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Voy terminando de formularte como un sortilegio susurrado entre noches de insomnio. Despacio, saboreo tu nombre, como invocando a que me recuerdes en mi forma tibia, en mis ojos de árbol. Sedienta de las voces que me traen rescoldos, palabras citadas, una pregunta por ti, el encuentro casual y doloroso de una fotografía, la rosa cortada cuando las flores eran nuestra risa sobre las vueltas en el aire.
Los vientos crean espirales que mecen mi sueño con cuidada atención. Hoy ponen alas en la espalda para mañana invitar a la caída empicada contra el suelo descascarado, sobre el crudo bastón. La geografía me busca para perderme, para no verte todo ojos sobre mis brazos tan mendigos de tus brazos.
Lléveme el aire al rabo de nube que hace incierto el viaje. Póngame difícil los tumbos bajo las sombras.
Ceniza mojada, en una esquina del salón.
Pies descalzos y desnudez en mis manos cuando intentan ocultarte.
No puedo verte, adiós mío.
Los vientos crean espirales que mecen mi sueño con cuidada atención. Hoy ponen alas en la espalda para mañana invitar a la caída empicada contra el suelo descascarado, sobre el crudo bastón. La geografía me busca para perderme, para no verte todo ojos sobre mis brazos tan mendigos de tus brazos.
Lléveme el aire al rabo de nube que hace incierto el viaje. Póngame difícil los tumbos bajo las sombras.
Ceniza mojada, en una esquina del salón.
Pies descalzos y desnudez en mis manos cuando intentan ocultarte.
No puedo verte, adiós mío.