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Destinada a soñar...
Acerca de
Elisabet, catalana, 21 años... Volví tras un año con nuevas historias, bueno recuerdos, y mejores experiencias. Porque con 21 años todo se ve diferentes, estoy creciendo aún!
Sindicación
 
El viejo chifaldo del puerto...
Un día en la playa, en plena noche me senté bajo las estrellas. Después de viajar hacia un mundo que me alejaba de todo pensamiento que me producía dolor, llegó un anciano y se sentó a mi lado.

- - Chiquilla, alguna vez pensaste porque en ese justo momento brilló esa estrella de ahí arriba? y ahora aquella? Y la siguiente? Quien las mueve a brillar?

El anciano me dejó sorprendida, lo suficiente para no preguntarme quien era ese hombre que había conseguido desviarme de lo único que me quedaba para unirme a ti y así olvidar de repente todos mis pensamientos.

Sin ningún tipo de desconfianza hacia él, le dije la verdad.

- No, nunca me paré a pensar en ello. Pero si ahora me va a decir que es Dios, quiero que sepa que desde hace un tiempo no creo en él y no lo haré jamás…

- No, no es Dios, es algo mucho más poderoso que eso.

- Si… ya!

En ese momento sólo se me ocurrió en que ese hombre era el típico borracho, o chalado, como yo, que no tiene nada mejor que hacer que estar en pleno invierno y en plena noche en la playa. Así que de esa manera, aunque creí que lo que me iba a decir iba a ser la mayor tontería que se podía escuchar en ese instante, sentí lástima por él y le dejé continuar con su explicación.

- Porque estás tan enojada con él? Que hizo para merecer tal desprecio?

- No creo que sea la mejor ocasión para contarle esto a un desconocido. No se moleste, pero no suelo contar mis intimidades a aquellos que se sientan a mi lado una noche cualquiera.

- No me vea como un desconocido, quizás seré la persona que te hará creer que puedes seguir viviendo alejada de esta oscuridad y de este mar. Simplemente déjame escucharte, creo que lo necesitas.

- No gracias, es que no lo necesito! – Le dije ofendida y defendiendo mi intimidad. ¿Quién se había creído que era para decirme todo aquello?

- Bueno, vale. Aunque no me acabo de creer que una muchacha como tu ande por aquí sola sin motivo alguno de tristeza. Pero no importa. Si me permites me sentaré a tu lado y me quedaré callado mirando al cielo. Te parece?

Afirmé con la cabeza mientras volvía a sentir lastima por él. Quizás solo quiere hablar con alguien porque está solo. ¿Qué hay de malo en contar algo a alguien al que no veré nunca más? Fueron varios intensos minutos de silencio antes de pronunciar dolorosas palabras.

- - Mi madre murió hace cosa de unos tres días. No nos dio tiempo a reaccionar, enfermó un día y al siguiente se fue. La echo mucho de menos y la playa es el único lugar tranquilo en el que puedo llorar en silencio sin destrozar a los demás con mi sufrimiento. Es difícil sentirse fuerte cada día, llegar con una sonrisa al corazón de todos mientras el tuyo se deshace en pedazos. Se me hace un mundo no tenerla a mi lado. Pero aquí todo es distinto, es como si cada ola murmurara mi nombre en los labios de mi madre, el viento me hace sentir como si ella me acunara y abrazara recordando mi infancia con ella. Y aquí es el único sitio donde creo que ella sigue a mi lado, protegiéndome; es donde le vuelvo a decir de nuevo lo mucho que la quiero y sobretodo le chillo todo lo que me quedo por decirle.

No pude seguir hablando, rompí a llorar amargamente. Me acurruqué sobre mis rodillas, y me tapé la cara, incluso tenía la sensación de ahogarme, me faltaba el aire.

El anciano me acercó un pañuelo, me abrazó y se quedó en silencio con la esperanza de seguir escuchándome.

- - ¿Porque no me dice nada? ¿Porque no es como los demás? Quiero oír que mi madre me estará mirando desde el cielo, que mi madre me protegerá, que ella quiere que yo siga adelante, que soy fuerte… quiero oírlo!

El anciano siguió en silencio unos minutos y cuando me empecé a calmar me miró, me sonrió y dijo:

- - Aún quieres escuchar mi teoría sobre el porque brillan las estrellas?

Realmente estaba loco. Quería era huir de allí. Con todo lo que me había costado decir todo aquello que días antes nadie escuchó, que sólo le expliqué a él, y ¿lo despreciaba con una teoría como esa? Pero antes de mostrarle mi desprecio, él siguió.

- - Te ayudará saber que tu madre sigue entre nosotros. Quizás no en cuerpo, pero si en energía. Ésta nunca desaparece sino que se transforma. Todos aquellos pensamientos que creamos se transforman en una fuerza que algún sitio debe ir a parar. ¿Que crees que pasó con la energía que mantenía viva a tu madre?

- - ¿La energía de mi madre? Yo que sé… – le dije con despreció. Estoy abriendo mis sentimientos hacia alguien desconocido que habla de energía. Vivo sola, muy sola. – Mi madre se consumió rápidamente, la energía se evaporizó, se esfumo. Ella desapareció, no está aquí, no lo entiendes???!!

- - Si lo entiendo, te he escuchado y creo saber lo que sientes. Ahora deja que sea yo el que hable… Yo creo que todas aquellas estrellas que brillan constantemente, sin razón ni orden ninguno, lo hacen porque alguien les manda esa energía que necesitan, y creo también que solo nuestros ojos captan la que va dirigida hacía nosotros. Cada destello es la comunicación de la energía, de aquellas personas a las que ya no tenemos a nuestro lado, presentes o no en nuestro día a día; con nuestras mentes. Es como una señal que nos dice que aún están ahí y que cada noche volverán a salir y volverán a brillar para cada uno de nosotros. Ellas solo esperan a que tú las observes brillar. Ese es el único fin de las estrellas, el hacerte seguir vivo noche tras noche para que puedas comprobar que hay gente que piensa y muere por ti.

Se creo de nuevo el silencio. No supe que decir ni que contestar, me quedé perpleja.

- - Tú me contaste tu motivo para estar aquí, deja que te cuente yo el mío. Vengo desde hace mucho tiempo atrás para contar cada noche cuantas estrellas he visto brillar. Soy un anciano, he perdido mucha gente en el camino, sobretodo seres muy queridos como mi mujer y mis hijos, pero creo que aún están ahí, y simplemente cuento los destellos. La semana en que venga y ninguna de ellas destelle para mí, esa semana, será mi fin. Tampoco creo en Dios, solo en las estrellas. Creo que si esa energía se acaba transformando en vida para mí, cuando no haya más energía deberé morir para transmitirle a los demás los destellos para poder vivir. Por eso estoy aquí, para saber cuando llega mi fin.

El viejo se levantó, me dio un beso en la mejilla y me dijo: cuenta hoy las estrellas, mañana una más brillará por ti. Me quedé pensando en todo aquello y cansada de contar estrellas me dormí. Al día siguiente en los periódicos se leía el titular: <>.

Estaba segura que aquel viejo era mi anciano. Al atardecer fui corriendo a la playa y conté las estrellas. Una más que ayer… una más que ayer.

Solo pude decir: gracias por hacerme sentir que mi madre sigue aquí!