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De viento y de agua...
Brújula de palabras con un sur de mar y un norte de brisa.
Acerca de
Mandala.
Sindicación
 
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Ya me disculpen por cada uno de los recovecos que no soborno a las 10 de la noche, por cada culpa mal impuesta, por andar entre corredores anticuados y billetes de sólo ida.

Ya me perdonen por depurar cada escalón que me lleve al mediodía sin ocio impuro e impúdico, sin semillas esparcidas en el alquitrán.

Pero así, cuando el espejo me devuelva la carta de despido -con tales perdones ya sellados-, quizá consiga combinar la falda y el pantalón, entender la silueta de la letra que redondea alguna emoción, deambular bajo tierra atravesando el universo acuático de los átomos, alisar las piedras que descansan bajo mis sábanas, e incluso saludar la respiración próxima sin bostezos, ¡a plena carcajada!
 
Invierno
Es invierno.
Cae la llovizna sobre los hombros
como si arrastrara las lágrimas
que se fueron perdiendo.
La neblina deshace algunos deseos,
es antifaz de los ojos
que sólo permite el tacto
como forma de caminar.
Las hojas empujadas por el viento
gélidas moran los huecos
de los recuerdos de la nieve.
Los amaneceres estremecen
los brazos y los párpados.
Un errático murmullo de alas,
un ceniciento golpe de efecto
sucede cuando todo se detiene
y ni el tiempo tiene opción
a seguir adelante.
Es hora de inicio,
de pez blanco,
de abismo aéreo
entre susurros de tierra.
El agua burbujea un silencio
que contiene la paz y la espera.
Hoy todo tiene un instante
de inmortalidad.