CUANDO EL AMOR LLAMA A TU PUERTA
No estoy por la labor de ponerme a llorar por las esquinas, aun sabiendo que este no es mi mejor momento en cuanto a trabajo y salud se refiere, pero el amor ha llamado a mi puerta y he corrido solícita a abrírsela (pos faltaría más…)
A menudo me he preguntado que es lo que -al menos yo- echo de menos en mi vida cuando ese amor anda escaso o es algo esquivo…o mejor aun, cuando desaparece sin visos cercanos de presentarse de nuevo.
Veamos:
Recuerdo que cuando me ha faltado ese sentimiento tan vital para mí que es el amor, iba por la vida envidiando cada gesto de cariño que pasaba a mí alrededor y el sentirlo cerca sin poder tocarlo era como una puñalada en mitad del pecho, como un ahogo que me robaba la respiración. Y de repente envidiaba cada mirada furtiva, cada beso robado que descubría y no era para mí, cada mano apretada, cada abrazo…
Y recuerdas entonces cuando te prometieron eso mismo, que nunca soltarían tu mano, ni te dejarían caer y añoras el aroma del aire -porque no es broma- hasta todo huele diferente. Y piensas en esas promesas incumplidas, en esos abrazos que dejaron de ser infinitos, en como tus labios de repente se quedaron huérfanos de besos. Que no sabes donde se fue aquella melodía que acariciaba tu alma y tus oídos cuando te asaltaban las dudas, porque él se acercaba con ternura y te la volvía a susurrar: “Nada cambiará mi amor por ti”… Y aquello realmente era mágico porque tan sólo en cuestión de segundos una sonrisa volvía a iluminar tu rostro y el resto del mundo -por unos instantes- dejaba de existir.
Lo admito, me acuso de ser cursi, de ser niña grande y no querer dejar de serlo. De vivir el amor como una adolescente ñoña…me encanta. Lo siento…lo disfruto, lo vivo. Me vuelve ansiosa, impaciente, mimosa.
Adoro volver a sentir ese dulce agobio que te corretea por dentro, esa sonrisa tonta que queda suspendida en tu cara y con el pensamiento ido, cuando la imaginación a su libre albedrío ha volado y esta en miles de cosas al mismo tiempo….vaya…como si te hubiera dado un ayy…y tu encantada de la vida. Y de repente vuelves de regreso a tu mundo cuando el que tienes al lado te dice:
-Oye, pero tu donde estas?
Pues eso, que por muchos sinsabores que te dé esto del amor, lo intentas de nuevo, desconfiada un poco, precavida otro poco…pero ilusionada ciento por ciento, y ya te digo…ni pensarlo eso de renunciar a amar como se hacerlo: con desesperación y vehemencia, si no para que?
Porque ahora vuelvo a tener ganas de atesorar recuerdos, de vivirlo todo, de tragarme cada segundo como si fuera el último. Envuelta de sensaciones voluptuosas, apasionadas, pero también delicadas al mismo tiempo.
No voy a conformarme con menos, quiero mis emociones perdidas y hasta mi tortura diaria cuando él no esta, la dulce espera de una llamada, el nudo en el estomago cuando la distancia nos separa, los mensajitos tiernos. Volver a sentirme especial, tener ganas de apretarle las manos con fuerza, de estrujarle entre mis brazos, de apachurrarlo a mimos y recibir los suyos con impaciencia y ansiedad.
Así lo vivo yo, es lo que doy y es lo que espero. La edad cuando hablamos de amor esta en el corazón y en el alma, no en un carné de identidad, aun cuando mis 20 años quedaron, muy, muy atrás, porque me da exactamente igual que puedan pensar los demás…
Y bueno, lo dejo aquí porque puede que mi cursilería no tenga límites…
A menudo me he preguntado que es lo que -al menos yo- echo de menos en mi vida cuando ese amor anda escaso o es algo esquivo…o mejor aun, cuando desaparece sin visos cercanos de presentarse de nuevo.
Veamos:
Recuerdo que cuando me ha faltado ese sentimiento tan vital para mí que es el amor, iba por la vida envidiando cada gesto de cariño que pasaba a mí alrededor y el sentirlo cerca sin poder tocarlo era como una puñalada en mitad del pecho, como un ahogo que me robaba la respiración. Y de repente envidiaba cada mirada furtiva, cada beso robado que descubría y no era para mí, cada mano apretada, cada abrazo…
Y recuerdas entonces cuando te prometieron eso mismo, que nunca soltarían tu mano, ni te dejarían caer y añoras el aroma del aire -porque no es broma- hasta todo huele diferente. Y piensas en esas promesas incumplidas, en esos abrazos que dejaron de ser infinitos, en como tus labios de repente se quedaron huérfanos de besos. Que no sabes donde se fue aquella melodía que acariciaba tu alma y tus oídos cuando te asaltaban las dudas, porque él se acercaba con ternura y te la volvía a susurrar: “Nada cambiará mi amor por ti”… Y aquello realmente era mágico porque tan sólo en cuestión de segundos una sonrisa volvía a iluminar tu rostro y el resto del mundo -por unos instantes- dejaba de existir.
Lo admito, me acuso de ser cursi, de ser niña grande y no querer dejar de serlo. De vivir el amor como una adolescente ñoña…me encanta. Lo siento…lo disfruto, lo vivo. Me vuelve ansiosa, impaciente, mimosa.
Adoro volver a sentir ese dulce agobio que te corretea por dentro, esa sonrisa tonta que queda suspendida en tu cara y con el pensamiento ido, cuando la imaginación a su libre albedrío ha volado y esta en miles de cosas al mismo tiempo….vaya…como si te hubiera dado un ayy…y tu encantada de la vida. Y de repente vuelves de regreso a tu mundo cuando el que tienes al lado te dice:
-Oye, pero tu donde estas?
Pues eso, que por muchos sinsabores que te dé esto del amor, lo intentas de nuevo, desconfiada un poco, precavida otro poco…pero ilusionada ciento por ciento, y ya te digo…ni pensarlo eso de renunciar a amar como se hacerlo: con desesperación y vehemencia, si no para que?
Porque ahora vuelvo a tener ganas de atesorar recuerdos, de vivirlo todo, de tragarme cada segundo como si fuera el último. Envuelta de sensaciones voluptuosas, apasionadas, pero también delicadas al mismo tiempo.
No voy a conformarme con menos, quiero mis emociones perdidas y hasta mi tortura diaria cuando él no esta, la dulce espera de una llamada, el nudo en el estomago cuando la distancia nos separa, los mensajitos tiernos. Volver a sentirme especial, tener ganas de apretarle las manos con fuerza, de estrujarle entre mis brazos, de apachurrarlo a mimos y recibir los suyos con impaciencia y ansiedad.
Así lo vivo yo, es lo que doy y es lo que espero. La edad cuando hablamos de amor esta en el corazón y en el alma, no en un carné de identidad, aun cuando mis 20 años quedaron, muy, muy atrás, porque me da exactamente igual que puedan pensar los demás…
Y bueno, lo dejo aquí porque puede que mi cursilería no tenga límites…
DIOS APRIETA PERO NO AHOGA
La vida es injusta, pero también te da compensaciones, intento repetírmelo a diario para creermelo. Quiero creer, necesito creer, si no sería tan cómodo desistir y darse por vencido, dar por finalizados todos los caminos emprendidos…
Quien dijo que fuera fácil!!
Fácil, resistir a cada embestida, cada sacudida del destino que nos hace tambalear, pero hay que poner sólo una rodilla en tierra y después respirar con fuerza y levantarse, sin mirar atrás, sin la socorrida postura de la autocompasión, sin creer que el universo se ha aliado contra ti para destruirte, sin los quejidos tristes del no puedo más!
Ya lo he aprendido, lo he tenido que aprender casi a la fuerza, cuando decidí coger la puerta y romper en pedazos 20 años de una vida en común…y no me arrepiento, nunca lo haré, pero sabía cuales serían las consecuencias…Aguantar todo lo que viniera, lo malo y lo bueno, sabiendo y conociendo ese freno añadido que yo llevo, sabiendo que aunque la fuerza no es lo que me sobra, necesitaría mucha, toneladas de ella para no dejarme abatir.
Ha llegado el momento temido, pero no tengo miedo seguiré luchando, ya pensaré de que manera. Como ya he dicho…Dios aprieta pero no ahoga…se que encontraré el camino, como lo he encontrado siempre. Es cierto que cuando se cierra una puerta se abre una ventana y la encontraré donde quiera que esté.
Hacia mucho tiempo que no me encontraba bien, pero no quería verlo, mi tozudez y orgullo también -a que negarlo- me lo impedía. Ha tocado fondo mi resistencia física, no me importa admitirlo por fin, en todo caso lo único que me hace ver esta situación es que ahora no me queda otra que subir a la superficie, cuando llegas abajo del todo solo te resta emprender la subida, y por una parte eso esta bien, te obliga a buscar caminos.
Y paradojas de la vida sin saber porque y precisamente ahora, he encontrado una mano a la que asirme, una mano que se que tirará de mi cuando yo no pueda, aparte de mi hija naturalmente, pero es que ella pobrecita ya ha tirado bastante y ahora necesita también tirar de si misma. Aun así sabe que siempre me tendrá incondicionalmente, aunque mis fuerzas no sean las de antaño, pero si mi voluntad, esa se mantendrá férrea durante toda mi vida y a pesar de ella.
Pues eso, que en una mano tengo una baja laboral -bastante larga creo- que me permitirá pensar que hago en esta nueva etapa que reemprendo, y en la otra aferrada fuertemente llevo un amor que me ha llegado en el mejor momento y en el peor al mismo tiempo, pero por el que doy gracias de todos modos, porque a partir de ahora se convertirá en la fuerza que no tengo, en la ilusión que me faltaba y en los deseos de superarme que -aunque débiles- todavía mantengo.
¡Quien me iba a decir que el esfuerzo que me ha supuesto el cambio de casa y de trabajo, me pediría un precio tan alto a cambio!!...Aunque quien sabe si todo no será para mejor…quiero creer que es así.
Quien dijo que fuera fácil!!
Fácil, resistir a cada embestida, cada sacudida del destino que nos hace tambalear, pero hay que poner sólo una rodilla en tierra y después respirar con fuerza y levantarse, sin mirar atrás, sin la socorrida postura de la autocompasión, sin creer que el universo se ha aliado contra ti para destruirte, sin los quejidos tristes del no puedo más!
Ya lo he aprendido, lo he tenido que aprender casi a la fuerza, cuando decidí coger la puerta y romper en pedazos 20 años de una vida en común…y no me arrepiento, nunca lo haré, pero sabía cuales serían las consecuencias…Aguantar todo lo que viniera, lo malo y lo bueno, sabiendo y conociendo ese freno añadido que yo llevo, sabiendo que aunque la fuerza no es lo que me sobra, necesitaría mucha, toneladas de ella para no dejarme abatir.
Ha llegado el momento temido, pero no tengo miedo seguiré luchando, ya pensaré de que manera. Como ya he dicho…Dios aprieta pero no ahoga…se que encontraré el camino, como lo he encontrado siempre. Es cierto que cuando se cierra una puerta se abre una ventana y la encontraré donde quiera que esté.
Hacia mucho tiempo que no me encontraba bien, pero no quería verlo, mi tozudez y orgullo también -a que negarlo- me lo impedía. Ha tocado fondo mi resistencia física, no me importa admitirlo por fin, en todo caso lo único que me hace ver esta situación es que ahora no me queda otra que subir a la superficie, cuando llegas abajo del todo solo te resta emprender la subida, y por una parte eso esta bien, te obliga a buscar caminos.
Y paradojas de la vida sin saber porque y precisamente ahora, he encontrado una mano a la que asirme, una mano que se que tirará de mi cuando yo no pueda, aparte de mi hija naturalmente, pero es que ella pobrecita ya ha tirado bastante y ahora necesita también tirar de si misma. Aun así sabe que siempre me tendrá incondicionalmente, aunque mis fuerzas no sean las de antaño, pero si mi voluntad, esa se mantendrá férrea durante toda mi vida y a pesar de ella.
Pues eso, que en una mano tengo una baja laboral -bastante larga creo- que me permitirá pensar que hago en esta nueva etapa que reemprendo, y en la otra aferrada fuertemente llevo un amor que me ha llegado en el mejor momento y en el peor al mismo tiempo, pero por el que doy gracias de todos modos, porque a partir de ahora se convertirá en la fuerza que no tengo, en la ilusión que me faltaba y en los deseos de superarme que -aunque débiles- todavía mantengo.
¡Quien me iba a decir que el esfuerzo que me ha supuesto el cambio de casa y de trabajo, me pediría un precio tan alto a cambio!!...Aunque quien sabe si todo no será para mejor…quiero creer que es así.





