Berlin en soledad
Supongo que me costara dias dar con las palabras adecuadas para definir mis emociones con esta ciudad. Un poco como le ocurre a Madrid, Berlin es inclasificable. No hay muchos monumentos para ver pero, sin embargo, la historia acompana a cada paso. Todo parece como de anteayer, novisimo (y posiblemente lo sea), pero haz algo pertinazmente antiguo que tira de la ciudad hacia atras.
El hecho de andar solo por las calles descomunales de Berlin invita al silencio mas que cualquier otro sitio. La contemplacion y la inhalacion de todo lo que ves es casi obligada en una ciudad que aun no se atreve a hablar de si misma. Parece querer callar aun para ver si la construccion de un escenario totalmente nuevo puede borrar, o al menos difuminar, el tan siniestro pasado reciente de Alemania.
La exposicion en memoria de los judios asesinados en Europa durante el holocausto deja sin palabras, aunque no solamente por lo que cuenta, que es mucho y estremecedor. Tambien deja sin palabras el desgarrador grito de una Alemania avergonzada. Cerrando los ojos, imagino a un pais entero bajando la cabeza y pidiendo perdon indefinidamente. Quizas no sera jamas suficiente z no sere yo quien lo juzgue, naturalmente. Pero lo que si puedo decir es que este monumento proporciona una pequena porcion de informacion acerca de los dramas de mas de seis millones de judios que fueron exterminados en Europa, la mayoria de ellos como ratas. Y en esa espeluznante cifra no se incluyen ni los gitanos de las etnias sinti y roma ni a los homosexuales. Esta pequena y seguro que insuficiente inmersion en la historia del holocausto no basta para saber que jamas podran conocerse todos y cada uno de los dramas personales y familiares que acontecieron, pero si para tomar conciencia de que es necesario recordar, para siempre, lo que ocurrio.
El monumento es, pues, un lugar obligado de visita para todos aquellos que amen al ser humano.
Luego, Berlin es tambien una antagonia continua que vive entre esta necesidad perentoria de olvido con la obligacion del recuerdo. Mucho mas alla de la arbitraria frontera Este-Oeste (que aun puede verse con bastante facilidad), los contrastes bullen, se plantan ante ti con una facilidad desconcertante. Sin embargo, esto no convierte a Berlin en una ciudad desagradable, sino interesante. Las bicicletas, las razas y las mil caras, los restos sovieticos mucho mas visibles de lo que creia y la presencia del Occidente mas aplastante convierten a la capital alemana en una especie de crisol dificil de entender.
Luego vuelvo a entrar para postear el lado comico del viaje. Que, por supuesto, lo hay. Vais a fliparlo, os aviso.
Besos.
El hecho de andar solo por las calles descomunales de Berlin invita al silencio mas que cualquier otro sitio. La contemplacion y la inhalacion de todo lo que ves es casi obligada en una ciudad que aun no se atreve a hablar de si misma. Parece querer callar aun para ver si la construccion de un escenario totalmente nuevo puede borrar, o al menos difuminar, el tan siniestro pasado reciente de Alemania.
La exposicion en memoria de los judios asesinados en Europa durante el holocausto deja sin palabras, aunque no solamente por lo que cuenta, que es mucho y estremecedor. Tambien deja sin palabras el desgarrador grito de una Alemania avergonzada. Cerrando los ojos, imagino a un pais entero bajando la cabeza y pidiendo perdon indefinidamente. Quizas no sera jamas suficiente z no sere yo quien lo juzgue, naturalmente. Pero lo que si puedo decir es que este monumento proporciona una pequena porcion de informacion acerca de los dramas de mas de seis millones de judios que fueron exterminados en Europa, la mayoria de ellos como ratas. Y en esa espeluznante cifra no se incluyen ni los gitanos de las etnias sinti y roma ni a los homosexuales. Esta pequena y seguro que insuficiente inmersion en la historia del holocausto no basta para saber que jamas podran conocerse todos y cada uno de los dramas personales y familiares que acontecieron, pero si para tomar conciencia de que es necesario recordar, para siempre, lo que ocurrio.
El monumento es, pues, un lugar obligado de visita para todos aquellos que amen al ser humano.
Luego, Berlin es tambien una antagonia continua que vive entre esta necesidad perentoria de olvido con la obligacion del recuerdo. Mucho mas alla de la arbitraria frontera Este-Oeste (que aun puede verse con bastante facilidad), los contrastes bullen, se plantan ante ti con una facilidad desconcertante. Sin embargo, esto no convierte a Berlin en una ciudad desagradable, sino interesante. Las bicicletas, las razas y las mil caras, los restos sovieticos mucho mas visibles de lo que creia y la presencia del Occidente mas aplastante convierten a la capital alemana en una especie de crisol dificil de entender.
Luego vuelvo a entrar para postear el lado comico del viaje. Que, por supuesto, lo hay. Vais a fliparlo, os aviso.
Besos.





