EL POBRE TRUCO VS MIS BICHITOS
Hoy me ha contado mi marido que unos amigos nuestros han sacrificado a su perro, el Truco, porque ya no podían con él y había atacado a varias personas.
Lo que le pasaba al animal, es que lo tenían encerrado en un cuartel por no tenerlo en casa, y algún cretino le maltrataba cada vez que podía, así que el animal aprendió a defenderse. Y el caso es que cuando nos veía a cualquiera de mi familia, se ponía más contento que unas castañuelas, de tan bueno que era, parecía tontorrón.
Yo aprecio mucho a estos amigos, pero me han dejado la espinita clavada y no sé si podré perdonarles lo que han hecho, porque para mí, el que tiene un animal lo tiene con todas las consecuencias, y si no quieres un perro grande, te compras un chihuahua, pero no tengas al animalillo encerrado a merced de cualquier cafre que se desquite con tu perro...
La verdad es que si no hubiera tenido tantos animales en casa, me hubiera quedado con ese perro, era muy hermoso: grandote, pelo precioso y un buenazo.
Pero es que tengo una perrita, dos gatos, una tortuga de tierra y dos peces, todos recogidos.
La primera que tuve fue la perra, Luna. Me llamó mi tío para ver si la quería porque fue el regalo de reyes de una niña malcriada y creció demasiado, así que la deshecharon. Cuando fuimos a por ella era puro hueso y pelo estropajo, pero nos enamoramos de ella por lo cariñosa y dócil que era. Se vino con nosotros tan contenta. Ahora es un animal precioso, con un pelaje brillante y suavecito, más lista que el hambre, y siempre que estoy malita o me ve llorar, apoya su cabecita en mi pierna y me da lametones en las manos para que me anime.
La siguiente fue Mina, una gata de estas de rayas grises claras y oscuras que la hija mayor de mi marido recogió de la calle con tres días, a punto de morirse de frío e inanición. Se la trajeron a mi casa cuando vinieron a vivir con nosotros. El animal había estado en una casa en la que no la querían, la habían pegado y, cuando llegó a la mía, se tiró tres días en un rincón, hasta que se convenció de que ni nosotros ni la perra le iban a hacer nada. Ahora es una zalamera, un poco arisca, pero cuando quiere es un sol. Le gusta dormir encima de mi marido (creo que está enamorada de él) y meterse en los armarios a rebozarse en la ropa limpia.
Luego vino Micho, un gatito que recogió mi hija viniendo del cole porque unos niños le habían quemado los bigotes y lo querían matar. Cuando ví esa pelusilla llena de mierda y pulgas, con una carita de desamparo total, no tuve corazón para echarlo a la calle, así que, llorando de la rabia por haber intentado matar una cosita tan pequeña, le metí en la bañera, le saqué todas las pulgas y le di comida de la gata (se mosqueó al ver un competidor). Enseguida llegó la perra y le cogió como si fuese su cachorro. Y cuando ya llegó mi marido y vió esa bolita blanca con manchas negras (una en el ojo, parece un piratilla) se quedó loco con él y dijo que nos lo quedábamos. Es más bueno que el pan, un poco travieso, pero es normal en un gato, aunque tiene más de perro que de gato: duerme panza arriba, pide comida cuando estamos en la mesa y no le asusta bañarse. Todas las noches se viene a dormir conmigo, me quiere con locura, donde voy yo, ahí tiene que estar él. Lo malo es que el muy tragón se come todas las plantas, el tío gumia. Pero es mi favorito.
Además tenemos a la Lola, la tortuga de tierra que se encontró mi marido hace muchos años en el borde de una carretera y se la llevó para su casa. Con el tiempo, hemos descubierto que Lola es en realidad Lolo. Come como una lima y suelta unos cagarros para asustarse. Pero no da nada de guerra, sólo cuando tiene hambre, porque te persigue por la casa y te muerde los pies.
Y los últimos son los peces, que nos tocaron hace un par de años en la feria y todavía están ahí, vivitos y coleando. Cuando nos tocaron, eran canijos y pensábamos que no durarían. Ahora tienen un pedazo de aleta trasera impresionante y han crecido al doble.

Mi gata Mina se parece a este gato

Y así sería mi Micho, pero él no usa gafas, jijiji
Besos a tod@s
Lo que le pasaba al animal, es que lo tenían encerrado en un cuartel por no tenerlo en casa, y algún cretino le maltrataba cada vez que podía, así que el animal aprendió a defenderse. Y el caso es que cuando nos veía a cualquiera de mi familia, se ponía más contento que unas castañuelas, de tan bueno que era, parecía tontorrón.
Yo aprecio mucho a estos amigos, pero me han dejado la espinita clavada y no sé si podré perdonarles lo que han hecho, porque para mí, el que tiene un animal lo tiene con todas las consecuencias, y si no quieres un perro grande, te compras un chihuahua, pero no tengas al animalillo encerrado a merced de cualquier cafre que se desquite con tu perro...
La verdad es que si no hubiera tenido tantos animales en casa, me hubiera quedado con ese perro, era muy hermoso: grandote, pelo precioso y un buenazo.
Pero es que tengo una perrita, dos gatos, una tortuga de tierra y dos peces, todos recogidos.
La primera que tuve fue la perra, Luna. Me llamó mi tío para ver si la quería porque fue el regalo de reyes de una niña malcriada y creció demasiado, así que la deshecharon. Cuando fuimos a por ella era puro hueso y pelo estropajo, pero nos enamoramos de ella por lo cariñosa y dócil que era. Se vino con nosotros tan contenta. Ahora es un animal precioso, con un pelaje brillante y suavecito, más lista que el hambre, y siempre que estoy malita o me ve llorar, apoya su cabecita en mi pierna y me da lametones en las manos para que me anime.
La siguiente fue Mina, una gata de estas de rayas grises claras y oscuras que la hija mayor de mi marido recogió de la calle con tres días, a punto de morirse de frío e inanición. Se la trajeron a mi casa cuando vinieron a vivir con nosotros. El animal había estado en una casa en la que no la querían, la habían pegado y, cuando llegó a la mía, se tiró tres días en un rincón, hasta que se convenció de que ni nosotros ni la perra le iban a hacer nada. Ahora es una zalamera, un poco arisca, pero cuando quiere es un sol. Le gusta dormir encima de mi marido (creo que está enamorada de él) y meterse en los armarios a rebozarse en la ropa limpia.
Luego vino Micho, un gatito que recogió mi hija viniendo del cole porque unos niños le habían quemado los bigotes y lo querían matar. Cuando ví esa pelusilla llena de mierda y pulgas, con una carita de desamparo total, no tuve corazón para echarlo a la calle, así que, llorando de la rabia por haber intentado matar una cosita tan pequeña, le metí en la bañera, le saqué todas las pulgas y le di comida de la gata (se mosqueó al ver un competidor). Enseguida llegó la perra y le cogió como si fuese su cachorro. Y cuando ya llegó mi marido y vió esa bolita blanca con manchas negras (una en el ojo, parece un piratilla) se quedó loco con él y dijo que nos lo quedábamos. Es más bueno que el pan, un poco travieso, pero es normal en un gato, aunque tiene más de perro que de gato: duerme panza arriba, pide comida cuando estamos en la mesa y no le asusta bañarse. Todas las noches se viene a dormir conmigo, me quiere con locura, donde voy yo, ahí tiene que estar él. Lo malo es que el muy tragón se come todas las plantas, el tío gumia. Pero es mi favorito.
Además tenemos a la Lola, la tortuga de tierra que se encontró mi marido hace muchos años en el borde de una carretera y se la llevó para su casa. Con el tiempo, hemos descubierto que Lola es en realidad Lolo. Come como una lima y suelta unos cagarros para asustarse. Pero no da nada de guerra, sólo cuando tiene hambre, porque te persigue por la casa y te muerde los pies.
Y los últimos son los peces, que nos tocaron hace un par de años en la feria y todavía están ahí, vivitos y coleando. Cuando nos tocaron, eran canijos y pensábamos que no durarían. Ahora tienen un pedazo de aleta trasera impresionante y han crecido al doble.

Mi gata Mina se parece a este gato

Y así sería mi Micho, pero él no usa gafas, jijiji
Besos a tod@s
Comentario:
Lo debisteis pasar fatal, pero, ¿a que compensa recoger un bichito de esos?
Es que dan un cariño...
Ojala hubiera más gente dispuesta a hacer lo que has hecho tú.
Es que dan un cariño...
Ojala hubiera más gente dispuesta a hacer lo que has hecho tú.
Comentario:
Veo que hay gente con corazón para compensar los bárbaros que maltratan animales. Yo tambien recogí un gatito una noche de invierno, lloviendo, con un frío de mil demonios. El pobre iba calado hasta los huesos corriendo muerto de miedo por una carretera. Estaba tísico, sucio, pulgoso y algo después descubrí que tiñoso. Nos pegó la tiña a los tres que somos en casa (ya creía que a mi hijo se le quedaban las ronchas de por vida), pero tras ir él al veterinario y nosotros al médico y mucha paciencia, se solucionó el "problema".
Un saludo de otra música en paro.
Un saludo de otra música en paro.






