Expedición
Madrid quebrando de gente. Cada paso de cebra se convierte en una batalla de bandos opuestos: parece que cuando se toquen los dos sentidos, las espadas chocarán contra los escudos, los brazos y el grito de guerra, y todo retumbará con temblor. Luego simplemente danzamos con brazos y hombros evitando envestidas anónimas y poniendo cara de fastidio antisocial.
La marabunta se concentra en Sol, plagada de perfumes de imitación y cine pirata sobre las alfombras blancas. Un chico se agacha para colocar la mercancía y una redondeada línea se asoma bajo su espalda mientras la gente esquiva su silueta con poca delicadeza.
Y se me ocurre pensar en ideas ajenas, en qué se teje entre las cejas un sábado por la tarde en plena Gran Vía, cuando siempre se camina sin ojo-sobre-ojo, cuando nos desprendemos de toda individualidad abandonando así la propia identidad.
Y recuerdo las 53 fotografías de Frida en la Casa de América, desfilando por los años, reflejando los mismos ojos, algo más cansados, más sobrios, más lejanos cada vez del color rojo de sus uñas en la portada de Vogue. Y derrumba el pecho la exposición de su último retrato, alma exangüe y volátil. Me alejo profundamente dolorida por la realidad del tiempo que se va, y envejeciendo con la vista a los observadores de la biografía no propia, que cómo -desde lejos- analizan y hacen cábalas, juegan a detectives de la historia que no vivieron. Qué lejos.
Y la vuelta a casa, rodeando el parque. Se oyen risas y botellas sobre el césped. Y camino siguiendo la línea de las manos que dibujé, y fuera, lejos de lo cotidiano y lo real, levanto la vista y encuentro la visión espectral de una luna llena rasgada por hilos horizontales de nubes. Y creo entonces en otro mundo, en otra realidad, aquí, en medio de todo.
La marabunta se concentra en Sol, plagada de perfumes de imitación y cine pirata sobre las alfombras blancas. Un chico se agacha para colocar la mercancía y una redondeada línea se asoma bajo su espalda mientras la gente esquiva su silueta con poca delicadeza.
Y se me ocurre pensar en ideas ajenas, en qué se teje entre las cejas un sábado por la tarde en plena Gran Vía, cuando siempre se camina sin ojo-sobre-ojo, cuando nos desprendemos de toda individualidad abandonando así la propia identidad.
Y recuerdo las 53 fotografías de Frida en la Casa de América, desfilando por los años, reflejando los mismos ojos, algo más cansados, más sobrios, más lejanos cada vez del color rojo de sus uñas en la portada de Vogue. Y derrumba el pecho la exposición de su último retrato, alma exangüe y volátil. Me alejo profundamente dolorida por la realidad del tiempo que se va, y envejeciendo con la vista a los observadores de la biografía no propia, que cómo -desde lejos- analizan y hacen cábalas, juegan a detectives de la historia que no vivieron. Qué lejos.
Y la vuelta a casa, rodeando el parque. Se oyen risas y botellas sobre el césped. Y camino siguiendo la línea de las manos que dibujé, y fuera, lejos de lo cotidiano y lo real, levanto la vista y encuentro la visión espectral de una luna llena rasgada por hilos horizontales de nubes. Y creo entonces en otro mundo, en otra realidad, aquí, en medio de todo.
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Te encontré :)
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Madrid nunca se queda vacío, la gente continuara llenando sus calles sin atender a soledades, sueños o razones ajenas.
Madrid fluyendo viva , prisas y ruidos por sus arterias desangrándose sin mirar hacia atrás , sin importar nada que no sea alquitrán , miradas de reojo al reloj y zapatos compitiendo contra el color de los semáforos.
Madrid no entiende de billetes de ida sin vuelta, de dormitorios en los que dormir es perder la oportunidad de encontrar un mundo de sensaciones al otro lado de la ventana.
Madrid no entiende de espejos que como grifos encanecidos gotean recuerdos, no entiende de raíces que tengan fuerza para quebrar el asfalto solo por desear respirar aquellos instantes de la vida que nos hacen mejores que nuestro pasado.
Madrid insomne, cobijando bajo cartones desaliñados la herrumbre de las calles, ocultando tras las colinas de andamios marionetas con forma de paloma.
Madrid lleno de rostros que se cruzan para desconocerse, de codos que se empeñan osados en desafiar la solidez del enroque de la señora sobre su bolso, disculpas que no se escuchan y que rebotan contra las marquesinas de las paradas de autobús y van a morir a los pies de la gente que espera sin saber muy bien que.
Si, llevas razón, en medio de todo debe existir una realidad que solo se escucha, que solo se ve cuando las farolas nos niegan su luz, el tráfico se hace melodía y el sueño se apodera de los balcones…solo entonces Frida pasea desnuda atravesando el parque apartando hojas marchitas hasta encontrar las líneas de tu mano.
Es grato pasear con tu viento.
Madrid fluyendo viva , prisas y ruidos por sus arterias desangrándose sin mirar hacia atrás , sin importar nada que no sea alquitrán , miradas de reojo al reloj y zapatos compitiendo contra el color de los semáforos.
Madrid no entiende de billetes de ida sin vuelta, de dormitorios en los que dormir es perder la oportunidad de encontrar un mundo de sensaciones al otro lado de la ventana.
Madrid no entiende de espejos que como grifos encanecidos gotean recuerdos, no entiende de raíces que tengan fuerza para quebrar el asfalto solo por desear respirar aquellos instantes de la vida que nos hacen mejores que nuestro pasado.
Madrid insomne, cobijando bajo cartones desaliñados la herrumbre de las calles, ocultando tras las colinas de andamios marionetas con forma de paloma.
Madrid lleno de rostros que se cruzan para desconocerse, de codos que se empeñan osados en desafiar la solidez del enroque de la señora sobre su bolso, disculpas que no se escuchan y que rebotan contra las marquesinas de las paradas de autobús y van a morir a los pies de la gente que espera sin saber muy bien que.
Si, llevas razón, en medio de todo debe existir una realidad que solo se escucha, que solo se ve cuando las farolas nos niegan su luz, el tráfico se hace melodía y el sueño se apodera de los balcones…solo entonces Frida pasea desnuda atravesando el parque apartando hojas marchitas hasta encontrar las líneas de tu mano.
Es grato pasear con tu viento.





