Treinta años no son nada
Crisis, inseguridad, cobardía, no sé como llamarlo pero desde hace unos días le doy vueltas a mi cabeza buscando algo que o no sé que es o yo no lo tengo programado. Mis amigos comienzan a tener hijos, otros se van casando, comprando viviendas para comenzar una nueva vida en pareja, comenzando un nuevo camino que yo aún no sé dónde ni como tomar. Comienzo la treintena sin objetivos claros, sin pretensiones ni síntomas diferentes a los años anteriores, me comienzo a notar descolocado en ciertos ambientes, la gente más allegada a mi me pregunta cosas que yo no sé bien como responder, la presión se va notando para asentarme, buscar pareja, casarme, tener hijos y formar una familia.
Veo a mis exnovias una casada y con un niño, otra a punto de casarse, que me dicen que tengo que dejar de ser un niño, que se me va a pasar el arroz, que tengo que cambiar de vida, dejar de salir por las noches, abandonar el ruido de los bares y salir a pasear los domingos. Pero eso es lo que hacen mis padres y no me hago a la idea de ser como ellos, de cerrar el círculo de la vida, no me siento preparado para ello, seré un niño o un eterno Peter Pan, pero de verdad que estoy felíz así y por ahora no vislumbro un cambio tan drástico como yo veo que sería para mi.
Me gusta la vida de señorito, de crápula, de cada noche una historia diferente, de la gente que se conoce en los bares, de soñador eterno y treinteañero, me encanta la libertad que disfruto e intento aprovecharla sin pensar más allá que mi eterno presente, no puedo poner precio a todo lo que tengo de privilegios como para comprarlos y cambiar de vida, pienso que ese paso debe darse de forma natural, cuando llegue por si sólo, sin buscarlo ni perseguirlo, en mi cuenta tengo mucho en el haber y poco en el debe, así que mi crédito sigue siendo libre por el momento. Dicen que esta vida cansa, pero los mismos que lo dicen siempre se buscan cenas, despedidas, etc, para salir y comerse la noche sin mesura, así es imposible disfrutar nada, pero ese es otro tema del que ahora no me apetece hablar.
Veo a mis exnovias una casada y con un niño, otra a punto de casarse, que me dicen que tengo que dejar de ser un niño, que se me va a pasar el arroz, que tengo que cambiar de vida, dejar de salir por las noches, abandonar el ruido de los bares y salir a pasear los domingos. Pero eso es lo que hacen mis padres y no me hago a la idea de ser como ellos, de cerrar el círculo de la vida, no me siento preparado para ello, seré un niño o un eterno Peter Pan, pero de verdad que estoy felíz así y por ahora no vislumbro un cambio tan drástico como yo veo que sería para mi.
Me gusta la vida de señorito, de crápula, de cada noche una historia diferente, de la gente que se conoce en los bares, de soñador eterno y treinteañero, me encanta la libertad que disfruto e intento aprovecharla sin pensar más allá que mi eterno presente, no puedo poner precio a todo lo que tengo de privilegios como para comprarlos y cambiar de vida, pienso que ese paso debe darse de forma natural, cuando llegue por si sólo, sin buscarlo ni perseguirlo, en mi cuenta tengo mucho en el haber y poco en el debe, así que mi crédito sigue siendo libre por el momento. Dicen que esta vida cansa, pero los mismos que lo dicen siempre se buscan cenas, despedidas, etc, para salir y comerse la noche sin mesura, así es imposible disfrutar nada, pero ese es otro tema del que ahora no me apetece hablar.





