La extraña venganza de William Blackfate
El puerto tiene sus propias historias. La del barco fantasma la escuche de boca de mi amigo Bryan O’Connor que se pasaba los días tomando café y nieve frente al malecón. Él platicaba de un hombre delgado y correoso, Arturo Pedregal, buen marino que empezó por nadar entre los pesqueros para pedirle monedas a los turistas y después sumergirse para sacarla. Se hizo pescador, pero un día tuvo la mala fortuna de encontrarse con un marino gringo pendenciero con el mal nombre de Willian Blackfate. Por una mala jugada del destino los dos cayeron desde el malecón hasta el agua, pero en la caída el gringo se golpeo y terminó ahogado entre los pesqueros.
Arturo, todavía sin cumplir la edad, se enganchó en un carguero que salía para Venezuela y el Caribe. En cuanto pisó tierra en Venezuela cambió de barco y nunca se le volvió a ver por Veracruz. Terminó en un carguero que daba vueltas entre Londres y Nueva York: The Dark Mermaid. Fue en esa nave que conoció a otro prófugo, Eliot Straff. Un Ingles que había abandonado a su hijo sobre el cadáver de su esposa después de molerla a golpes. Una escena brutal. Este hombre le confesó que la única persona cercana había sido un tal Blackfate que había sido asesinado en Veracruz por un desconocido. Por esta razón, Arturo le mintió respecto a su nacionalidad y declaró con un cinismo fuera de lo común que ni siquiera había escuchado nunca ese puerto.
La noche en que apareció el barco fantasma enfrente de la Isla de Sacrificios, en Veracruz, fue la misma noche en que el fantasma de Blackfate se apoderaba de la voluntad de Straff y apuñalaba a Arturo Pedregal justo debajo de la ingle. Para sanarse de la hemorragia trató de llegar a uno de los embarques que contenían medicina, pero al abrirlos se dio cuenta que eran explosivos y armas cuyo destino pirata era, con toda seguridad, imponer el terror de una guerra civil en alguna parte de Sudamérica o de África. Pedregal pensó que no tenía nada que perder así que buscó la manera de volar el contenido de esos vagones y al hacerlo The Dark Mermaid dio un giro multidimensional que la arrastró al centro de la maldición en la pelea entre Pedregal y Blackfate.
Desde entonces, cada tres meses, sin falta, La Sirena Oscura pide permiso de entrar a puerto, aparece junto a la isla de sacrificios, y se pierde en una bruma misteriosa. Esas noches William Blackfate, roba un arma entre los turistas o la policía local, y se va al malecón a esperar que el carguero traiga a sus dos conocidos, pero si no llegan, cualquier otra muerte violenta y dolorosa puede calmar momentáneamente su ira.
Arturo, todavía sin cumplir la edad, se enganchó en un carguero que salía para Venezuela y el Caribe. En cuanto pisó tierra en Venezuela cambió de barco y nunca se le volvió a ver por Veracruz. Terminó en un carguero que daba vueltas entre Londres y Nueva York: The Dark Mermaid. Fue en esa nave que conoció a otro prófugo, Eliot Straff. Un Ingles que había abandonado a su hijo sobre el cadáver de su esposa después de molerla a golpes. Una escena brutal. Este hombre le confesó que la única persona cercana había sido un tal Blackfate que había sido asesinado en Veracruz por un desconocido. Por esta razón, Arturo le mintió respecto a su nacionalidad y declaró con un cinismo fuera de lo común que ni siquiera había escuchado nunca ese puerto.
La noche en que apareció el barco fantasma enfrente de la Isla de Sacrificios, en Veracruz, fue la misma noche en que el fantasma de Blackfate se apoderaba de la voluntad de Straff y apuñalaba a Arturo Pedregal justo debajo de la ingle. Para sanarse de la hemorragia trató de llegar a uno de los embarques que contenían medicina, pero al abrirlos se dio cuenta que eran explosivos y armas cuyo destino pirata era, con toda seguridad, imponer el terror de una guerra civil en alguna parte de Sudamérica o de África. Pedregal pensó que no tenía nada que perder así que buscó la manera de volar el contenido de esos vagones y al hacerlo The Dark Mermaid dio un giro multidimensional que la arrastró al centro de la maldición en la pelea entre Pedregal y Blackfate.
Desde entonces, cada tres meses, sin falta, La Sirena Oscura pide permiso de entrar a puerto, aparece junto a la isla de sacrificios, y se pierde en una bruma misteriosa. Esas noches William Blackfate, roba un arma entre los turistas o la policía local, y se va al malecón a esperar que el carguero traiga a sus dos conocidos, pero si no llegan, cualquier otra muerte violenta y dolorosa puede calmar momentáneamente su ira.





