El camino del justo medio
Sevilla. Callejuelas, tiendas, olores repentinos, el sonido de un coche o un villancico. De pronto se hace un silencio a lo largo de la mirada hasta su horizonte. Y todo parece pararse, silencioso a pesar de la música que suena en mis oídos. En esta inmovilidad siento cierto ritmo, un sentido tal vez fuera de los pasos inconscientes. Fuera de las palabras que se dicen por la noche entre llantos, con dolor de cerrar los puños, de asfixia de angustia, de recuerdos que hieren por convertirse en recuerdos, porque la tinta suena a fin, a fin maquillado en después, o simplemente sea el sabor amargo de los labios.
Una sala de colores, con paredes como pizarras y juguetes en cada hueco. Niños correteando, risas, gritos, y alguien me agarra las piernas. "¡Laura! ¡Has venido! ¡Te quiero mucho!". Se suceden los abrazos y esa alegría. Y luego... Casi se materializa la posibilidad laboral. La conjunción de arte y psicología, en esa enmarañada red de aquí y allá, de "me han hablado de ti", y sentarnos a hablar de arte y de Estefaní, que con un año corretea por la sala con una independencia verdaderamente sorprendente, o con Macarena y su Barbie costurera cuya identidad protagonizo con la charla con la señora Piña. Y Juan, que me dibuja un mandala con mi nombre y que se sonroja cuando le pido que me firme el regalo porque lo voy a poner en mi cuarto. Y el otro Juanito, moreno y abrazable... Y las ráfagas de... ¿Dónde? ¿Aquí o allí? ¿Señorita de tacón o bufanda de colores? ¿Representar a un departamento o presentarme como yo, de tú a tú? ¿Cerca o lejos? ¿Elegir, perder, recuperar, arriesgar? Siempre elegir, siempre perdiendo algo... o a alguien.
Una serenidad de incredulidad, un estar sin pensar porque recordar y mostrarme las posibles despedidas me llevan a un círculo algo vago y muy punzante. ¿Qué es querer, qué es poder o no poder? ¿Qué valor tienen los sueños, el impulso vital, si seguirlos implica adioses? Adioses.
"Si la cuerda está floja, no suena, y si está demasiado tensa, se rompe."
¿Cuál es el camino del justo medio?
Una sala de colores, con paredes como pizarras y juguetes en cada hueco. Niños correteando, risas, gritos, y alguien me agarra las piernas. "¡Laura! ¡Has venido! ¡Te quiero mucho!". Se suceden los abrazos y esa alegría. Y luego... Casi se materializa la posibilidad laboral. La conjunción de arte y psicología, en esa enmarañada red de aquí y allá, de "me han hablado de ti", y sentarnos a hablar de arte y de Estefaní, que con un año corretea por la sala con una independencia verdaderamente sorprendente, o con Macarena y su Barbie costurera cuya identidad protagonizo con la charla con la señora Piña. Y Juan, que me dibuja un mandala con mi nombre y que se sonroja cuando le pido que me firme el regalo porque lo voy a poner en mi cuarto. Y el otro Juanito, moreno y abrazable... Y las ráfagas de... ¿Dónde? ¿Aquí o allí? ¿Señorita de tacón o bufanda de colores? ¿Representar a un departamento o presentarme como yo, de tú a tú? ¿Cerca o lejos? ¿Elegir, perder, recuperar, arriesgar? Siempre elegir, siempre perdiendo algo... o a alguien.
Una serenidad de incredulidad, un estar sin pensar porque recordar y mostrarme las posibles despedidas me llevan a un círculo algo vago y muy punzante. ¿Qué es querer, qué es poder o no poder? ¿Qué valor tienen los sueños, el impulso vital, si seguirlos implica adioses? Adioses.
"Si la cuerda está floja, no suena, y si está demasiado tensa, se rompe."
¿Cuál es el camino del justo medio?
Comentario:
Esa pregunta es tan buena como ¿Quién eres? Un no se no está mal, ni bien, pero no basta. ¿Cuál es la acción justa en ese momento justo?
Personalmente, te veo en ese entorno, como ya te dije. Creo que te pega :)
Personalmente, te veo en ese entorno, como ya te dije. Creo que te pega :)





