Desaparecidos de hoy y la memoria de los de ayer
El gobierno de Fox inició la nueva etapa de la represión. Parece que en el más puro afán entregar a su sucesor un gobierno sin criticas, Fox y su equipo decidió eliminar a las persona que ejercían la crítica, En 2006 México fue el segundo país más peligroso para periodistas, adelantado sólo por Irak, en donde oficialmente hay una guerra.
La cosa no termina ahí por el contrario, el dato de periodistas asesinado es apenas la punta de un iceberg inconmovible. La cadena de la represión, puesta en marcha significa que hay una enorme infraestructura capaza de detener, trasladar, mantener ocultas y torturar a un gran número de personas. En México siempre hemos tenido una buena cuota de desaparecidos. La triste memoria de la guerra sucia de finales de los 60 y principios de los 70, son crímenes que no prescriben, no se persiguen, no se investigan, no esclarecen, no importan a las autoridades y una larga y frustrante lista de no que empieza y termina con el NO APARECEN...
El terror de los desaparecidos no es un discurso que esperamos que se haga viejo. Desgraciadamente rejuvenece con una poderosa verdad. Según la organización Desaparecidos, entre 1996 y 1998 desaparecieron 28 personas. El grupo Nizor ha documentado que entre 2001 y 2002 las personas detenidas y desaparecidas alcanza la horrible cantidad de 1,224, todas ellas, con desaparición documentada. Sin embargo, es notorio que solo hay denuncia de unas cuantas. Durante la comparecencia de Francisco Ramírez Acuña, actual secretario de gobernación, un grupo de diputados expusieron varias pancartas, entre ellas destacaba una que pedía la presentación de 700 personas detenidas y desaparecidas.
El marco de las desapariciones forzadas es la guerra contra el narco. De hecho es el marco ideal, ya que el gobierno puede acusar a las organizaciones criminales como las causantes de la desaparición de periodistas, líderes indígenas, líderes campesinos, miembros de guerrillas y grupos disidentes, y hasta miembros de partidos políticos de la oposición. La muerte desaparecida ronda nuestras casas, nuestros caminos, nuestros campos y litorales. Nuestros impuestos pagan los salarios elevados de torturadores, de carceleros fuera de nomina, pagan la edificación y construcción de instalaciones especiales para mantener a personas detenidas, ocultas, resguardadas del público. El dinero del pueblo mexicano que debería servir para construir escuelas y hospitales, se usa para comparar instrumentos y aparatos de tortura, balas para las ejecuciones extra judiciales y para proteger y legitimizar asesinos.
Hasta cuando vamos a seguir siendo cómplices del ilegal, del torturador, del secuestrador al servicio de gobernadores y secretarios de gobernación. Tal vez sea hora de pedir que el ejercito se retire a los cuarteles, en donde hará un papel más digno y exigir la presentación inmediata de todas las personas detenidas desaparecidas. Vivos se los llevaron, ¡vivos los queremos!
La cosa no termina ahí por el contrario, el dato de periodistas asesinado es apenas la punta de un iceberg inconmovible. La cadena de la represión, puesta en marcha significa que hay una enorme infraestructura capaza de detener, trasladar, mantener ocultas y torturar a un gran número de personas. En México siempre hemos tenido una buena cuota de desaparecidos. La triste memoria de la guerra sucia de finales de los 60 y principios de los 70, son crímenes que no prescriben, no se persiguen, no se investigan, no esclarecen, no importan a las autoridades y una larga y frustrante lista de no que empieza y termina con el NO APARECEN...
El terror de los desaparecidos no es un discurso que esperamos que se haga viejo. Desgraciadamente rejuvenece con una poderosa verdad. Según la organización Desaparecidos, entre 1996 y 1998 desaparecieron 28 personas. El grupo Nizor ha documentado que entre 2001 y 2002 las personas detenidas y desaparecidas alcanza la horrible cantidad de 1,224, todas ellas, con desaparición documentada. Sin embargo, es notorio que solo hay denuncia de unas cuantas. Durante la comparecencia de Francisco Ramírez Acuña, actual secretario de gobernación, un grupo de diputados expusieron varias pancartas, entre ellas destacaba una que pedía la presentación de 700 personas detenidas y desaparecidas.
El marco de las desapariciones forzadas es la guerra contra el narco. De hecho es el marco ideal, ya que el gobierno puede acusar a las organizaciones criminales como las causantes de la desaparición de periodistas, líderes indígenas, líderes campesinos, miembros de guerrillas y grupos disidentes, y hasta miembros de partidos políticos de la oposición. La muerte desaparecida ronda nuestras casas, nuestros caminos, nuestros campos y litorales. Nuestros impuestos pagan los salarios elevados de torturadores, de carceleros fuera de nomina, pagan la edificación y construcción de instalaciones especiales para mantener a personas detenidas, ocultas, resguardadas del público. El dinero del pueblo mexicano que debería servir para construir escuelas y hospitales, se usa para comparar instrumentos y aparatos de tortura, balas para las ejecuciones extra judiciales y para proteger y legitimizar asesinos.
Hasta cuando vamos a seguir siendo cómplices del ilegal, del torturador, del secuestrador al servicio de gobernadores y secretarios de gobernación. Tal vez sea hora de pedir que el ejercito se retire a los cuarteles, en donde hará un papel más digno y exigir la presentación inmediata de todas las personas detenidas desaparecidas. Vivos se los llevaron, ¡vivos los queremos!





