Hoy es Neruda
Lamiendo de la soledad secreta, el viejo Pablo -ese, al que en realidad le hablo de usted y le pido permiso para invitarlo a mi casa- ha venido a cobrarme el tiempo. El tiempo –distancia que deje abandona su Toro, desde su velorio hasta el mio, y hasta la pesuña que rasca el planeta de todos los miedos. El tiempo de un funeral olvidado en la memoria y televisado para el descosuelo de los amigos encarcelados.
Hoy el Toro se llama Neruda. El silencio se contruye de nuevo ante al formidable respiro del marinero en la tierra, en la orilla de la tierra. Dejame cobijarme en la calidez de una voz profunda y sonora. De un voz que pide silencoi. Por que nadie puede ser sin los cinco dedos de una estrella de mar florida y exuberante.
Hoy es el maestro el motivo de este parloteo que va, a escupitajos, a maldecir de malamuerte a el señor de la tortura.
Hoy el Toro se llama Neruda. El silencio se contruye de nuevo ante al formidable respiro del marinero en la tierra, en la orilla de la tierra. Dejame cobijarme en la calidez de una voz profunda y sonora. De un voz que pide silencoi. Por que nadie puede ser sin los cinco dedos de una estrella de mar florida y exuberante.
Hoy es el maestro el motivo de este parloteo que va, a escupitajos, a maldecir de malamuerte a el señor de la tortura.





