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Un desierto para predicar
Un lugar donde las palabras se las lleva el viento
Acerca de
Los gritos de un loco no suelen ser bien recibidos... Así que un día cogí un taxi y huí a este desierto, donde no necesito que nadie me escuche.
Sindicación
 
Ya puedo morir tranquilo
Acabo de llegar. Estoy completamente destrozado. Me duelen los pies, las piernas, los ojos, y mañana me levanto a las 7. Pero ha merecido la pena.
He visto a Los Petersellers en directo.
La verdad es que conocía muy poquito al grupo. Alguna cancionacilla suelta, que era graciosa y tal. Pero en directo, increíble. Han aparecido vestidos de obreros con cascos rojos y botellas de jerez Tío Pepe, haciéndose llamar los "Red Hat and Tío Pepe"... Con Tío pronunciado como Chío. El caso es que son un descojone, no paran de liarla. La aparición de Casiotone en escena (¡dispositivo, dispositivo! ¡acoplamiento, acoplamiento!) ha sido espectacular, así como el Trapas (¿?), que de todo tiene que haber en esta vida.
Cantar la canción de Mazinger Z a voz en grito, o el Homenaje a los Ramones me han marcado profundamente.
Sólo una cosa más:
¡Cousteau, Cousteau, Cousteau, Cousteau! ¡Cousteau, Cousteau, Cousteau, Cousteau! ¡Cousteau, Cousteau, Cousteau, Cousteau! ¡Le commandant! ¡Le commandant!
 
Dos escenas (con fondo blanco)
Las personas somos bastante curiosas. Hay momentos en los que aplaudiría un "Proyecto Manhattan 2" y nos fuéramos todos al carajo de una vez, y otros en los que cogería un cesto con pétalos de rosas, para celebrar lo maravillosa que es la Humanidad.
Hoy he vivido dos escenas totalmente diferentes, que me han hecho sentir de ambas maneras, y en menos de dos horas. La causa de ambas, la misma: la nieve.

La primera escena comenzaba en la estación de Méndez Álvaro, a las 8'40 de la mañana. Según subo las escaleras mecánicas, ya empieza a oler mal: demasiada gente. La nieve está causando retrasos de casi una hora en los trenes. En el panel de información aparecen de repente unos signos que causan que todos nos dirijamos hacia el andén: el tren llegará en cuatro minutos.
Varios tiritones y castañeteos de dientes después, el tren aparece. Es uno de esos grandes, de dos pisos. Por lo menos, ha habido suerte. La gente empieza a pasar, y se va llenando. A los del final, nos toca quedarnos en la entrada, entre los dos pisos, totalmente aplastados unos contra otros. El tren arranca. Llegamos a Atocha. Empujones y gritos de la gente que quiere entrar. Les decimos que se tranquilicen, que no nos podemos mover. Según dicen los de fuera, los pisos de arriba y de abajo están vacíos, y lo estaban viendo por las ventanas. Nosotros ni idea, claro. Al cabo de un rato de gritos y cabreos, la gente ha empezado a colaborar, y nos hemos movido para que entre más gente. Y efectivamente: no es que los pasillos estuvieran vacíos, es que incluso había asientos vacíos. Y había gente que todavía se negaba a subir para dejar espacio. Al final, con todo el personal bastante crispado el tren se ha marchado... Después de estar media hora parados.

La segunda escena, comienza a la llegada al Campus, que sin duda es una de las mejores cosas que tiene la Autónoma de Madrid: césped, césped, y más césped. Todo completamente cubierto de nieve. Yo no era el único sorprendido. Armados con bolas de nieve y móviles con cámara digital, hordas de señores universitarios lo pasaban en grande, como si fueran niños. Así estaba muriéndome yo de la envidia, cuando he visto un par de caras conocidas, y tirando la carpeta a un lado, me he lanzado a la batalla.
Ha sido sólo media hora, pero media hora como hacía mucho tiempo que no pasaba. Jugando por jugar, sin importarnos que los apuntes se estuvieran empapando, o que mañana fuéramos a estar todos a base de aspirinas... Como tener diez años otra vez.

Agarrarse a estas pequeñas cosas es mi pequeño escape de la rutina... Como decía Mary Poppins, "con un poco de azúcar la píldora que os dan pasará mejor", y ya que nos hacen comulgar con ruedas de molino día tras día, me parece la mejor opción.
 
Errare humanum est (una forma cool de decir "qué guapo estaría yo si me metiese la lengua por el culo de vez en cuando")
Hace un ratillo escribía metiéndome con el becario de la sala de informática... Ahora no me quedan más cojones que tragarme mis palabras.
Cuando salía del aula, se me ha ocurrido cruzar media palabra con él. "Qué putada las prácticas de Informática Aplicada a la Química". Y a partir de ahí, un tío increíblemente agradable (parece ser que sólo en confianza saca su vena "efusiva", como la definiría Ignacio, o Iñaki, ya ni lo sé, el otro becario), que incluso me ofrecía sus apuntes, y que cuando quisiera me pasase por allí a saludarle. En fin, pagando mis encabronamientos con el que menos se lo merece, para variar.
Hoy está siendo una noche especialmente fría... Creo que no tardaré en llamar al taxi.
 
Aquí, pasando el rato
Empiezo a estar bastante quemado. Esta semana, de nuevo, pintan bastos. Hoy por lo menos hasta las 22'30 no piso mi casa. Aquí estoy, encerrado en la sala de informática de la facultad, currando desde hace tres horas con el Spartan y mis amigas las moléculas...

Tres horas aguantando los grititos de emoción de la locaza del becario cada vez que le llaman o entra algún conocido suyo, de sus chorradas como "estoy súper enamorado" y demás. Y encima, mañana tengo que repetir, porque hoy no me da tiempo. Se jodió el plan de retomar hoy lo de la autoescuela (que ya viene oliendo desde hace casi año y medio), y ya veremos qué pasa mañana.
Encima, unas prácticas se solapan con otras, y siendo delegado, me parece que es evidente quién se va a comer el marrón de organizarlo todo. Por no hablar de la reunión a la que me han convocado...
¡¡¡¡AAAAAAAAAAAARRRGGGGGGGGHHHHHHHSSSSSSS!!!!
 
Pobre Mamerto...
He estado echando un vistazo al blog con mi hermana, y gracias a que una persona ajena a mi turbia mente es capaz de discernir con más facilidad la rallada de lo que no tiene por dónde cogerse, me he dado cuenta de que no ha quedado muy claro quién es Mamerto. Pues este es Mamerto:

Buenas noches.
 
Volviendo a empezar
Hace casi cinco días de mi primera excursión por un desierto. Los exámenes los terminé la semana pasada, pero esta ha sido terrible. No es que las próximas vayan a ser mejores, pero me pilló de sopetón. Tampoco era nada del otro mundo, pero tenía que entregar una práctica que me dio bastante guerra, y me estresé bastante.
Vaya, que tenía la cabeza un poco embotada, y me quedé en el primer sitio que pillé. El caso es que aquel desierto, no sé si sería la textura de la arena, o el olor que traía el viento (también influye que no me dejaba ni colgar enlaces). Por eso me he venido aquí.
De aquella excursión escribí algunas líneas. Quizás no sean fáciles de entender, pero es que yo no soy fácil de entender... Aquí van:


Martes, 15 de febrero de 2005
Cuando hace un rato me he cogido el taxi para el desierto del Sahara (¿o era el del Gobi?... Porque el del Atacama creo que no... Mierda, debí hacer caso a mi madre y traerme la cantimplora en vez del barril de Franziskaner), en medio de uno de esos ataques filósofico-espiritual-absurdos, todo lo de ser uno conmigo mismo, respirar la soledad, sentir el infinito ante mí, y tragar arena como el Tony en Alicante me parecía la solución a todos mis problemas. Pero nada más bajar del taxi, me he dado cuenta de que esto no va a poder ser exactamente así....
Como podéis suponer, un viaje en taxi sin paradas como este lo que te deja es con unas ganas de mear bastante considerables. Inocente de mí, me acerco a la primera duna que he pillado (mientras pensaba en el poco sentido que tenía esto), cuando oigo un ruidillo a mi espalda. Pensaba que era el taxista que quería propina, pero después de tenerme frito todo el viaje con sus cintas de Luixy Toledo, como que pasando, pero me giro y no había nadie. Así que seguía yo inmerso en el proceso de micción, y oigo una voz detrás...
- ¡Ey, tío puerco, usa el water como todo el mundo!
He mirado hacia abajo, y ahí estaba Mamerto. Ver a Mamerto ha hecho que se me corte la meada al momento, porque aparte de que los escorpiones me dan bastante repelús, no me podía creer lo que estaba viendo. ¡50 céntimos me querían cobrar en el McDonalds por entrar al meódromo! Como la situación era una emergencia, extendí un cheque al portador, y me quedé tan agusto.
Y a la salida, voy y me encuentro a Mamerto.
- ¿Qué? ¿Otro flipadillo con síndrome trascendental profundo?
- Eh... Uh... Yo...
- Pues cuidadito, no filosofes mucho, que otro se vino por aquí hace dieciséis siglos y la que se ha acabado liando ha sido fina. Ah, y a partir de las 12, nada de gritar, que molestas a los vecinos. Y eso no será cerveza... Que aquí tampoco se puede beber en la calle.


Y en el fondo, es que tiene razón el pobre Mamerto. Si lo único que quiero es soltar todo lo que me apetezca, ¿por qué no me compro un diario, o una escafandra antirradiación, y no torturo a estos pobres animalitos con mis sandeces, o como los Amigotes coincidirán conmigo, mis fotos (aunque alguien ya se ha encargado de esto)?
Obviamente, es una contradicción brutal (sí, sí, brutal, como las fuerzas gravitacionales o las aceleraciones de D. Luis Miguel Rivera Sarmiento).
Pues que se jodan. Sí, son ganas de llamar la atención, las cosas como son. De momento, voy a ir montando la tienda de campaña, que me temo que mañana espera un largo día...


Y así sucedió todo. Parece que ya estamos llegando... Sí. Es una lástima que el B1 no me cubra estos viajes, porque al final me voy a arruinar.
La verdad es que me encuentro cansado... Hoy no me apetece gritar, sólo sentir el viento, escuchar el silencio, y pasear bajo la mirada de las estrellas... Este momento de comunión casi mística es casi como
- ¡¡MIRA POR DÓNDE PISAS!!
- Ah, hola Mamerto. Debí imaginármelo. Un personaje secundario tan carismático como tú no podía desparecer por este pequeño problemilla técnico, supongo.
- Resulta bastante lamentable todo lo que estás montando para ser más cool que nadie. Esto es porque desde que compraste el móvil ya no puedes soltar tu dicurso antikapital, ¿verdad?
- Oye, me está viniendo bien venir por aquí. Mejor que un psicoanalista. Un par de charlas contigo más, y me sacas todos mis traumas infantiles a hostias...


Vaya mala baba gasta el cabronazo. Yo voy a seguir dando una vuelta, a ver si me despejo.