Enamorarse, amar (y el amor)

Comenzaré con estos dos verbos: un accidente o acontecer de navegación, un quiebro o un encuentro en el camino, quizás vital, o, cuando menos, fundamental y hace sentir a quien los encuentra o experimenta que está vivo, que no es "un leño seco". Por eso, es el primer tema del que quiero hablar. Creo que estoy en una buena disposición de poder hablar de algo tan universal como enamorarse y amar. No podríamos encontrar dos verbos tan próximos y tan diferentes a la vez. Ambos tienen la raíz am-, que es la misma de am-or, am-istad, am-igo. Quizás por esta proximidad, ambos verbos se confunden y trocan su presencia entre sí, como si pudieran compartir sus significados y su gramática, sus acciones tan opuestas. Pero antes de entrar aquí, haré unos apuntes breves, algo deslavazados, sí, pero necesarios para contextualizar.
Curioso, y a la vez sublime sentimiento éste del amor. Recuerdo a un amigo, hoy desertor de la vida, que me hablaba de su primer amor, cuando era un niño que miraba con infinita ternura a una niña con coletas y faldita plisada que pasaba todas las mañanas por delante de su puerta. Nunca le dijo nada. Sólo sabe que ella una vez le dirigió una miranda intensa con sus ojos azules y entonces supo que había entrado en su conciencia. Y rememorando todo lo que sentía, de pronto, mi amigo se estremeció y exclamó ¡Qué sentimiento tan puro y tan noble!
Y esto me lleva a ese personaje desgarrado y trágico de La Invención de Morel de Adolfo Bioy Casares (relato largo que aconsejo vivamente a aquellos que me leen -está en Alizanza Editorial- y no lo conocen, pues es absolutamente sublime y estremecedor). Trata de un hombre que, naufrago, llega a una isla desierta donde descubre que un tal Morel había creado una maquina, gracias a la cual se reproducía la vida diaria de los habitantes que esa isla tuvo años atrás. Lo descubrió al intentar comunicarse con la gente que encontraba y fracasar cuando se le ignoraba sistemáticamente. Veía un pueblo con sus gentes, sus calles, su vida normal y sus personas envueltas en su discurrir y afanes monótonos, pero no era real, era la repoducción de lo que pasó allí hacía años. Entraba en las tiendas y en las casas veía a la gente conversar, pero nadie era consciente de su existencia. Seguía tan solo como el primer día que llegó a la isla, pero conviviendo con fantasmas de un pasado completamente ajeno a él. Fue entonces cuando conoció a la bella Faustine. La veía llegar todos los días, al atardecer, al acantilado y sentarse a observar la puesta de sol. La chica siempre miraba al infinito mientras unas lágrimas caían generosamente sobre su rostro y en su mirada se adivinaba una melancolía infinita. Nuestro naufrago se anomoró de Faustine, pero lo que tenía ante sí no era Faustine, era la imagen de Faustine que la máquina reproducía. Intentó hablarle, intentó consolarla, pero era inútil. Faustine estaba en otro tiempo y en otra dimensión y la sensación de incomunicación y soledad de nuestro naufrago era total y absoluta, casi brutal. Se enamoró de Faustine, de su voz, de su mirada dulce y melancólica. De repente supo o descubrió que una de esas tardes Faustine subiría al acantilado para no volver más, para suicidarse. Desgarrado por esto intentó en vano comunicarse con esa imagen del pasado. No podía hacer nada. Era la impotencia completa ante la tragedia anunciada. Y la tarde faltal y definitiva, cuando Faustine al borde del acantilado titubeaba ya sus primeros pasos hacia el final, el naufrago, a su lado, pero en otro tiempo, impotente lanzó un grito desgarrador, que todavía me conmueve, hacia las estrellas y el universo al que le espetó(y cito de memoria): "aquel que sea capaz de unir las presencias disgregadas, le haré una súplica: que me haga entrar en el universo de la conciencia de Faustine. Será un acto de caridad".
Cada vez estoy más convencido de algo que leí hace tiempo en El Principito (qué libro tan bello) que decía más o menos (y cito de memoria) que el primer amor es el más intenso y en el que más se ama, pero en los siguientes amores se ama mejor. Creo que donde mejor se ha tratado este tema es en la literatura, donde es omnipresente en todos los tiempos y en todas las épocas, aunque con maneras vitales distintas según el período. Tampoco ha escapado a la ciencia. El psicoanálisis considera el enamorarse como una idealización completa del ser amado. Sin ánimo de discutir este hecho, que es completamente cierto, considero, sin embargo, que no es exacto del todo. Al menos, no es exacto por cuanto no incluye una característica esencial de enamorarse cuando va acompañada, a la vez, del amar, quizás porque se trate más bien de un síntoma. En este sentido, no podría estar más de acuerdo con Ortega y Gasset en su libro El amor en Stendhal (también en Alianza Editorial), que el acto amoroso es esencialmente una necesidad imperiosa de querer conocer el objeto o al ser amado. Sólo quien no ama se queda en la superficie. Y a propósito de Stendhal, no creo que haya mejor escritor que haya sabido plasmar el amor y sus tipos de manera tan magistral, penetrante y lúcida como él.
Recuerdo mis tiempos de estudiante de literatura medieval. En la edad Media, al menos desde un punto de vista intelectual, el amor era considerado una enfermedad. Era obvio que para unos seres obsesionados con la religión y con Dios, cualquier manifestación o experiencia tan intensa como la amorosa sólo podía abarcar al Ser Supremo, y cualquier deseo hacia otro ser carnal era malo por cuanto apartaba los sentidos y la atención de Dios. Para los misóginos (y es curioso, y también lógico, como el acto de enamorarse se circunscribía en ellos exclusivamente al hombre), y la cultura medieval es esencialmente misógina, con leves, pero muy conspicuas excepciones casi gloriososas en su soledad, el amor hacia una mujer era un enfermedad con claros síntomas que había que combatir. Y lo curioso es que el enamorado era un enfermo, esto es, paciente, mientras que el elemento patógeno, el agente causante de la enfermedad, era la mujer. Por eso aparecían multitud de remedia amoris, o guías de "salud" mediante las cuales se daban las instrucciones que habían de curar al enfermo. Algunas pecaban de una cándida ingenuidad. Recuerdo uno de estos remedia: "si has caído en el amor, cuidate de la mujer a la que amas, no te dejes engañar por su maligna belleza, intenta pensar en esa mujer como un cuerpo lleno de visceras y tripas y humores nauseabundos.... " (la descripción podía llevar incluso a lo escatológico). Si esto fallaba y seguías suspirando, con el alma en pena, nostálgico triste y meditabundo entonces la "enfermedad del amor" era más crónica de lo que parecía. En ese sentido, a la primera acción se añadía otra algo más expeditiva, consistente en hacer que amigos y familiares te hablaran mal de la amada: que te dijeran lo fea que era, que te destacasen sus defectos físicos y psíquicos constantemente y que rezases y rezases para desviar esa pasión hacia Dios. Si esto de nuevo fallaba, entonces se aconsejaba el tercer método, tan escueto y lacónico como ingenuo. Si no te la puedes quitar de la cabeza entonces ¡emborráchate!.
Fue con el Renacimiento y con Dante y su Laura cuando el amor y el enamorarse alcanzó nuevas prerrogativas más porosas, tolerantes, humanas y hasta sublimes. Pero esto es ya otro cantar, otro derrotero que retomaré en una próxima entrada.
Hechas estas pinceladas, entro ahora en materia.
Enamorarse y amar, aunque no lo parezca, son muy distintos y a la vez complementarios. Como veremos en seguida uno se puede enamorar y no amar, o puede amar sin estar enamorado o, incluso (y dichosos aquellos que lo esperimentan) amar y estar enamorado a la vez. Enamorarse de alguien implica una acción intransitiva, que no admite diálogo. Éntre el verbo y el objeto se introduce una preposición "de" que no señala al objeto, no dirige la acción hacia él, sino que indica procedencia y se convierte en una especie de muro que separan sujeto y objeto de la acción. Pepito se enamoró de Pepita, indica una accion tan intransitiva como casi reflexiva, porque la acción, procediendo de Pepita, que la origina independientemente de que quiera o no originarla, empieza y termina en Pepito. Amar, en cambio, es un verbo de acción transitiva, que ofrece de manera vital y ensencial un diálogo entre un sujeto y un objeto. Amar a alguien es proyectar esa acción puramennte sobre el objeto amado sin intermediarios. Implica en sí misma también reflexividad, porque la acción revierte sobre el sujeto que ama, aunque desde el objeto el amor no sea correspondido o lo sea, pero en grado menor. Amar es una acción que se vierte generosamente sobre un objeto y no espera más respuesta que la constatación de que ese objeto amado ha recibido plenamente la acción amorosa.
Quizás esto parezca demasiado abstracto (y hasta algo confuso). Y no les faltará razón a aquellos navegantes que me lo reprochen al leer estas líneas. Por eso, bajaré un poco el vuelo más cerca de tierra. Se dice que hay distintos tipos de amor (es decir, distintas maneras de amar, por tanto), mientras que no hay distintas maneras de enamoramiento. Uno se enamora o no, no hay términos medios. Pero, en realidad tampoco hay distintos modos de amar. Uno no puede amar un poco, ni algo, ni mucho. O se ama o no se ama. Por eso, no creo tampoco que existan distintos tipos de amor.
Insisto en esto, pues creo que es importante. Se habla de amor de madre, amor platónico, amor a la patria, amor filial, amor paterno, amor ciego, amor fatal, amor pleno, etc., pero no se habla de distintos enamoramientos, es más, si los hay, suelen tener una connotación negativa. No existe enamoramiento platónico, enamoramiento de la patria, enamoramiento de madre. Mientras amar desarrolla una multiplicidad de subtipos y tipos, enamorarse sólo tiene un tipo y sus limitaciones están en el objeto de la acción, que puede dar lugar a tabúes y, por tanto, a cambios léxicos, al empleo de otras palabras. Uno o una ama a su madre o padre o viceversa(y se habla de amor filial), pero no se enamora de su madre o de su padre, porque entonces nos acercamos al incesto. Uno puede amar a los niños (y es una acción que encuentra aceptación y elogio social), pero no se puede enamorar de los niños, porque entonces limitariamos con la pedofilia. Podríamos seguir así más tiempo, pero creo que ya no es necesario para entenderme. Ahora a lo que voy, porque el lenguaje muchas veces nos engaña, nos tiende trampas en las que caemos inopinadamente, con lo que la realidad que el lenguaje refleja queda de esta forma pervertida. En realidad se habla de distintos tipos de amor, cuando, de hecho, sólo hay uno. Porque lo que cambia no es la acción, sino el objeto o la relación, a través del amar, entre el sujeto y el objeto. Por ejemplo, no creo que hayas diferencias de intensidad, ni de calidad, entre el amor pleno que una madre ofrece a su hijo, o el que alguien ofrece a un ser amado, que puede ser su pareja, su novia, un tema por el que siente pasión. Y no quiero dejar de recordar aquí, que amar, es especialmente un verbo que implica un deseo intenso, honesto y generoso de querer conocer al objeto amado. Tan sólo si cambiamos el objeto amado, hablamos de distintos tipos de amor, cuando es esenciamente lo mismo, la misma acción, pues a través del amor sobre el objeto el sujeto experimenta plenamente la satisfacción de su amor. Pero, curiosamente, si incidimos en la relación entre sujeto amoroso y objeto amado, también cambiamos la denominación. Por ejemplo, si alguien ama a otra persona sin esperar o expresar un deseo sexual en ese amor, se habla de amor platónico, es decir, amor ideal. Pero el hecho es que amar, simple y llanamente es una acción que se realiza tanto más plenamente cuanto menos espera una respuesta. El amor verdadero, sea el que sea, se da gratis, generosamente, no espera nada a cambio. Porque, si nos damos cuenta, cuando descubrimos que alguien ama a alguien porque espera obtener algo, entonces se habla de amor interesado, que es una manera de decir que no se ama, que es un amor falso o, dicho con más propiedad, aparente.
Me gustaría que otros navegantes expresaran aquí su opinión. La idea de este tema es que sea un diálogo. Pueden contestar aquí, o mandarme un correo electrónico.
Quizás en el siguiente tema hable del agnosticismo.
Comentario:
Comentario:
Veo que soy una de tus primeras lectoras. Me ha llamado la atención tu forma de escribir, y también la elección de tu primer tema: el amor. ¡Es tan controvertido el tema! Yo creo que todos hablamos de él, pero, a la hora de sentirlo, ¡es tan difícil describir con palabras! Para mí enamorarse implica idealización, mientras que amar es ir más allá, es aceptar cómo es el otro (una vez que lo hayamos conocido) y desearle el bien. Os recomiendo el libro de Jorge Bucay "Amarse con los ojos abiertos".
Suerte en tu navegación, seguiré tu rumbo.
Angeles
Suerte en tu navegación, seguiré tu rumbo.
Angeles
Comentario:
buf!!!yo soy mas del desamor,amor tragico,amor prohibido...en fin...lagrimeo!
pero disfruto de los principios aunque duelan los finales,ya se sabe"el amor es ciego cuando nace,miope cuando crece y lo ve todo cuando muere"
esque...menudo post!!!no puedo contarte todo lo que pienso!!!
pero disfruto de los principios aunque duelan los finales,ya se sabe"el amor es ciego cuando nace,miope cuando crece y lo ve todo cuando muere"
esque...menudo post!!!no puedo contarte todo lo que pienso!!!
Comentario:
Uffa pedazo de post que te ha salido, despues dicen por ahi que los mios son largos jeje... Pero me gusta, en realidad por mucho que se intente explicar el amor siempre faltan lineas.
Un saludo y suerte.
Un saludo y suerte.





