Un poeta de Coatzacoalcos
Acabo de leer algunos texto de un joven escritor (24 años) veracruzano llamado Florentino Fuentes Alvarado, me ha gustado aunque no termino de saber porque. Aquí reproduzco un cuento y un poema.
El primero tiene algunas redundancias pero lo importante, me parece, es la carga de urgencia que se desprende del texto y que no alivian ni siquiera la perdida de ritmo final.
También les dejo un poema sencillo pero interesante por la posición y la postura de las imágenes. Este poema mereció el primer lugar en los Juegos Florales de Coatzacoalcos Veracruz este año y el premio especial de la Rosa de Plata de María Fernanda. Es una perfecta cronología de la violencia de este milenio.
Viajé a Madrid en un día tan oscuro, lleno de miedos, no debí dejarla sola, debí haberme dado cuenta que mi estancia allá sería un fracaso y que no vería ni siquiera un arco iris, que ya todos se habrían extinguido a mi llegada.
Estuve pensando tanto en ella desde que partí, algo me decía que nada estaba bien, que después me arrepentiría.
No esperé más y le hice ver a mi padre que mi estancia en Europa sería un fracaso por lo que sin avisar cambié mi fecha de retorno y volví a México, a Veracruz, a casa, a Carina, pero todo fue en vano, demasiado tarde. Tuve que romper la puerta frontal de la casa para lograr entrar, subí las escaleras y ella se retorcía del dolor, no tuve tiempo de llamar a un medico. Ella murió ayer a las dos de la mañana en mis brazos, ni mis lágrimas ni mis remordimientos la traerán de vuelta, soy Judío, se supone que debo superar racionalmente este tipo de cosas, pero estoy muy mal, me quiero ir con ella…
I
Nueva York
He testimoniado el final de una luz
naciente; la mañana ha iniciado
estruendosa, henchida de espíritus
que volaron por siempre en mil pedazos.
II
He visto el descenso de los titanes,
defendiendo sus blasfemias que otrora
resarcían las ideas de libertad,
basada en el sufrimiento universal.
III
Kabul
Abundo mis pasos sobre caminos
yermos, difuntos de misericordia,
inocentes de una culpabilidad
geográfica; ajena y sitibunda.
IV
Canto el dolor de los restos humanos,
que combatieron en campañas ciegas
y prófugas de razón, extirpando
abscesos de una esperanza frívola.
V
Bagdad
Prosigo la ruta de la mentira,
tropiezo entonces con una llaga
en la tierra, que supura codicia
y anida ilusiones vilipendiadas.
VI
Veo cadáveres plantados por flores,
que fueron irrigados con pólvora
proveniente desde el abyecto cieno,
y desprendidos de todos sus sueños.
VII
Madrid
Deseo ahora embriagarme con olvido,
desdibujando memorias bélicas
de mi ya castigada y oscura alma
que navega entre miles de lágrimas.
VIII
Intento conocer nuevos caminos,
pero un nuevo y sorpresivo estrépito
merma todo anuncio de serenidad;
retorno a mi pretérito ultrajado.
IX
Franja de Gaza
He presenciado la saga de Caín
y Abel, mi cordura se ha esfumado,
el tiempo se ha robado mis palabras,
la violencia es mi único lenguaje.
X
He atestiguado el despertar de una
nueva centuria, y presumo llegar
a acariciar su epílogo; mil nubes
de paz veo alejarse de estas tierras
El primero tiene algunas redundancias pero lo importante, me parece, es la carga de urgencia que se desprende del texto y que no alivian ni siquiera la perdida de ritmo final.
También les dejo un poema sencillo pero interesante por la posición y la postura de las imágenes. Este poema mereció el primer lugar en los Juegos Florales de Coatzacoalcos Veracruz este año y el premio especial de la Rosa de Plata de María Fernanda. Es una perfecta cronología de la violencia de este milenio.
Yo, culpable
Viajé a Madrid en un día tan oscuro, lleno de miedos, no debí dejarla sola, debí haberme dado cuenta que mi estancia allá sería un fracaso y que no vería ni siquiera un arco iris, que ya todos se habrían extinguido a mi llegada.
Estuve pensando tanto en ella desde que partí, algo me decía que nada estaba bien, que después me arrepentiría.
No esperé más y le hice ver a mi padre que mi estancia en Europa sería un fracaso por lo que sin avisar cambié mi fecha de retorno y volví a México, a Veracruz, a casa, a Carina, pero todo fue en vano, demasiado tarde. Tuve que romper la puerta frontal de la casa para lograr entrar, subí las escaleras y ella se retorcía del dolor, no tuve tiempo de llamar a un medico. Ella murió ayer a las dos de la mañana en mis brazos, ni mis lágrimas ni mis remordimientos la traerán de vuelta, soy Judío, se supone que debo superar racionalmente este tipo de cosas, pero estoy muy mal, me quiero ir con ella…
De paz y desesperanza (Siglo XXI)
I
Nueva York
He testimoniado el final de una luz
naciente; la mañana ha iniciado
estruendosa, henchida de espíritus
que volaron por siempre en mil pedazos.
II
He visto el descenso de los titanes,
defendiendo sus blasfemias que otrora
resarcían las ideas de libertad,
basada en el sufrimiento universal.
III
Kabul
Abundo mis pasos sobre caminos
yermos, difuntos de misericordia,
inocentes de una culpabilidad
geográfica; ajena y sitibunda.
IV
Canto el dolor de los restos humanos,
que combatieron en campañas ciegas
y prófugas de razón, extirpando
abscesos de una esperanza frívola.
V
Bagdad
Prosigo la ruta de la mentira,
tropiezo entonces con una llaga
en la tierra, que supura codicia
y anida ilusiones vilipendiadas.
VI
Veo cadáveres plantados por flores,
que fueron irrigados con pólvora
proveniente desde el abyecto cieno,
y desprendidos de todos sus sueños.
VII
Madrid
Deseo ahora embriagarme con olvido,
desdibujando memorias bélicas
de mi ya castigada y oscura alma
que navega entre miles de lágrimas.
VIII
Intento conocer nuevos caminos,
pero un nuevo y sorpresivo estrépito
merma todo anuncio de serenidad;
retorno a mi pretérito ultrajado.
IX
Franja de Gaza
He presenciado la saga de Caín
y Abel, mi cordura se ha esfumado,
el tiempo se ha robado mis palabras,
la violencia es mi único lenguaje.
X
He atestiguado el despertar de una
nueva centuria, y presumo llegar
a acariciar su epílogo; mil nubes
de paz veo alejarse de estas tierras
Mensaje en una botella
![]() | Mi casa está en el mar, con siete puertas Yo ya no vivo ahí pero me esperan La estrecha inmensidad de las ciudades, La marca que nos dejan las verdades La fe de transformar mi casa y mi lugar Y el vino que alegró las amistades Pedro Guerra |
Me metí bien adentro del continente y me refugie atrás de las montañas que daban frente a la costa. Encontré otro mar, este seco y de arena. Pensé que si lo pasaba encontraría tierra firme. Al borde del desierto salado estaban las olas de una ciudad infinita. Su resaca era la más fuerte y vivo naufrago en un edificio que me ahoga un poco en cada embestida de ciudad picada a veces y huracanada en peores tiempos.






