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CENANDO CON AUDREY
Desayunando en Tiffany´s y cenando en casa, los sueños se confunden con la realidad.
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CENAS SORPRESA Y A CIEGAS

Una llamada por la tarde de un amigo, que me dice que ha organizado una cena con unas amigas y que contaba con otro amigo y conmigo, y tambien con la casa que tienen mis padres en Bayona. Bien, una cena con mujeres no es tan mal plan para un sábado de mediados de febrero, quedamos a las siete para hacer la compra de lo que vayamos a cenar.
En el super aparecen las dudas sobre lo que cocinar, decido yo con mi justicia estalinista, yo voy a cocinar, yo cocino lo que yo quiera, les voy dando la lista de lo que yo necesitaré y les dejo elegir el vino, si es casi como la democracia!. De camino a la casa de Bayona recibo la llamada de un amigo para ver lo que voy a hacer esa noche, que no tenia plan, para salir con nosotros, pues nada, lo invito a la cena, que total donde comen seis comen siete, y tampoco es plan de dejarlo tirado por unas tias que bi siquiera conoces.
Ya en la casa, error de calculo, la bandeja del horno no nos sirve para hacer la lasaña que tenia pensado, pues es demasiado fina y baja, bueno con otra algo más pequeña tambien nos podemos apañar. Vamos cocinanado a todo trapo pues se nos hizo tarde mientras hablabamos de nuestros cotilleos, y nos llaman las amigas de mi amigo para comunicarnos que vienen cuatro personas más, dos amigas de ellas y los novios, que si no pasaba nada, si no importaba,.... Alarma!!!, la comida se va a quedar corta y nos ponemos todos de los nervios, una copita y un canutillo para centrarnos; tenemos una lasaña que no se si se dará hecho, pues el horno va fatal, y unos champiñones rellenos para picar antes, pero la compra era para seis personas, no para once. Mientras nos decidimos que más hacer, o si nos rendimos y pedimos una pizza, llegan los invitados a casa, presentaciones, nervios, formalismos, y la comida que aún no está, los pasamos al salón, abrimos un par de bolsas de patatas fritas que trajeramos para picar y vamos ganando tiempo. Ya está, como sobro un poco de todo con lo que se hizo la salsa, hacemos una boloñesa y malo será que no haya una bolsa de pasta por aquí, ¡bingo!, unas helices vegetales, pues a toda máquina, les servimos un vino en el salón, y les ponemos los champiñones para que vayan picando, un éxito, la cosa está marchando, la lasaña está casi hecha y parece estar buena, y la pasta casi hecha, la salsa fue un periquete, pues estaba ya todo picadito, y sólo acumulamos veinte minutos de retraso.
Se sirvió la comida, llegó bien para todo el mundo, estaba buena y todo, quedamos como chicos apañados e incluso sobró vino, un éxitazo, momento de relax, whisky y otro canutito, la noche comienza bien, y poco a poco se va rompiendo el hielo entre el grupo, ya que excepto mi amigo los demás no nos conocíamos de nada, casi fue una cena a ciegas.
 
solo con mi frenadol
Van ya cuatro días encerrado en casa con una gripe de las chungas chungas, hoy es el primer día que me puedo levantar sin marearme al instante, y me fastidia tener que estar un fin de semana en cama, pero este todavía más, por ser carnaval. Los carnavales, una fiesta de deshinibiciones y amorios fáciles, de evasiones y de sueños, de teatro y de libertad; y yo bajo cuatro mantas con frenadoles y litros de zumo de naranja, durmiendo por el día, sufriendo por la noche, cuatro días sin fumar que ya no aguanto más, sudando lo indecible sin apenas comer nada sólido.

Y, un finde sin salir, sin poder seguir buscando a mi audrey, que sola se debe sentir, y sin poder ir a comprar esa camisa preciosa que vi el otro día de listas azul celestes y rebajada de precio para hacerse más deseosa. Por lo menos he terminado de leer un libro que llevaba unas semanas aparcado en mi mesilla, La noche del oráculo, de Paul Auster, muy recomendable, con unos cruces entre ficción y realidad que acaban aciendo mella en el protagonista, tres libros en uno, original, muy original. Voy acabando que hoy ya estoy mejor y me voy a fumar un cigarro que saboreare en cuerpo y alma.