Absurda apoteosis
- Mierda.
Me he dormido en el búho (el bus nocturno). Joder. Me levanto. Miro. Estoy solo en el autobús. Fin de trayecto. ¿Por qué me he despertado? No ha habido un maldito ruido, nada que pudiera despertarme. Una mala señal. Quizás fuera esa la frontera de lo surrealista.
- Hola, buenas noches. Me he quedado dormido, me quería bajar en el polideportivo.
Sin problemas, esto ya ha pasado antes: damos la vuelta y me bajo donde toque.
- Uy, pues vas listo, majo.
Mierda. Un autobusero que me llama "majo".Mala señal.
- Voy para las cocheras así que...
- No me jodas.
- Hombre, andando no vas mal. Es todo recto.
- Vale, adios.
Todo recto, eso ya lo sé yo. Cabronazo.
Así que me dejo llevar por mis piernas. De todas formas, estoy mejor abajo que arriba. Mi cabeza empezaba a dar vueltas. Demasiada bedida, de nuevo. ¿Cuándo parenderé a controlarme? El paseo me despejará.
Cruzo la carretera. Suerte que ahora no viene nadie. Pero a la mínima luz, mejor esperar. No estoy en forma. Y cruzo.
Hasta ahora el camino está claro. Llego a una rotonda. Están contruyendo un piso. Y oigo un gallo que parece estar en la obra. ¿Qué haraá un gallo en una obra? De mi garganta, sin que pueda controlarlo, sale un ruido que intenta imitar el cacareo. Está destrozada, y el ruido puede ser cualquier cosa menos eso. Me pregunta qué demonios habrá entendido el autobusero.
Vaya, el parque. ¿Sigo por la calle o por el parque? Una idea cruza mi cabeza: ir por el parque será la mejor o lap eor decisión de mi vida. Menuda chorrada. Como mucho, será la peor, ¿pero la mejor? Al final me meto por el parque. Parece grande. Me sigo dejando llevar. La dirección sigue más o menos clara en mi cabeza. No se oye nada. Ni siquiera oigo el sonido de mis pies. Se oyen pájaros. Es lo único.
El parque es enorme. Voy por un paseo, con bancos de piedra. Me tumbo en uno. Supongo que para comprobar si estoy muy mal. Me levanto al cabo de medio minuto o mil años, a saber. Estoy bien. Mareado, pero bien. Sigamos.
Ese brillo es el lago. Es enorme. Todo es enorme. Hace años queno paso por aquí. Este sitio es increíble. Es triste que esté pasando por aqu´después de tanto tiempo por haberme quedado dormido. Antes veníade pequeño... Cuando esto era nuevo. Es que es un lago enorme, joder, para ser de un maldito barrio del sur.
Y ahora plantas trepadoras. Qué curiosas. Esto cada vez es más raro. Es una extraña sensación de calidez, de acogimiento... ¿Por qué me apetecería quedarme acurrucado el resto de la noche entre ellas? ¿Por qué no me importaría que una rama me atrapase ahora para siempre?
Mis piernas no opinan lo mismo. Siguen incansables. Llego a la explanada, cerca de donde David casi se abre la cabeza. Ayer estuvimos hablando de eso mismo. Y esta la caseta de los músicos. El Gazebo. Ni siquiera en este estado desparece la vena friki.
¿De dónde ha salido ese edificio tan enorme? Creo que me estoy desviando. Torciendo a la izquierda... Correcto, un puente que va por encima del velódromo. En caso de pérdida, siga por el velódromo. Clarísimo.
¿Y esa luz azul que brilla tanto? Da igual, me acabo de transformar en polilla, o en mosquito, o lo que sea. La luz es lo único que existe ahora. Salgo del camino, cruzo entre las hierbas. Tropiezo una y otra vez, pero no importa. Sólo está la luz. Y las cosas negras del suelo, pero no hay tiempo para comprobar qué son. Tengo que ir a la luz. Seguro que el camino está al otro lado, pero no importa.
Aparecen más luces, y el misterio se revela. Un maldito anuncio de coche. Y además esto empieza a ser conocido.
Sólo un pequeño paseo más.
El sonido de la llave introduciéndose en la cerradura del portal es el billete de vuelta a la realidad. Desde luego que ha sido una noche intensa. Pero este cierre, que no ha durado más de tres cuartos de hora, ha sido el colofón.
El tambaleante regreso a casa de un borracho se ha convertido en toda una experiencia. Absurda, claro. Y mis abotargados dedos, y la poca, poquísima lucidez que me queda, me han dejado escribir para que mañana me avergüence, y dentro de diez años... Quién sabe.
Pero esta era la idea, predicar en el desierto.
Me he dormido en el búho (el bus nocturno). Joder. Me levanto. Miro. Estoy solo en el autobús. Fin de trayecto. ¿Por qué me he despertado? No ha habido un maldito ruido, nada que pudiera despertarme. Una mala señal. Quizás fuera esa la frontera de lo surrealista.
- Hola, buenas noches. Me he quedado dormido, me quería bajar en el polideportivo.
Sin problemas, esto ya ha pasado antes: damos la vuelta y me bajo donde toque.
- Uy, pues vas listo, majo.
Mierda. Un autobusero que me llama "majo".Mala señal.
- Voy para las cocheras así que...
- No me jodas.
- Hombre, andando no vas mal. Es todo recto.
- Vale, adios.
Todo recto, eso ya lo sé yo. Cabronazo.
Así que me dejo llevar por mis piernas. De todas formas, estoy mejor abajo que arriba. Mi cabeza empezaba a dar vueltas. Demasiada bedida, de nuevo. ¿Cuándo parenderé a controlarme? El paseo me despejará.
Cruzo la carretera. Suerte que ahora no viene nadie. Pero a la mínima luz, mejor esperar. No estoy en forma. Y cruzo.
Hasta ahora el camino está claro. Llego a una rotonda. Están contruyendo un piso. Y oigo un gallo que parece estar en la obra. ¿Qué haraá un gallo en una obra? De mi garganta, sin que pueda controlarlo, sale un ruido que intenta imitar el cacareo. Está destrozada, y el ruido puede ser cualquier cosa menos eso. Me pregunta qué demonios habrá entendido el autobusero.
Vaya, el parque. ¿Sigo por la calle o por el parque? Una idea cruza mi cabeza: ir por el parque será la mejor o lap eor decisión de mi vida. Menuda chorrada. Como mucho, será la peor, ¿pero la mejor? Al final me meto por el parque. Parece grande. Me sigo dejando llevar. La dirección sigue más o menos clara en mi cabeza. No se oye nada. Ni siquiera oigo el sonido de mis pies. Se oyen pájaros. Es lo único.
El parque es enorme. Voy por un paseo, con bancos de piedra. Me tumbo en uno. Supongo que para comprobar si estoy muy mal. Me levanto al cabo de medio minuto o mil años, a saber. Estoy bien. Mareado, pero bien. Sigamos.
Ese brillo es el lago. Es enorme. Todo es enorme. Hace años queno paso por aquí. Este sitio es increíble. Es triste que esté pasando por aqu´después de tanto tiempo por haberme quedado dormido. Antes veníade pequeño... Cuando esto era nuevo. Es que es un lago enorme, joder, para ser de un maldito barrio del sur.
Y ahora plantas trepadoras. Qué curiosas. Esto cada vez es más raro. Es una extraña sensación de calidez, de acogimiento... ¿Por qué me apetecería quedarme acurrucado el resto de la noche entre ellas? ¿Por qué no me importaría que una rama me atrapase ahora para siempre?
Mis piernas no opinan lo mismo. Siguen incansables. Llego a la explanada, cerca de donde David casi se abre la cabeza. Ayer estuvimos hablando de eso mismo. Y esta la caseta de los músicos. El Gazebo. Ni siquiera en este estado desparece la vena friki.
¿De dónde ha salido ese edificio tan enorme? Creo que me estoy desviando. Torciendo a la izquierda... Correcto, un puente que va por encima del velódromo. En caso de pérdida, siga por el velódromo. Clarísimo.
¿Y esa luz azul que brilla tanto? Da igual, me acabo de transformar en polilla, o en mosquito, o lo que sea. La luz es lo único que existe ahora. Salgo del camino, cruzo entre las hierbas. Tropiezo una y otra vez, pero no importa. Sólo está la luz. Y las cosas negras del suelo, pero no hay tiempo para comprobar qué son. Tengo que ir a la luz. Seguro que el camino está al otro lado, pero no importa.
Aparecen más luces, y el misterio se revela. Un maldito anuncio de coche. Y además esto empieza a ser conocido.
Sólo un pequeño paseo más.
El sonido de la llave introduciéndose en la cerradura del portal es el billete de vuelta a la realidad. Desde luego que ha sido una noche intensa. Pero este cierre, que no ha durado más de tres cuartos de hora, ha sido el colofón.
El tambaleante regreso a casa de un borracho se ha convertido en toda una experiencia. Absurda, claro. Y mis abotargados dedos, y la poca, poquísima lucidez que me queda, me han dejado escribir para que mañana me avergüence, y dentro de diez años... Quién sabe.
Pero esta era la idea, predicar en el desierto.
Excreción mental (o una reflexión en bruto a las tantas de la noche)
Nota: esta nota la escribo una vez terminado el artículo. Soy consciente de que no se entiende una mierda. Estoy dormido, así que cualquier intento de que se entienda mejor tiene poco sentido.
No sé en qué momento todo empezó a girar. Despacio primero, pero cada vez más rápido. Ahora es un huracán, y yo estoy en el centro. Me refiero a mi vida. Un huracán donde todo se mezcla y la mirada no puede fijarse en nada: despertar, desayunar, correr, empujar, aprender, enseñar, beber, hablar, escuchar, reir, pensar, escribir, comer, olvidar.Y tanto, tanto tiempo libre tirado a la basura, en la barra de un bar o tirado en el sofá. Y el mínimo tiempo libre real que queda después., y el poco tiempo que falta para cualquier cosa.
Que todo gire rápido, que ningún sentimiento recién plantado dure lo suficiente: ni odio, ni amor, ni miedo, ni tristeza.
-:-
No sé cómo, pero he sido capaz de encontrar el remanso de paz dentro de todo este aparente caos, en el ojo del huracán, donde todo lo que acaba llegando es una pequeña brisa que te despeja la cara y te anima a seguir adelante.
Creo que mi pequeño secreto funciona. La felicidad no está en lograr objetivos (un Audi, una casa, unos hijos). Está en irla logrando en cada pasito que se da hacia él. Mis metas siguen ahí (un poquito más cerca), pero lo importante, y lo mejor, es que me encanta el camino que recorro. Cada nuevo día, me levanto con ganas de ver qué pasará hoy. Lo que venga mañana será otra cosa.
No sé en qué momento todo empezó a girar. Despacio primero, pero cada vez más rápido. Ahora es un huracán, y yo estoy en el centro. Me refiero a mi vida. Un huracán donde todo se mezcla y la mirada no puede fijarse en nada: despertar, desayunar, correr, empujar, aprender, enseñar, beber, hablar, escuchar, reir, pensar, escribir, comer, olvidar.Y tanto, tanto tiempo libre tirado a la basura, en la barra de un bar o tirado en el sofá. Y el mínimo tiempo libre real que queda después., y el poco tiempo que falta para cualquier cosa.
Que todo gire rápido, que ningún sentimiento recién plantado dure lo suficiente: ni odio, ni amor, ni miedo, ni tristeza.
-:-
No sé cómo, pero he sido capaz de encontrar el remanso de paz dentro de todo este aparente caos, en el ojo del huracán, donde todo lo que acaba llegando es una pequeña brisa que te despeja la cara y te anima a seguir adelante.
Creo que mi pequeño secreto funciona. La felicidad no está en lograr objetivos (un Audi, una casa, unos hijos). Está en irla logrando en cada pasito que se da hacia él. Mis metas siguen ahí (un poquito más cerca), pero lo importante, y lo mejor, es que me encanta el camino que recorro. Cada nuevo día, me levanto con ganas de ver qué pasará hoy. Lo que venga mañana será otra cosa.
Menuda semana...
Hace mucho que no escribo, pero tengo justificación... Esta semana ha sido ajetreadísima.
A la mañana siguiente después del concierto de Queen, tal y como dije, hicimos una convivencia todo el fin de semana con un grupo de quince chavales. Es decir, después de levantarme, con todo el cuerpo dolorido y un sueño brutal, arriba prontito a hacer la mochila para salir corriendo... Y encima se me olvidó preparar la comida.
De todas formas, mereció la pena. Ya lo creo. Aunque si ya llegué agotado, salí mucho peor. Cosas interesantes:
- Los juegos que hicimos por la tarde el sábado. Como llovía, tuvimos que suspender la marcha. Jugamos a mantearnos, a hacer una melée y que alguien trepara por encima del mogollón... Vamos, esos juegos que tu madre te dice que son de bestias, pero como somos monitores todo es bonito y precioso... Aunque alguno salió con una accidental patada en la boca...
- El juego nocturno. Increíble. Me lo pasé pipa. Un equipo eran los zombies y otro los humanos. Los humanos eran los más peques además. Les teníamos acojonaditos. Mientras otro monitor les contaba que la casa estaba embrujada, los demás se escondían y se pintaban la cara de verde. Al cabo de un rato, yo entraba tambaleando en la habitación y gimiendo... Tenían que encontrar los cuatro brazaletes de poder (cuatro pajitas de colores enrolladas...) escondidos por la casa y por la finca, mientras el equipo de los zombis les perseguía. Ah, aquí fue cuando me hice una raja en el único pantalón que me llevé, lo que causó que fuera enseñando todo el muslamen en el tren de vuelta. Yo creo que me quedo parado en el andén y me echan dinero.
- El Megaflau. Diooooooooos, la canción del verano. Nos cogemos de la cintura y nos ponemos en fila. La canción es (entre paréntesis, lo que íbamos haciendo mientras):
Megaflau (paso adelante)
Megaflau (paso adelante)
Megaflau (paso adelante)
Flau (paso adelante)
Flau (paso adelante)
Chumbi Chumbi Chumbi Chumbi (mientras movíamos la cintura a un lado y otro)
Estira de la flauta, estira de la flauta (movimientos pélvicos al más puto estilo Paquito el Chocolatero)
Pues así hasta llegar a los dormitorios.
Al día siguiente, en el tren, hubo representación espontánea por parte de los chavales del Megaflau a lo largo de todo el vagón, con vítores y aplausos de los viajeros.
- El escalabramiento nocturno. Normalmente, no suelen dar guerra por la noche y caen como benditos, pero madre mía, después del jueguecito estaban revolucionadísimos. Desde abajo se oían todos los ruidos, así que cuando les dio por sincronizarse para hacer ruido con los muelles, parecía que el techo se venía abajo. No terminó ahí, sino que al rato baja un chaval sangrando por la cabeza... No se les había ocurrido nada mejor que hacer una guerra de perchas de alambre. Menos mal que no pasó de un rasguño.
- Los juegos de Don Quijote. Preparamos una especie de ghymkana, en la que habíamos creado el curso CCC de caballeros andantes, dirigido por Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza. Don Quijote, un servidor, con un cacerolo en la cabeza, una armadura de cartón de embalar, y un palo de escoba por lanza. Sancho Panza detrás de mí, con dos envases de Danio haciendo el ruido de los cascos del caballo (sí, por si no os habíais dado cuenta, somos unos frikis). Lo primero, darles un nombre de caballero a cada chaval, que se hacía por sorteo: la primera papeleta era el nombre, la segunda un complemento: por ejemplo, El caballero + del Trueno, Don Rodrigo + El Fuerte, etc. Luego, un montón de pruebecitas represetando, algunas mejor que otras, las "hazañas" de Don Quijote, para al final darles un diploma de caballero y demás.
Me olvidaba del yonqui que encontramos a la ida. No tuvo desperdicio ningún momento (le tuve que decir que se cortara, que soltó que "estos llevarán porros y todo", cuando el mayor tiene 14 años, y les preguntó que si se hacían pajas...), pero especialmente, cuando dijo "Yo me bajo aquí, en el poblado de Pitis", y le suelta un chaval, de unos 11 años calculo. "¿Qué, a pillar?". Estos saben más...
Destrozaíto terminé, vamos. Lunes, martes y miércoles me quedé dormido. No podía con mi cuerpo...
Y esta semana, he empezado con los laboratorios de Orgánica, así que me espera un mes fino.
De todas formas, hoy por fin hemos terminado algo con lo que llevábamos mucho, mucho tiempo: la campaña de Ravenloft Festín de Goblyns. Sí, de un juego de rol para los que no sepan de que va. Año y medio llevábamos ya con ella. Jugamos de pascuas a ramos, y me gusta bastante extenderme en los detalles... Que den de sí las cosas.
El caso es que los seis valientes que han terminado hoy creo que están más que satisfechos con los resultados. Lo hemos pasado de vicio... Y hemos conseguido seguir en contacto, gracias a la tontería esta de tirar daditos y comer patatas fritas y beber cerveza.
Cuantas cosas, Jesús por Dios, a ver si le echo más tiempo a esto y escribo cosas chulas.
Por cierto, a los que estén interesados en temas de Ciencias, que estén atentos. Quiero escribir algunos artículos sobre dos campos que podemos considerar modernos, con la intención de que alguien que no tenga ni papa pueda entender un poquito de qué van.
A la mañana siguiente después del concierto de Queen, tal y como dije, hicimos una convivencia todo el fin de semana con un grupo de quince chavales. Es decir, después de levantarme, con todo el cuerpo dolorido y un sueño brutal, arriba prontito a hacer la mochila para salir corriendo... Y encima se me olvidó preparar la comida.
De todas formas, mereció la pena. Ya lo creo. Aunque si ya llegué agotado, salí mucho peor. Cosas interesantes:
- Los juegos que hicimos por la tarde el sábado. Como llovía, tuvimos que suspender la marcha. Jugamos a mantearnos, a hacer una melée y que alguien trepara por encima del mogollón... Vamos, esos juegos que tu madre te dice que son de bestias, pero como somos monitores todo es bonito y precioso... Aunque alguno salió con una accidental patada en la boca...
- El juego nocturno. Increíble. Me lo pasé pipa. Un equipo eran los zombies y otro los humanos. Los humanos eran los más peques además. Les teníamos acojonaditos. Mientras otro monitor les contaba que la casa estaba embrujada, los demás se escondían y se pintaban la cara de verde. Al cabo de un rato, yo entraba tambaleando en la habitación y gimiendo... Tenían que encontrar los cuatro brazaletes de poder (cuatro pajitas de colores enrolladas...) escondidos por la casa y por la finca, mientras el equipo de los zombis les perseguía. Ah, aquí fue cuando me hice una raja en el único pantalón que me llevé, lo que causó que fuera enseñando todo el muslamen en el tren de vuelta. Yo creo que me quedo parado en el andén y me echan dinero.
- El Megaflau. Diooooooooos, la canción del verano. Nos cogemos de la cintura y nos ponemos en fila. La canción es (entre paréntesis, lo que íbamos haciendo mientras):
Megaflau (paso adelante)
Megaflau (paso adelante)
Megaflau (paso adelante)
Flau (paso adelante)
Flau (paso adelante)
Chumbi Chumbi Chumbi Chumbi (mientras movíamos la cintura a un lado y otro)
Estira de la flauta, estira de la flauta (movimientos pélvicos al más puto estilo Paquito el Chocolatero)
Pues así hasta llegar a los dormitorios.
Al día siguiente, en el tren, hubo representación espontánea por parte de los chavales del Megaflau a lo largo de todo el vagón, con vítores y aplausos de los viajeros.
- El escalabramiento nocturno. Normalmente, no suelen dar guerra por la noche y caen como benditos, pero madre mía, después del jueguecito estaban revolucionadísimos. Desde abajo se oían todos los ruidos, así que cuando les dio por sincronizarse para hacer ruido con los muelles, parecía que el techo se venía abajo. No terminó ahí, sino que al rato baja un chaval sangrando por la cabeza... No se les había ocurrido nada mejor que hacer una guerra de perchas de alambre. Menos mal que no pasó de un rasguño.
- Los juegos de Don Quijote. Preparamos una especie de ghymkana, en la que habíamos creado el curso CCC de caballeros andantes, dirigido por Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza. Don Quijote, un servidor, con un cacerolo en la cabeza, una armadura de cartón de embalar, y un palo de escoba por lanza. Sancho Panza detrás de mí, con dos envases de Danio haciendo el ruido de los cascos del caballo (sí, por si no os habíais dado cuenta, somos unos frikis). Lo primero, darles un nombre de caballero a cada chaval, que se hacía por sorteo: la primera papeleta era el nombre, la segunda un complemento: por ejemplo, El caballero + del Trueno, Don Rodrigo + El Fuerte, etc. Luego, un montón de pruebecitas represetando, algunas mejor que otras, las "hazañas" de Don Quijote, para al final darles un diploma de caballero y demás.
Me olvidaba del yonqui que encontramos a la ida. No tuvo desperdicio ningún momento (le tuve que decir que se cortara, que soltó que "estos llevarán porros y todo", cuando el mayor tiene 14 años, y les preguntó que si se hacían pajas...), pero especialmente, cuando dijo "Yo me bajo aquí, en el poblado de Pitis", y le suelta un chaval, de unos 11 años calculo. "¿Qué, a pillar?". Estos saben más...
Destrozaíto terminé, vamos. Lunes, martes y miércoles me quedé dormido. No podía con mi cuerpo...
Y esta semana, he empezado con los laboratorios de Orgánica, así que me espera un mes fino.
De todas formas, hoy por fin hemos terminado algo con lo que llevábamos mucho, mucho tiempo: la campaña de Ravenloft Festín de Goblyns. Sí, de un juego de rol para los que no sepan de que va. Año y medio llevábamos ya con ella. Jugamos de pascuas a ramos, y me gusta bastante extenderme en los detalles... Que den de sí las cosas.
El caso es que los seis valientes que han terminado hoy creo que están más que satisfechos con los resultados. Lo hemos pasado de vicio... Y hemos conseguido seguir en contacto, gracias a la tontería esta de tirar daditos y comer patatas fritas y beber cerveza.
Cuantas cosas, Jesús por Dios, a ver si le echo más tiempo a esto y escribo cosas chulas.
Por cierto, a los que estén interesados en temas de Ciencias, que estén atentos. Quiero escribir algunos artículos sobre dos campos que podemos considerar modernos, con la intención de que alguien que no tenga ni papa pueda entender un poquito de qué van.
Dios salve a la Reina
Increíble. Quién iba a decir que 19 años después de su último concierto, con sólo dos componentes de la formación inicial, y por supuesto, sin el grandioso y absolutamente inigualable Freddie Mercury, Queen iban a sonar tan bien.
Roger Taylor y Brian May, batería y guitarrista respectivamente, siguen inreíbles de forma. Y lo que es todavía más increíble, siguen teniendo una voz envidiable.
El nuevo cantante, Paul Rogders, mantiene el tipo más que bien. Está clarísimo que las comparaciones son inevitables (no han sido pocas las veces que hemos coreado el nombre de Freddie). El tío ha tomado una actitud que me parece bastante acertada: se comporta como si llevara ahí toda la vida, y no ha pretendido copiar a su predecesor (sería ridículo intentarlo), sino que demuestra que tiene un estilo propio, sin desmarcarse demasiado de lo que ya había antes.
Me temo que esto es todo por hoy, que mañana me voy de excursión a la sierra... Si a la vuelta estoy con ganas, completaré la crónica y escribiré sobre alguna cosilla más que tengo pendiente.
Roger Taylor y Brian May, batería y guitarrista respectivamente, siguen inreíbles de forma. Y lo que es todavía más increíble, siguen teniendo una voz envidiable.
El nuevo cantante, Paul Rogders, mantiene el tipo más que bien. Está clarísimo que las comparaciones son inevitables (no han sido pocas las veces que hemos coreado el nombre de Freddie). El tío ha tomado una actitud que me parece bastante acertada: se comporta como si llevara ahí toda la vida, y no ha pretendido copiar a su predecesor (sería ridículo intentarlo), sino que demuestra que tiene un estilo propio, sin desmarcarse demasiado de lo que ya había antes.
Me temo que esto es todo por hoy, que mañana me voy de excursión a la sierra... Si a la vuelta estoy con ganas, completaré la crónica y escribiré sobre alguna cosilla más que tengo pendiente.





