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Diario de vida de una escritora
A escribir, a escribir...relatar experiencias y deseos.... Viviendo en el desconcierto...
Acerca de
Una escritora es lo que quiero ser algún día, para expresar todo, tristezas y alegrías, lo imposible como lo posible, creando mundos eternos...

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Itsumo itsumo... sono mama... (Como siempre ha sido)
Hace muchos días que no escribo en el blog, más que por falta de motivación es por falta de hechos interesantes que contar.

Estoy con mucha modorra y solo un par de semanas después de mis vacaciones, la energía se me acabo, así que muchas de las cosas que me había propuesto ni siquiera las he empezado.

Por ahora, han pasado algunas cosas malas pero solo por estupidez mía. Por ejemplo, por mi inexperiencia, se descargo la batería de mi auto, por lo que el pobre quedo muerto allí estacionado sin poder hacer nada, y como sé de mecánica tanto como de ingeniería, es decir nada, no sabía que diablos hacer hasta que se me ocurrió leer los beneficios del famoso seguro de auto que tengo contratado.

Así que como el su so dicho seguro apenas lo he usado, y para que lo que pago valga la pena, les llame y fueron a solucionarme el problema, haciendo lo que se llama “un puente” para recargar las baterías.

Además el fin de semana pasado, cayo una lluvia de los mil demonios, tanto que no paro de llover un día y una noche, y no me hubiese importado pero cuando termino de llover y fui a darle su respectiva limpieza al autito, comprobé que al pobre se le quedo el vidrio del copiloto abierta y se mojo completamente el interior, aunque por lo menos solo de aquel lado, así que no me quedo mas remedio que sacar el agua y abrir de par en par sus puertas para que se secara algo.

Como bien dijo mi instructor de conducción, este auto iba a pagar el precio de mi inexperiencia y es así sin duda. Me enrabie conmigo misma y empecé a pensar en la idiotez de comprarme un auto con lo volada que soy.

No salgo demasiado, no tengo vida social y tampoco soy fanática de las tuercas ¿entonces para que diablos me lo compre?.

Ese fue mi pensamiento en ese momento de ira, pero como bien me lo recordó mi mejor amiga, el fin de aquel “caprichito” fue el que me atara a mi trabajo por un tiempo, porque si no tengo grandes responsabilidades, lo único que quiero es escapar de cualquier lugar, entonces si tenia una gran deuda tendría que pensármelo dos veces antes de claudicar.

Aunque según recuerdo, además el fin oculto era que todo lo que implicara el auto desviara mi atención y llenara vacíos. Cuando hice el curso de conducción y los tramites para comprarlo, mi idea era estar con la mente ocupada para así no pensar en el papanatas, ya que fue en esos meses cuando mi dolor y mi crisis emocional con aquel tema estaba en su cúspide más alta.

Por un tiempo me sirvió, pero el entusiasmo del principio se enfrió.

Por lo menos, algo de mis objetivos se han cumplido a nivel personal, ya que por fin termine de traspasar una de mis novelas a digital y ahora estoy en la segunda.

Es increíble que aquello genera una cuota de orgullo muy fuerte, es como si fuera un hijo.

Al igual que las otras cosas que todavía no concluyo, hay una muy importante que todavía esta vigente, mi cuento con el papanatas no se ha acabado completamente aunque no niego que ya solo quedan las cenizas.

Pero eso es un tema para otro post.

Hay más tranquilidad en ese tema, aunque los sentimientos sean los mismos por lo menos para mí...

Aunque obviamente las revoluciones han bajado, como hace mucho tiempo sabiamente decía mi amiga, ley física: todo decanta.

Y es una pena, porque no soy partidaria de la resignación del fin y por ello me ha costado tanto salir de esto y no porque me falten las razones, al contrario, sobran y son tan evidentes que me dan de puñetazos todo el tiempo... mmm tengo que dejar de confundir perseverancia con tozudez y obsesión...

Ya en el cielo más azul se empieza a vislumbrar como la primavera se acerca a grandes pasos, con nubes muy blancas...

Ya estamos en Agosto y Septiembre en mi país es fecha de fiesta, jolgorio y días de relajo.

También es fecha de alergias y desarmes hormonales, que espero me traigan un buen impulso para dejar por fin todo atrás... como debió ser siempre.
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Rebeldias Autoritarias... @_@
Según Freud, los conflictos con la autoridad están íntimamente relacionados con los problemas que se tienen con el padre y que se marcan en la adultez en la relación con las parejas y con quienes representan un tipo de “autoridad” – valga la redundancia.

Pues a pesar de todo, creo que en mi caso, aquella postura es real.

Es verdad, cuando mi padre vivía y vivía con nosotros, yo era su principal ente criticón, lo que nos acarreaba a no llevarnos muy bien.

Después, muchos años después y cuando ya estaba en su época de decadencia y lejos de nosotros, tuvimos una mejor relación, supongo que por lo mismo, su lejanía.

Y asumo que quizás, ese gusto mío de meterme en problemas, provenga de eso también.

El asunto es que desde que entre al mundo laboral, una cosa que jamás he logrado hacer, es llevarme bien con los jefes.

Ninguno me cae bien ni me agrada y no me importa demostrar mi molestia cuando se meten conmigo.

En definitiva, siempre encuentro algo que me haga sentir en rebeldía con la supuesta “autoridad” que el tipejo/a en cuestión tenga laboralmente sobre mi.

Cuando entre a trabajar por primera vez en mi profesión, tuve una jefa, no me desagradaba pero tampoco la tomaba en cuenta, mi rebeldía era ignorarla.

Mi segundo trabajo, aquel mismo donde conocí al papanatas, teníamos varios jefes, pero había una en especial, que iba cada día a supervisarnos a pesar de que cumplíamos con creces las labores diarias, lo que a la larga termino por encabritarme en contra de ella y comportarme cínica y maldita.

Nos burlábamos desvergonzadamente de ella, incluso en su propia cara y digo “nos” porque no era yo la única.

Mi rebeldía hija de puta una vez más.

Mi tercer trabajo, aquel en que mi jefe era compañero/colega y amigo mío, paso lo mismo, a pesar de caernos bien en terrenos amistosos, cuando llegaba la hora de darme ordenes, mi rebeldía emergía en malas actitudes que finalmente derivaron en discusiones y en una consiguiente mala leche con él.

Como amigo era buena onda, como jefe sacaba lo peor de mi.

Y cansada de aquella mala onda que tenia con él, opte por lo mejor que podía hacer: irme, aunque claro, no fueron las únicas razones.

Mi problema con los trabajos es precisamente ese, cuando empiezo a aburrirme de aquellas cosas, pues lo único que quiero hacer es escapar y por lo general lo hago.

Al llegar al trabajo en el que estoy actualmente, venia escapando precisamente de eso, además de las razones monetarias y horarias, y lo más curioso es que por primera vez, sentía que había encontrado la horma de mi zapato en cuanto a jefes se refería.

Los jefes que me recibieron me caían bien y con ello logre muchas cosas.

Pero como hubo una reorganización en el lugar, uno de aquellos cambios me afecto directamente. Me cambiaron a mi querido jefe y ahora estoy con otro que si bien no me cae mal, creo que va camino a eso.

Primero, porque creo que no será tan fácil para conseguir mis metas tan fácilmente como si lo hacia con mi jefecito, ya que tenia toda su colaboración.

El solo plasmaba su firma y me creía todo aquello que yo le decía.

Además no se metió conmigo, mi nuevo jefe si lo ha hecho – no sean mal pensados jajajaja -.

Me llamo la atención por no marcar por las mañanas y claro no lo hacia porque llego la mayoría del tiempo atrasada.

Ya sé que es mi responsabilidad llegar a la hora y que forma parte de las obligaciones contraídas y que debo cumplir al igual que todos los demás con las normas que la empresa impone a sus empleados, lo sé, pero desde ayer, que fue mi trascendental llamado de atención, siento que esa rebeldía dormida esta naciendo otra vez.

Estaba activada plenamente con las restricciones de Internet que existen y que me salte buscando por todos los medios más truculentos tener acceso a todo aquello que me negaban, y que ahora abandone porque mi compañero fiel, mi notebook ahora tiene ese trabajo pero con un plan que yo pago y sin restricciones para ahorrarme problemas.

Y nació mi rebeldía otra vez precisamente porque mi nuevo jefecillo mostró lo que me complica, uso su autoridad.

No lo justifico, mi proceder digo, sé que soy irresponsable y el trabajo no me lo tomo en serio a pesar de los beneficios que representa para mi. Pero desde que me cambiaron de jefe, mis energías se redujeron a cero y ya no me interesa demasiado hacer mucho.

También hay otros razones de tipo motivacional y personal que me tienen en esta especie de inercia aburrida, que sé que no tiene por que pagar el lugar en el que trabajo, pero como yo soy de aquellas tipejas que hace las cosas por motivación más que por otros asuntillos, cuando esta no existe, pues no tengo deseos de hacer nada.

Lo más gracioso es que cuando por fin encuentro a un jefe que si logra agradarme me lo cambian y vuelve el circulo vicioso de mis odiosidades “jefisticas”.

Por ahora, como lo hacia en mis anteriores trabajos, no puedo escapar, estoy atada por lo menos a tres años más acá, hasta que salga de la deuda del auto.

El asunto es que esto de los trabajos es como el amor, en el amor no puedes elegir de quien te enamoras, en los trabajos por desgracia, tampoco puedes elegir a tus jefes...

Es tan injusta la vida, jajaja.
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