Cada poesía es la última que escribo.
cuando quieres hablar de poesía.
LA INSOPORTABLE FRAGILIDAD DEL SER
Ayer estuve, como acompañante, en una maratoniana sesión de terapia en grupo para personas con problemas de ludopatía. En las cinco horas que estuve sentada en aquel cuarto, escuché historias diversas, historias de tristeza y de fortaleza. Personas frágiles jugando a fuertes, tirando del carro de una vida ajena y problemática. Buscando entender problemas a la vez tan cercanos y tan ajenos. Intentando sortear las ingratas mareas de una vida y capear un temporal extraño e injusto. Participando en un teatro como actores y espectadores a la vez. Malabaristas, policías, amantes y ejecutores para su gente. Gente querida y perdida, gente amada y odiada a la vez. Cansados. Dolidos. Esperanzados.
El caso es que mientras estaba sentada y observaba y escuchaba, pensé en lo frágil que es el ser humano. Parecemos todos una panda de pollitos mojados preparados a temblar ante el viento adecuado, a cada uno el suyo. Unos temblaremos, otros agonizaremos. Todos caemos. Y no puedo evitar que me sacuda un extraño instinto maternal.
Hay problemas mayores y problemas menores, pero todos los llevamos con mayúsculas, clavados a fuego en ese lugar impreciso que habita entre la razón y los instintos. Vivimos empeñados en alimentarnos de nuestras penas de una forma u otra, dolientes o resistentes, quejosos o envalentonados, agonizamos breve o ampliamente ante el mundo o venas adentro.
No nos salvan la educación, ni el dinero, ni la posición, ni la familia, ni los amigos, ni la suerte, ni siquiera la experiencia.
Quiero creer que ha de existir alguna forma de salir de ese círculo vicioso que todos de una forma u otra alimentamos. De sacudirnos las reglas y las formas en pos de la felicidad.
Quiero creer, creo, que realmente todo depende de uno mismo. De nuestra capacidad de observar y de percibir la belleza del mundo incluso en los lugares más insospechados. En abrirnos en aquellos lugares que habitualmente guardamos cerrados. En aprender que aquello que nos causa dolor, será seguramente también aquello que nos redima.
Probablemente existen – existimos - algunas personas más propensas a la fragilidad que otras. Muchas de ellas no reflejamos esa fragilidad, no la mostramos. Y las galerías se visten de caras que se muestran fuertes mientras los corazones callan. La sensibilidad, la fragilidad, es un don extraño, casi diría yo que más que un don es un desafío.
Para terminar con esta sarta de pensamientos con que hoy os invado, os dejo unas palabras de un amigo – ¿me permite usted el plagio? - que me impactaron mucho y que decían así:
"A veces son las mejores personas las que más sufren, y eso tampoco lo saben, porque las mejores personas no saben que lo son, siempre torturadas porque no llegaron, no supieron, no pudieron."
El caso es que mientras estaba sentada y observaba y escuchaba, pensé en lo frágil que es el ser humano. Parecemos todos una panda de pollitos mojados preparados a temblar ante el viento adecuado, a cada uno el suyo. Unos temblaremos, otros agonizaremos. Todos caemos. Y no puedo evitar que me sacuda un extraño instinto maternal.
Hay problemas mayores y problemas menores, pero todos los llevamos con mayúsculas, clavados a fuego en ese lugar impreciso que habita entre la razón y los instintos. Vivimos empeñados en alimentarnos de nuestras penas de una forma u otra, dolientes o resistentes, quejosos o envalentonados, agonizamos breve o ampliamente ante el mundo o venas adentro.
No nos salvan la educación, ni el dinero, ni la posición, ni la familia, ni los amigos, ni la suerte, ni siquiera la experiencia.
Quiero creer que ha de existir alguna forma de salir de ese círculo vicioso que todos de una forma u otra alimentamos. De sacudirnos las reglas y las formas en pos de la felicidad.
Quiero creer, creo, que realmente todo depende de uno mismo. De nuestra capacidad de observar y de percibir la belleza del mundo incluso en los lugares más insospechados. En abrirnos en aquellos lugares que habitualmente guardamos cerrados. En aprender que aquello que nos causa dolor, será seguramente también aquello que nos redima.
Probablemente existen – existimos - algunas personas más propensas a la fragilidad que otras. Muchas de ellas no reflejamos esa fragilidad, no la mostramos. Y las galerías se visten de caras que se muestran fuertes mientras los corazones callan. La sensibilidad, la fragilidad, es un don extraño, casi diría yo que más que un don es un desafío.
Para terminar con esta sarta de pensamientos con que hoy os invado, os dejo unas palabras de un amigo – ¿me permite usted el plagio? - que me impactaron mucho y que decían así:
"A veces son las mejores personas las que más sufren, y eso tampoco lo saben, porque las mejores personas no saben que lo son, siempre torturadas porque no llegaron, no supieron, no pudieron."
MAS HISTORIAS DE MARGUERITE
Hoy he visto a mi último ex en una página de contactos de esas de internet. Su foto, una sonrisa en la cara y aquella ropa que yo le elegí. Curioso. Algo extraño me escarba. No es amor. Creí entonces que empezaba a amarle pero me equivocaba. Hace un tiempo me dí cuenta de que en realidad, aquello que sentía, era tan sólo una ilusión y de que ya no quedaba nada. Ni tan siquiera existe esa amistad que aparentamos mantener pero que no es real, porque la amistad no se sustenta en una llamada de teléfono ocasional y alguna cena con la esperanza de una sesión de sexo esporádico. Para mí la amistad es un valor escaso y con otros fundamentos.
Reconozco que lo que me corroe es esa sensación de que alguien a quien he creído querer sigue buscando algo que indefectiblemente yo no poseo. Y la curiosidad perenne de averiguar de qué “posesiones” carezco para que los hombres pasen por mi vida de soslayo, de paso, de camino. No es una queja, es simplemente una evidencia.
Ha llegado también a mí un artículo relacionado con la “compulsión de repetición del trauma”, parece ser que es una pauta psicológica bastante común por la cual parece que tendemos a repetir traumas de nuestro pasado con la intención básica de que queden resueltos. Y es en ese punto de la lectura cuando me pregunto si en mi relación con los hombres estoy repitiendo algún comportamiento del cual no soy consciente y que está directamente relacionado con que mi padre nos abandonara cuando yo era casi un bebé.
Algo de eso habrá me temo, repasando mis últimos pasos en relación al género masculino.
Luego también me da por pensar que pienso demasiado y que en vez de darle tantas vueltas a las cosas debería seguir con mi dieta y adelgazar los kilos que me sobran para entrar dentro de los cánones de belleza, y asumir de una vez por todas que lo que importa sí es el exterior y que eso de gustarle a alguien tal y como soy no es más que una frase tonta de película disney. Claro que también tendría que darle la razón a la niña esa que me dice: “hija con lo mona que eres no entiendo por qué no adelgazas”. Para morirse.
Y por último me digo:¡ A la mierda con todo! Con lo que yo ligo por Chueca cada vez que voy debería plantearme en serio lo de hacerme lesbiana.
BAHÍA

Estoy recién llegada. Una semana en Brasil. Compañeros de trabajo. Un trancazo y algo de fiebre. El aire acondicionado me mata. Estoy agotada.
La luna en Brasil es inmensa. El mar bravo. La vida parece mucho más real, casi se palpa. Mulatos, palmeras, polvo y sonrisas.
Demasiada gente yendo y viniendo a la vez. Demasiadas palabras formales. Demasiados juegos de seducción ridículos. Demasiadas pérdidas de papeles. Demasiada falta de sueño. Yo contemplo todo desde fuera. Nada tiene que ver conmigo. Sonrío, escucho y juego. Y no formo parte de todo ese teatro.
Me tomaré un ibuprofeno. Tengo un dolor muscular bastante tonto y pesado en un lugar cercano al culo (con perdón). Será de haber bailado samba hasta la madrugada. Se me olvidó por completo que ya no tengo edad , que no soy brasileña, y que tengo demasiado culo para menearlo de esa forma.
“Pero que me quiten lo bailao”
Aquí uno de los grandes éxitos del momento en Brasil.
El CD de esta mujer es genial. Si queréis os lo grabo.





