Diario de vida de una escritora
A escribir, a escribir...relatar experiencias y deseos.... Viviendo en el desconcierto...
Acerca de
Una escritora es lo que quiero ser algún día, para expresar todo, tristezas y alegrías, lo imposible como lo posible, creando mundos eternos...

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Madness
A la banda que me brindo un par de horas de alegría, mi tema favorito de ellos para quien quiera escucharlo...
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Pues que diablos.

Al parecer si me descubrirán después de todo, hoy hicieron la famosa “auditoria” a mi PC, y justamente había reinstalado mi arsenal de software – no me pude aguantar y espere un par de días y volví a instalarlo y a conectarme - que me daba libertad y poder.

Así que lo más probable es que me van a descubrir.

Me siento como una presidaria que descubren cavando un túnel hacia la libertad pero a la que le cortan las alas.

Que se pudran los hijos de puta.

El trabajo no debería convertirse en una cárcel y es así como me siento por esto, es como si estuviera presa.

No sé que diablos pasará, por ahora si pasa lo peor es mejor que vaya viendo otros trabajos por ahí, por si acaso o en el mejor o peor – según se mire - de los casos, que me llegue una amonestación de manos de mis jefes y me quiten definitivamente la Internet.

Vaya a saber uno como castigaran estos carceleros.

De algo de lo que estoy segura es que si pasa algo, más rebelde seré.

Por otro lado, últimamente parezco un zombi.

Mi día es así.

Me levanto por las mañanas, golpeando el colchón de rabia por tener que levantarme, ducharme y prepararme para salir corriendo porque para variar siempre salgo atrasada, llegar al trabajo y una vez ahí, entre que me conecto a mi programa regalón y trato de hacer algo, se me va la mañana.

No tengo deseos de trabajar, sinceramente.

Hay personas que luchan por figurar en sus trabajos, que las destaquen, que las premien y estoy pensando seriamente que o soy de otro mundo o estoy loca, pero eso a mi no me importa ni me interesa, si no tuviera que sobrevivir, no trabajaría y me dedicaría a lo que realmente me gusta.

Pero es una obligación de la que no me puedo abstraer, ya sea porque inevitablemente me he convertido en el sostén de mi familia y porque algo de mi alicaído ego se iría a la mierda si fracasara en esto.

Que contradicción por un lado digo que no me importa pero a la vez estoy preocupada por mi ego y por el que dirán, jaaa.

Después, a la una, por fin me vuelvo a sentir libre.

Es la hora de almuerzo y es ahí donde bajo al casino y queriéndolo o no converso con los compañeros del cuarto piso, todos me agradan a excepción de uno, el hijo de puta del coordinador informático que últimamente se ha empeñado en hacer bromas irónicas con las cosas que comento.

Casi siempre, almuerzo con Pablito-san y los demás, pero él ya para mi no significa nada más que el rollo de ocasión que me pase cuando me sentía sola, ahora como me siento más sola y más frustrada ya nadie significa nada para mi.

A veces me rió con ellos y sus bromas, pero sigo sintiéndome fuera de lugar.

Después de almorzar, parto al centro a darme una vuelta aunque afuera caigan los patos asados con 34º de calor o este lloviendo copiosamente, camino y camino, como queriendo escapar de algo de lo que no se puede escapar.

Recorro calle Estado, hasta llegar a la Plaza de Armas, una vez allí, a pesar de estar en rebeldía también con el juguetero, me meto a la Catedral, donde extrañamente sobreviene en mi una paz deliciosa, no voy a rezarle al juguetero pero si unos días, estuve pidiéndole a mi José Miguel un favorcito que me cumplió increíblemente rápido pero que me condeno más al sufrimiento por haberlo pedido.

Mi José Miguel es muy cumplidor, si señor.

Lo curioso es que en esa iglesia, me da por dormir, así que me ubico lejos de las personas y en unos bancos cerca de la cripta de mi José Miguel cierro mis ojos y me quedo suspendida en un sueño por cerca de veinte minutos, en los que me olvido o rememoro recuerdos estúpidos mientras mi alma se sosiega entre el eco de los pasos de los turistas que a esa hora pasan por allí y a la gente que a mi alrededor va a hacer sus suplicas.

Claro que al igual que yo, no todos van a rezar, he descubierto que no soy la única que va a dormir a la catedral, algunos fingen rezar pero están durmiendo una siesta envidiable.

Ya se volvió mi costumbre.

Luego regreso por Ahumada hasta llegar nuevamente a mi cárcel, eso hasta las 17:30 de la tarde, hora de salida...

A veces me embarga la nostalgia y el dolor en el pecho, al recordar la ilusión que me hacia salir y saber que lo vería una vez más cuando quedábamos por la tarde para irnos a un motel y hacernos pedazos.

Vuelvo a sentir ese aroma en el aire que me hace entristecer y que no volveré a percibir.

Y vuelvo a sufrir.

Así vuelvo a mi casa, a veces salgo a pasear en bicicleta, a veces me quedo a ver la novela, a veces vuelvo a meterme en el mundillo virtual pero con toda la libertad que la conexión domestica brinda.

Mientras trato de olvidar o por lo menos, que deje de doler.

Luego veo alguna peli, si es que hay alguna interesante en la TV abierta o en el miserable plan de cable que tenemos y luego a dormir.

Y es así todos los días.

A veces voy al cine, a veces me reúno con mi amiga, a veces simplemente sigo caminando por las calles sin comprender nada.

Ahora nada parece tener sentido.

El viernes pasado fui al recita de Sonata Arctica, un gran grupo después de todo, dieron un estupendo recital, lo disfrute y cante, grite y salte, y mi amiga se fue a mi casa a pasar el fin de semana.

Y nada de esto me emociona.

No como antes.

Soy una muerta en vida.

Conversamos, le leí las cartas y el domingo para practicar fui a dejarla a su casa en el auto.

Al regresar, mi hermano mayor llego por la tarde y me arreglo el espejo retrovisor dañado, lo que me quito un peso de encima.

Me tenia complicada y decepcionada aquello de haberlo estropeado.

Estoy tan perdida.

Ya no sé si quiero estar con mucha gente a mi alrededor o completamente sola, apartada del mundo, no sé si quiero salir de esto o seguir sumergida hasta el cuello.

No sé si algo de esto me importa en realidad o si simplemente quiero morir.

Alguien que me lee me dijo que había perdido la dirección de mi blog y que lo había encontrado nuevamente, me envió un mail para decirme que a pesar del tiempo transcurrido desde la última vez que me leyó, nada había cambiado más que el auto.

Y es cierto.

Nada ha cambiado porque sigo en las mismas y sin las fuerzas de cambiar.

Sigo escribiendo de lo mismo.

El papanatas se llevo todo lo que fui y aunque no merece que yo este así por él, es algo que simplemente no puedo controlar.

No quiero hablar con nadie que haya estado relacionado con esta historia, muchas veces sentí que las personas con historias similares se apoyaban en mi propia experiencia para sentirse mejor ellas, y lo peor es que después vuelven al camino que han dejado, arrepentidos, quitándome la esperanza y la convicción a mi.

Sé que para los que me leen, mi blog últimamente se ha convertido en un bodrio vomitivo de quejas y negativismo, por ello comprendo que no quieran leer tanto drama y tanto pesimismo, pero es como me siento y es mi vía de escape, la única vía que tengo para expulsar esta maldita sensación que me esta jodiendo la vida.

Ojala pudiera escribir como antes.

Ojala pudiera dar vuelta la hoja como si nada.

Ojala pudiera hacerlo como él.

Ojala pudiera…
No