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Cadáver de tiempo
Nadie sabe de que se trata esto, será cosa de esperar
Acerca de
Imaginate de donde viene, a donde va, que acaba de hacer. Ahora dicelo, porque ya se le esta acabando el tiempo.... Tambien a ti.
Sindicación
 
Luna de Ciegos
He tenido una luna tan grande que no quedaba espacio ni para las nubes. Pero hoy nada. Ni siquiera hay una gotita de luz. En el librero los falos escultóricos junto a la foto de principio de los 70, las primas y primos juntos alrededor de sillas en un paisaje improbable de costa: una cafetería llena de niñas y niños. Esto me recuerda que no tengo alternativas respeto del tiempo, solo me queda entrelazar las imágenes de recuerdos y fotos para armar una película sencilla. La ventana muestra el cielo sin luz. La noche de los vampiros tampoco había luna. Los vampiros de La Barranca salieron a cazar, no creo que me hubiera enterado, mi casa estaba diseñada para no dejar salir ni un ruido, tampoco entraban los ruidos de la calle, aunque el día de hoy en el empate de recuerdos podría pensar que yo escuche los gritos de la victima. Era un tiempo difícil y los vampiros eran muchos, más de una docena. Atacaron a la muchacha, la metieron en las casa que aún estaban en construcción frente al CRENA y ahí desgarraron todas las formas de la violencia. Los chismes de los vecinos incluso decían que trajeron aparatos de tortura o que los improvisaron con una soldadora. Lo cierto que lo esa noche fue de insomnio, no creo que por los gritos, estoy seguro que era la falta de luna. Lo digo porque la noche de los perros yo no podía despertar totalmente; sin embargo, recuerdo una luna grande y nítida. Ese día los tiros se incrustaron en la cabecera de mi cama que daba justo hacia la ventana. Recuerdo vagamente la figura de mi padre, tal vez eso sea solo un recuerdo inventado de tanto haberlo escuchado. Recuerdo com una mala pesadilla la noche en la cárcel y las mujeres cantando. Yo dormitaba sin poderlo evitar. Ese día los perros torturaron a decenas de hombres y mujeres, a mi padre lo torturaron hasta la muerte. Ese día había una luna fría. Hoy ni siquiera eso. La falta de luna le pone luz a una memoria negra. Con una negrura especial y sorda recuerdo la noche roja. Esa noche hacía mucho frío, dicen que menos de 20 grados. La nieve llenaba la terraza compartida, dividida por una barda sencilla de madera. Simón vivía en el medio departamento de lado. El Lago Erie era una mancha de hielo negro enfrente de nuestras ventanas y la luna iluminaba a medias el cielo rojo. El puertoi estaba muy lejos hacia el oeste y la ciudad, al sur de Queen St vivía su toque de queda. Esa noche, el frío era más fuerte porque dormía solo. Susan no quiso compartir su cama, no quiso conocer la mía. Desde que rechace la invitación que ella misma me hiciera años atrás se había vuelto muy distante. Esa noche no fue la excepción. Era enero y la Guerra del Golfo era parte del cielo rojo. El ambiente era bélico por todas partes. La chica que me llevó a mi depa tampoco subió, creo que fue el barrio, le dio un poco de miedo. Era un barrio muy triste y la nieve lo ponía peor. Los vecinos que hacían el amor con escándalo, hasta diez veces por noche, me desvelaban. Pensé en eso y me dilaté en subir. Finalmente llegue a la despensa en donde tenía un poco de Ron y continué la fiesta solitaria un rato más. Después solo recuerdo los gritos de Simón a otro lado de la pared. Pedía ayuda. Gritaba desesperada para que la alguien la ayudara. La luna era azul contra el cielo rojo. La caseta de policía estaba a penas en la esquina. Yo no hice caso. Esa noche fui los perros y los vampiros. Esa noche me desvela y me roba la luna cada día. Simón sobrevivió al ataque aunque nunca la volví a ver. Me avergüenzo profundamente. También la luna. Hoy no la tengo. Desde hace diez años no la tengo.
 
Hoy es Neruda
Lamiendo de la soledad secreta, el viejo Pablo -ese, al que en realidad le hablo de usted y le pido permiso para invitarlo a mi casa- ha venido a cobrarme el tiempo. El tiempo –distancia que deje abandona su Toro, desde su velorio hasta el mio, y hasta la pesuña que rasca el planeta de todos los miedos. El tiempo de un funeral olvidado en la memoria y televisado para el descosuelo de los amigos encarcelados.
Hoy el Toro se llama Neruda. El silencio se contruye de nuevo ante al formidable respiro del marinero en la tierra, en la orilla de la tierra. Dejame cobijarme en la calidez de una voz profunda y sonora. De un voz que pide silencoi. Por que nadie puede ser sin los cinco dedos de una estrella de mar florida y exuberante.
Hoy es el maestro el motivo de este parloteo que va, a escupitajos, a maldecir de malamuerte a el señor de la tortura.