EDITORIAL
("Cómo explicar a los chicos y chicas que supuestamente nunca aprenden esto que, más adelante, el camino se ensancha y que el aire es límpido; que en este gran mundo hay muchos otros mundos donde nuestra exigencia es legítima." Emily Dickinson).
Esta es la tercera vez que intento escribir este editorial. Y es "aquí y ahora" cuando me siento capaz. Hace un poco más de dos años, casi cinco, que tuve un sentimiento revelador sobre mi propia sexualidaad y la relación que existía entre el mundo y yo (y viceversa). Sentía odio hacia el sexo con el que había nacido. Mi pene simbolizaba el estandarte solar de la creación y la base de este mundo machista y patriarcal, cosa que rechazo. Buscaba una referencia en la que apoyarme para poder encontrar el lugar y las palabras adecuadas para posicionarme dentro y fuera de mí. Es extraño saber lo que se siente, pero no encontrar ni el lugar ni las palabras adecuadas para, no sólo definirme, sino poder ser "lo" que soy.
La referencia heterosexual no me valía. Llevaba años siendo heterosexual, sintiéndome incompleto y pensando que podía ser gay. Pero no lo era. Para mí era obvio. A lo largo de mi vida me había enamorado de hombres y de mujeres. Elegir ser hetero o gay me dejaba incompleto. Los heterosexuales compulsivos tienen miedo de que la base de su existencia se tambalee y rechazan toda forma sexual que no sea la suya. Hoy en dia la toleran (pero tolerar implica establecer la jerarquía entre quien tolera y quienes son tolerados). En el lado opuesto, la homosexualidad compulsiva tiende a utilizar las mismas estrategias de defensa y parece sentirse amenazada por nuevas formas de sentir. Ambas asientan sus bases en la práctica sexual que nada tiene que ver con la identidad (que no es otra cosas que "mi manera de sentir").
Cuando no encuentras tu sitio en ninguna de las "sociedades" te ves obligado a desarrollar tus propias referencias. El mundo es una especie de "cubo de Rubick" que tienes que girar y girar hasta encontrar tu color, porque las bases de tu identidad se hayan ocultas. Foucault parece no equivocarse cuando dice que la identidad tiene un constructo social, cuando tiene referencias. Cuando las debes crear... ¿Qué ocurre cuando las debes crear? Muchas nos hemos visto en esas. Las feministas tuvieron que deconstruir los roles y resignificarlos, las lesbianas se vistieron de hombres y se hicieron butch, los gays se pusieron las plumas y yo decidí vestir falda y dibujar lineas de color sobre mis ojos. En palabras de Judith Butler,en clara sintonía con las estratejias "camp", me performé. Y ¿qué implicaba esa falda? Con la falda acababa con todo rastro de masculinidad y la necesidad de cortar mi sexo al que solo odiaba por su significado, no porque me sintiera mujer. Por fin mostraba al mundo lo que era: ambiguo; ni hetero vicioso, ni gay reprimido. Con este el simple gesto de vestir una falda y pintarme un ojo estaba creando un canal nuevo de comunicación entre el mundo y yo. No era uniformarme, sino la necesidad de situarme. La identidad sexual esta fuera del sexo físico, necesita performarse y, para ello, deconstruir el entorno y resignificarlo, moldearlo en nuevas formas, sin la necesidad de obviar las ya existentes.
Como crítica a mi entorno la ausencia de apoyo moral e intelectual y la presencia constante de la duda (que con el tiempo percibo que yo mismo pude ayudar a suscitar). Esas dudas que yo mismo tenía de mi mismo surgían de la falta de referencias, de la falta de una realidad ya creada para mi manera de sentir. Las señales que me llegaban eran la de la obligación de elegir entre hetero u homo y, sobre todo, la de la práctica de una sexualidad definida. Se hace imposible no perder toda credibilidad cuando, además, amas a alguien del sexo contrario, cuando tienes una relación heterosexual Lo que nadie sabe es que ser bisexual no implica (menos mal) estar follando con hombres y mujeres constantemente o tener trimonios como única forma posible de relación amorosa o la ausencia misma de esta. Todo era muy cansado, nadie me entendía. Pero poco a poco se fue diluyendo la necesidad de explicar y demostrar (sobre todo cuando tienes el apoyo y el entendimiento de tu pareja, que es quien realmente necesitas que te acepte y comprenda). Esto pasaba al mismo tiempo que empezaba a confiar en mis propios sentimiento y en aceptar que éstos eran reales y me daban las fuerzas necesarias para quererme y sentirme orgulloso y seguro de ser "lo" que soy.
Por esta razón (y en respuesta a muchas personas que no entienden mi interés por estas formas de sentir y ser) me siento más cerca de transexuales y transgéneros, cuyas referencias para situarse en el mundo están en la confianza en sus sentimientos y en la creación de nuevas formas, diferentes y particulares formas de resignificación. Ser bisexual es poder enamorarse de cualquier ser humano (más allá de el sexo físico); es ser libre y estar abierto a todo tipo de relaciones; es poder amar y querer a cualquier persona.
Por eso surgió desviadas, para llamar la atención, para comenzar a moldear al mundo en la incansable búsqueda de ser entendido. El arco iris desapareció en el cielo por un tiempo y después de muchas vueltas en la centrifugadora mental aparece este número de desviadas. Lo que empezó como un proyecto colectivo, continúa como un solitario grito de libertad personal. Este fanzine es así y contiene los artículos que contiene para recordarle a la gente que los juicios de valor y las opiniones personales no pueden estar por encima de las experiencias personales y los sentimientos; que sigue habiendo gente que necesita nuestro apoyo incondicional (del conjunto de "degenerados" y seres "extraños" que nos oponemos, por diferencia y necesidad, a lo convencional) y que aunque las nubes tapen el camino de baldosas amarillas éste está ahí. Que no seamos nosotros mismos los que impidamos su visión. Gracias y... fins aviat.
Comentario:
Me ha encantado. Espero que continues este grito de libertad. Un saludo y un aplauso. Besos
Comentario:
Yo también te aplaudo… ¡y quiero más!
Comentario:
Guau! Ole, ole, y ole.





