El día que me hice viejo
Cuando pienso en como fui recuerdo que fui aventado, osado, no era una valentía deslumbrante o arrebatadora, más bien era una valentía de las cosas comunes. De hacer de la vida una aventura dispuesta a ser fracaso o tropiezo pero salir del paso sin un raspón. Ese era yo, un poco de nada para cada día de respirar a lo que dan las fuerzas.
Eso significó, claro, largos viajes, cambiar de trabajo, país, casa, y compañera muchas veces en la vida. Oír la música que me moviera las tripas y la cabeza todo al mismo tiempo que descubrirla. Pasar revista al mar cada vez que salía de mi desierto.
Sin embargo, he dejado de ser valiente de esa manera por que Ella me cambió la Vida. Fue una mañana tranquila y fría en la que Zacatecas se despertaba de una pereza cruda y congelada. Salí a caminar por una calle empinada para buscar el desayuno cuando la muy gringa se sentó a ver alguno de los edificios zacatecanos. Sus piernas eran largas de color dorado oscuro y su boca hinchada sonreía despacio en una fascinación de película de los 40. Me pareció que la noche se le había pegado un poco a sus hombros y por eso era mucho más sensual.
Hicimos el amor y después cogimos y después nos mezclamos y después ya no sé como se llama lo que hicimos, para mí: el mejor sexo de mi vida. Todavía tengo erecciones cuando me acuerdo.
Eso pasó hace 38 años y desde entonces espero la muerte con tranquilidad. Me he vuelto cobarde en las cosas cotidianas, ya no espero mucho de las valentías que surgen de ahí. Soy un hombre viejo que viaja a mitad de precio gracias a su edad, pero es por su edad que ya no viaja. Esa noche con Ella envejecí todos los 4 mil años de mi vida.
Eso significó, claro, largos viajes, cambiar de trabajo, país, casa, y compañera muchas veces en la vida. Oír la música que me moviera las tripas y la cabeza todo al mismo tiempo que descubrirla. Pasar revista al mar cada vez que salía de mi desierto.
Sin embargo, he dejado de ser valiente de esa manera por que Ella me cambió la Vida. Fue una mañana tranquila y fría en la que Zacatecas se despertaba de una pereza cruda y congelada. Salí a caminar por una calle empinada para buscar el desayuno cuando la muy gringa se sentó a ver alguno de los edificios zacatecanos. Sus piernas eran largas de color dorado oscuro y su boca hinchada sonreía despacio en una fascinación de película de los 40. Me pareció que la noche se le había pegado un poco a sus hombros y por eso era mucho más sensual.
Hicimos el amor y después cogimos y después nos mezclamos y después ya no sé como se llama lo que hicimos, para mí: el mejor sexo de mi vida. Todavía tengo erecciones cuando me acuerdo.
Eso pasó hace 38 años y desde entonces espero la muerte con tranquilidad. Me he vuelto cobarde en las cosas cotidianas, ya no espero mucho de las valentías que surgen de ahí. Soy un hombre viejo que viaja a mitad de precio gracias a su edad, pero es por su edad que ya no viaja. Esa noche con Ella envejecí todos los 4 mil años de mi vida.





