LA CIUDAD
LA CIUDAD
Constantino Kavafis
Dices «Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo mis ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí».
No hallarás otra tierra ni otra mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad siempre es la misma.
Otra no busques -no hay-,
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.
http://www.enfocarte.com/2.16/poesia.html
Constantino Kavafis
Dices «Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo mis ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí».
No hallarás otra tierra ni otra mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad siempre es la misma.
Otra no busques -no hay-,
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.
http://www.enfocarte.com/2.16/poesia.html
Continuum
Parece invierno.
Hace días que llueve.
Y tengo frío.
Hace días que llueve.
Y tengo frío.
Café de blues
El rostro trazado vagamente con blanco sobre un fondo negro muestra la sonrisa de la voz negra acompañada de un saxo. En el interior las mesas aún vacías con un cierto toque de los cincuenta y sillas de madera. Las paredes se mezclan con el naranja y el negro y se salpican con innumerables fotografías de los magos del jazz y el blues y algunas acuarelas que imprimen movimiento a la imagen.
Las luces suaves, vagas sombras por las esquinas, pañuelos en las gargantas de las señoritas y murmullo de encuentros en los sofás de piel. En el escenario, diminuto receptáculo, un hombre de mediana edad de cabeza despejada y vestimenta oscura y holgada manipula un par de guitarras eléctricas. Al fondo se destaca, tras una copa de cerveza, una silueta negra. Pantalones de rayas negras y blancas, camisa clara, y largas greñas encuadrando su rostro negro surcado por arrugas que le conferían cierto carisma.
Las 23:05 y de repente los acordes de una música que cambió el color del café. El ritmo se iba apropiando de nuestros cuerpos. Una pierna moviéndose de forma independiente, como si aquella parte del cuerpo formara parte del grupo. El chico de delante hacía danzar su cabeza marcando las pautas inconstantes de la guitarra, y así todos empezamos a unirnos al escenario, a ser uno con la música, como si creciera de dentro y el verdadero ritmo de la vida fuera el del blues.
La voz negra irrumpió después de un punteo que hipnotizó al público. Áspera y profunda, envolvente. Palpitaba en mi pecho y hacía vibrar las mesas y las copas. Casi un séptimo sentido en la música. El lugar al que pertenecemos todos parecía estar en esa voz y en el alma que contenía las notas.
Alma pura contenida en las letras simples y el sentido ascendente de los punteos que, al llegar a la cima del éxtasis, caía empicado al más suave y sereno, al más natural y sencillo ritmo. Un contraste de blanco y negro, un escalofrío penetrante y aplausos.
La voz se paseó con su guitarra roja por toda la sala. Se paró ante mí unos segundos con sus dedos rápidos. Ojos sorprendidos y atentos por la sala, casi sintiendo el sudor, el esfuerzo, la habilidad mágica de arrancar emociones con su guitarra y su presencia impactante que nos rozaba más aún.
Miro los rostros y observo que albergan la pasión por esta música. Se convierte así en una forma de vida, en una forma de sentir. Me sabe a Chicago, a cuarto en oscuras, a voz quebrada, un poco a dolor, un poco a licor. Y todos en el silencio nos quedamos embriagados de algo más.

ZACH PRATHER BLUES BAND
Días: 16-28 de agosto
Café Populart
C/ Huertas 22
Madrid
Las luces suaves, vagas sombras por las esquinas, pañuelos en las gargantas de las señoritas y murmullo de encuentros en los sofás de piel. En el escenario, diminuto receptáculo, un hombre de mediana edad de cabeza despejada y vestimenta oscura y holgada manipula un par de guitarras eléctricas. Al fondo se destaca, tras una copa de cerveza, una silueta negra. Pantalones de rayas negras y blancas, camisa clara, y largas greñas encuadrando su rostro negro surcado por arrugas que le conferían cierto carisma.
Las 23:05 y de repente los acordes de una música que cambió el color del café. El ritmo se iba apropiando de nuestros cuerpos. Una pierna moviéndose de forma independiente, como si aquella parte del cuerpo formara parte del grupo. El chico de delante hacía danzar su cabeza marcando las pautas inconstantes de la guitarra, y así todos empezamos a unirnos al escenario, a ser uno con la música, como si creciera de dentro y el verdadero ritmo de la vida fuera el del blues.
La voz negra irrumpió después de un punteo que hipnotizó al público. Áspera y profunda, envolvente. Palpitaba en mi pecho y hacía vibrar las mesas y las copas. Casi un séptimo sentido en la música. El lugar al que pertenecemos todos parecía estar en esa voz y en el alma que contenía las notas.
Alma pura contenida en las letras simples y el sentido ascendente de los punteos que, al llegar a la cima del éxtasis, caía empicado al más suave y sereno, al más natural y sencillo ritmo. Un contraste de blanco y negro, un escalofrío penetrante y aplausos.
La voz se paseó con su guitarra roja por toda la sala. Se paró ante mí unos segundos con sus dedos rápidos. Ojos sorprendidos y atentos por la sala, casi sintiendo el sudor, el esfuerzo, la habilidad mágica de arrancar emociones con su guitarra y su presencia impactante que nos rozaba más aún.
Miro los rostros y observo que albergan la pasión por esta música. Se convierte así en una forma de vida, en una forma de sentir. Me sabe a Chicago, a cuarto en oscuras, a voz quebrada, un poco a dolor, un poco a licor. Y todos en el silencio nos quedamos embriagados de algo más.
ZACH PRATHER BLUES BAND
Días: 16-28 de agosto
Café Populart
C/ Huertas 22
Madrid
Misterio
Un día aparece una caja de latón. Otro día una cajita de madera. Ayer encontré un vasito de colores y hoy una jarrita de barro. ¿Quién es el visitante misterioso que va dejando pequeños objetos del recuerdo infantil sobre la esquina de la escalera de mi casa? Luego desaparecen y me queda la curiosidad de desvelar el secreto de las cajas, leer el refrán de la jarrita, o mirar el sol a través del cristal.
Mañana tal vez me una a él. Dejaré el elástico o la dama de plastilina. Quizá una cajita de madera pintada con témpera. Y dentro, muy dentro, el deseo de compartir el recuerdo o más bien la realidad de la niña que en algún lugar me acompaña.
Mañana tal vez me una a él. Dejaré el elástico o la dama de plastilina. Quizá una cajita de madera pintada con témpera. Y dentro, muy dentro, el deseo de compartir el recuerdo o más bien la realidad de la niña que en algún lugar me acompaña.
En algún lugar de la montaña
Enredado en partículas de oxígeno, crea el sonido la cadencia más cercana al tacto.
Parece una parcela aparte, un rincón soberano de luces y sombras de colores, aromas aéreos y pinceles de bambú.
Aquella isla que sirve de abrigo, donde los sueños más íntimos e irreales cobran parte de verdad, donde la imaginación es sólida y fundamentada y donde descansa la razón de vivir.
Fuera de este lugar, desaparecen los arbustos y la tierra devora cada porción de belleza. Un metal oxidado y las nubes de llovizna tan melancólicamente tenue confían al pensamiento los velos más grises.
Dónde aquel jardín de recuerdos y construcciones, dónde poder desbaratar la elección de laberintos y dónde encontrar reposo para los pies cansados.
Me libro de los caracoles más cerrados, casi abandonando con la distancia todo aquello que no resuena a limpio y vivo. Cierro los ojos mientras algo triste se va, y algo triste regresa aunque vuelva a la isla, aunque sea isla, gota de agua, sed o nada.
Y siempre los ojos puestos, y siempre un pie en retraso. Pero aquel lugar en la montaña logra arrancar aliento vivificador y me recuerda que pese a todas las fotografías inmóviles y los desgastes de las palabras, existe algo en aquel lugar que conserva una parte de mí, que conservo en un misterio de la garganta, que se encuentra conmigo algunas noches mientras duermo o viajo hacia allá, muy cerca... Y sólo entonces soy.
Parece una parcela aparte, un rincón soberano de luces y sombras de colores, aromas aéreos y pinceles de bambú.
Aquella isla que sirve de abrigo, donde los sueños más íntimos e irreales cobran parte de verdad, donde la imaginación es sólida y fundamentada y donde descansa la razón de vivir.
Fuera de este lugar, desaparecen los arbustos y la tierra devora cada porción de belleza. Un metal oxidado y las nubes de llovizna tan melancólicamente tenue confían al pensamiento los velos más grises.
Dónde aquel jardín de recuerdos y construcciones, dónde poder desbaratar la elección de laberintos y dónde encontrar reposo para los pies cansados.
Me libro de los caracoles más cerrados, casi abandonando con la distancia todo aquello que no resuena a limpio y vivo. Cierro los ojos mientras algo triste se va, y algo triste regresa aunque vuelva a la isla, aunque sea isla, gota de agua, sed o nada.
Y siempre los ojos puestos, y siempre un pie en retraso. Pero aquel lugar en la montaña logra arrancar aliento vivificador y me recuerda que pese a todas las fotografías inmóviles y los desgastes de las palabras, existe algo en aquel lugar que conserva una parte de mí, que conservo en un misterio de la garganta, que se encuentra conmigo algunas noches mientras duermo o viajo hacia allá, muy cerca... Y sólo entonces soy.

Cueva
El silencio siente con impotencia que resuena algo que no se ha dicho. Y cuanto más callado pasa el tiempo, más se adentra el dolor. Al final se conoce que hay luz, pero a veces la espalda necesita frío, última forma de amar.
Dale una oportunidad al destino
Las líneas de la mano no dicen toda la verdad. O al menos, no están inscritas tan profundamente que obliguen a los caminos a cerrarse por completo. Las líneas de mi mano no determinan qué orografía tiene mi espacio ni mi destino, pues se abren en los extremos según el aire que aspiro.
Así, puedo elegir darle una oportunidad al destino, puedo dar un paso y esperar que lluevan hojas de eucalipto o sapos con la certeza mágica de que sea lo que sea, la lluvia ha traido lo mejor entre las nubes, porque casi siempre el color depende de los ojos.
Así, puedo elegir darle una oportunidad al destino, puedo dar un paso y esperar que lluevan hojas de eucalipto o sapos con la certeza mágica de que sea lo que sea, la lluvia ha traido lo mejor entre las nubes, porque casi siempre el color depende de los ojos.

De ida y vuelta
Nunca es el mismo cielo. Ni el de ayer, ni el de hoy. Salpicaron las estrellas como quien juega a los dados, y ahora se ocultan o nos ciegan . Y sin embargo, todo me recuerda a ayer. El aroma a hierba húmeda, la gravilla entre las sandalias, y la misma soledad, hija del mismo ritmo que se le da al destino. Tal vez la palabra que designa sea más determinate, más pesada. Piedra.
Los árboles van recorriendo la carretera mientras un autocar los mira alejarse. Y sí, en los labios sabe a la nostalgia, a lo que se quiso y no se tuvo, a la esencia descubierta en un ahora durante el cual está siendo ya tarde. Un insigth. Frío.
Y más tarde el agua me sorprende con el delicado vuelo descendente, volátil, sueño, espejo y arcoiris, de una burbuja mitad piel, mitad jabón, que se convierte en recuerdo de aire, en suspiro.
Y así de pronto, todo cae por su propio peso. Un pequeño universo de significados. Ahora es el mismo cielo, y es distinto. Y lo que se esconde detrás de las palabras cabe en una pompa transparente. Agua.
Los árboles van recorriendo la carretera mientras un autocar los mira alejarse. Y sí, en los labios sabe a la nostalgia, a lo que se quiso y no se tuvo, a la esencia descubierta en un ahora durante el cual está siendo ya tarde. Un insigth. Frío.
Y más tarde el agua me sorprende con el delicado vuelo descendente, volátil, sueño, espejo y arcoiris, de una burbuja mitad piel, mitad jabón, que se convierte en recuerdo de aire, en suspiro.
Y así de pronto, todo cae por su propio peso. Un pequeño universo de significados. Ahora es el mismo cielo, y es distinto. Y lo que se esconde detrás de las palabras cabe en una pompa transparente. Agua.
De viento y de agua
Entonces el viento se instaló en mis ojos
Y yo me sentí dueño del aire y sus empujones,
Me convertí en espiral volátil y arena ingrávida,
Recorrí distancias cálidas y ríos rojos.
Entonces cabalgaba sobre los caballos negros,
En duermevela espiaba los movimientos del sol.
Descubrí en las voces el murmullo del tiempo,
Y a las 8 me hice sombra de los pétalos perdidos.
Entre días de verano y plumas aéreas
Sentí el hálito de una inspiración.
Ahora los murmullos del aire
Suenan a arroyos y danzas de agua.
Mi piel es tacto húmedo que resbala,
Y el vapor impregna cada respiración.
Mojo con brillo el color de las flores,
Duermo con el rumor de la lluvia
A los niños que juegan bajo la mesa,
Y navego laberintos que no construí.
Entonces juego a ser hielo flotante,
Me alojo en las paredes que huelen a fruta,
Calo en los huesos que anduvieron demasiado,
Me derramo por mejillas que palpitan y se esconden.
Entonces un día me despierto
Y mis brazos son piel que envuelven hueso,
Y ya mi sombra se proyecta sin gracia,
Y ya no amoldo el espacio ni dibujo contornos.
Quien deja de ser de viento y de agua
Se inunda de la soledad del anciano
Que mejor conoce la vida y sus recovecos,
Que mejor ama el cielo y el mar,
Que mejor lee las líneas de los ojos,
Que mejor ama este instante.
Pero, como el anciano anhelante de lo que fue,
Frente al espejo conviven el viento y el agua
En el aire que juega con mi pelo,
En las lágrimas de este encuentro.
Y yo me sentí dueño del aire y sus empujones,
Me convertí en espiral volátil y arena ingrávida,
Recorrí distancias cálidas y ríos rojos.
Entonces cabalgaba sobre los caballos negros,
En duermevela espiaba los movimientos del sol.
Descubrí en las voces el murmullo del tiempo,
Y a las 8 me hice sombra de los pétalos perdidos.
Entre días de verano y plumas aéreas
Sentí el hálito de una inspiración.
Ahora los murmullos del aire
Suenan a arroyos y danzas de agua.
Mi piel es tacto húmedo que resbala,
Y el vapor impregna cada respiración.
Mojo con brillo el color de las flores,
Duermo con el rumor de la lluvia
A los niños que juegan bajo la mesa,
Y navego laberintos que no construí.
Entonces juego a ser hielo flotante,
Me alojo en las paredes que huelen a fruta,
Calo en los huesos que anduvieron demasiado,
Me derramo por mejillas que palpitan y se esconden.
Entonces un día me despierto
Y mis brazos son piel que envuelven hueso,
Y ya mi sombra se proyecta sin gracia,
Y ya no amoldo el espacio ni dibujo contornos.
Quien deja de ser de viento y de agua
Se inunda de la soledad del anciano
Que mejor conoce la vida y sus recovecos,
Que mejor ama el cielo y el mar,
Que mejor lee las líneas de los ojos,
Que mejor ama este instante.
Pero, como el anciano anhelante de lo que fue,
Frente al espejo conviven el viento y el agua
En el aire que juega con mi pelo,
En las lágrimas de este encuentro.
Rumbo a Ítaca
ITHAKI
Konstandinos Kavafis
Cuando partas hacia Itaca
pide que tu camino sea largo
y rico en aventuras y conocimiento.
A Lestrigones, Cíclopes
y furioso Poseidón no temas,
en tu camino no los encontrarás
mientras en alto mantengas tu pensamiento,
mientras una extraña sensación
invada tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones, Cíclopes
y fiero Poseidón no encontrarás
si no los llevas en tu alma,
si no es tu alma que ante ti los pone.
Pide que tu camino sea largo.
Que muchas mañanas de verano hayan en tu ruta
cuando con placer, con alegría
arribes a puertos nunca vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finos objetos:
madreperla y coral, ámbar y ébano,
sensuales perfumes, -tantos como puedas-
y visita numerosas ciudades egipcias
para aprender de sus sabios.
Lleva a Itaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Itaca te recompense.
A Itaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Itaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Itacas.
<
Konstandinos Kavafis
Cuando partas hacia Itaca
pide que tu camino sea largo
y rico en aventuras y conocimiento.
A Lestrigones, Cíclopes
y furioso Poseidón no temas,
en tu camino no los encontrarás
mientras en alto mantengas tu pensamiento,
mientras una extraña sensación
invada tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones, Cíclopes
y fiero Poseidón no encontrarás
si no los llevas en tu alma,
si no es tu alma que ante ti los pone.
Pide que tu camino sea largo.
Que muchas mañanas de verano hayan en tu ruta
cuando con placer, con alegría
arribes a puertos nunca vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finos objetos:
madreperla y coral, ámbar y ébano,
sensuales perfumes, -tantos como puedas-
y visita numerosas ciudades egipcias
para aprender de sus sabios.
Lleva a Itaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Itaca te recompense.
A Itaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Itaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Itacas.
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