.
Me conoces bien.
Soy pasto fácil para el hastío.
Me pierdo a veces
por huecos que ignoran
la mano fácil,
el desayuno a la mesa.
No comulgo con los felices
en la intimidad de mi plato.
Pero me río en los días
que amenazan con lluvia.
Me conoces bien,
y sin embargo,
borras tus huellas.
Ya no me queda más
que la caída del invierno.
Soy pasto fácil para el hastío.
Me pierdo a veces
por huecos que ignoran
la mano fácil,
el desayuno a la mesa.
No comulgo con los felices
en la intimidad de mi plato.
Pero me río en los días
que amenazan con lluvia.
Me conoces bien,
y sin embargo,
borras tus huellas.
Ya no me queda más
que la caída del invierno.
Muro
Entiendo que hay voces golpeando algo más que una guitarra muda.
.
Tal vez me he convertido en un pez de la arena
que amenaza en círculos la entrada al agua.
Un sutil defensor de los laberintos de sudor,
del agitado bombeo de la respiración contenida.
Sosteniendo la fama del avestruz,
distingo entre barrotes de piel
y castigo de ojos.
Y nada tengo que ofrecer este día
sin alimento, sin plagas,
sin calma ni espadas.
Sobrevivo contando surcos en mi mano,
inventando espacios, ríos y ritmos,
anotando palabras en mi mundo de arena
mientras el aire al cabo lo arrastra.
que amenaza en círculos la entrada al agua.
Un sutil defensor de los laberintos de sudor,
del agitado bombeo de la respiración contenida.
Sosteniendo la fama del avestruz,
distingo entre barrotes de piel
y castigo de ojos.
Y nada tengo que ofrecer este día
sin alimento, sin plagas,
sin calma ni espadas.
Sobrevivo contando surcos en mi mano,
inventando espacios, ríos y ritmos,
anotando palabras en mi mundo de arena
mientras el aire al cabo lo arrastra.
Siento
Nost-algia
Ciudad nocturna
Hoy las calles me han pertenecido durante el viaje a ninguna parte. La noche se ha establecido como meta en cada uno de mis pasos para continuar construyendo murallas e iluminarlas con una luz anaranjada con la que mirar con calidez cada piedra que sigue el camino.
Las tiendas eran espejos transparentes para evitar reflejos y detener los ojos en objetos de deseo transformado en eufemismo de otra soledad. Las aceras reflejaban tacones neumáticos, y una multitud de escaparates en los rostros iban desfilando sin contarse ni contenerse.
La plaza era un refugio en el anonimato más profundo. Se había mojado de desesperación en su belleza ignorada, en cada uno de sus puntos ciegos que aguarda la caricia de los otros. La plaza, así maquillada de fiesta, sin brazaletes ni corazas, la plaza como una visión dorada que se levanta desde la vacuidad del río y sus tinieblas.
Y desde el interior de una ventana encendida alguien sostiene una conversación y mira. Y él no sabe, pero sabe que es hermoso mirar al que mira y pierde pie así, volviéndose objeto, paisaje y tregua de imaginaciones ajenas. Y piensa que podría abandonar el hotel, y aparecer en la acera, y hablar de la luna llena para ser original, o simplemente permanecer a su lado mirando cada piedra vencida por el tiempo, sentenciada a los ojos y el oro en estas noches mágicas.
No hay mayor regalo esta noche de estrellas inventadas en una pantalla de cristal que el sueño despierto y la sonrisa sin velos, y los años de nostalgia de labios dulces posándose en los poros que exudan agua desnuda, el agua que salpica la plaza, que se pega a los zapatos, que fluye en círculos en el espejo del suelo, agua que cae, que estalla, que me refresca las imágenes y brilla en la pestaña ahogada, en la punta de los dedos cuando voy de vuelta a casa con las manos en los bolsillos y una música que acierta y me despierta esta noche a otras noches en la ciudad.
Las tiendas eran espejos transparentes para evitar reflejos y detener los ojos en objetos de deseo transformado en eufemismo de otra soledad. Las aceras reflejaban tacones neumáticos, y una multitud de escaparates en los rostros iban desfilando sin contarse ni contenerse.
La plaza era un refugio en el anonimato más profundo. Se había mojado de desesperación en su belleza ignorada, en cada uno de sus puntos ciegos que aguarda la caricia de los otros. La plaza, así maquillada de fiesta, sin brazaletes ni corazas, la plaza como una visión dorada que se levanta desde la vacuidad del río y sus tinieblas.
Y desde el interior de una ventana encendida alguien sostiene una conversación y mira. Y él no sabe, pero sabe que es hermoso mirar al que mira y pierde pie así, volviéndose objeto, paisaje y tregua de imaginaciones ajenas. Y piensa que podría abandonar el hotel, y aparecer en la acera, y hablar de la luna llena para ser original, o simplemente permanecer a su lado mirando cada piedra vencida por el tiempo, sentenciada a los ojos y el oro en estas noches mágicas.
No hay mayor regalo esta noche de estrellas inventadas en una pantalla de cristal que el sueño despierto y la sonrisa sin velos, y los años de nostalgia de labios dulces posándose en los poros que exudan agua desnuda, el agua que salpica la plaza, que se pega a los zapatos, que fluye en círculos en el espejo del suelo, agua que cae, que estalla, que me refresca las imágenes y brilla en la pestaña ahogada, en la punta de los dedos cuando voy de vuelta a casa con las manos en los bolsillos y una música que acierta y me despierta esta noche a otras noches en la ciudad.
Hoy
Hoy no sé reconocer forma
que no sea la tuya.
Tú, el gran desconocido
que calma y salva,
que descansa en los sueños.
Hoy no hay ojos ni tacto
que no sean los tuyos.
No hay lagos más profundos
que mi caída en la esperanza
exacta de tus brazos.
Hoy no guardo perdiciones
en mi armario encerradas.
Hoy desprende la tarde
una cadencia sin gritos.
Hoy acaricia la sombra
el hombro que se desnuda
y muestra lo fugaz y lo alto
de nuestra belleza.
Hoy me permites la mano,
aún sin rostro ni mirada,
que acompaña mis deseos
con paraísos y alfombras.
que no sea la tuya.
Tú, el gran desconocido
que calma y salva,
que descansa en los sueños.
Hoy no hay ojos ni tacto
que no sean los tuyos.
No hay lagos más profundos
que mi caída en la esperanza
exacta de tus brazos.
Hoy no guardo perdiciones
en mi armario encerradas.
Hoy desprende la tarde
una cadencia sin gritos.
Hoy acaricia la sombra
el hombro que se desnuda
y muestra lo fugaz y lo alto
de nuestra belleza.
Hoy me permites la mano,
aún sin rostro ni mirada,
que acompaña mis deseos
con paraísos y alfombras.
Cementerio
Y entonces ocurre que despierto
encontrando pedacitos dispersos
de aquellas palabras que dijimos,
dejándose un rastro abandonado,
cayéndose como se caen los misterios.
Recogí cada uno de los instantes
que recordaba de ti y contigo,
pues en esta noche se resbala el infinito
cuando escucho el norte y hay nieve.
La distancia del tiempo es un jardín
de muertos y de fuegos tumbados.
Una oración nos despierta del frío
para encerrar itinerarios perdidos,
dedos mancillados, palabras asonantes,
cabello derramado y sábanas de niebla.
Una caja herrumbrada,
torpe y maldita de emoción,
es la cárcel de lo que fuimos
y abandono sin lágrimas
pero vaciada de color,
al irremediable destino del mar.
encontrando pedacitos dispersos
de aquellas palabras que dijimos,
dejándose un rastro abandonado,
cayéndose como se caen los misterios.
Recogí cada uno de los instantes
que recordaba de ti y contigo,
pues en esta noche se resbala el infinito
cuando escucho el norte y hay nieve.
La distancia del tiempo es un jardín
de muertos y de fuegos tumbados.
Una oración nos despierta del frío
para encerrar itinerarios perdidos,
dedos mancillados, palabras asonantes,
cabello derramado y sábanas de niebla.
Una caja herrumbrada,
torpe y maldita de emoción,
es la cárcel de lo que fuimos
y abandono sin lágrimas
pero vaciada de color,
al irremediable destino del mar.





