Segunda parte
... que nunca fueron buenas, dicen. Pero me da que puedo sacar, como conclusión, que no me ha ido del todo mal.
Me he despertado, impulsado como por un resorte, con un pensamiento obsesivo que se ha repetido toda la noche: "sms...sms...sms...sms...sms...". Como un poseso, me he metido en la ducha, me he afeitado, y me he vestido proceso el que, normalmente, me lleva una media hora y con el que hoy he superado cualquier récord: diez minutos después de haberme despertado, aún con esa misteriosísima raya que te dibujan algunas alhomadas rencorosas, entraba al metro... Y claro, iba a trabajar, pero eso me la pelaba. Lo que verdaderamente quería era que comenzara el horario laboral de la empresa de distribución masiva de sms para así iniciar mi coñazo máximo que iba a hacerles desear no haberse despertado por la mañana.
Pero no me ha costado NADA. He llamado una vez, me ha atendido una chica con genuina voz de poligonera, y me ha dicho algo así como "ah, sí, ya".
-¿Ah, sí, ya? -he replicado yo, interesado.
- Que sí, que ayer tuvimos un problema y que ya estamos en ello.
- Ah, sí, ya... - he reiterado yo, machaconamente. - Pero yo no pagaré nada, ¿eh?
Esto de la vena catalana de tanto en cuanto me asalta, a mí, que soy un madrileño de adopción orgulloso de su Catalunya. Es algo por encima de mí que aplasta cualquier otra necesidad de información paralela. "Oiga, que se muere Vd. y le tenemos que poner un hígado, un riñón, un fémur y un by-pass corticoideal a la voz de YA". "Sí, claro, pero escolti... cuanto cuesta todo esto, a veure."
- No, no... son mensajes erróneos que no son de pago.
Quizás el erróneo era yo esta mañana. A ver si me creía que semejante celeridad en un momento tan delicado del día me iba a salir barata. Y digo esto porque le he continuado a la chica:
- Ya, pero oiga... yo eso cómo lo sé, a ver. Cómo.
Ahí la Yoli esa me replica que no pagaré nada, ya con un pensamiento flotando entre los dos telefónicamente que era algo así como "qué coño habré hecho yo para aguantar a semejante plasta a estas horas de la mañana".
La cuestión es que he colgado, y automáticamente he llamado a Vodafone para que me activaran de nuevo la función SMS que, aunque restringida, tenía la función de bloquearme todos los mensajes salvo los que quería bloquear. Divino, todo.
Lo digo porque, desde ayer, y quizás por eso he tenido esa pesadilla reiterativa, vengo notando que tengo una total, absoluta, necesidad de SMS en mi vida. Cada vez que oigo el pirubí de turno anunciando buenas nuevas en forma de mensaje corto, me pongo todo contento. Y no es que reciba muchos al día, la verdad, pero sólo el hecho de saber que no recibiría ningún otro indefinidamente me hacía dar vueltas tontamente por el salón, pensando en cualquier otra alternativa de comunicación inmediata y eficaz.
"Siempre puedes llamar", me orientó, mi amantísima compañera de piso, sin la que yo no sé en qué se habría convertido mi vida... Claro, "llamar". Ese verbo se quedó oculto hace siglos tras el verbo "enviar". Qué cosas.
La cuestión es que Vodafone y yo celebramos nuestra reconciliación con sendos "muchas gracias, muy amable" y "a usted por su llamada, buenos días". Y volví al mundo de la comunicación moderna en un tris.
Hasta aquí, todo correcto. Lo curioso del caso es que a primera hora de la tarde, recibo una llamada de un energúmeno que dice pertenecer al departamento comercial de Vodafone, interesándose por mi queja. Y yo que si patatín, que si patatán, que fíjese Vd. qué problema, y ya vé, menudo susto... Y el otro "aja, sí"... "claro...". He rematado el discurso con un "lo que francamente me alarma es que no haya ningún modo por parte de Vodafone de parar estas cosas, yo no sé qué es lo que deberían hacer, Señores..."
Y RESPONDE
-"Y yo tampoco, tonto".
Tonto, así... Sin más.
Pum. Tonto.
Toma ya. Chúpate esa. ¿Tonto?
Justo en el instante en que estaba a punto de ponerme a invocar al rayo de Zeus y al tridente de Neptuno (por lo menos), oigo que mi nuevo amigo confidente capaz de llamarme "tonto", se pone a reír y al final se identifica como un amigo que leyó mi post de ayer.
Me quiero cagar en sus muelas, pero me contengo, aunque le llamo de todo en medio minuto...
Svane, hijo, si he puesto a parir a tu familia cercana o lejana... TE JODES ;)
Si hay cambios, os sigo informando de la evolución de mi factura de móvil.
Besos
Me he despertado, impulsado como por un resorte, con un pensamiento obsesivo que se ha repetido toda la noche: "sms...sms...sms...sms...sms...". Como un poseso, me he metido en la ducha, me he afeitado, y me he vestido proceso el que, normalmente, me lleva una media hora y con el que hoy he superado cualquier récord: diez minutos después de haberme despertado, aún con esa misteriosísima raya que te dibujan algunas alhomadas rencorosas, entraba al metro... Y claro, iba a trabajar, pero eso me la pelaba. Lo que verdaderamente quería era que comenzara el horario laboral de la empresa de distribución masiva de sms para así iniciar mi coñazo máximo que iba a hacerles desear no haberse despertado por la mañana.
Pero no me ha costado NADA. He llamado una vez, me ha atendido una chica con genuina voz de poligonera, y me ha dicho algo así como "ah, sí, ya".
-¿Ah, sí, ya? -he replicado yo, interesado.
- Que sí, que ayer tuvimos un problema y que ya estamos en ello.
- Ah, sí, ya... - he reiterado yo, machaconamente. - Pero yo no pagaré nada, ¿eh?
Esto de la vena catalana de tanto en cuanto me asalta, a mí, que soy un madrileño de adopción orgulloso de su Catalunya. Es algo por encima de mí que aplasta cualquier otra necesidad de información paralela. "Oiga, que se muere Vd. y le tenemos que poner un hígado, un riñón, un fémur y un by-pass corticoideal a la voz de YA". "Sí, claro, pero escolti... cuanto cuesta todo esto, a veure."
- No, no... son mensajes erróneos que no son de pago.
Quizás el erróneo era yo esta mañana. A ver si me creía que semejante celeridad en un momento tan delicado del día me iba a salir barata. Y digo esto porque le he continuado a la chica:
- Ya, pero oiga... yo eso cómo lo sé, a ver. Cómo.
Ahí la Yoli esa me replica que no pagaré nada, ya con un pensamiento flotando entre los dos telefónicamente que era algo así como "qué coño habré hecho yo para aguantar a semejante plasta a estas horas de la mañana".
La cuestión es que he colgado, y automáticamente he llamado a Vodafone para que me activaran de nuevo la función SMS que, aunque restringida, tenía la función de bloquearme todos los mensajes salvo los que quería bloquear. Divino, todo.
Lo digo porque, desde ayer, y quizás por eso he tenido esa pesadilla reiterativa, vengo notando que tengo una total, absoluta, necesidad de SMS en mi vida. Cada vez que oigo el pirubí de turno anunciando buenas nuevas en forma de mensaje corto, me pongo todo contento. Y no es que reciba muchos al día, la verdad, pero sólo el hecho de saber que no recibiría ningún otro indefinidamente me hacía dar vueltas tontamente por el salón, pensando en cualquier otra alternativa de comunicación inmediata y eficaz.
"Siempre puedes llamar", me orientó, mi amantísima compañera de piso, sin la que yo no sé en qué se habría convertido mi vida... Claro, "llamar". Ese verbo se quedó oculto hace siglos tras el verbo "enviar". Qué cosas.
La cuestión es que Vodafone y yo celebramos nuestra reconciliación con sendos "muchas gracias, muy amable" y "a usted por su llamada, buenos días". Y volví al mundo de la comunicación moderna en un tris.
Hasta aquí, todo correcto. Lo curioso del caso es que a primera hora de la tarde, recibo una llamada de un energúmeno que dice pertenecer al departamento comercial de Vodafone, interesándose por mi queja. Y yo que si patatín, que si patatán, que fíjese Vd. qué problema, y ya vé, menudo susto... Y el otro "aja, sí"... "claro...". He rematado el discurso con un "lo que francamente me alarma es que no haya ningún modo por parte de Vodafone de parar estas cosas, yo no sé qué es lo que deberían hacer, Señores..."
Y RESPONDE
-"Y yo tampoco, tonto".
Tonto, así... Sin más.
Pum. Tonto.
Toma ya. Chúpate esa. ¿Tonto?
Justo en el instante en que estaba a punto de ponerme a invocar al rayo de Zeus y al tridente de Neptuno (por lo menos), oigo que mi nuevo amigo confidente capaz de llamarme "tonto", se pone a reír y al final se identifica como un amigo que leyó mi post de ayer.
Me quiero cagar en sus muelas, pero me contengo, aunque le llamo de todo en medio minuto...
Svane, hijo, si he puesto a parir a tu familia cercana o lejana... TE JODES ;)
Si hay cambios, os sigo informando de la evolución de mi factura de móvil.
Besos
Comentario:
FE DE ERATAS:
Donde dice "email" debe decir "post"
Donde dice "email" debe decir "post"
Comentario:
Por alusiones...
Hombre, hay que ser torpe para no darse cuenta de que le están tomando a uno el pelo... Desde luego, no debió de ser por mis refinadas téncicas de teleoperación (ajá, sí, muy bien, entiendo...). Jajaja.
Agradezco tu contención, porque nunca me han ido esas sofisticaciones escatológicas de las que hablas en tu email.
Un abrazo y a ver si espabilamos para la próximaaaaaaaaaaaaaaa!!
Hombre, hay que ser torpe para no darse cuenta de que le están tomando a uno el pelo... Desde luego, no debió de ser por mis refinadas téncicas de teleoperación (ajá, sí, muy bien, entiendo...). Jajaja.
Agradezco tu contención, porque nunca me han ido esas sofisticaciones escatológicas de las que hablas en tu email.
Un abrazo y a ver si espabilamos para la próximaaaaaaaaaaaaaaa!!
Comentario:
JAJAJAJA! Me ha encantado.
Si ya lo dice un amigo que hasta de un entierro se pueden hacer risas...
Un besito, soltero madrileño-catalán ;-)
Si ya lo dice un amigo que hasta de un entierro se pueden hacer risas...
Un besito, soltero madrileño-catalán ;-)





