HASTA MAÑANA AMOR
Amor mío,
Aquí estoy para recordarte lo que ya sabes, tan sólo porque hoy es más necesario que nunca saberlo, recordarlo.
Hoy es el preludio de mañana, ese mañana que llevamos esperando tanto tiempo, contando los días, las horas , los minutos. Como dos niños locos lanzando al vuelo por la ventana el tiempo. Olvidando la cordura ,esa señora tan tonta que nos enseña como deben ser las cosas , como se debe sentir y cómo debemos amar. Esa que se nos quedó a nosotros tan pequeña.
Desde el mismo momento en que nacimos a la conciencia de que existíamos, hemos sido un desafío permanente. Una tormenta y un bálsamo. Esa planta trepadora que a mí tanto me gusta evocar, y que invade los rincones más estrechos y sombríos. Hemos jugado como niños, soñado como niños, llorado como niños. A pecho descubierto siempre, sin esa tontería coqueta de los adultos , sin pretender ser más de lo que somos, sin intentar parecer otros mejores, sorprendiéndonos de que todo fuera tan sencillo de descubrir y de amar. Redescubriéndonos en la mirada del otro .Reaprendiendo a creer y a crecer.
Ya te dije que a las personas se les admira por sus virtudes pero se les ama por sus fragilidades. Y hoy somos frágiles amor.
Hoy es el preludio de mañana, ese mañana que no va a llegar, que va a llegar como otro día cualquiera, de soslayo. Pero la fragilidad que nos invade no cuenta con que a pesar de todo y de todos, nos seguimos teniendo, nos seguimos amando y siempre nos tendremos el uno al otro haciéndonos más fuertes, sobreviviéndonos.
No merece la pena sufrir Amor mío. De hecho sufrir por amor es soberanamente estúpido. Amar es lo único que nos queda de bueno en toda esta vorágine de mundo. Amar de lejos, de cerca, con o sin permiso, amar a pedacitos o desmedidamente. Todo Amor es bueno, del tipo y la condición que sea. Nunca es desechable.
Sentir mucho, es cierto, hace mucho daño. Pero si enseñamos al corazón a razonar sus sinrazones, a ver lo bello, a aprender . Si le enseñamos que no es malo flaquear, ni dudar, ni dolerse. Si le enseñamos que lo verdaderamente malo es no ser capaz de seguir construyendo a partir de eso, olvidarse de regar esa planta trepadora que es capaz de llegar donde nadie más llega, de hacer reverdecer los días más opacos y devolvernos lo que creíamos perdido para siempre. Si aprendemos cómo, tal vez entonces todo encuentre su sentido.
Me conoces como nadie. Mis arrebatos de insuficiencia , mi aparente suficiencia, mis altos y mis bajos , mi sensatez de base, mi ternura permanente, mis risas y mis vocecitas mimosas . Yo te conozco como nadie, tu fachada de duro y tu corazón blando, tus temores, tus dudas y tu enorme fortaleza, tus susurros y tus gansadas. Nuestros sueños no cumplidos, nuestro instinto protector, nuestra locura infantil. Nos falta lo ausente, lo que no puede ser, lo que no será. Pero tenemos tanto, tanto amor, mucho más de lo que nunca habríamos imaginado. ¿Merece la pena derrocharlo todo por lo imposible? . Con todos los imposibles deberíamos hacer confetti y festejar a puñados lo que sí tenemos. Lo que vivimos. La vida.
Te deseo, me deseas, nos desearemos. Tan sólo eso.
Y yo te desearé todos y cada uno de mis días que seas inmensamente feliz, a ser posible y de cuando en cuando, mirándote dulcemente a los ojos.
Hasta mañana Amor mío.
Hasta cualquier mañana.
DESAPRENDER
Últimamente, quizá por mi estado anímico, me saltan a la cara noticias relacionadas con personas que hacen cosas que se salen de la normalidad. Algunas noticias resultan altruístas y conmovedoras, como la de aquel periodista que marchó de vacaciones a la India para volver después de forma definitiva dedicándose a levantar prácticamente de la nada un orfanato en Bombay. Otras insólitas, como la del transexual que pasó de mujer a hombre y se quedó embarazado porque su mujer no podía tener niños. Alguna otra más cercana, como la de una amiga que lo deja todo e invierte sus ahorros de años, en irse muchos meses de mochilera por sudamérica a una edad en que la mochila ya no se puede llevar mucho tiempo a la espalda.
Todos ellos son gente que se saltan “las normas”, “lo convencional”, “lo habitual” , para buscar la felicidad en lugares no comunes. Para buscar su felicidad.
Cada día que pasa estoy más convencida del daño que las convenciones sociales nos hacen a cada uno personalmente como individuos. El peso que la sociedad pone sobre nuestras espaldas, su vara de medir, las acotaciones, las reglas y las normas que subyacen bajo el entorno social y cultural en que nos movemos, nos empujan día a día a volvernos todos cada vez más iguales primando la igualdad y desalentando las individualidades, lo distinto, “lo extraño”.
Desde hace muchos años creo que el proceso educativo no sólo no nos hace pensar lo suficiente sino que nos invita a no pensar de forma individual. De ahí que la originalidad – inteligente - sea cada día un bien más escaso. Y todo esto sin hablar del daño que hacen las instituciones en general y las religiosas en particular.
En mi personal búsqueda de la felicidad, no como un estado puntual y transitorio sino como una forma de vida, me estoy dando cuenta de que el proceso pasa realmente por desaprender. Tengo que desaprender convicciones, creencias, seguridades, ideas, miedos. Muchas cosas que tengo aquí dentro tan incrustadas que cuesta mucho reconocerlas y sacarlas a la luz antes de decirles adios.
Ver tambalearse los pilares de determinadas creencias resulta muy desconcertante pero a la vez resulta muy liberador. Es como mirar de repente por una ventana que siempre ha estado ahí pero que nunca has visto y sentir ese cierto vértigo previo a poner un pié en el alféizar antes de saltar por ella y averiguar qué pasa. Alicia, antes de traspasar el espejo.
No existe una sola forma de felicidad. La felicidad no es en todos los casos una carrera exitosa, un matrimonio feliz, unos hijos sanos, una pensión holgada y dineros para adquirir casa, coche, segundas viviendas o un juego nuevo de palos de golf.
Yo no soy una mujer ambiciosa, eso es algo que tengo claro. Mis ambiciones y mi felicidad particular se basan sin duda en mi forma de relacionarme conmigo misma y sobre todo con los demás. En materia de consecución de objetivos profesionales estoy aún más perdida que un burro en un garaje, probablemente mis anhelos estén cerca del ámbito creativo, aunque mi deriva siempre ha terminado por llevarme a distintos sectores en entornos internacionales. ¿Una mezcla de deseos y deriva serán tal vez mi objetivo futuro?. Quién sabe.
De momento estoy haciendo palanca para abrir ojos, oídos y mente. Sigo averiguando quien soy , cómo soy , y sobre todo qué y quienes me hacen feliz.
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No me he ido de forma definitiva, permanezco en la distancia y os sigo leyendo.
Besos
SOLITUDE

AU REVOIR MES AMIS...
INTERLUDE

Bajó la calle.
Los tacones resonaban contra el pavimento de piedra , secos y amargos en la noche aún tibia. Escucharlos alentaba sus pasos y alimentaba su necesidad de sentirse fuerte. Antes de salir de casa se había maquillado con cuidado y vestido aquel traje negro decadente con esa falda de femme fatale años cuarenta. Sin pensar demasiado y con la determinación jugando a converger entre sus cejas, se cepilló el pelo en un último intento por demorar lo inevitable.
Una vez vestida y disfrazada ilusamente de desafío, agarró su viejo bolso, y se lanzó a la calle con decisión. Agitó su largo cabello por delante de tiendas y ventanas cerradas, sin darse cuenta de que una fina lluvia empezaba a depositarse y a envolverlo todo. Ni siquiera se fijó en que aquel camino que tantas veces había degustado como un manjar, como un trago de champán de dulce burbujeo, se diluía ahora insípido, a su paso.
Las calles desfilaron una en una, acaso presentando sus respetos. Cada esquina, cada recoveco fué invadido por aquel caminar certero, decidido, ausente. El pequeño café donde entrelazar las manos y detener los tiempos, ahora con la vieja cancela bajada y gris. La bruma del río que subía a saludarla con sus húmedos y madrugadores dedos.
Ella nada sentía.
Al cruzar la pequeña plaza, apenas a dos calles ya de su destino, uno de sus pies por un leve instante vaciló y de repente uno de sus pasos decidió que no sabía si correr o demorar. Y mientras recobraba el taconeo, ahora ya más temeroso, alzó una de sus manos para apartar aquel mechón de cabello goteando de lluvia. De repente recordó. Aquel vals.
Giró como si bailara sobre sus talones. Se detuvo y allí estaba. Aquella puerta vieja y verde. Aquel picaporte de latón oxidado. Los recuerdos.
Sólo tres pasos , tres eternos pasos, para cruzar la calle. Su mano permaneció a dos milimetros de aquella vieja puerta, detenida, un segundo tras otro. Posó levemente su dedo, un nombre, un timbre. Acarició cada letra mientras giraba en infinitas vueltas al son de aquel vals insonoro. – Mis dedos, sin pudieran hablar mis dedos – pensó.
No llegó a pulsar el timbre. Nunca se abrió la verde puerta.
Se quitó los tacones para subir la calle. Se sujetó el pelo con las manos. Y enmudeció. El silencio dejó rendido un mundo que a su alrededor parecía despertar, mientras regresaba paso a paso, calle arriba.
Y mientras volvía, supo con certeza que ya no había lugar para el retorno.
Que sus dedos habían enmudecido para siempre.
ARRITMICA
Yo nunca he sido rebelde. Ni he sido una niña rebelde, ni soy una mujer rebelde.
De niña leía y estudiaba, en el colegio no daba problemas y empecé a beber y a andar con "malas" compañías a edad ya avanzada.
De mayor no soy rebelde. Tengo mi trabajo, mi hipoteca, mis pequeños lujos y mis pequeños vicios, como todo hijo de vecino.
Sin embargo, cuando todas las niñas suspiraban por Leif Garret a mí me gustaba Richard Cleyderman. Cuando leían el superpop yo leía a Lovecraft y cuando empapelaban sus carpetas con fotos de cantantes o actores yo las llenaba de fotos de viajes y lugares desconocidos. Cuando las chicas perdían la virginidad con su noviete a los 17 en algún coche o en casa de los ausentes papis, yo lo hacía con 24 años en un hotel de Mexico DF con un chico que nunca se creyó que fuera virgen. Cuando todos jugaban o programaban el spectrum yo escribía miles de líneas en hojas cuadriculadas, con un boli bic negro. Cantaba en el coro de la iglesia pero me negaba a firmar aquella estúpida campaña anti-preservativo y miraba con cierto estupor las banderitas españolas de los relojes, los privata y las manifestaciones. Me lié con el chico más popular del instituto diez años después de que fuera popular. Cuando me fuí a aquel sitio en donde se supone que todo el mundo iba para el rollo fácil, yo me enamoré. La única vez que entré en un chat yo no ligué, hice un buen amigo con el que hablo todos los meses desde hace varios años. Aunque soy romántica hasta la médula, nunca me gustaron los vestidos de novia, ni he soñado con el príncipe azul. Me engañaron, me hirieron, me dejaron, pero sigo creyendo impepinablemente en el amor. Cuando todas mis amigas tienen niños yo vivo sola. Y cuando todo el mundo parece estabilizarse yo me dedico a bucear en mí misma y a desestabilizar creencias arrastradas durante años.
Yo no soy una mujer rebelde. No visto distinta, ni me peino distinta, ni enarbolo banderas, ni abogo por ninguna causa, ni siquiera me gusta el vestido feminista porque yo soy más bien de creencia "personista".
Cuando casi todo el mundo parece escuchar un ritmo yo sólo oigo el contratiempo.
<No soy una mujer rebelde. Lo que soy es una mujer arrítmica.