AVISO A LOS NAVEGANTES

A aquellos que me leen quiero decirles que en breve cambiaré el nombre de este cuaderno de bitácora, que pasará a llamarse BITÁCORA DE LA MADRUGADA o algo así; aún lo estoy pensando. Será el único cambio, pues la dirección de url seguirá siendo la misma y los contenidos idénticos. Esta bitácora se ha ido haciendo con el tiempo, y el nuevo título responde mucho mejor a mi intención que el anterior, que era demasiado genérico y daba lugar a confusiones: como los que creían que hablaba del mar y la navegación marinera. Por lo tanto, nada cambiará excepto el título. Gracias a los que me animáis.

DE LO SOBRENATURAL Y DE RESPUESTAS

Quiero sacar hoy a colación el tema de lo sobrenatural porque de alguna manera responde a la manera de actuar que tiene el ser humano y a la forma en que plasma sus miedos, sus inquietudes sus esperanzas deseos y anhelos.
Diré ya desde principio que no creo en eso que llaman “lo sobrenatural”, y de ninguna manera deseo expresar aquí ningún juicio, ni positivo ni negativo, sobre aquellos que creen en esto. No pretendo sermonear, nada más lejos de mi voluntad. Mi intención va mucho más allá de todo ello, y trata de analizar las causas profundas y las contradicciones en las que a veces nos movemos sin percatarnos de ello por la sencilla razón de que no nos paramos a considerar detenidamente todo aquello en lo que creemos y en lo que no, sin preguntarnos qué puede haber de verdad o mentira, qué se debe a lo meramente cultural y qué es lo que expresa nuestros temores y deseos más profundos.
Creo que lo sobrenatural responde a un anhelo profundamente humano y es la necesidad de hallar respuestas a todo aquello que desconocemos o nos aterra: a encontrar una esperanza a nuestros miedos que esté más allá de lo cotidiano. Para que se me entienda mejor, analizaré en primer lugar el término sobrenatural.
Con el término “sobrenatural” se hace referencia de manera genérica a todo un confuso y vago mundo de fantasmas, espíritus, parapsicología y otros tantos fenómenos. Puesto que me gusta pensar de manera lógica y científica, cuando me acerco a un problema trato de ir resolviéndolo simplificando o haciendo más sencillo sus términos. En este sentido, mi primera pregunta, muy sencilla, sobre este asunto es ¿qué es lo sobrenatural?, además a menudo se lo opone a “ciencia”. La respuesta lógica a esta pregunta es “todo aquello que está por encima, que está más allá, que no es, lo natural”. Si esto es así, la siguiente pregunta es ¿y qué es lo natural?, la respuesta es el mundo en el que vivimos, la realidad que estudia la ciencia, el universo, mi casa, la calle, el sol, la naturaleza, mis amigos, es decir “todo”. Y aquí viene la primera contradicción, si lo natural es “todo” lógica y necesariamente ese “todo” abarca lo sobrenatural, ya que “todo” incluye a “todo” y ¿cómo algo (sobrenatural) va a estar por encima de, ir más allá de “todo”, si el todo lo incluye? ¿se me entiende a donde quiero ir a parar? Si lo natural es todo este mundo, lo sobrenatural, que forma parte de este mundo sería una parte de lo natural, no es necesario ese “sobre”. Otros prefieren denominarlo “ciencias ocultas”, pero aquí vuelve a surgir otra contradicción. Por “ciencias ocultas” se puede entender literalmente ciencias que se realizan secretamente, de manera oculta, y en ese sentido, junto con los fantasmas habría que incluir aquellas ciencias que estudian en secreto determinada tecnología o armamento, y tan sobrenatural sería estudiar la aparición de un fantasma como la creación de una bomba atómica o de un avión de combate o de una tecnología que se mantiene en secreto para que no la descubra la competencia. Evidentemente no es esa la cuestión. Por ciencias ocultas se entiende la ciencia de “lo oculto”, y en este sentido todas las ciencias, desde la química, la física o las matemáticas hasta la astronomía, la medicina o la filosofía serían ciencias ocultas, pues el fin de toda ciencia es dar explicación, arrojar luz, sobre lo que está oculto a nuestro conocimiento.
Por otro lado, para que el estudio de los fantasmas o la astrología o la parapsicología fuesen ciencias tendrían que seguir el método científico, el cual no es seguido de ninguna de las maneras por estas, ahora sí, pseudociencias. Es curioso como a menudo se dice que la parapsicología o los espiritistas hablan de un mundo que la ciencia no puede explicar. El hecho es que la ciencia tampoco puede explicar determinados casos de la física cuántica y no por ello se la considera parapsicología o espiritismo. En ese sentido hay un cierto desprecio hacia la ciencia, pero de hecho la ciencia es la única que nos ofrece ciertas respuestas objetivas o al menos nos hace llegar a la luna, curar enfermedades, mejorar nuestra vida, ampliar nuestros conocimientos del mundo. No es la panacea, pero creo honestamente que es la mejor herramienta de la que disponemos para explicar este mundo, conocerlo, saciar nuestra curiosidad y mejorar nuestra vida y, bien empleada, para hacernos mejores.
Me sorprende la cantidad de embaucadores que, como astrólogos, espiritistas, curanderos o como quiera que se les llame, pueblan este mundo y se aprovechan de la credulidad o la buena fe de mucha gente. Unos pretende sacar dinero, y otros sentirse importantes. Por mi parte, me ofrece más confianza Newton que el que se dedica a echarme el tarot. Hay todo un mundo, marginal y, eso sí, oculto, que se mueve por detrás de toda esto, y cuenta con su propia parafernalia, muy impactante a veces. Pero a poco que se rasque la superficie de manera un tanto crítica el edificio se derrumba.
Esto me lleva a la segunda parte de mi argumentación. De alguna manera, a medida que voy creciendo, voy sintiendo que se me engañó (o se nos engañó) cuando era niño. Esto lo encontré expresado bellamente en la preciosa canción de un cantautor hispanoamericano (cuyo nombre no recuerdo), en la que hablaba de encontrar una respuesta a la muerte de un hijo y al sufrimiento, al sentido de la vida. Algunos de sus versos, que si recuerdo perfectamente, decían:
“El libro verde, rojo y azul se me perdió
sólo me quedan mi mente y tú
¿qué voy a hacer?
Ese libro del que hablaba era el libro (¿de religión? ¿de ciencias? Creo que da igual) que usaba en la escuela y en el que siempre había una respuesta para todo. Cuando era niño sólo tenía que preguntar a los mayores para encontrar una respuesta, daba igual la que fuese, y ni siquiera me paraba a considerar si era verdad o mentira. Me decían que había un Dios bondadoso, que debíamos ser buenos para hacer de este mundo algo mejor, que las cosas eran blancas o negras, sin lugar para los matices o los colores grises, que en el fondo todos éramos buenos. A medida que fui creciendo me convertí en una de esas personas mayores y ya no tenía a nadie a quien preguntar y, además, descubrí que muchas de las cosas que me habían dicho eran o mentiras piadosas o formas de evitar la cruda verdad o la ignorancia.
Me gustaría encontrar en un libro la respuesta a por qué sufrimos, qué sentido tiene vivir para sufrir tanto, qué sentido tiene la muerte, cual es el sentido de la vida, por qué a veces somos victimas de la injusticia, cuál es la respuesta a una decisión difícil que hemos de tomar, por qué, ante un mismo hecho, tenemos opiniones distintas y no sabemos realmente quien tiene la razón, por qué nos divorciamos, por qué amamos u odiamos, qué es ser justo, qué es lo correcto y lo incorrecto, qué hacer cuando la escala de grises de una situación o problema es tan sutil que no sabemos decir si es blanco o negro, por qué a veces somos malvados y podemos hacer daño, cómo evitarlo, cómo saber a veces si obramos bien o mal. Unos podrán decirme que la respuesta está en la religión, en Dios, pero si esto es así no puedo entender cómo un Dios bondadoso ha introducido tanta maldad y miseria en el mundo que él creó. Además, yo he pasado por la religión y ¿cómo conociendo la religión me encuentro que no me satisface para responder a todas estas cuestiones? ¿es cuestión de fe? Si es cuestión de fe creo que no se resuelve el problema, sino que se oculta, se soslaya y no se piensa en él, que “Dios proveerá”. Otros prefieren aferrarse a lo sobrenatural, otros se hacen ateos y no se plantean más la cuestión sino que la sufren.
En el fondo, como dijo un filósofo del siglo pasado, estamos condenados a ser libres, completamente libres, en el sentido de que nosotros, y sólo nosotros, somos dueños de nuestros actos y absolutamente responsables de ellos. Debemos tomar nuestras decisiones por nosotros mismos, sin más referente o límite que lo que deseemos o podamos hacer.
Y eso da mucho miedo.
REEMPRENDO DE NUEVO ESTE CUADERNO TRAS UN LARGO TIEMPO. GRACIAS A LOS QUE ESTÁIS AHÍ

Vuelvo, por fin, a escribir tras un largo tiempo. La verdad, y para ser sincero, la razón de que me haya demorado bastante en escribir se debe a que hay veces en que sencillamente siento que no tengo nada importante que contar o que decir. Y para decir cosas que no me motivan o insustanciales prefiero el silencio. Luego, de nuevo, los temas van viniendo poco a poco y se van acumulando hasta que por fin surge la necesidad de ponerlos aquí otra vez, cuando se agolpan incontenibles en la mente.
Agradezco a Albion sus palabras (aunque creo que exageradas) que me animan a continuar en esta línea. Querida Ángeles, además de que acertaste plenamente en la explicación de la actitud de Aberlardo, espero que todavía andes por aquí. Gracias a las dos y a todos aquellos lectores (silenciosos y secretos) que me leen.
Algunas veces recibo (con alegría) algún correo electrónico de un lector que se ha dejado caer inopinadamente por mi cuaderno de bitácora para felicitarme y me anima a continuar con él. Veo que tengo muchos lectores silenciosos. Uno de estos lectores me decía que la lectura de mis “posts” le había causado cierta nostalgia y le había estimulado las neuronas. De la segunda observación me alegré, pues es uno de mis objetivos y veo que lo estoy logrando. La primera me pilló por sorpresa. He releído mis escritos y ciertamente hay veces que producen nostalgia. Ha sido una consecuencia inesperada de lo que pretendo con este cuaderno. Pero el hecho es que hablo de la vida y de los personajes sencillos (y a su manera grandes) que he tenido la suerte de conocer y que han sabido mostrarme aspectos que a poco que se observen van más allá de su cotidianeidad.





