CORAZON AMORDAZADO

Llora el corazón con cada palabra callada, con los sentimientos que lo llenan escondidos sin poder hablar, con la cobardía de los labios, llora por no poder ser el un hombre, si, sólo un hombre para poder así decir lo que ahora no puede, para poder así hacer lo que quiere y debe. Guarda imágenes que serán recuerdos, para castigarse cada noche, con el último cigarro del día, con la primera vuelta en la cama, antes del primer sueño, en cada hora no dormida recuerda que no es un hombre y como él bien sabe nunca lo será. Vive por no dejar de hacerlo, y no quiere ir al cielo si sabe que allí no va a encontrar esa mirada dulce, esa medio sonrisa permanente, esa forma de andar sin tocar el aire que sabe que es real, pero no eterna; sueña con cada canción, la busca en los coches que se cruza por la carretera, en las calles que murmullan pero no hablan, en los días sin color, en cada hora de las noches por acabar, pero nunca encuentra lo que no puede encontrar, "quiere y no puede, lo sabe y llora". Y en cada sombra ve una silueta negra, en cada silencio escucha una canción, en cada canción canta por no querer hablar, echando palabras al aire por boca de otro que no puede ser él. Cuando no la ve no pasa el tiempo, y los cigarros no saben igual, busca y no encuentra lo que no sabe encontrar, la sonrisa, la mirada, la sombra o el recuerdo de lo que no sabe nombrar, se acomoda en la silla y prefiere dejar de callar antes de volver a llorar.
LA NOCHE PERFECTA, LA HORA IDEAL
Primero hago una llamada que sorprende, me dice hablamos despues que tengo que ver que hacen ellas, luego la llamada que es ya esperada, hola, ya habia quedado para cenar, nos vemos despues, vale, espero noticias. Despues, tiempo para mi, cena, ducha y afeitado, solo en casa, música de Marvin Gaye, y cigarros que se evaporan. Se acerca la hora, comienza el ritual, poco a poco me voy vistiendo, con calma, gustándome, sintiendo placer al hacerlo, todo en orden, todo conjuntado, me perfumo casi acariciándome, y estreno el jersey recien comprado esta tarde. El último toque, pelo engominado ligeramente y levemente ondulado el flequillo, crema hidratante para la cara y la mejor de las sonrisas busco ante el espejo, la primera parte ha rematado perfecta, y justo a tiempo, suena el teléfono y , hola, dónde quedamos, todo marcha bien; último cigarro, última canción, sonrisa permanente, y caramelo de menta, para salir de casa.

Elsitio es cerca, bajo andando, con un caminar decidido, pero no rápido, seguro de mi mismo, sintiéndome observado, mi cara alegre debe resultar algo rara en las noches de otoño, llego al bar sabiendo que me sobran cinco minutos, busco alguien conocido con la mirada, no hay nadie, me acerco a la barra, y hablo algo con el camarero, pido una copa, y tras una estudiada búsqueda, decido dónde sentarme. Aunque lo parezca, el sitio donde nos sentamos no es casual, descarto cerca de la puerta, por estar demasiado al descubierto, así me cubro de muchos saludos innecesarios, el fondo está cerca de los baños, tambien saludos, y trafico intenso, las zonas recogidas, demasiado íntimas, si no hay ya cierta complicidad puede resultar algo incómodo al principio, me decanto por una mesa que está vacia en medio del bar, junto a la pared, ni cerca ni lejos de la barra, que no ofrece ni publicidad ni anonimato. Me acerco a sentarme, dónde, no lo dudo, silla contra la pared, a resguardo de la gente de la entrada, de espaldas a la puerta, para ser encontrado, sorprendido, y no estar sólo mirando a la puerta esperando que alguien aparezca, le doy el primer sorbo a la copa, enciendo un cigarro más, y me pongo a hurgar en el móvil, para distraerme un poco, y que no se me note tenso. De vez en cuando levanto la vista, pasan diez minutos, pero hoy me siento cómodo, no me entra la típica ansiedad, pasaría por casa a ponerse perfecta, porque esa es su mayor cualidad, la perfección, que alcanza cotas insuperables en su pelo, bueno, acabo el cigarro, doy otro sorbo a la copa y releo los últimos mensajes. Hola, qué tal, hola, bien,siéntate por favor, ........, comienzo de la segunda parte.

Elsitio es cerca, bajo andando, con un caminar decidido, pero no rápido, seguro de mi mismo, sintiéndome observado, mi cara alegre debe resultar algo rara en las noches de otoño, llego al bar sabiendo que me sobran cinco minutos, busco alguien conocido con la mirada, no hay nadie, me acerco a la barra, y hablo algo con el camarero, pido una copa, y tras una estudiada búsqueda, decido dónde sentarme. Aunque lo parezca, el sitio donde nos sentamos no es casual, descarto cerca de la puerta, por estar demasiado al descubierto, así me cubro de muchos saludos innecesarios, el fondo está cerca de los baños, tambien saludos, y trafico intenso, las zonas recogidas, demasiado íntimas, si no hay ya cierta complicidad puede resultar algo incómodo al principio, me decanto por una mesa que está vacia en medio del bar, junto a la pared, ni cerca ni lejos de la barra, que no ofrece ni publicidad ni anonimato. Me acerco a sentarme, dónde, no lo dudo, silla contra la pared, a resguardo de la gente de la entrada, de espaldas a la puerta, para ser encontrado, sorprendido, y no estar sólo mirando a la puerta esperando que alguien aparezca, le doy el primer sorbo a la copa, enciendo un cigarro más, y me pongo a hurgar en el móvil, para distraerme un poco, y que no se me note tenso. De vez en cuando levanto la vista, pasan diez minutos, pero hoy me siento cómodo, no me entra la típica ansiedad, pasaría por casa a ponerse perfecta, porque esa es su mayor cualidad, la perfección, que alcanza cotas insuperables en su pelo, bueno, acabo el cigarro, doy otro sorbo a la copa y releo los últimos mensajes. Hola, qué tal, hola, bien,siéntate por favor, ........, comienzo de la segunda parte.
VASOS NO COMUNICANTES
"Bueno es saber que los vasos nos sirven para beber; lo malo es que no sabemos para qué sirve la sed", y los bares siguen llenos de gente, las palabras se desparraman sobre las barras, los ojos se tornan antorchas de frustraciones irrealizadas, y los saludos forman parte del guión. Tenemos claro que la noche es para salir de copas, pero seguimos sin saber lo que buscamos, porque todas esas prisas y locuras varias que en la penumbra se cometen no indican otra cosa sino ansiedad, necesidad, pero, ¿de qué?. Charlas que no son conversaciones, frios besos de saludo, apretones de manos vacios, realmente no nos interesa conocer a nadie, nuestro fin es otro, y nuestro egoísmo nos lo recuerda antes de cada trago a la copa. Buscamos el fácil reconocimiento a nuestras gracietas, una noche de sexo desbordante, la evasión de nuestros vacios internos por unas horas en las que no somos los dóciles empleados a jornada completa de lunes a viernes, nos escondemos tras una o más drogas haciendo cola para no despertar. Pretendemos ser el centro de la noche, hablamos tanto y tan sinsentido que no nos paramos a escuchar, vemos sin mirar más allá de lo que no nos pretenden esconder, aplazamos siempre lo necesario por atender a lo urgente, disfrazamos las formas prostituyendonos por una efímera gloria que como la canela puede ser dulce y amarga a la vez. "Nunca traces tu frontera, ni cuides de tu perfil; todo eso es cosa de fuera". Tratemos de conocer más que de convencer, escuchemos lo que nos digan antes de responder, abramos más los ojos para conocer lo que hay más allá de nosotros, que tras cada noche viene otra mañana y por mucha prisa que tengamos los jueves siempre estarán antes que los viernes. 




