...
De pronto llega la noche.
No entiendo cómo los lejanos rumores de voces van palideciendo y finalmente desaparecen a pesar de la cercanía y la constancia. Pero así, tan dulcemente, desaparece el mundo de juego de cartas, taza de cereales y risas sobre amor adolescente. Y yo me quedo sola, con la placidez envolvente de la música que mueve las ideas y las emociones intrincadas.
Mientras algunos duermen y otros descansan sus nervios sobre el sofá, del completo reposo del cuerpo surge un movimiento sofocante pero vivificador. Tal vez elevándose el ánimo con la voz que alcanza la música en el techo, quizá soportando los empujes de la palabra en una garganta que esconde y se esconde, posiblemente en los dedos que buscan tacto más allá de las teclas plásticas y el cristal que también es reflejo.
Mi mundo danza jugueteando con recuerdos, entrelazando ensoñaciones y algunas miserias. Los pensamientos de cuarto oscuro desfilan entre líneas y por los recovecos de las letras, y casi dibujan una personalidad compleja, ciertamente neurótica, afortunadamente enmarañada. Cuando a veces sentencia con una verdad, lanza mensajes cifrados, y juega a saber que dice más de lo que dice, y juega a que dice más que lo que se entiende. Y puede ser una tristeza, o un guiño a la vida, un secreto de alcoba.
Y sigue girando el mundo, anclándose en cada una de mis yemas, aunque se agarren a la barra fría y metálica del metro 7, y se dirija a ninguna parte aunque en realidad alguna parte se aleje y conquiste Nunca Jamás. Y sigue girando en la mirada opaca de la música anónima de los vagones, y en las palabras aparentemente neutras de un curriculum vitae, en el temblor de las manos adultas y en la mirada sorprendida de los niños con flequillo.
Y dentro de ese mundo de idas y venidas, de espacios anidados en otros espacios, universos de dos caras, se mueve mi pensamiento, palpita la piel, me río de mis palabras, de mis juegos, de mis propias trampas, de los sueños que desaparecen al despertar y los que construyo antes de dormir. Y quiero entender que sea el que sea el lugar al que me lleva este vagón en ocasiones hueco, la marcha sigue al compás de alguna canción debidamente meditada y a la vez espontáneamente creada para vivir la sensación, el vuelo, algo así como... Ya sabes.
No entiendo cómo los lejanos rumores de voces van palideciendo y finalmente desaparecen a pesar de la cercanía y la constancia. Pero así, tan dulcemente, desaparece el mundo de juego de cartas, taza de cereales y risas sobre amor adolescente. Y yo me quedo sola, con la placidez envolvente de la música que mueve las ideas y las emociones intrincadas.
Mientras algunos duermen y otros descansan sus nervios sobre el sofá, del completo reposo del cuerpo surge un movimiento sofocante pero vivificador. Tal vez elevándose el ánimo con la voz que alcanza la música en el techo, quizá soportando los empujes de la palabra en una garganta que esconde y se esconde, posiblemente en los dedos que buscan tacto más allá de las teclas plásticas y el cristal que también es reflejo.
Mi mundo danza jugueteando con recuerdos, entrelazando ensoñaciones y algunas miserias. Los pensamientos de cuarto oscuro desfilan entre líneas y por los recovecos de las letras, y casi dibujan una personalidad compleja, ciertamente neurótica, afortunadamente enmarañada. Cuando a veces sentencia con una verdad, lanza mensajes cifrados, y juega a saber que dice más de lo que dice, y juega a que dice más que lo que se entiende. Y puede ser una tristeza, o un guiño a la vida, un secreto de alcoba.
Y sigue girando el mundo, anclándose en cada una de mis yemas, aunque se agarren a la barra fría y metálica del metro 7, y se dirija a ninguna parte aunque en realidad alguna parte se aleje y conquiste Nunca Jamás. Y sigue girando en la mirada opaca de la música anónima de los vagones, y en las palabras aparentemente neutras de un curriculum vitae, en el temblor de las manos adultas y en la mirada sorprendida de los niños con flequillo.
Y dentro de ese mundo de idas y venidas, de espacios anidados en otros espacios, universos de dos caras, se mueve mi pensamiento, palpita la piel, me río de mis palabras, de mis juegos, de mis propias trampas, de los sueños que desaparecen al despertar y los que construyo antes de dormir. Y quiero entender que sea el que sea el lugar al que me lleva este vagón en ocasiones hueco, la marcha sigue al compás de alguna canción debidamente meditada y a la vez espontáneamente creada para vivir la sensación, el vuelo, algo así como... Ya sabes.
Comentario:
Ya se :)
Creo.
Creo.





