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Diario de vida de una escritora
A escribir, a escribir...relatar experiencias y deseos.... Viviendo en el desconcierto...
Acerca de
Una escritora es lo que quiero ser algún día, para expresar todo, tristezas y alegrías, lo imposible como lo posible, creando mundos eternos...

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Sindicación
 
To be or not To be
Frente a la frustración que me provoca la situación que actualmente estoy viviendo, tenía dos caminos.

Comer como cerda o gastarme unos buenos morlacos en tonterías, es decir, ponerme consumista y gastar incluso lo que no tengo.

Y elegí lo segundo.

Al final de cuentas es lo más “sano”, ya que convertirme en una obesa mórbida, sin duda no mejoraría mi estado de ánimo actual sino que al contrario, lo empeoraría.

Así que recurriendo a mi súper línea de crédito, en la semana me compre un pantalón y fui tras unas blusas muy monas que estuve esperando que estuvieran en rebaja para regalármelas.

Pero que diablos, al probarme una, la talla más grande no me caía...

- Debí probármelas antes de ilusionarme con una de esas, maldita sea... -

Creí que con ese pequeño gasto que me había mandado, aquietaría mi ansiedad pero muy al contrario fue, porque alimento mi hambruna consumista y me pase el resto de la semana pasando de tienda en tienda viendo que diablos comprarme con la vana esperanza que eso me haría sentir bien.

Termine la semana, comprándome botas, cortándome el pelo, y tiñéndomelo...

Ja, como si eso fuera a cambiar en algo las cosas.

Como si con eso pudiera ser otra persona, ja.

No es un cambio radical, solo un color sobre color, en tono ciruela que según mis cercanos se ve bien...

Y como no soy tan evolucionada y madura como para de esto sacar lecciones tipo hembra europea y lanzarme a vivir la vida loca y olvidar el dolor con frases para el bronce y tratar de venderme que soy la súper woman y que las cosas no deben importarme.

Estoy haciendo lo mejor que puedo con lo que tengo.

Y eso es, olvidar por medio de la sublimación. Lo hacía antes de, y creo que lo seguiré haciendo hasta que encuentre un método mejor.

Así que como queriendo llenarme de una falsa ilusión que sé con certeza no me defraudará, me he visto unas muchas veces “Crepúsculo”, mientras que por cada vez que la veo me enamoro más del exquisito vampiro Edward Cullen.

Y como cuando me gusta algo, llego a la obsesión y lo estrujo hasta la saciedad, además de verme una muchas veces más la peli, estoy pensando comprarme toda la saga de libros y meterme de lleno en el tema hasta que llegue a vomitar de tanto vampiro romanticon y me pierda más en un mundo que no existe, por desgracia.

El anime y el cine siempre han sido mis vías de escape y por cerca de tres años y medio lo abandone para abocarme tontamente en una realidad que creí que sería aún más maravillosa que el mundo de los sueños.

Pero como dicen por ahí, la realidad supera la ficción, sobretodo en cuanto a frustración.

Y para mi desgracia es algo con lo que no puedo lidiar.

Por lo que además de gastarme dinero en ropas y tonterías varias, he ido al cine y le he sacado el jugo a la conexión de cable hogareña, viéndome todo lo que he podido ver.

La semana anterior me vi la cuarta de Terminator, y espero esta semana arrancarme a ver UP, la nueva de Pixar. Además de verme el último capitulo de la quinta temporada de Dr. House.

Así mientras espero, la nueva de Harry Potter y los Transformers y Luna nueva y todas las que vengan hasta que mi cerebro se queme de tanta historia ficticia, mientras pasan los meses arrastrándose lentamente, como suele pasar en estas ocasiones.

Y quien sabe, quizás con ese tratamiento de quemado neuronal al estilo de “El eterno resplandor de una mente sin recuerdos” despierte un día y ya todo deje de doler, incluso el dolor de vivir.

Claro, que siempre cabe la posibilidad de la otra alternativa, esa que las chicas evolucionadas y maduras no podrían concebir.

La de que jamás me recupere y termine colgada eternamente de un recuerdo malogrado que no me llevará a nada pero del que no pueda escapar.

Aunque sepa muy conscientemente, que el causante de todo esto, en este mismo instante no debe importarle lo más mínimo.

Porque es cierto, las heridas sanan, pero siempre quedan las cicatrices.

¿Que la vida es muy corta para andar lamentándose?, por supuesto, ¿qué todos tenemos la capacidad de recuperarnos?, por supuesto ¿qué la felicidad hay que buscarla en nosotros mismos? Claro...

Pura mierda.

Pues nada de eso me sirve y aunque veo en aquellas frases buena intención, no pretendo vender que me lo creo.

No voy a arrepentirme de lo vivido ni de mis decisiones.

Pero ya que la vida es así, tengo el derecho a resistirme a la resignación y aunque sé que no resignarme tampoco me llevara a nada, solo me queda la opción de lamentarme por no poder ser como la gente normal y madura y evolucionada que sabe perfectamente resistir estos acontecimientos de la vida porque tienen algo que yo jamás tendré.

Optimismo verdadero.

Ha estado lloviendo en mi ciudad, y siempre he amado la lluvia.

El otoño es como yo.

Siempre triste.

Incluso en primavera o verano.

“Ojalá seas feliz” - me gustaría desearte, pero no puedo.

Así de inmadura y poco evolucionada soy.

Y que diablos, no puedo dejar de ser quien soy, por mucha ropa, cortes y teñidos de pelo que me haga.

Así es, simplemente.
 
Menudencias
Entre paro de profesores, la transformada influenza porcina bautizada ahora de “humana” y que los días están cada vez más fríos, no he tenido deseos de escribir una palabra.

Estoy deprimida.

Bueno, ya todos saben por qué.

Que los profes reclamen por dineros no pagados y que salgan a protestar es un show de todos los años, porque para variar, mi país tiene buena fama económica pero la educación pública es una mierda. La salud es una mierda y los sueldos son una mierda.

Que acá son los ricos los únicos que tienen derecho a educación y salud decente y que si eres pobre y tienes la mala suerte de ir a parar a un hospital público, te mueres por enfermedades que en cualquier otro país más civilizado te salvarías, es una cruda y dura realidad, también es más que cierto.

Sin embargo, dale en la televisión con decir que somos el primer país de Latinoamérica en esto y aquello, cuando la realidad es que la brecha entre ricos y pobres es tan inmensa como es largo el país.

Somos tan idiotas con aquello de querer ser los “primeros en Latinoamérica” que de tener 12 casos de influenza porcina pasamos a 333 en menos de un mes... y de nuevo obtuvimos la famosa etiqueta de “somos el país de Sudamérica con más casos confirmados de influenza humana”, después que supuestamente habíamos controlado perfectamente el contagio.

Lo cierto es que lo de la famosa influenza porcina, que según un doctor que escuche no debió cambiarse de nombre ya que al final el mentado bichito sigue siendo de origen porcino y aviar aunque haya mutado para enfermarnos a nosotros, no es para mi más que una nueva forma de desviar la atención de los problemas mundiales que nos acechan y el desempleo y la crisis mundial que tiene la cagada en todos lados. Acá hasta el momento, de los 333 casos nadie se ha muerto y en el mundo estadísticamente para la cantidad de seres humanos que poblamos el planeta, las personas fallecidas no deben ser ni el 1% de la población mundial, nada en comparación con otras grandes epidemias que hemos tenido en nuestra historia y que han matado a muchos más, ósea que si lo pensamos, la enfermedad no es tan letal como nos tratan de vender y que si es por enfermedades más desastrosas tenemos la influenza estacional que en mi país en los inviernos es un clásico, además, de vez en cuando el Hanta y alguna que otra joyita insalubre por ahí que te mata en menos días y esta en el aire. Al final, los únicos que están haciendo el tremendo negocio, no son otros que los grandes laboratorios abasteciendo a medio planeta con antivirales y cuando salga la vacuna, de vacunas que serán vendidas como pan caliente en todas las farmacias y de las cuales todos los gobiernos se abastecerán, dejando un saldo millonario en el “pobre” tipejo o tipejos que sean dueños de esas grandes multinacionales farmacéuticas... lo que a la larga podría darle un impulso a la economía... Hmmm vaya que sospechoso ¿no?.

Todo esto sin contar, que acá se han puesto todos paranoicos y tienen agotadas las mascarillas que antes eran baratísimas y ahora han subido al doble de lo que valían, además del alcogel para las manos y los antivirales alternativos que las viejas que se automedican ya se están tomando para “prevenir” sin darse cuenta que al hacerlo generan resistencia en los bichos y estos se ponen aun más agresivos y letales...

Bueno, en algo somos los primeros en Latinoamérica. Somos los reyes de la idiotez... pero que diablos, vivo en este país y nací bajo su alero en el culo del mundo.

Y después de este largo y enrabiado comentario de contingencia mundial, a mi plana y aburrida realidad.

Lo de la influenza porcina me tiene sin cuidado la verdad y si llegará a enfermar, ¡me enfermo no más que tanta wea! - como decimos en mi país.

Ya tengo en mis manos el certificado que me acredita el beneficio del subsidio estatal para la compra de mi departamento y ya es cuestión simplemente que vaya a dejarlo a la inmobiliaria y firme los papeles del banco que me esperan pacientemente en la carpeta que ellos tienen... pero he estado retrasándolo esperando a ver si tengo la suerte de quedarme con un estacionamiento más económico y no con el que el maldito vendedor me quería meter que era el más caro. Si no, que diablos, a quedarme sin estacionamiento y mi pobre auto tendrá que quedarse en casa de mi madre.

Por otro lado, estás últimas semanas me he dedicado a sublimar viendo pelis hasta que los ojos me queden bizcos, mientras he tratado de ponerle más entusiasmo al trabajo para ver si con ello dejo de pensar tanto.

Lo cierto es que todavía sufro y muchísimo, hay demasiadas cosas que me lo recuerdan y demasiadas palabras que están ahí agujereándome el corazón, mientras me doy cuenta de cuanto en realidad lo amaba y lo amo.

Pero bueno, no puedo hacer nada y eso es lo que me mata últimamente.

La impotencia.

Mi mejor amiga se ha ido a alojar dos fines de semana y hemos estado en una maratón de una teleserie coreana que, maldita sea, me pasó el papanatas ya que a él no le gustaba.

Se llama “Sonata de Invierno” y es una de esas tele cebollas picadas finitas que sin duda le ha ganado al bodrio romanticón mas empalagoso de las venezolanas que recuerde, pero es ¡adictiva la desgraciada! . Estoy metidísima en la trama y bueno, me gusta el protagonista aunque en diez capítulos que he visto, ya ha perdido la memoria en un accidente, se re-enamora del amor de su juventud, se vuelve a accidentar y recuperar la memoria y para rematarla tiene la sospecha de que su gran amor podría ser su hermana. Y todavía me quedan 14 capítulos más...

Uf... cebolla picada finita, sin duda.

Este fin de semana, mi hermano mayor celebrará su cumpleaños.

Estamos todos invitados, y bueno, por supuesto que asistiré, ja, total no tengo nada mejor que hacer y de paso si el clima esta bueno, podré ver a mi sobrina recién nacida que es todo un amor... el 7 de junio cumple tres meses y mi hermano intermedio esta todo baboso... la hemos paparaseado tantas veces que hemos seguido su crecimiento en imágenes como nunca antes. Ya se parece a The Truman Show. Pobre bebita, no la dejamos en paz.

Y bueno, creo que me he puesto al día, aunque tantas cosas no han pasado como para emocionarse en demasía, aunque con mi estado de ánimo actual, no hay demasiado que me pueda emocionar.

Estoy depresiva, la verdad.

Y fue por eso que me he tardado en actualizar, a pesar de que me gusta escribir en el blog.

Creo que trato de sacar de los demás, la vida que yo no tengo.

El otro día me sorprendí viendo fotos en facebook de las familias de un par de amigos y creo que sentí algo de envidia al ver la felicidad de los demás.

Al ver que ellos tienen algo que yo no, una persona que los ama y no me refiero a amor fraternal ni maternal.

Por otro lado, Rodrigo, aquel otro papanatas con el que estuve pensando en revolcarme, me anunció hace unos días una buena nueva. Va a ser papá de nuevo.

Y me recordó tanto un viejo y doloroso episodio con el papanatas, que la decisión de no meterme con él se volvió una certeza.

No quiero estar alimentándome de vidas ajenas ni quiero envidiarlas.

Quizás con el papanatas había algo de eso y mucho de obsesión. Llegue en un momento a envidiarla a ella, a su mujer.

Sé que es estúpido, pero en esas cosas comprendo que mis sentimientos por él eran tan profundos que me tienen en este abismo que no pensé sería tan hondo.

Este es un tonto drama en comparación con la crisis mundial y la influenza porcina ¿no?, el mundo está tan mal y hay tanta gente sufriendo que esto es ridículo ¿no?

Que diablos, hay peores cosas en el mundo... sobretodo tomando en cuenta que hoy por hoy el papanatas debe estar muy feliz pensando que en mi todavía tiene una amiga y cree que no estoy pasándola mal por su causa.

Definitivamente, de los papanatas es el reino de los cielos.
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