Dos escenas (con fondo blanco)
Las personas somos bastante curiosas. Hay momentos en los que aplaudiría un "Proyecto Manhattan 2" y nos fuéramos todos al carajo de una vez, y otros en los que cogería un cesto con pétalos de rosas, para celebrar lo maravillosa que es la Humanidad.
Hoy he vivido dos escenas totalmente diferentes, que me han hecho sentir de ambas maneras, y en menos de dos horas. La causa de ambas, la misma: la nieve.
La primera escena comenzaba en la estación de Méndez Álvaro, a las 8'40 de la mañana. Según subo las escaleras mecánicas, ya empieza a oler mal: demasiada gente. La nieve está causando retrasos de casi una hora en los trenes. En el panel de información aparecen de repente unos signos que causan que todos nos dirijamos hacia el andén: el tren llegará en cuatro minutos.
Varios tiritones y castañeteos de dientes después, el tren aparece. Es uno de esos grandes, de dos pisos. Por lo menos, ha habido suerte. La gente empieza a pasar, y se va llenando. A los del final, nos toca quedarnos en la entrada, entre los dos pisos, totalmente aplastados unos contra otros. El tren arranca. Llegamos a Atocha. Empujones y gritos de la gente que quiere entrar. Les decimos que se tranquilicen, que no nos podemos mover. Según dicen los de fuera, los pisos de arriba y de abajo están vacíos, y lo estaban viendo por las ventanas. Nosotros ni idea, claro. Al cabo de un rato de gritos y cabreos, la gente ha empezado a colaborar, y nos hemos movido para que entre más gente. Y efectivamente: no es que los pasillos estuvieran vacíos, es que incluso había asientos vacíos. Y había gente que todavía se negaba a subir para dejar espacio. Al final, con todo el personal bastante crispado el tren se ha marchado... Después de estar media hora parados.
La segunda escena, comienza a la llegada al Campus, que sin duda es una de las mejores cosas que tiene la Autónoma de Madrid: césped, césped, y más césped. Todo completamente cubierto de nieve. Yo no era el único sorprendido. Armados con bolas de nieve y móviles con cámara digital, hordas de señores universitarios lo pasaban en grande, como si fueran niños. Así estaba muriéndome yo de la envidia, cuando he visto un par de caras conocidas, y tirando la carpeta a un lado, me he lanzado a la batalla.
Ha sido sólo media hora, pero media hora como hacía mucho tiempo que no pasaba. Jugando por jugar, sin importarnos que los apuntes se estuvieran empapando, o que mañana fuéramos a estar todos a base de aspirinas... Como tener diez años otra vez.
Agarrarse a estas pequeñas cosas es mi pequeño escape de la rutina... Como decía Mary Poppins, "con un poco de azúcar la píldora que os dan pasará mejor", y ya que nos hacen comulgar con ruedas de molino día tras día, me parece la mejor opción.
Hoy he vivido dos escenas totalmente diferentes, que me han hecho sentir de ambas maneras, y en menos de dos horas. La causa de ambas, la misma: la nieve.
La primera escena comenzaba en la estación de Méndez Álvaro, a las 8'40 de la mañana. Según subo las escaleras mecánicas, ya empieza a oler mal: demasiada gente. La nieve está causando retrasos de casi una hora en los trenes. En el panel de información aparecen de repente unos signos que causan que todos nos dirijamos hacia el andén: el tren llegará en cuatro minutos.
Varios tiritones y castañeteos de dientes después, el tren aparece. Es uno de esos grandes, de dos pisos. Por lo menos, ha habido suerte. La gente empieza a pasar, y se va llenando. A los del final, nos toca quedarnos en la entrada, entre los dos pisos, totalmente aplastados unos contra otros. El tren arranca. Llegamos a Atocha. Empujones y gritos de la gente que quiere entrar. Les decimos que se tranquilicen, que no nos podemos mover. Según dicen los de fuera, los pisos de arriba y de abajo están vacíos, y lo estaban viendo por las ventanas. Nosotros ni idea, claro. Al cabo de un rato de gritos y cabreos, la gente ha empezado a colaborar, y nos hemos movido para que entre más gente. Y efectivamente: no es que los pasillos estuvieran vacíos, es que incluso había asientos vacíos. Y había gente que todavía se negaba a subir para dejar espacio. Al final, con todo el personal bastante crispado el tren se ha marchado... Después de estar media hora parados.
La segunda escena, comienza a la llegada al Campus, que sin duda es una de las mejores cosas que tiene la Autónoma de Madrid: césped, césped, y más césped. Todo completamente cubierto de nieve. Yo no era el único sorprendido. Armados con bolas de nieve y móviles con cámara digital, hordas de señores universitarios lo pasaban en grande, como si fueran niños. Así estaba muriéndome yo de la envidia, cuando he visto un par de caras conocidas, y tirando la carpeta a un lado, me he lanzado a la batalla.
Ha sido sólo media hora, pero media hora como hacía mucho tiempo que no pasaba. Jugando por jugar, sin importarnos que los apuntes se estuvieran empapando, o que mañana fuéramos a estar todos a base de aspirinas... Como tener diez años otra vez.
Agarrarse a estas pequeñas cosas es mi pequeño escape de la rutina... Como decía Mary Poppins, "con un poco de azúcar la píldora que os dan pasará mejor", y ya que nos hacen comulgar con ruedas de molino día tras día, me parece la mejor opción.
Comentario:
Ei!!!! tu a ver que pildoras te tomas tu...
Yo para leerme los articulos del blog quiero tomarme la misma pildora que tu cuando los escribes para estar en igualdad de condiciones...
Yo para leerme los articulos del blog quiero tomarme la misma pildora que tu cuando los escribes para estar en igualdad de condiciones...





