DE MONSTRUOS (MORALES) Y DE DESIDERIO

Hay personas y situaciones que me desconciertan, y mucho. Aparecen representando una realidad y un mundo que en ocasiones me sobrecoge de tan ajeno que me es. Algo así me pasa a veces con las personas de mi generación. Comparadas con las de la generación de mis padres, noto un cambio profundo en sus maneras y actitudes vitales que, buscando lo mismo que buscaron sus padres, se han hecho más frías, cínicas e insensibles. Hay veces que en la televisión aparece algún ejecutivo o ejecutiva de una de esas grandes multinacionales o empresas hablando y opinando sobre algún tema. Todos visten igual y todos hablan igual. Pertenecen al frío y deshumanizado mundo de la empresa privada, donde los beneficios son lo único que cuenta, o casi.
Se sienten importantes.
Tienen un buen sueldo y un brillante currículum vitae. Han ido a la universidad y saben hablar idiomas. En la empresa están consiguiendo puestos, cada vez de mayor responsabilidad e importancia. Asumen un aire prepotente, arrogante y hasta a veces casi agresivo con los demás y miran por encima del hombro a los que no pertenecen a su mundo o están por debajo de ellos. Todos parecen cortados por el mismo patrón, porque todos asumen plenamente los valores del papel que quieren desempeñar en este mundo. Se trata, casi, de monstruos (morales) y de vidas vacías. Muchos se casarán y tendrán sus hijos. Habrán conseguido la casa que querían, las amistades que deseaban y el estatus que anhelaban y en el banco sus cuentas corrientes tendrán muchos números con varios ceros detrás. Habrán sabido crear la burbuja que les aislará, en la medida de lo posible, de las cosas desagradables de este mundo. Y un día todos se morirán, y se desvanecerán en la nada. ¿Qué es lo que habrán hecho en este mundo? Nada, tan solo tomar cosas de él. En ningún momento se plantearon nada, tan sólo se afanaron por llenar sus vidas de apariencias, lujo y cosas materiales. En ningún momento se dieron cuenta de los vacías que estaban sus vidas. Hasta es posible, cuando ya no estén, que nadie, absolutamente nadie, los eche de menos.
Y por debajo de ellos, seguirá latiendo un mundo ardiente, apasionado y bullicioso.
No me gustan nada este tipo de personas que viven sólo para su trabajo, que, al fin y al cabo, consiste en generar beneficios para una empresa. Tratan a los demás como clientes y en las relaciones con sus compañeros de trabajo se esconden muchos odios, envidias o desdenes cínicos. Y me parece que muy probablemente yo tampoco les guste a ellos. Sencillamente ni yo tengo nada que decirles, ni ellos tienen nada que decirme a mí. No. No me gustan esos hombres y mujeres que visten un traje caro, llevan coches casi de lujo, saben idiomas y miran a los demás desde su aparente (y relativo) poder. En algunos de los que he conocido, o he creído conocer, se esconde el mismo esquema de pensamiento. Monstruos (morales), aman, adoran, sienten pasión por el dinero y saben que conseguirán hacerse ricos o, al menos, gozar de un nivel de vida muy alto. A ellos les importan un bledo los que están por debajo de su estatus. Piensan que muchos son pobres o están por debajo porque son vagos, o estúpidos, o les falta lo que alguien tiene que tener, o una combinación de las tres cosas. La chusma, además de que es zafia, burda, vulgar y huele mal, les molesta mucho porque no soportan la mediocridad de sus vidas. No saben idiomas, no tienen ni idea de cómo comportarse en un restaurante caro, su cultura es lamentable y sus vidas anodinas. También les es indiferente el sufrimiento, la pobreza, el dolor y otras cosas. Como dicen, en el mundo tiene que haber de todo, y unos nacen para triunfar y otros son ya fracasados.
No me gustan. No. Yo prefiero infinitamente más la compañía y la conversación solidaria de Desiderio.
Desiderio tiene ya setenta y cinco años. Vivimos en el mismo barrio y, a fuerza de vernos constantemente durante años en los mismos sitios, ya nos conocemos y estamos desarrollando una amistad. Porque Desiderio no tiene dinero, ni lujos, ni ambiciones, ni nada. Todo lo que él puede dar es amistad, y la da generosamente.
Desiderio es casi analfabeto. En los años cincuenta, cuando miles de españoles emigraban a otros países, principalmente Alemania, buscando un trabajo y una mejora de la situación económica de sus familias, el joven Desiderio se fue a Inglaterra sin saber el idioma y sin más pertenencias que una vieja maleta atada con cuerdas donde llevaba algo de ropa y un traje de vestir bastante humilde, pero limpio, para presentarse a las entrevistas de trabajo. En unos meses poco a poco Desiderio se fue haciendo con los entresijos del idioma y al poco tiempo de malvivir consiguió un trabajo estable de camarero en un restaurante. Allí estuvo veinte años. Pudo alquilarse un pequeño apartamento digno en las afueras de Londres. En el trabajo conoció gente interesante que le ayudó cuando fue menester y su jefe lo trataba bien, no le regateaba el sueldo y escrupulosamente le pagaba también la seguridad social. Hasta creo que tuvo una historia de amor con una mujer. Lo sé porque le brillan los ojos cuando me habla de ella. Nunca se casó.
Después decidió volver. Había ahorrado lo suficiente como para comprarse una casa cerca de la casa de su hermana y su cuñado. En el fondo no quería volver, pero su hermana y su cuñado lo convencieron. Echaba de menos a la familia y pensó que aquí podría encontrar un trabajo similar al de Inglaterra. Volvió, se compró la casa y estuvo trabajando aquí y allá como camarero en restaurantes y bares donde le explotaban y le tenía trabajando horas y horas por un sueldo mísero y sin que nadie le diera de alta en la seguridad social porque no había un contrato. Además para una persona a la que la vida apenas le había dado la oportunidad de aprender a leer y escribir no podía haber mucho más.
Hasta que se jubiló. Todo lo que le quedó a Desiderio de tantos años de destierros y trabajos fue una pequeña paga. Unos euros de la seguridad social española y una pequeña cantidad de la seguridad social británica por los veinte años que cotizó en ella. En total no más de lo que uno de esos ejecutivos se gastaría en una cena nada excepcional. Pero ha sabido adaptarse a sus medios, porque no es hombre que necesite mucho. Le basta con su casa, su perro, al que saca a pasear todas las tardes, y su hermana, ya viuda, que visita todos los días dos veces con puntualidad británica para comer y cenar.
A Desiderio , aunque ya lo había visto infinidad de veces paseando a su perro, lo conocí una tarde en la que estaba yo sentado en una cafetería con terraza que hay muy cerca de donde vivo. Cuando tengo tiempo libre, me gusta bajar a esa terraza con un buen libro, pedir un café y sentarme en la terraza, debajo de un árbol frondoso a leer durante unas horas. En una de esas tardes de ocio y lectura Desiderio se me acercó. Estaba preocupado y angustiado. Tenía una carta en inglés de la seguridad social británica y me pidió con exquisita humildad que, por favor, se la leyera y se la tradujera. No era nada importante, salvo que le notificaban una pequeña subida de su pensión y que tenía que enviarles una carta con cierta información que necesitaban. Yo lo hice con mucho gusto y también me ofrecí, con los datos que él me dio, a escribirle yo mismo en inglés esa carta, lo que hice un día después. Desiderio respiró tranquilo y le noté con el alivio de aquellos que tienen un problema que les ha corroído durante tiempo y por fin se pueden desprender de él.
Desiderio me lo agradeció en el alma.
Desde entonces, cada vez que le escriben me busca por el barrio y me trae sus cartas que yo le ayudo a cumplimentar. Y, como a cambio no puede darme mucho (o al menos eso cree él), se esfuerza en pagarme ese cortado o ese café que me tomo mientras leo y en darme, generosamente, su amistad y solidaridad franca. De nada sirve que yo le diga que no tiene que invitarme a nada, que yo lo hago con mucho gusto. Él se siente obligado. Y yo no tengo más remedio que aceptar esa invitación, porque sé que de lo contrario le ofendería terriblemente. Con ese pequeño acto, Desiderio se siente más confiado para contar conmigo. Y dado el sueldo que cobra, aunque no sea mucho lo que le cuesta el cortado que me tomo, sé que para él lo es. Pero se siente feliz cuando lo hace. Y eso es lo importante.
Y ya hemos hablado muchas veces, generalmente, de cosas sencillas y de la vida misma. Es tanto lo que ese hombre me está enseñando. Tiene una risa franca, sabe muy bien llevar una conversación y muestra un interés sincero y una gran empatía con su interlocutor. Y algunas veces me pregunta por mis cosas y otras conversamos de las suyas. Con setenta y cinco años tiene mucho que contar.
Recientemente, las veces que lo he visto o hemos hablado, Desiderio tiene un aire triste. Hay algo melancólico en su mirada. Además, su salud se ha resentido un poco por causa de unos vértigos que los médicos no aciertan a curar y le obligan a llevar entre cuatro o cinco pastillas siempre encima. Desiderio está triste estos días y no me ha dicho que es lo que le pasa.
Últimamente llevo ya varios días sin verlo pasear a su perro. Desiderio no está por el barrio.
¿Qué le pasará a Desiderio?
Comentario:
Comentario:
Dónde estás, Juan???
Comentario:
Sigo leyéndote, en la sombra, compartiendo tus pensamientos, postergando mis respuestas pues no creo tener nada interesante que decir, sólo que sigas escribiendo, por favor...
Comentario:
Juan: de vuelta compartiendo contigo tus pensares, puntos de vista y sentires. Es cierto que las mejores personas en la vida no necesariamente son las que tienen más dinero, sino quienes ven más allá de los negocios y los resultados numéricos. Con solvencia o sin ella. Quienes saben compartir un café con un amigo, una plática amena, un buen rato entre cervezas (con la moderación debida), o una jornada laboral en equipo.
Que lo de Desiderio no sea nada y lo vuelvas a tener invitándote un cafecito.
Que lo de Desiderio no sea nada y lo vuelvas a tener invitándote un cafecito.
Comentario:
Pues en tu lugar me pondría a buscar a Desiderio porque quizá esté enfermo o le haya pasado alguna cosa.
Saludos
Saludos
Comentario:
jajajajajaja
He entrado en tu blog por curiosidad.... se parece bastante al mio.
Lo primero que he visto ha sido la foto que tienes en el post.... increíble, tengo una igual en mi blog
lo leeré más detenidamente para ver si coincidimos en algo más.... es bueno no sentirse solo en la mar.
Nos vemos socio.
He entrado en tu blog por curiosidad.... se parece bastante al mio.
Lo primero que he visto ha sido la foto que tienes en el post.... increíble, tengo una igual en mi blog
lo leeré más detenidamente para ver si coincidimos en algo más.... es bueno no sentirse solo en la mar.
Nos vemos socio.





