GRACIAS POR VUESTROS COMENTARIOS
Gracias. Muchas gracias por vuestras palabras y vuestros ánimos.
Estimada Albión, me animan mucho tus palabras y me sirven de aliciente para continuar con este diario. El Atlántico, que una vez fue tenebroso y desconocido, ahora no impide que a través de la distancia podamos compartir estas reflexiones. Me alegra saber que al otro lado del mundo hay alguien que comparte mis opiniones o le gustan y, de esa manera, las distancias geográficas dejan de tener importancia. Lo que la tiene son los navegantes que, como tú, por un azar llegan a estas líneas y las disfrutan. Gracias de corazón por tus palabras.
Querida Ángeles. Continúas ahí. Sigues en mi rumbo. Me alegra mucho tu comentario, primero porque es largo, y me ha gustado mucho, y segundo porque disientes de mí. Tú misma decías que estabas buscando tu propia ruta, y el hecho de mostrar tu desacuerdo es una manera de ir construyéndola. Por eso, tus comentarios forman parte integrante de mis reflexiones. Quiero añadir que has sacado a colación en tu comentario cosas muy importantes a las que he dado abundantes vueltas y en las que he reflexionado mucho. En el fondo estamos de cuerdo, pero hablamos de cosas distintas, pero esto se debe a mi torpeza o apresuramiento cuando escribo. De tan concentrado que estaba hablando de imágenes y palabras no me di cuenta que dejaba en el tintero algunas cuestiones fundamentales para que se me entendiera bien. Hablas del arte, de cómo los cuadros nos sobrecogen o nos emocionan y tienes toda la razón y no podría estar más de acuerdo contigo. Pero yo no me refería a la imagen como producto estético, como forma que tiene el artista de expresar sus emociones, de crear mundos o en dar una explicación mítica a este a partir del puro acto de creación y pasión. El arte es distinto. Yo hablaba de otro tipo de imágenes más simples y elaboradas con fines muy distintos. Me refería a la imagen utilizada como elemento de manipulación y persuasión, que se impone y no admite el diálogo, como las imágenes de los grandes dictadores o de la publicidad, y también a la imagen como producto de consumo rápido, de usar y tirar. Ese intento de transmitir abundante información de forma rápida y con el mínimo esfuerzo que nos hace dejar la senda del inmenso placer de la lectura o de la contemplación sosegada y fecunda de un cuadro que nos emociona. Hablas también de los gestos. Pero esos no son imágenes. Son lenguaje no verbal que, a veces, contribuyen al lenguaje verbal dotándolo de nuevos significados. El gesto necesita de un contexto para ser interpretado, la imagen es más autónoma. Además el gesto tiene algo que la imagen no puede alcanzar. Estoy pensando concretamente en aquellas personas con las que la comunicación es tan profunda que ya no hacen falta palabras, basta con el silencia del lenguaje y la actuación de un gesto como una mirada, una caricia, un beso, una respiración profunda, un suspiro. Todo eso son gestos, y llenan completamente el silencio del lenguaje cuando las palabras no son suficientes para expresar lo que sentimos. Otro tema importante que sacas es el de las discusiones estériles que no llevan a ninguna parte y terminan cansando hasta el punto que, como dices con toda la razón, te quedas muda. De nuevo fui parco en mi entusiasta frase. Cuando decía aquello de “Me gusta mucho el apasionamiento que algunas personas ponen al discutir y al rebatir mis afirmaciones, pero sin acaloramientos.” Debería haber añadido algo esencial que añado ahora “y que tengan la capacidad (y la valentía) de oír al otro de enfrentar sus opiniones y estar dispuestos a cambiarlas o modificarlas, sin intentar convencer, sino dialogar, intercambiar pareceres y puntos de vista de manera enriquecedora”.
Como dices las palabras sanan y también hieren. Pueden ser un arma de doble filo. Pero nada da a veces tanta vida como una palabra. Y la vida y la palabra se complementan. Por supuesto tienes todo el (legítimo) derecho a no estar de acuerdo, pero eso no me importa, porque de lo que aquí se trata no es de convencer o persuadir sino de dialogar, reflexionar y compartir..., pues tus comentarios se complementan con los míos “como la nata a la fresa”.
Estimada Albión, me animan mucho tus palabras y me sirven de aliciente para continuar con este diario. El Atlántico, que una vez fue tenebroso y desconocido, ahora no impide que a través de la distancia podamos compartir estas reflexiones. Me alegra saber que al otro lado del mundo hay alguien que comparte mis opiniones o le gustan y, de esa manera, las distancias geográficas dejan de tener importancia. Lo que la tiene son los navegantes que, como tú, por un azar llegan a estas líneas y las disfrutan. Gracias de corazón por tus palabras.
Querida Ángeles. Continúas ahí. Sigues en mi rumbo. Me alegra mucho tu comentario, primero porque es largo, y me ha gustado mucho, y segundo porque disientes de mí. Tú misma decías que estabas buscando tu propia ruta, y el hecho de mostrar tu desacuerdo es una manera de ir construyéndola. Por eso, tus comentarios forman parte integrante de mis reflexiones. Quiero añadir que has sacado a colación en tu comentario cosas muy importantes a las que he dado abundantes vueltas y en las que he reflexionado mucho. En el fondo estamos de cuerdo, pero hablamos de cosas distintas, pero esto se debe a mi torpeza o apresuramiento cuando escribo. De tan concentrado que estaba hablando de imágenes y palabras no me di cuenta que dejaba en el tintero algunas cuestiones fundamentales para que se me entendiera bien. Hablas del arte, de cómo los cuadros nos sobrecogen o nos emocionan y tienes toda la razón y no podría estar más de acuerdo contigo. Pero yo no me refería a la imagen como producto estético, como forma que tiene el artista de expresar sus emociones, de crear mundos o en dar una explicación mítica a este a partir del puro acto de creación y pasión. El arte es distinto. Yo hablaba de otro tipo de imágenes más simples y elaboradas con fines muy distintos. Me refería a la imagen utilizada como elemento de manipulación y persuasión, que se impone y no admite el diálogo, como las imágenes de los grandes dictadores o de la publicidad, y también a la imagen como producto de consumo rápido, de usar y tirar. Ese intento de transmitir abundante información de forma rápida y con el mínimo esfuerzo que nos hace dejar la senda del inmenso placer de la lectura o de la contemplación sosegada y fecunda de un cuadro que nos emociona. Hablas también de los gestos. Pero esos no son imágenes. Son lenguaje no verbal que, a veces, contribuyen al lenguaje verbal dotándolo de nuevos significados. El gesto necesita de un contexto para ser interpretado, la imagen es más autónoma. Además el gesto tiene algo que la imagen no puede alcanzar. Estoy pensando concretamente en aquellas personas con las que la comunicación es tan profunda que ya no hacen falta palabras, basta con el silencia del lenguaje y la actuación de un gesto como una mirada, una caricia, un beso, una respiración profunda, un suspiro. Todo eso son gestos, y llenan completamente el silencio del lenguaje cuando las palabras no son suficientes para expresar lo que sentimos. Otro tema importante que sacas es el de las discusiones estériles que no llevan a ninguna parte y terminan cansando hasta el punto que, como dices con toda la razón, te quedas muda. De nuevo fui parco en mi entusiasta frase. Cuando decía aquello de “Me gusta mucho el apasionamiento que algunas personas ponen al discutir y al rebatir mis afirmaciones, pero sin acaloramientos.” Debería haber añadido algo esencial que añado ahora “y que tengan la capacidad (y la valentía) de oír al otro de enfrentar sus opiniones y estar dispuestos a cambiarlas o modificarlas, sin intentar convencer, sino dialogar, intercambiar pareceres y puntos de vista de manera enriquecedora”.
Como dices las palabras sanan y también hieren. Pueden ser un arma de doble filo. Pero nada da a veces tanta vida como una palabra. Y la vida y la palabra se complementan. Por supuesto tienes todo el (legítimo) derecho a no estar de acuerdo, pero eso no me importa, porque de lo que aquí se trata no es de convencer o persuadir sino de dialogar, reflexionar y compartir..., pues tus comentarios se complementan con los míos “como la nata a la fresa”.
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