su cantar de gesta en una página web (nunca hasta hoy había pensado que yo también soy una especie de trovador).
En definitiva, y para no extenderme más, que esto de Internet nos está lavando un poco el cerebro a todos (yo, por supuesto, no me excluyo).
Esto viene a lo que me ha pasado hoy. Perdón “Ensaimada” porque pese a tus esfuerzos, aún sigo haciendo hecatombes de situaciones insignificantes.
Si el día ya estaba siendo deprimente (confieso desde aquí que estar de baja me ha hecho sentirme como un parásito de la sociedad que no vale para nada), lo que me ha acontecido en apenas dos minutos ha sido como para cortarme las venas y estrujarme el brazo.
Salgo de clase, tras una lucha encarnizada con el profesor por uno de los peores trabajos que he realizado nunca, y encuentro mucha gente en los pasillos que me impiden el paso.
Acelero el paso para salir de ese infierno disfrazado de universidad y algo me detiene. Es un chico (en estos momentos me doy cuenta de lo gay que puedo llegar a ser). Lo miro discretamente (talante, sobre todo talante), y llego a la conclusión de que es el vaquilla, mirando un panel informativo. Como está ocupado el chico, soy consciente de que no me ha visto, y estoy de mala hostia, no me acerco a saludarle. Sigo mi camino pues, pensando lo mono que es.
Cruzo la puerta, respiro un aire no tan nuevo, pero al menos alentador. Tras un camino de veinte metros me detengo para esperar a alguien que va a recogerme en coche (me reservo la identidad del piloto). Nada más detenerme en la acera le veo salir, guapo y perfecto como siempre, con esos andares de groupie, ese pelo Farmatint (¡porque tú lo vales!) y esa mirada penetrante.
En ese momento siento que sobro (a ver si se va a pensar éste que le estoy siguiendo o algo...) pero permanezco en mi sitio esperando su llegada.
espaldas izquierdaCruza de una acera a otra. Está a apenas cinco metros de mi, le miro, creo que me mira (de hecho miraste, vaquilla), espero su saludo como él debería haber esperado el mío. Ante todo pronóstico, vuelve la cabeza se mete en un corro de gente y me da la espalda.
Yo, expectante, vuelvo a mirar en dos o tres ocasiones más por si recula y me regala al menos un hola (¡coño! ¡que lo que yo siento es amor! ¡un simple hola no cuesta tanto!), pero no.
Y yo, que en estos casos me pongo bastante digno, aunque cabizbajo, levanto la cabeza, preparo los hombros y le doy también la espalda.
En esta situación de subnormales, lo que manda el protocolo es que uno de los dos huya. Ha sido él y su grupo los que han huído y yo me he quedado allí, al lado de mi árbol, con la pena de ese desamor de facultad que todos hemos tenido alguna vez (y yo tantas y tantas...).
Por eso hablaba antes del daño que nos están haciendo las nuevas tecnologías. Por internet conocemos mucha gente, con la que hablamos, nos relacionamos e incluso bromeamos como si tuviésemos una confianza que en realidad (y a las pruebas me remito) no tenemos.
Desde aquí mi labor de hoy va a ser la de concienciar a todo el mundo de que más allá de los chats y los servicios de mensajería instantánea también hay vida; y de que detrás de esas personas con las que nos relacionamos a través de la pantalla de un ordenador seguramente allá exista una persona estupenda con la que relacionarte sensorialmente.
Y después de este magnífico consejo, me voy a la cama.
Dulces sueños.

Comentario 1: Ale, todos a consolarme tras este desengaño... Admito mimos y piropos de todo tipo que hagan que me suba la moral. No admito insultos contra el vaquilla, que aunque no me salude, le sigo queriendo (es un secreto).
Comentario 2: Talante, sobre todo talante es una frase robada de la Parker que me tomado la libertad de usar.
Comentario 3: ¡¡¡Milana, que nos vamos a Barcelona!!!
Comentario 4: ¡Qué mono va el vaquilla siempre! (hoy iba un poco más feo).
 
AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UN TAL EPICURO DE ESPARTA
Estoy en una de las etapas más filosóficas de mi vida. No lo digo de broma, y hago la aclaración porque soy consciente de que más de uno no me toma nunca en serio.
Ante todas las situaciones que se me plantean actualmente , ya sea cruzar la calle o prepararme un café, recurro a la filosofía de Nietszche, Kant o Santo Tomás de Aquino.
Llegué a la conclusión de todo esto después de una conversación que nos sobrevino en plena cafetería de la facultad.
La conversación, que giraba en torno a la infidelidad entre las parejas, desembocó en una conversación sobre filosofía que era más propia de Dawson Crece que de nosotros, que somos como los de Melrose Place pero de Madrid Sur, y con menos tinte en el pelo. (A pesar de que a ti, vaquilla, deberían incluirte en el catálogo del Farmatint).
Fue "Emporia" la que pronunció la frase clave para empezar con el misticismo que nos aguardaba:
- Es que si por algo somos personas es porque tenemos la capacidad de guiarnos por la razón, -todo esto, dicho desde un punto de vista muy orteganiano-.
El resto de las personas que estábamos presentes alrededor de aquella mesa, nos quedamos parados de repente al terminar de escuchar el alegato de mi amiga. Se hizo el silencio.
Para salvarla de la inestabilidad que había creado con su comentario, yo no hice otra cosa que lanzar una contrarréplica que, si bien no dinamitaba contra sus teorías de Ortega y Gasset, si ofrecía un punto de vista distinto.
Admití que las personas nos guiamos por la razón tal y como ella decía, y que todos (o casi todos) tenemos la capacidad de pensar de una manera, más o menos acertada, sobre las consecuencias que pueden o no pueden acarrear un acto que hayamos cometido conscientemente. Sin embargo, apostillé que los seres humanos, por el simple hecho de tener capacidad racional, tenemos que liberarnos de las ataduras del pensamiento y guiarnos también por nuestros instintos, descubriéndome así en mi faz más platónica y ampliando mi teoría con las teorías del caballo alado de Platón y la teoría de los extremos de Aristóteles.
Todo parecía ir bien, hasta hubo un momento en el que parecía que “Emporia” se había quedado satisfecha con mi teoría sobre la dualidad del cuerpo. Esta sensación solo duró unos instantes, fue la voz de “Ensaimada” que desmoronó mi teoría (desde que tiene novia tiene un afán de protagonismo insoportable aun sabiendo que soy yo el que destaco y no ella):
- Pues yo, -hizo una pausa para seguir haciéndose la interesante-, me considero epicúrea.
Me sonó tan ridículo que, en un principio pensé que se estaba quedando con nosotros, hasta que la pregunté que qué era lo que ella consideraba por epicúrea.
epicureo derechaAl contestar que ella por lo único que se guiaba era por la búsqueda del placer, sin tener en cuenta otros factores posibles internos o externos a ella, supe que sabía bien de lo que hablaba.
Muerto de la envidia por sus conocimientos de lesbiana redicha no acepté sus teorías, y al parecer “Emporia” no se dejó convencer tampoco.
Pasados los días admito desde aquí que qué cojones, no hay razón que valga, ni dualidad del cuerpo con materia y alma como dos entes separados, no hay un superyo, ni un supertú, ni existe la teoría de un eterno retorno porque si así fuera me estaría tirando al bibliotecario cada vez que bajara a buscar un libro a la biblioteca como pasaba hace un año.
Desde aquí y sin que sirva de precedente me declaro Epicúreo de corazón.
Y espero que vosotros os unáis conmigo en esta incierta búsqueda del placer.

Comentario 1: Perdón “Ensaimada” por rebatir tus ideas para después asumirlas como mías y no admitir que la mayoría de las veces eres tú la que tienes razón. Un beso.
Comentario 2: Me comentan que hay alguien, al que desde hoy apodo “Tino Tazzner” por su afición a la música y a los diablos de Tasmania, que es fiel seguidor de este blog. Un beso Tino, y a ver si nos vemos pronto.
Comentario 3: Lord Byron y Solysombras... me supondría una gran satisfacción que os declaraseis epicúreos desde mi blog. Un beso a los dos.
Comentario 4: Parker, invítame a tu casa ya, pesada!!. Ya sabes que te quiero tal y como eres, guapa y perfecta.
Comentario 5: Binguera, vete planeando ya un fin de semana en el bingo... Que seguro que cantamos algo y Naranjito nos espera con los brazos abiertos.
Comentario 6: ¡Qué mono va el vaquilla siempre!
 
¡QUE VIVAN LOS NOVIOS!
No quepo en mí de gozo desde que me he enterado de la noticia (hace apenas unas horas).
Dos amigos se me casan en unos meses... Qué nervios!!.
Aún no se si tengo permiso de desvelar la identidad de los novios, por lo que de momento me lo callo.
De todos modos, desde aquí, y ya que es un evento tan importante para todos nosotros, os deseo mucha felicidad en vuestra nueva vida de casados.
Os quiero!.
 
RELATO BREVE DE FINAL ÉPICO (en búsqueda del amor verdadero).
Quisieron quererse desde el primer momento en que se vieron. Sus miradas, limpias, siempre perdidas, se buscaban a todas horas sin remedio.
Los días se hacían cortos, sin hablarse, pero te siento tan lejos y estás tan cerca...
Las noches, ese espacio de tiempo en el que te sueño y me sueñas, se hacen tan largas que creo que no voy a resistir así más... y te tengo que decir algo...
...pero no me atrevo.
Y va pasando el tiempo y se me va la vida contigo.
Y es que a mí me pasa lo mismo.
No se atrevieron a decirse nada hasta que un día decidieron (casi de forma coordinada) contárselo todo: ...y tu qué quieres (a ti, pero es demasiado pronto para decírtelo...), y tú que haces (quererte como no he querido nunca a nadie), y cómo eres, y cómo soy...
Y de un rato en el que estuvieron charlando, contándose secretos, mirándose a los ojos (amándose también), se creyeron el uno del otro.
Y yo soy tuya, y yo tuyo... pero no me atrevo a decírtelo.
¿Y por qué esperar tanto tiempo si en realidad lo que más deseamos es que ocurra algo?.
Sólo hubo una noche de por medio en la que volvieron a soñarse... A la noche siguiente el sueño se había hecho realidad.
... Y ven a mi casa, y te invito a tomar algo... Y bueno, como quieras..., no hicieron falta insistencias de ningún tipo.
sexo izquierdaNo aguantaron ni una hora de las ganas que se tenían. Soltaron botones, desataron lazadas, se tragaron pudores y miedos, se despojaron de las ropas que los oprimían, se bebieron el uno al otro, se probaron de la forma más primitiva, fueron inventándose caricias, perfilando sus cuerpos desnudos, exangües, llenos de vida, repletos de ánimo, borrachos de gozo. Bendijeron al viento y a la lluvia, que caía sobre el tejado, porque escondían los crujidos del piso, pero era tan ensordecedor el galope de sus propios corazones y el frenesí de sus jadeos que no entendieron cómo no se despertó la ciudad entera.
Se fueron buscando como animales, probaron el exquisito sabor del amor a manos llenas, quisieron quedarse en ese lugar para siempre, uno dentro del otro, explorándose en una nueva faceta llena de ventajas...
...y de inconvenientes.
Habían probado la facción más primitiva de la naturaleza del ser humano, la parte práctica... sin conocer la teoría.
Esa noche fue suficiente para los dos. Descubrieron su completa compatibilidad en el juego amatorio y quisieron probar mil y una formas de hacer el amor.
Extasiados. Corrompidos. Esclavos de su ritual de amor. No había noche que no exploraran nuevas formas de gozo. El sexo, lo más bajo de la naturaleza humana, les había arrebatado el placer de amarse. ¿Acaso eso era quererse?.
Uno de los miles de amaneceres en los que despertaron juntos, sus miradas se cruzaron (hacía mucho que no se encontraban...) y recordaron aquellos días en los que ni siquiera se conocían. Al tiempo, descubrieron que lo que ahora tenían y profesaban, no era amor. Y cayeron en la cuenta de que ese mismo amor, que quizás nunca habían tenido, se había agotado justamente la noche en la que sucumbieron a la pasión. Ya no estaban sedientos, sino saciados... No sentían deseos de conocerse como antes... No se buscaban entre la gente... Ni siquiera me estremezco ya cuando me susurras al oído...
Desnudos, sobre las sábanas de lino manchadas de sudor y semen, comprendieron que lo que compartían no era amor, propiamente dicho. El tedio y la rutina los había devorado. El sexo los había extasiado, esclavizándolos, amándose de mentira, quizás...
Y tan pronto lo comprendieron, decidieron volver a lo de antes...
Pero es que ya no hay marcha atrás...
No fue una despedida dura. Tan pronto se dieron cuenta, se vistieron graciosamente ruborizados, de forma heroica, casi estoica (de ahí lo épico de su final) se dieron un beso, el último que se dieran en sus vidas, y no volvieron a verse nunca.
Ya era demasiado tarde para volver a empezar...

Algunas veces, de noche, con otras vidas, con otros amantes y en otras camas... se recuerdan el uno al otro, y se preguntan, con cierta nostalgia, qué es lo que habría pasado si hubiesen sabido amarse...
Se escudan (inconscientes) al pensar que seguramente hubiese pasado lo mismo.
- Quizás no...


Comentario: No entenderéis a que viene este cambio de registro. La culpable de todo es “La Bruja” que anoche, en un intento por reconvertirme al romanticismo, logró convencerme de que huyera de esta vida de sexo desenfrenado y locuras pasionales y emprendiera camino hacia la búsqueda del amor verdadero.
Tortuoso camino que no se hacia dónde me deparará... Tiempo al tiempo.
 
¡NO SOY UN DESPERDICIO! (alegato a favor de una orientación sexual libre)
Como todo hijo de vecino, yo (aunque os pueda parecer perfecto) tengo mis imperfecciones.
Acepto , aunque admito que soy reticente a las críticas (ya sean constructivas o destructivas), que alguien pueda decir que soy bajito, rechoncho e, incluso, difícil de ver; algo que, por otro lado, no es cierto.
Admito del mismo modo que alguien comente sobre mi prepotencia, mis malas maneras, mi dialéctica hiriente o mi cansina verborrea.
Lo que no tolero en ningún caso es que se me juzgue por mi condición sexual, sea la que sea, esté o no esté definida.
Esto viene al caso de un comentario que oí sobre mí y que, como comprenderéis, no me hizo ninguna gracia.
Tras una tarde de chulapas y chulazos esparcidos por una pradera castiza de Madrid, con sus tortas de San Antonio, sus churros, su cocido y mi bocadillo de panceta; me dispongo a llegar a casa sin más pena que gloria y sin ningún pensamiento más en la cabeza que ponerme el pijama y dormir por varias horas.
Por fin y tras un recorrido de más de catorce minutos andando, vislumbro un portal conocido al que me acerco.
Al llegar, reconozco a una vecina y amiga, compañera de juegos, confidente de secretos, casi una hermana espiritual, una de mis medias-naranjas (tengo varias). Estoy exagerando.
Mi vecina no estaba sola. La acompañaba una de sus amigas que al verme (sorprendentemente) cambió su gesto.
No soy de los que suele darse cuenta que alguien te está mirando con ojos de deseo carnal, conteniéndose las ganas, mordiéndose las uñas por aspirar a permanecer una noche (o al menos unos minutos) pegado a tu costado, acariciándote el pelo.
No me doy cuenta fácilmente que puedo llegar a tener cierto atractivo para las mujeres (comentar que ésta de la que os hablo no era tan mujer).
Cuando metí las llaves en la cerradura, tras saludarlas amablemente, pasé el umbral de la puerta convencido de que lo que le pasaba a la amiga de mi vecina era que padecía estrabismo y estaba en lista de espera para la operación de sus adolescentes retinas.
Aturdido fue como quedé al comprobar que no se trataba de ceguera en sus ojos, sino en su corazón. Mi capacidad física e intelectual había logrado enamorar a aquella adolescente con cuerpo de mujer y pensamientos aun de niña en menos de treinta segundos.
- Que bueno está tu vecino, -oí cuando acababa de cerrar la puerta-.
romeo izquierdaSé que lo dijo en alto para que la oyera, creyendo que, por su indiscreción, Romeo (que en este caso era yo) bajaría por los balcones del edificio en busca de su Julieta (que en este caso era ella), para vivir una noche de lujuria y pasión desenfrenada, sucumbiendo a todos los placeres de nuestros jóvenes cuerpo, poniendo a galopar nuestros corazones que, con ensordecedores latidos, lograrían despertar a la ciudad entera.
Lástima que aquella adolescente de carrillos sonrosados y pestañas alargadas, no hubiese caído antes en la cuenta que hoy en día los Romeos no salimos de los balcones, sino que nos decantamos por salir de los armarios.
Para avisarla de su error y cerciorarse de que su amiga se encontraba en buenas condiciones, mi vecina, consciente de lo que pasaba a su alrededor, la avisó al momento, despertándola de un sueño de juventud que no tenía ni pies ni cabeza.
- Tengo entendido que es un poco gay.
Mi adolescente admiradora, ensimismada por lo que había escuchado de su futura conquista, y ofuscada por ello, no hizo otra cosa que decir:
- Qué desperdicio...

Ya no pude oir más de aquella conversación, de aquellas confesiones entre amigas que se hacen en un portal.
Mi integridad como persona se había quedado deshecha al escuchar la ultima frase y analizarla.
Por el simple hecho de ser gay, o al menos de intentar serlo, me consideran un desperdicio (residuo difícil de aprovechar, según la definición del diccionario de la Real Academia Española).
Esto me hizo pensar toda la noche. Según aquella adolescente de instintos sexuales precoces, yo era un residuo difícil de aprovechar, una basura que tirar, una persona no merecedora de estar aquí, un desperdicio.
Pero como no hay que tomárselo todo a la tremenda, me apiadé de aquella muchacha de ojos tristes, la di mi bendición y recé por ella. Lástima que Dios no atienda nunca mis súplicas.

Comentario 1: Solysombras se opone al amor libre. Como Lord Byron prefiere conocer a las personas antes de dar el primer paso. Qué gran mentira...
Comentario 2: ¡Qué mono va el vaquilla siempre!
Comentario 3: A todos aquellos a los que nos afecta... feliz San Pascual!!!
Comentario 4: Emporia, como se que hoy estabas de bajón, desde aquí mandarte muchos besos y abrazos. Te quiero un montón.
 
RESURRECCIÓN (la mejor manera de llamarle pan al pan y vino al vino).
Definitivamente he de decir (porque las tengo todas conmigo) que estoy en racha.
Hacía ya mucho tiempo que esto no me sucedía pero vuelvo a las andadas.
Despojándome de tabúes y miedos incipientes e infundados que me hicieron caer en una de mis peores crisis sexuales, he llegado a la conclusión de que no hay nada mejor que aparentar despreocupación a la hora de relacionarse con los demás.
Esta crisis en mi identidad sexual de la que tanto os hablo y con la que os martirizaba continuamente ha sido propiciado única y exclusivamente por mi, que encerrándome en un mundo aparte y cayendo en una espiral de rutina me estaba llevando poco a poco a una especie de pozo sin fondo del que no podía escapar.
Y ahí estaba yo, incomprendido por los demás, como un Jesús de Nazaret cualquiera con corona de espinas y cruz de madera, pero sin apóstoles.
Nunca tuve un San Pedro que me negara por dos veces (nadie se atrevería a negarme a la cara) ni un mal beso de Judas que llevarme a la boca.
En todo este tiempo, y perdonad mi victimismo, estaba muriendo poco a poco, convirtiéndome en alguien que no era y alejándome de mis verdaderos principios, sobre los cuales se asientan los pilares de mi Iglesia.
Morí antes de tiempo, para volver a resucitar más vivo, más cordial y mejor persona. He resucitado y he llegado a la conclusión de que ahora sí soy verdaderamente yo.
Ya no me retraigo en mis sentimientos, soy más directo, más realista y menos humano (la resurrección implica cierto grado de divinidad que no todos tenéis).

Y es que de un tiempo a esta parte, no pienso en las consecuencias de vivir una vida frívola como la que vivo, y he decidido no volver bajo ninguna circunstancia a caer en una muerte repentina que me conduce a un futuro incierto contra el que, posiblemente, e estrellaré.
Me he tomado la licencia de crear una religión aparte (si Tom Cruise puede con su 1,70 de estatura, yo también), en la que imperan unos
mandamientos concretos:

boris derecha1. Te amarás a ti sobre todas las cosas.
2. No tendrás dioses ajenos a ti mismo. Tú eres lo más importante.
3. No tomarás tu nombre en vano. Tú eres dueño de ti mismo, que nadie te manipule.
4. Celebrarás todas las fiestas. No limites tus sentidos. Sal los sábados y líate con el/la que mas te apetezca o, al menos, inténtalo.
5. Honra a tu padre y a tu madre, pero si estás harto de soportarlos, independízate en cuanto puedas.
6. No matarás, pero no des la espalda a tus instintos.
7. Cometerás adulterio cuando te apetezca. Nunca te mientas a ti mismo, haz en todo momento lo que te apetezca hacer.
8. No robarás, pero los chiringuitos de los moros en las ciudades con costa están para algo. Piénsatelo.
9. No hablarás contra tu prójimo en falso testimonio; y si te apetece hacerlo matricúlate en Periodismo (yo ya lo he hecho).
10. Tendrás pensamientos impuros con el/la novio/a de tu prójimo.

Lo más importante de todo es que no niegues lo que eres.
Yo, por mi parte, que hoy estoy muy místico, me he hecho unos propósitos que he de cumplir antes de que acabe el año:

a) Ayudar a mis amigos a conseguir lo que quieren. Poner todo mi empeño en hacerlos felices.
b) Comprarme toda la ropa que pueda.
c) Tener, al menos, un lío al mes.
d) Hacer todo lo posible para liarme con “Solysombras” o “El vaquilla” (nuevo personaje dentro de este diario. Guapo como él solo aunque delincuente juvenil). Para poder llevar a cabo estos dos objetivos, hacer que se me note. No dejarles ni un mínimo de dudas en cuanto a si quiero liarme con ellos o no.
e) Enamorarme y desenamorarme.
f) Reirme más.
g) No estar solo (ni mal acompañado).

Desde aquí, y después de esta declaración de principios en la que no quedo nada bien, os pido a todos que leéis esto que, o bien llevéis a cabo mis mandamientos o bien os toméis la licencia de añadir o retocar alguno.
Os estaré eternamente agradecido.
Por los siglos de los siglos.
Amén.■

Comentario: Gracias por vuestro apoyo continuo con todos vuestros comentarios. Sin vosotros no soy nada.
 
INCREÍBLE PERO CIERTO O CÓMO HACÉRTELO EN LA TRASTIENDA DE UNA PAPELERÍA DE BARRIO... (y no morir en el intento)
Siguiendo la línea de mi penúltimo post (El día después o como descubrir que... ), recurrir a mis vivencias en la infancia, que como ya sabréis ha marcado mi vida, creo que va a ser lo mejor para iniciar esta especie de relato autobiográfico.
Cuando eres niño, todo te viene de golpe.
Con apenas cinco meses (he contrastado la información con mi señora madre) eché mi primer diente de leche. Con siete meses, ya tenía prácticamente mi primera dentadura.
Los dientes de leche, y siguiendo una especie de serie lógica, me vinieron de golpe.
Va pasando el tiempo, vas creciendo, vas madurando y, de repente, sin saber por qué, tienes catorce años, mides un metro sesenta escaso, pesas alrededor de 70 kilos (los kilos también llegaron a la vez), y te sale tu primer grano.
Este grano es predecesor de una serie de granos que arruinarán tu adolescencia, y que te condicionará los que se consideran los mejores años de la vida de un ser humano.
Catorce años sin granos y en el momento en el que te aparece el primero, no dejarán de aparecerte más y más, hasta convertir tu cara en un colador.
Llegas a los dieciocho, siempre has tenido muy poco vello, vellosidad rubia casi imperceptible, has sido barbilampiño todo este tiempo; y un buen día te miras al espejo y tienes tu primer pelo en el mentón. Cuando te has querido dar cuenta, tienes toda la cara cubierta de pelo. Y es que el pelo de la barba, también llega de golpe.
Y hablando de golpes, a golpe de metáfora llega de lo que realmente quería hablaros.
Sigue pasando el tiempo, tienes veinte años (los tengo), ya tienes toda tu dentadura, has adelgazado (aunque no todo lo que desearas), has logrado vencer al acné, y tienes una perfecta barba adulta que te hace parecer mas atractivo.
De esta forma, parece que ya nada va a volver a sorprenderte. No hay nada más que pueda venirte de golpe.
Tras sufrir en silencio una crisis sexual de 5 meses, en los cuales sólo has tenido relaciones con tu amigo Onán (tu mano), una mañana te levantas y comienzan a presentarte una serie de oportunidades que antes no tenías.
Y es que o no tengo a nadie que me baile el agua, o de repente los tengo a todos.
El martes pasado, tras mi frustrante cita con el apuesto John Smith (y si lees esto no te lo tomes a mal, porque me sigues pareciendo bastante interesante), alguien me ayuda a comprender que debo pasar de él y evitar una enajenación mental-amorosa que me acechaba a lo Juana la Loca, pero versión 2005.
Un día antes de comprender que debía olvidarme de este príncipe de cuento, bajé a una papelería cercana a recargar el móvil (sentía la necesidad de saber algo de Smith, aunque sólo fuera vía sms).
papeleria izquierdaMi papelero de confianza, "Papel de cebolla" resulta que es gay. A todo esto, me reafirmo en mi teoría de que, de un tiempo a esta parte, vivo en un mundo únicamente homosexual (ver artículo: No es oro todo lo que reluce). Y no es un gay cualquiera, sino que es un gay practicante, de los que pasean por Chueca, cuelgan cadenas de sus vaqueros, llevan cinturones blancos de tela y se dan rayos V para mantenerse morenos todo el año.
Bien porque el martes fue el último día del puente de mayo o bien por caprichos del destino, el azar quiso juntarnos en la plaza de Chueca a los tres. Mientras John Smith y yo nos besábamos como quinceañeros, "Papel de cebolla" participaba de voyeur, al menos eso fue lo que me dijo nada más entrar por la puerta de su negocio familiar; para acabar diciéndome que a ver si le concedía un día a él también para ir los dos juntos a la plaza de Chueca (debió gustarle lo que vio).
Y fue gracias a un compendio de personas que lograron despojarme de mis paranoias infantiles que giraban en torno a mantener una relación sexual-amorosa (en este orden) con un príncipe de cuento, rubio de ojos claros y que me convirtiera en una puti-princesa india de lujo, por lo que me armé de valor y volví a la papelería; lugar en el que hora después iba a encontrar muchas cosas, entre ellas el éxtasis.
- Me voy a currar en media hora (tenía turno de noche), pero en algún momento de mañana quiero verte.
- ¿A qué hora llegas?.
- 6:30 a.m
- A esa hora frente a Caja Madrid.
No llegaban a 30 las palabras que iban a cambiar mi vida sexual.
Esa noche trabajé de manera frenética, me temblaba hasta el último pelo del cuerpo (y cuando digo el último me estoy refiriendo al último).
Cuando llegué al lugar estipulado él ya estaba esperándome, monísimo con su sudadera roja y unas llaves en la mano.
Un “ven conmigo” fue suficiente para que, en apenas cinco minutos, estuviéramos en la trastienda de su papelería (de la papelería de su madre) besándonos apasionadamente.
No hubo violinista, ni mariachis, ni “te quieros”, ni romanticismos innecesarios, pero con él y un par de juegos de reglas y cartabones fue una de las experiencias más morbosas de mi vida; de esas que no volverán a ocurrir más.
Y es que, lo que decía al principio, tras varios meses de sequías...
... inundaciones!!!.■

Comentario 1: a pesar de la buena fe del papelero, creo que tiene novio. Sigo buscando pareja, no se si habrá por aquí algún candidato. Solysombras jo, decídete.
Comentario 2: soy consciente de que hay gente que entra al blog y no comenta, animaos anda.
 
DE CÓMO SER EGÓLATRA Y NO DEJAR DE PENSAR EN TI... (a veces viene bien una cura de humildad)
ego izquierdaA TI, que estás leyendo esto y te estás preguntando que es lo que me ha llevado hasta escribir una cosa así, sólo puedo decirte que eres una de las personas más importantes de mi vida.
A TI, que a veces te saco de quicio con mis neuras y mis excentricidades, sólo se me ocurre agradecerte que hayas estado siempre aquí conmigo, a mi lado, diciéndome en todo momento lo que yo quiero escuchar.
A TI, que aguantas estoicamente, casi de manera épica, mis subidas de tono, mis manías y mis vicios (los confesables), no me queda otra cosa que quererte de manera desmedida y totalmente desinteresada.
A TI, que siempre dices que soy un egocéntrico y consumes tu tiempo explicándome que el mundo no gira alrededor de mi mismo, sólo puedo decirte que eres lo realmente importante, aunque aún no te hayas dado cuenta.
Harto como estoy de soportar los comentarios que se vierten sobre mi (y contra mi) y que hacen referencia a mi “siempre supuesto” egocentrismo, no se me ocurre otra cosa mejor que hacer que demostrarte (y que por fin te des cuenta) que para mí, estás por encima de todos, eres lo más importante y te mereces todo lo mejor.

Siento defraudaros si en este post no hay sonrisas; pero las circunstancias (y mi cabeza que no deja de darme vueltas pensando si en realidad seré mala persona, como algunos quieren hacerme creer) me han llevado a escribir algo como esto, en lo que yo no soy el protagonista, sino que lo eres .

Igual soy un ególatra de los de foto y no me doy cuenta, pero ante este blog juro que:
1. Tener la autoestima alta no implica que a TI no te tenga por encima. Envidio tu forma de ser, tu manera de actuar y de pensar, tu manera de querer a los demás, y me encanta tu sonrisa.
2. He vivido de la peor manera y en las peores condiciones en las que se puede vivir, y aún así me he desvivido por hacerte feliz en lo que ha sido posible.
3. Quizás sea un poco ególatra, pero ya sabes que lo llevo todo a los extremos y es un papel que tengo que interpretar para hacerte reír... Solo pienso en hacerte feliz, aunque eso implique infravalorarme como lo hago.
4. Si lo que escribo aquí no te convence, prometo cambiar y que me cambies a tu antojo; no soy una persona maleable, pero haré un esfuerzo si me lo pides.

Ególatra, sí, pero es que no dejo de pensar en TI...

Comentario: espero que esto no cree discusiones en torno a ¿quién será al que va dirigido este post?.
 
EL DÍA DESPUÉS O CÓMO DESCUBRIR QUE NO HA SIDO TAN IMPORTANTE...
Arrastro un problema desde los inicios de mi existencia. El día después de nacer, cuentan que lo pasé solo en una incubadora, debatiéndome entre la vida y la muerte porque durante los meses de gestación en el vientre de mi madre había tragado “porquería” (los médicos suelen decir esa palabra, aunque yo no sé a qué porquería se refieren... espero no ser cropófago).
Aquel día en el que mi pequeño cuerpo resentido luchaba por una supervivencia que al final obtuvo fue uno de los días más tristes de mi vida, llorando en mi cunita, aclamando un poco de atención a cualquiera que se asomase por el cristal y me acariciase mi pequeña mano de recién nacido.
Como protesta ante tanta desconsideración y por culpa de las severas carencias afectivas con las que me había encontrado nada más salir del útero materno, cuentan que me golpeé contra las paredes de la incubadora hasta conseguir hacerme sangre en la cabeza.
Este hecho neonatal explica a la perfección lo que ha sido la trayectoria de mi vida.
Os preguntaréis para qué os cuento todo esto del día después de mi nacimiento (maldito 18 de febrero de 1985 que destrozó mi vida). Y es que este día, como ya he dicho, tiene importantes repercusiones a lo largo de mi existencia.
smith derechaEn mi vida, tras un día memorable, llega un día horrible.
Ahora mismo, estoy en uno de esos días horribles que siguen a un día memorable. Estoy en un día después (no pido que os apiadéis de mi, pero al menos reclamo un mínimo de atención, que aunque quizás no merezca, me vendría muy bien).
Como ya sabréis la mayoría de vosotros, ayer fue un día memorable. Al fin, “John Smith” (uno de mis colonizadores favoritos) sucumbió a la pasión (si es que la hubo) y dejando atrás prejuicios y otros remilgos que no conducen a ningún lado, nos probamos al fin en una orgía de palabras y besos (todo mezclado) explorando a la vez su carácter y su cuerpo, cosa que no es fácil.
Ayer, emocionado por lo que había pasado no cabía en mí de gozo. Hoy que es el día después (como hace 20 años en aquel hospital) me partiría la cabeza, pidiendo un poco de atención a aquel chico con el que unas horas antes me había estado abrazando en mitad de la calle.
Alejándome de mi historia personal y con la total intención, no de que John Smith se de por aludido (que también) sino más de abrir un debate en torno a este tema contrastando opiniones de unos y de otros, lanzo una serie de preguntas que podéis contestarme o rebatirme:
a) Esto de lo que os he hablado ¿es un hecho generalizado o particular?. Lo digo por si no debería preocuparme o, por el contrario, tendría que ir pensando en psicoanalizarme. (“Parker” llevo días y días pidiéndote el teléfono de tu psicoanalista pero nunca atiendes a mis súplicas, y por favor, escribe ya algún comentario!!!).
b) ¿Por qué esa dependencia hacia una persona con la que sólo te has besado un par de veces? Un rollo de una noche no implica nada, ¿por qué comerse el tarro de esa manera pensando en si serás tú el que escribas el primer mensaje o será él el que lo haga?. Y llegados a este punto, ¿el mensaje de rigor del día después es aclaratorio?, quiero decir..., ¿si mando un mensaje el día después significa que quiero algo más y si no lo mando quiere decir que “si te he visto no me acuerdo? (comprobaréis el estado en el que estoy).
c) John Smith, ¿ por qué al despedirte me diste sólo dos besos después de haber estado dos horas antes comiéndonos la boca?... A los demás, ¿por qué John Smith se despidió dándome dos besos? Suscribís mi teoría de que quiso ponerle punto y final a lo nuestro o es que en vez de John Smith, es un poco Cenicienta y a partir de las doce se vuelve calabaza y un poco insípido...?.

Ruego a todos que me contestéis a estas preguntas de forma sincera y sin ningún remordimiento (mi conciencia no puede estar más perjudicada como lo está en este momento), ya que me servirán de gran ayuda para un futuro próximo.
Desde aquí, decir que seguiré llevando mi vida lo mejor posible, sin caer en depresiones emocionales que me conduzcan a una muerte irreparable.
El pobrecito hablador para “Diario de un desequilibrado”. Seguiremos informando.■
 
EL REGRESO DE MOZTEZUMA Y OTROS CUENTOS
Tras un fin de semana que perfectamente podría haber pasado desapercibido, agradecer las sinceras muestras de amistad, comprensión y apoyo (mutuo) de una persona que merece ser nombrada como blogera de honor de esta semana y que recibe el nombre de “La Binguera” por su adicción al juego.

Como forma de tributo, no se me ocurre otra cosa que dedicarte estas líneas:

Me siento como Marco en un barco sin Amedio,
(estará abierta la Cubierta)
Me siento como Heidi en un valle sin Pedro
(estará abierta la Cubierta)
Me siento como Peter Pan volando sin Wendy
(estará abierta la Cubierta)
Me siento como Oliver metiendo un gol sin Benji
(estará abierta la Cubierta)...

Hit Parade donde los haya, adaptación del gran éxito original “Me siento como un gallo en la pescadería sin un euro” y compuesta por un anónimo cantautor madrileño que pulula por el Metro de Madrid en horas intempestivas.


El encuentro con “Solysombra” (que a partir de este post trataremos como “SolysombraS” por su desmesurada afición por los cosméticos) fue un completo desastre, y no por culpa del chico, que aunque parezca mentira aún me sigue atrayendo sexualmente, ni creo que mía, sino por un contexto que no acompañaba demasiado.

Una noche que empezó el sábado a las diez de la noche aproximadamente y que ha terminado hace unas pocas horas (he batido mi propio record: 45 horas sin dormir absolutamente nada), y que no prometía tanto, al final se ha convertido en un fin de semana totalmente memorable, gracias (sobre todo) a “La Binguera”.

A la llegada a la Cubierta (que sí que estaba abierta), un gran espectáculo audiovisual nos aguardaba: una congregación de panchitos que hacían cola para entrar a un festival humahuaqueño. “La Binguera” y yo, que vamos de progres, pero luego al final somos unos niños prejuiciosos y estúpidos, aceleramos el paso para abreviar la estancia en un lugar infectado de malos olores procedentes del gentío chamaco que allí se encontraba.
- Empanadaaaaas verdeeees, oímos gritar a una panchita.
Fue en ese mismo instante cuando un hedor insoportable llegó hasta nuestras respectivas fosas nasales. Yo, personalmente, sufrí una crisis de ansiedad. No concibo una dieta basada en tortas de maíz podrido. Creo que “La Binguera” suscribe mis ideas y me apoya en todo momento.
moctezuma derechaEl caso es que aceleramos el paso casi sin visión ocular por la muchedumbre panchita, con la suerte de que fui a estamparme con el patriarca de todos ellos, el líder de aquel gentío de humahuaqueños: Moztezuma.
Moztezuma ladeó su cabeza, para mirarme de la forma más sanguinaria que nadie me ha mirado nunca. El terror se apoderó de mi cuerpo y mi alma indistintamente, mis piernas flojearon. Pedí perdón como pude mientras Moztezuma seguía mirando, invocando a alguna especie de espíritu quechua que me torturase por mis insolencias de jovencito español descerebrado.
Para mi tranquilidad, volteó la cabeza y siguió su camino. Yo seguí temblando unos minutos más. De todos modos, estoy convencido de que esta crisis de los 20 por la que estoy pasando se va a ver acentuada por ese mal de ojo que Moztezuma me lanzó.

Después, los típicos sucesos normales que ocurre cualquier noche de fin de semana: ligar con el puerta de un pub, tener apariciones marianas en un portal y gustarte dos tios (¿o eran más de dos “Binguera”??) que te miran descaradamente para luego irte a casa a dos velas y “mas cachondo/a que una mona”.

Aunque este post puede parecer surrealista y muchos de vosotros no lo entendáis, para “La Binguera” y para mí es de gran importancia a partir de hoy.
“Binguera” hemos creado un vínculo importante (aparte de un grupo musical en plena efervescencia creativa). El próximo día seguimos componiendo nuestro próximo tema: Taxidermia, y te sigo imitando al cangrejo de la sirenita (Ariel no subas a la superficie!!!).

Un beso grande.

Comentario 1: Jódete Moztezuma de pacotilla, que parece que lo de John Smith puede desembocar en algo. Practica eso del mal del ojo no vaya a ser que los años te hayan hecho perder facultades.