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Diario de vida de una escritora
A escribir, a escribir...relatar experiencias y deseos.... Viviendo en el desconcierto...
Acerca de
Una escritora es lo que quiero ser algún día, para expresar todo, tristezas y alegrías, lo imposible como lo posible, creando mundos eternos...

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Sindicación
 
El mar, el cielo, el viento y mi alma...
Los días en la playa me hicieron muy bien.

La tensión que tenia en la espalda disminuyo considerablemente y mis pulmones se limpiaron con nuevo aire salino.

Pasaron muchas cosas durante aquellos días de relajo.

Hubo buenas como malas decisiones.

En principio, habíamos decidido quedarnos en una sola playa, arrendando una cabaña para pasar ahí esos días pero en último momento cambiamos de planes y decidimos quedarnos en una y con el pasar de los días recorrer y visitar nuevas playas.

Nos quedamos en una hostería, cuya única gracia además de ser más bonita, era que tenía baño privado.

Sin embargo, tenía muchas limitaciones que después descubriríamos.

Primero, había tope de hora para llegar por las noches, las duchas con agua caliente tenían límites de tiempo de tres minutos y no podía ser más allá de las 20:30 horas.

Mala decisión, acordamos que fue, pero como ya habíamos cancelado no nos quedaba otra que disfrutar lo que habíamos conseguido, así que después de acomodarnos, distribuir las camas y todo el cuento, decidimos que ese mismo día partiríamos a Algarrobo, una playita cercana, en la que solo encuentras familias de numerosos nietos y matrimonios jóvenes de clase media que vacacionan allí.

La gracia de Algarrobo: la tranquilidad y temperatura de sus aguas.

Partimos tomando un bus hacia ella con tan mala suerte que nos agarramos un taco de otro mundo que nos demoro mucho más en llegar.

Además al llegar estaba repleta de gente y nos costo mucho encontrar un lugar en el cual estirar las toallas y acomodarnos.

Lo conseguimos y luego de un rato, me lance al agua.

Estaba deliciosa, no hay olas, solo mareas suaves y tranquilas, totalmente aptas para quienes como yo no sabemos nadar.

El cielo estaba profundamente azul, y el aire era tranquilizador.

Me gusto esa sensación, recién en aquel instante comprendí que de verdad el viajecito me daría un buen descanso que necesitaba hace mucho ya.

Después tome sol durante toda aquella tarde y cuando atardecía ya, nos regresamos a la hostería, pero para nuestra desgracia otra vez nos topamos con un tremendo taco que nos hizo llegar cerca de las nueve de la noche, con el tremendo problemón de que quizás no alcanzaríamos a ducharnos con agua caliente.

Pero si lo hicimos y fue delicioso.

Por la noche, nos fuimos a pasear por la rivera y a ver las muchas ferias artesanales que hay además del siempre bien ponderado pero popular zoológico de personas que te encuentras.

En nuestro recorrido encontramos un parque de diversiones, que personalmente y a pesar de mi edad sigue entusiasmándome, así que con mi hermana: a comprar los boletos para subir a la “centrifuga” y el “taga-da”…

Adrenalina y risas provocan esos juegos además de mareo y salí encantada, además que en ese ínter tanto nos dio la una de la madrugada.

Habíamos pasado a comer algo por ahí, en una “pica” de la que salimos bien decepcionadas por el servicio entregado y nos fuimos a dormir.

Y nuestra noche fue bastante extravagante por decirlo menos…

A mitad de la noche me desperté algo angustiada por un sueño inquietante que tuve, además de una sensación horrible de nostalgia por haber deseado realizar un viaje similar con el papanatas, que al final no pudo ser por distintas razones, entre ellas que la su so dicha no quiso salir de la ciudad y por la cobardía recalcitrante y cada vez más evidente de (mi) papanatas…

Pero bueno, entre esos pensamientos y la molestia de no dormir en mi propia y siempre cómoda camita, sentí una sensación de miedo inexplicable y no sé por qué razón de pronto me imagine que a los pies de mi cama, estaba la imagen de un pequeño niño que me observaba.

Siempre he sido miedosa, así que imagínense la sensación fría que recorrió mi espalda…

Me convencí a mi misma que era mi imaginación y finalmente me quede dormida nuevamente.

De pronto como a eso de las 8:00 de la mañana escuche la voz de mi hermana que hacía un comentario y un rechinar constante de una cama en el cuarto de al lado…matizado con un suave quejido femenino.

En el cuarto de al lado había una pareja que no pudo y claro, nadie podría después de todo, resistirse en la playa, a darse el placer de una “mañanera”…así que entre el rechinar de la cama y el murmullo de la mujer que se aguantaba para no meter más ruido, mi hermana se burlo y dijo:

- Mira…nos están sacando pica’…contando plata en frente de los pobres… - dijo riéndose suavemente.

Entre el sueño le conteste con mi consabida ironía.

- ¡Ah!... la mina se esta aguantando, si lo estuviera pasando bien estaría gritando…así que tan bien no va la cosa…

Y en el cuarto de al lado seguía el rechinar y el murmullo y de pronto se escucho el susurro y el pequeño gritito del tipo.

- Definitivamente, de estar pasándolo bien estarían gritando… - afirme y me volví a dormir.

Mi hermana lo tomo con humor, mi madre se escandalizó un poco y yo seguí durmiendo…

Habíamos planeado al siguiente día partir al puerto de San Antonio, así que como a eso de las once de la mañana y después de reírnos un poco con el incidente de la mañana y mientras yo hacia la actuación principal imitando el rechinar y los quejidos, partimos al puerto.

Camino al puerto, el bus recorrió un camino que orilla las playas, así que durante todo el trayecto podíamos observar el enorme e impresionante mar azul que se perdía en el horizonte.

Al llegar al puerto, nos pasamos a una feria a comer empanadas mientras mi madre se servia un ceviche y empezamos a buscar lanchas para salir a navegar.

La encontramos, pero nos encontramos con el problemita que mi madre estaba aterrada de subirse al bote.

Con crueldad la obligamos (lo sé, fuimos unas canallas), aludiendo al argumento de que debía superar su temor y enfrentar el miedo.

Durante media hora recorrimos el puerto en bote y disfrutamos del vaivén de las olas mientras las cosquillitas en el estomago le daba mas emoción al asunto.

Nos sacamos fotos y nos reímos con la conversación de las otras personas que iban con nosotros.

Almorzamos en un local cercano y partimos de vuelta para ir a otra playa.

El Tabo, una playa que habíamos divisado el día anterior y a la cual llegamos como a eso de las tres de la tarde.

El sol estaba estupendo, la playa es hermosa y el mar se veía más espectacular aun, aunque había un tremendo viento que hacia volar las toallas y quitasoles.

Nos ubicamos y después de tomar mucho sol, nos fuimos a bañar en esas tempestuosas aguas, totalmente distintas a las del día anterior.

Las olas nos lanzaban de un lado para otro y en varias ocasiones estuvieron a punto de botarnos además de soltar ciertas partes de mi traje de baño que por poco muestran más de lo debido pero estuvo realmente genial.

Hace años y muchos que no me bañaba en el mar.

Fue como si fuera una nueva experiencia y fue súbitamente como si el mar también se llevara mis tristes pensamientos y mi nostalgia, porque desde ese instante deje de extrañar a cierto personaje.

Tomando el sol, decidí hacerme una trencita artesanal y un chico que recorría la playa en esa labor fue el blanco de nuestra petición.

El chico verdaderamente estaba bien bueno, era delgado pero fibroso, alto, moreno por la playa y de estomago planito, así que no negaré que fue todo un placer tenerlo a mi espalda casi media hora haciéndome la trencita mientras a ratos rozaba mi espalda…

Después de tomar el resto de la tarde sol para broncearme un poco, finalmente nos fuimos de vuelta a la hostería para bañarnos y salir nuevamente en la noche.

Esta vez, todo fluyo de forma sorprendente y sólo tuvimos un pequeño percance por mi hermano que se quedo cuidando nuestra casa en Santiago.

Finalmente todo el viaje fue de menos a más y no niego que me relaje bastante…tuve la oportunidad de conocer lugares que no había visto, desintoxicar mis pulmones y relajar mi espalda y mis pensamientos.

Además fue una gran prueba de tolerancia que creí no ser capaz de resistir, pero finalmente lo hice.

Ahora, me queda aun una semana y media de vacaciones con más aventuras espero y finalizaré mi incursión vacacionistica yéndome el próximo fin de semana a Viña del Mar, porque asistiré el domingo 25 al “Festival de la Canción de Viña del Mar” para ver en vivo a mi esperado Bryam Adams, en platea preferencial y con las entradas 123 y 124, por lo que veré muy cerquita.

Será una buena manera de empezar este año…

Tolerancia, aprender a olvidar, relajarme y volver a disfrutar serán mis misiones de este año y quizás…

Lanzarme al abordaje de los compromisos a los que tanto me he resistido todo este tiempo…

Quizás sea la hora ya de liberarme…
 
Comentario:
¿En la hostería había hora de llegada? ¿Y a qué hora había que llegar? ¿te dejaban fuera toda la noche si no llegabas a la hora? Me parece flipante. También alucino con la ducha de tres minutos... Yo que tardo, como poco, 10 minutos en ducharme... Bueno y lo del niño a los pies de tu cama.. que jiñe por dios. Yo soy super miedica y esas cosas me ponen los pelos de punta. Por otra parte me alegro que disfrutaras del mar. Yo que vivo en una isla y me baño amenudo en las playas estoy deacuerdo contigo en que el mar es muy terapéutico, te carga las pilas y te relaja a la vez, es como si te purificases. Por cierto el pueblo donde vivo también se llama San Antonio.
Besitos!!
No