N15
No sé por qué me empeño en salir, si a mí lo que me gusta es volver. El N15, ese autobús repleto de experiencias, donde cada noche es una aventura.
Y hoy tocaba. Después del infumable "carnaval" del Carlinhos Brown (al principio bien pero cuando la carroza estaba a 300 metros de nosotros... pues como que no), nos hemos ido de jevorreo al Diplodocus y a Argüelles (con una parada en el Carril Bus y su correspondiente suministro de absenta y tequila). Tampoco nada notable, jajotas y demás (excepto conocer al Román, un tío guay).
Pues nada, son las 3'15, sin fuentes económicas, así que toca recogerse. Búho a Cibeles, y el Lllongue, Cañi y yo nos subimos al (petadísimo) N15. No tardo mucho en hacerle un comentario a unos desfasaos que venían cerca, acerca de Rubén y su camiseta gayetera (les había oído un par de coñas en la cola del bus y m amigo el alcojolazo me sugirió que sería una buena idea hacer referencia a dicha broma). Empiezan los despropósitos. Que si soy el puto amo, que si "¡Rubéen, Rubén, Rubén, Rubéeeeen!" (con "música" de Oeee oee oee oeee). Rubén era uno de los colegas (tres tío y una tía) que hace mucho se compró una camiseta en "Júpiter" (una tienda al parecer, enfrente de Salones President, hoy desparecidos, en Marcelo Usera). Resulta que hacían 2x1 y cogió otra que pilló yse piró. Sus colegas decían que era unacamiseta muy gay (gayetera, para ser precisos), y a cebarse con él. Su descojone se unió al nuestro, y Rubén se ha hecho unpasede moedlos por medio bule, nosotros por el suelo arrodillados ante él, etc.
Es decir, media hora descojonados, siete personas (4+3), que el ¿azar? les ha unido en el maravilloso N15 para compartir experiencias.
No sé cómo mierdas lo hago para que me pasen cosas tan absurdas, pero mi vida no sería lo mismo si no me pasaran estupideces como esta.
Y hoy tocaba. Después del infumable "carnaval" del Carlinhos Brown (al principio bien pero cuando la carroza estaba a 300 metros de nosotros... pues como que no), nos hemos ido de jevorreo al Diplodocus y a Argüelles (con una parada en el Carril Bus y su correspondiente suministro de absenta y tequila). Tampoco nada notable, jajotas y demás (excepto conocer al Román, un tío guay).
Pues nada, son las 3'15, sin fuentes económicas, así que toca recogerse. Búho a Cibeles, y el Lllongue, Cañi y yo nos subimos al (petadísimo) N15. No tardo mucho en hacerle un comentario a unos desfasaos que venían cerca, acerca de Rubén y su camiseta gayetera (les había oído un par de coñas en la cola del bus y m amigo el alcojolazo me sugirió que sería una buena idea hacer referencia a dicha broma). Empiezan los despropósitos. Que si soy el puto amo, que si "¡Rubéen, Rubén, Rubén, Rubéeeeen!" (con "música" de Oeee oee oee oeee). Rubén era uno de los colegas (tres tío y una tía) que hace mucho se compró una camiseta en "Júpiter" (una tienda al parecer, enfrente de Salones President, hoy desparecidos, en Marcelo Usera). Resulta que hacían 2x1 y cogió otra que pilló yse piró. Sus colegas decían que era unacamiseta muy gay (gayetera, para ser precisos), y a cebarse con él. Su descojone se unió al nuestro, y Rubén se ha hecho unpasede moedlos por medio bule, nosotros por el suelo arrodillados ante él, etc.
Es decir, media hora descojonados, siete personas (4+3), que el ¿azar? les ha unido en el maravilloso N15 para compartir experiencias.
No sé cómo mierdas lo hago para que me pasen cosas tan absurdas, pero mi vida no sería lo mismo si no me pasaran estupideces como esta.
No entiendo
Hay cosas que soy incapaz de entender. Y es que llevo dos días que no entiendo nada. No, no me refiero al ciclo de Calvin ni al conjunto de Mandelbrot, que me llevan trayendo de cabeza unos días. Me refiero a los comentarios, opiniones, etc. vertidos por ciertas personas en torno a un tema concreto: el matrimonio homosexual. Me corrijo para no herir los sentimientos de ciertos posibles lectores: la equiparación "las uniones de personas del mismo sexo con el matrimonio" (extraído del manifiesto de la manifestación del 18 de Junio convocada por el Foro de la Familia).
La primera cosa que me chocó fue la declaración de Ángel Acebes: que no están contra los homosexuales, sino contra la dichosa ley. Es para descojonarse. Pues venga, ya puesto, yo no estoy contra los viejos, pero que les quiten la pensión que son un gasto para el Estado (ya podían hacer como los esquimales, los muy cabrones), o que no estoy en contra de la Iglesia pero que el Estado no le dé ni un pavo. Estar a favor de una ley que perjudica a alguien de forma objetiva es estar en su contra. Lo que pasa es que la factura política que les supondría dar su verdadera opinión sería demasiado caro, me temo.
Lo segundo, que es lo que más tiempo me lleva ocupando la mente, es el argumento de que es algo "antinatural" o "contranatura". Definamos naturaleza. Ahí es donde yo veo el problema. Si naturaleza se refiere al sentido biológico, es un argumento ridículo. No hay nada más antinatural que el propio ser humano. El el único ser que piensa, que adapta el entorno a sí mismo en lugar de adaptarse a él, que sigue pautas evolutivas diferentes (apareamiento entre sujetos que no son los más aptos, supervivencia de su individuos con fenotipos inadecuados y mantenimiento de mutaciones perniciosas, etc.), que tiene un lenguaje elaborado capaz de plantear ideas abstractas, y así hasta que nos aburramos. Y ser homosexual es ser una aberración contra natura...
Si naturaleza se refiere a naturaleza humana, el problema es diferente. Esto entra en el campo de la filosofía y del criterio personal, por lo que es un argumento que cae rápidamente en lo ambiguo y lo relativo... Y quererlo dotar de objetividad implica absolutismo e intolerancia. ¿Por qué tiene que ser mi naturaleza casarme y tener hijos, o cualquier otra cosa que nadie pretenda imponerme?
Hago un inciso para matizar que con esto no pretendo decir que no me parezca lícito (es más, me parece un deber civil) el manifestarse en contra de lo que a uno le parezca moralmente inadmisible. Vuelvo al principio; los argumentos que se dan desde la oposición a los matrimonios homosexuales me alucinan por completo. Y lo que me parece alucinante en este aspecto es pensar que la existencia de modelos diferentes de convivencia (por si acaso decir "familias" es ofensivo) pise los derechos propios.
Una definición muy graciosa de naturaleza me la he encontrado en el diccionario de la RAE:
2. f. En teología, estado natural del hombre, por oposición al estado de gracia. El bautismo nos hace pasar del estado de la naturaleza al estado de gracia.
Espero que no sea esta la naturaleza de la que se habla...
Me intriga, de todas formas, como consiguen encajar en sus conmplicados puzzles mentales la forma de vida de los sacerdotes es algo que me sorprende.
Y, de momento, el último argumento que me deja de piedra: sí a la libertad. Me parto la caja. ¿Libertad para imponer el criterio propio sobre los demás? ¿Para impedir la concesión de derechos a cierto sector social?
Alucino.
La primera cosa que me chocó fue la declaración de Ángel Acebes: que no están contra los homosexuales, sino contra la dichosa ley. Es para descojonarse. Pues venga, ya puesto, yo no estoy contra los viejos, pero que les quiten la pensión que son un gasto para el Estado (ya podían hacer como los esquimales, los muy cabrones), o que no estoy en contra de la Iglesia pero que el Estado no le dé ni un pavo. Estar a favor de una ley que perjudica a alguien de forma objetiva es estar en su contra. Lo que pasa es que la factura política que les supondría dar su verdadera opinión sería demasiado caro, me temo.
Lo segundo, que es lo que más tiempo me lleva ocupando la mente, es el argumento de que es algo "antinatural" o "contranatura". Definamos naturaleza. Ahí es donde yo veo el problema. Si naturaleza se refiere al sentido biológico, es un argumento ridículo. No hay nada más antinatural que el propio ser humano. El el único ser que piensa, que adapta el entorno a sí mismo en lugar de adaptarse a él, que sigue pautas evolutivas diferentes (apareamiento entre sujetos que no son los más aptos, supervivencia de su individuos con fenotipos inadecuados y mantenimiento de mutaciones perniciosas, etc.), que tiene un lenguaje elaborado capaz de plantear ideas abstractas, y así hasta que nos aburramos. Y ser homosexual es ser una aberración contra natura...
Si naturaleza se refiere a naturaleza humana, el problema es diferente. Esto entra en el campo de la filosofía y del criterio personal, por lo que es un argumento que cae rápidamente en lo ambiguo y lo relativo... Y quererlo dotar de objetividad implica absolutismo e intolerancia. ¿Por qué tiene que ser mi naturaleza casarme y tener hijos, o cualquier otra cosa que nadie pretenda imponerme?
Hago un inciso para matizar que con esto no pretendo decir que no me parezca lícito (es más, me parece un deber civil) el manifestarse en contra de lo que a uno le parezca moralmente inadmisible. Vuelvo al principio; los argumentos que se dan desde la oposición a los matrimonios homosexuales me alucinan por completo. Y lo que me parece alucinante en este aspecto es pensar que la existencia de modelos diferentes de convivencia (por si acaso decir "familias" es ofensivo) pise los derechos propios.
Una definición muy graciosa de naturaleza me la he encontrado en el diccionario de la RAE:
2. f. En teología, estado natural del hombre, por oposición al estado de gracia. El bautismo nos hace pasar del estado de la naturaleza al estado de gracia.
Espero que no sea esta la naturaleza de la que se habla...
Me intriga, de todas formas, como consiguen encajar en sus conmplicados puzzles mentales la forma de vida de los sacerdotes es algo que me sorprende.
Y, de momento, el último argumento que me deja de piedra: sí a la libertad. Me parto la caja. ¿Libertad para imponer el criterio propio sobre los demás? ¿Para impedir la concesión de derechos a cierto sector social?
Alucino.





