CUENTO DE NAVIDAD
Hacía algún tiempo que la conocía, un año o así, y nunca se había atrevido a decirle nada pese a que se sentía enormemente atraido por ella. La observaba furtivamente mientras ella trabajaba, reia cuando ella lo hacía, estaba triste cuando ella lo estaba, pero todo sin salir de su papel de anónimo admirador. Pero ahora en estas fechas de soledad y animo que se acercaban se había propuesto regalarle una noche especial, un comienzo de año felíz y maravilloso.
Ella salio tarde del trabajo ese día en el que todo el mundo está tomándose unas cañas cerrando el año viejo, de prisa cogío el coche y fue a la modista a la que le había dejado su traje para esa noche, pues necesitaba algún arreglillo. Desganada se fue a cenar con la familia, otra cena más con conversaciones en tono alto, risas y ficticia felicidad. Postres, copas de cava, las doce uvas, el nuevo año, los propositos por cumplir o los no cumplidos, las sonrisas fingidas, los brindis repetidos año tras año, y los besos deseando suerte para el recién estrenado año.
Sin demasiado ánimo fue hacia su cuarto, debía prepararse para salir, mientras se convencía de poner buena cara en las siguientes horas de saludos, besos y felicitaciones de año que le esperaban. Se miró al espejo y una sonrisa dulce y natural afloró a su cara, mirándose a los ojos se conjuró para estar de buen humor y disfrutar esta noche porque así lo necesitaba. Abrió la bolsa del vestido que había recogido esta tarde y se atemorizó al ver que no era el suyo. -Joder, menuda putada, este vestido no es el mio, y ahora que coño me pongo, pensó.- Pero este era un vestido nuevo y precioso, era el vestido que colgaba del escaparate en una tienda por la que solía pasar y se tenía parado a observarlo con cara de admiración y resignación a la vez. Busca en la bolsa si queda algo más y encuentra una cajita de regalo forrada de negro con un lazo rojo encima y una flor, y en la caja una tarjeta con su nombre. Sorprendida y pensativa abre la caja y encuentra un collar de perlas unas tijeras y otra tarjeta escrita en tinta roja que ponía: "Quiero que comiences el año de forma especial, el vestido está hecho para ti y el collar es un regalo por los días en los que tu sola visión me ha hecho sentirme bien. Disfruta de la noche y sé felíz, y así yo también lo seré.".
Con el vestido nuevo, el collar y una gran sonrisa de felicidad salió de casa, con las tijeras en el bolso por curiosidad para saber de que le podrían servir. Fue a buscar su coche en la calle y sorprendida lo encontró envuelto en papel de regalo, esperando cualquier cosa cortó el papel con las tijeras y comprobó que el coche era el mismo pero estaba lavado y reluciente, y sobre el cristal había una tarjeta que ponía "hazte a la idea que hoy esta es tu carroza princesa, y sonrie, que me encanta cuando lo haces. Felíz año nuevo". Con un mar de dudas sobre quien podría ser esa persona que le había preparado tantas sorpresas arrancó el coche y se dirigió hacía dónde sabía estaban sus amigos.
El la vió cuando llegaba al bar de siempre, con un gesto de admiración y felicidad infinita en su cara, ella estaba radiante, era la reina de la fiesta, todo el mundo se acercaba a saludarla, admirados por su belleza y elegancia. Fue hacia la barra a pedir una copa y pasó junto a él, que disimulaba hablando con unos amigos, lo sorprendió mirándola disimuladamente pero ya otras veces lo había hecho, aunque un pequeño resorte saltó en su cabeza pensando en que podría ser él quien la había colmado de regalos. Cogió su copa, se dió la vuelta y allí se lo encontró de frente.
- Hola, felíz año!. -Dijo él.
- Felíz año!.- Dijo ella.
- Estás radiante hoy.- Dijo el con los ojos brillantes de alegría.
- Gracias, tu tambien estás muy elegante!
- No hay nada mejor que comenzar el año con felicidad. Brinda conmigo por ello.
- Si brindemos por el nuevo año.- Dijo ella ya casi segura de que fuera él.
- Bueno reina, no te molesto más, me encantó hablar contigo.- Le dió dos besos se hizo a un lado para dejarla pasar.
- Oye, es que no sé tu nombre, pero no serías tú quien....
Sonriendo de emoción, la agarró de la cintura y le dijo:
- Mi nombre da igual, y no sé quien quieres que sea, pero si es alguien que te hace felíz me encantaría serlo.
Ella salio tarde del trabajo ese día en el que todo el mundo está tomándose unas cañas cerrando el año viejo, de prisa cogío el coche y fue a la modista a la que le había dejado su traje para esa noche, pues necesitaba algún arreglillo. Desganada se fue a cenar con la familia, otra cena más con conversaciones en tono alto, risas y ficticia felicidad. Postres, copas de cava, las doce uvas, el nuevo año, los propositos por cumplir o los no cumplidos, las sonrisas fingidas, los brindis repetidos año tras año, y los besos deseando suerte para el recién estrenado año.
Sin demasiado ánimo fue hacia su cuarto, debía prepararse para salir, mientras se convencía de poner buena cara en las siguientes horas de saludos, besos y felicitaciones de año que le esperaban. Se miró al espejo y una sonrisa dulce y natural afloró a su cara, mirándose a los ojos se conjuró para estar de buen humor y disfrutar esta noche porque así lo necesitaba. Abrió la bolsa del vestido que había recogido esta tarde y se atemorizó al ver que no era el suyo. -Joder, menuda putada, este vestido no es el mio, y ahora que coño me pongo, pensó.- Pero este era un vestido nuevo y precioso, era el vestido que colgaba del escaparate en una tienda por la que solía pasar y se tenía parado a observarlo con cara de admiración y resignación a la vez. Busca en la bolsa si queda algo más y encuentra una cajita de regalo forrada de negro con un lazo rojo encima y una flor, y en la caja una tarjeta con su nombre. Sorprendida y pensativa abre la caja y encuentra un collar de perlas unas tijeras y otra tarjeta escrita en tinta roja que ponía: "Quiero que comiences el año de forma especial, el vestido está hecho para ti y el collar es un regalo por los días en los que tu sola visión me ha hecho sentirme bien. Disfruta de la noche y sé felíz, y así yo también lo seré.".
Con el vestido nuevo, el collar y una gran sonrisa de felicidad salió de casa, con las tijeras en el bolso por curiosidad para saber de que le podrían servir. Fue a buscar su coche en la calle y sorprendida lo encontró envuelto en papel de regalo, esperando cualquier cosa cortó el papel con las tijeras y comprobó que el coche era el mismo pero estaba lavado y reluciente, y sobre el cristal había una tarjeta que ponía "hazte a la idea que hoy esta es tu carroza princesa, y sonrie, que me encanta cuando lo haces. Felíz año nuevo". Con un mar de dudas sobre quien podría ser esa persona que le había preparado tantas sorpresas arrancó el coche y se dirigió hacía dónde sabía estaban sus amigos.
El la vió cuando llegaba al bar de siempre, con un gesto de admiración y felicidad infinita en su cara, ella estaba radiante, era la reina de la fiesta, todo el mundo se acercaba a saludarla, admirados por su belleza y elegancia. Fue hacia la barra a pedir una copa y pasó junto a él, que disimulaba hablando con unos amigos, lo sorprendió mirándola disimuladamente pero ya otras veces lo había hecho, aunque un pequeño resorte saltó en su cabeza pensando en que podría ser él quien la había colmado de regalos. Cogió su copa, se dió la vuelta y allí se lo encontró de frente.
- Hola, felíz año!. -Dijo él.
- Felíz año!.- Dijo ella.
- Estás radiante hoy.- Dijo el con los ojos brillantes de alegría.
- Gracias, tu tambien estás muy elegante!
- No hay nada mejor que comenzar el año con felicidad. Brinda conmigo por ello.
- Si brindemos por el nuevo año.- Dijo ella ya casi segura de que fuera él.
- Bueno reina, no te molesto más, me encantó hablar contigo.- Le dió dos besos se hizo a un lado para dejarla pasar.
- Oye, es que no sé tu nombre, pero no serías tú quien....
Sonriendo de emoción, la agarró de la cintura y le dijo:
- Mi nombre da igual, y no sé quien quieres que sea, pero si es alguien que te hace felíz me encantaría serlo.





