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De viento y de agua...
Brújula de palabras con un sur de mar y un norte de brisa.
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Mandala.
Sindicación
 
Café de blues
El rostro trazado vagamente con blanco sobre un fondo negro muestra la sonrisa de la voz negra acompañada de un saxo. En el interior las mesas aún vacías con un cierto toque de los cincuenta y sillas de madera. Las paredes se mezclan con el naranja y el negro y se salpican con innumerables fotografías de los magos del jazz y el blues y algunas acuarelas que imprimen movimiento a la imagen.

Las luces suaves, vagas sombras por las esquinas, pañuelos en las gargantas de las señoritas y murmullo de encuentros en los sofás de piel. En el escenario, diminuto receptáculo, un hombre de mediana edad de cabeza despejada y vestimenta oscura y holgada manipula un par de guitarras eléctricas. Al fondo se destaca, tras una copa de cerveza, una silueta negra. Pantalones de rayas negras y blancas, camisa clara, y largas greñas encuadrando su rostro negro surcado por arrugas que le conferían cierto carisma.

Las 23:05 y de repente los acordes de una música que cambió el color del café. El ritmo se iba apropiando de nuestros cuerpos. Una pierna moviéndose de forma independiente, como si aquella parte del cuerpo formara parte del grupo. El chico de delante hacía danzar su cabeza marcando las pautas inconstantes de la guitarra, y así todos empezamos a unirnos al escenario, a ser uno con la música, como si creciera de dentro y el verdadero ritmo de la vida fuera el del blues.

La voz negra irrumpió después de un punteo que hipnotizó al público. Áspera y profunda, envolvente. Palpitaba en mi pecho y hacía vibrar las mesas y las copas. Casi un séptimo sentido en la música. El lugar al que pertenecemos todos parecía estar en esa voz y en el alma que contenía las notas.

Alma pura contenida en las letras simples y el sentido ascendente de los punteos que, al llegar a la cima del éxtasis, caía empicado al más suave y sereno, al más natural y sencillo ritmo. Un contraste de blanco y negro, un escalofrío penetrante y aplausos.

La voz se paseó con su guitarra roja por toda la sala. Se paró ante mí unos segundos con sus dedos rápidos. Ojos sorprendidos y atentos por la sala, casi sintiendo el sudor, el esfuerzo, la habilidad mágica de arrancar emociones con su guitarra y su presencia impactante que nos rozaba más aún.

Miro los rostros y observo que albergan la pasión por esta música. Se convierte así en una forma de vida, en una forma de sentir. Me sabe a Chicago, a cuarto en oscuras, a voz quebrada, un poco a dolor, un poco a licor. Y todos en el silencio nos quedamos embriagados de algo más.



ZACH PRATHER BLUES BAND
Días: 16-28 de agosto

Café Populart
C/ Huertas 22
Madrid

 
Comentario:
Vaya vaya... y menuda manera de describirlo, niña! lástima que madrid me pille algo lejos. No se si por aquí hay locales así de interesantes.
No